Cultura

Asesinos Sicarios y el viejo de la montaña

Asesinos y sicarios son palabras usadas para referirse a personas que matan con premeditación. Son, por tanto, sinónimas. Pero hay cierto matiz que las distingue. ¿Qué diferencia semántica hay entre asesino y sicario? La Academia define el adjetivo y sustantivo asesino, na como ‘que asesina’, mientras que en el caso del sustantivosicario especifica ‘asesino asalariado’. Así, pues, la diferencia entre ambas voces estriba en que el primero, el asesino, mata con premeditación, alevosía, etcétera, pero por decisión propia, en tanto el segundo, el sicario, lo hace por encargo.

¿Cuál de las dos palabras es más antigua en el vocabulario español? A pesar de que sicario procede del latín sicarĭus y asesino del árabe haššāšīn, es esta segunda voz la que empezó a usarse antes en nuestro idioma.

Asesino ya figura en las Partidas de Alfonso X el Sabio (1252-1284) con la forma assesinos y con el significado: «Son llamados una manera de omes desesperados é malos, que matan á los omes á traición». Posteriormente adoptó esta voz otras formas (anxixín, hacia 1300; asesigno, 1330; asasino, 1611; asesín, 1627; acecino, primera mitad del siglo XVII; assasino y assesino en 1726), hasta que por fin tomó la definitiva y actual en 1770, al aparecer en el diccionario de la Real Academia Española (DRAE) con la acepción ‘el que mata alevosamente’. En la edición de 1843 se amplió el significado: ‘el que mata alevosamente, y en especial si es pagado por otro’, pero en la edición de 1899 desapareció este añadido, volviendo al escueto ‘persona que asesina’, debido a que ya por entonces había irrumpido en el vocabulario español el vocablo sicario, documentado por primera vez en el diccionario de Domínguez de 1853 con la acepción ‘asesino pagado’ y luego en el DRAE de 1869 con la actual de ‘asesino asalariado’.

Sicario, pues, es un cultismo tardío, una voz literaria, «principalmente periodística», según concreta el etimólogo Corominas. Procede, como hemos dicho antes, del latín sicarĭus, que deriva a su vez de sica ‘puñal’.

La sica era un arma antigua, usada ya por los tracios en la época helenística y por los ilirios en tiempos de la república romana. Estos piratas del Adriático fueron llamados sicarii ‘sicarios’, adoptando muy pronto esta voz sinonimia de ‘matón’, ‘bandido’. La sica se utilizó con cierta frecuencia para apuñalar a traición a personalidades romanas, razón por la cual en el 81 a. C. se promulgó la Lex Cornelia de sicariis et veneficis (Ley Cornelia -por el dictador Lucio Cornelio Sila- de acuchilladores y envenenadores). Después sicarius se especializó, aplicándose a quienes apuñalaban por encargo. De aquí la tomó el español a mediados del siglo XIX.

Por su parte, el árabe haššāšīn, étimo de asesino, es el plural de haššāšī ‘bebedor de ḥašīš (hierba, bebida narcótica extraída del cáñamo)’. El vocablo fue traído a Europa por los cruzados y probablemente llegó al español a través del francés. Pero, ¿quienes eran los haššāšīn o asesinos?

Se conocían como haššāšīn a los secuaces del sectario musulmán apodado el Viejo de la Montaña, quien en el siglo XI los fanatizaba embriagándolos con hachís, para que se dedicaran a ejecutar sangrientas venganzas políticas.

¿Y quién era este Viejo de la Montaña?

No se sabe con certeza dónde y cuándo nació Hassan ben Sabbah porque, pese a haber escrito él mismo su autobiografía, ésta fue destruida, junto con los demás volúmenes que componían la biblioteca de Alamut, tras la toma de esta fortaleza en 1256 por el mongol Hulagú Jan. Diferentes biógrafos dan como año probable de su nacimiento el de 1034, en la población persa de Qom. Se sabe en cambio con seguridad la fecha de su muerte: el 12 de junio de 1124, en Alamut.

Educado en la fe chiita, alcanzó un gran nivel de instrucción. Siendo joven se convirtió al ismaelismo, una corriente del chiismo repleta de arcanos y misterios secretos. Tras un largo viaje por Siria, Azerbaiyán y Egipto, regresó a Persia, donde se dedicó a predicar la reforma del ismaelismo fatimí de El Cairo por el ismaelismo nizarí, fundando la que más tarde sería conocida como la secta de los asesinos, con la que consiguió conquistar un vasto territorio con varias decenas de castillos, tomando como base el de Alamut.

La vida ascética del Viejo de la Montaña y su severidad, así como el fanatismo de sus seguidores, adquirieron muy pronto tintes legendarios. Se dice, por ejemplo, que mandó dar muerte a sus propios hijos. El mayor, Ustad Hussain, fue ejecutado injustamente por la muerte de un daai o maestro. Y a su segundo hijo, Muhammad, lo mandó ejecutar por beber vino.

Como complemento a esta breve sinopsis biográfica transcribimos a continuación la información que ofrece la Enciclopedia Espasa-Calpe (1909)en su entrada Asesinos (secta de los), permitiéndonos intercalaruna escueta aclaración:

«Variedad de la secta de los ismaelitas, introducida por Hassan-ben-Sabbah. Se les conoce también con el nombre de batinianos (del árabe bathui, sentido oculto, misterio); los historiadores persas los llaman monlahidda (los infieles). Hassan, habiendo sido desterrado del Cairo, recorrió la Persia predicando su doctrina y se apoderó del fuerte de Alamut (nido del buitre) en los montañosos confines del Irak con el Dilem. A las dos clases de maestros (Daai) y prosélitos (Refik) que existían en la secta ismaelita añadió la de los adictos (Fedawie), que debían ignorar los divinos arcanos y obedecer ciegamente al gran maestre, ó jefe de la hermandad (Sheik al Yebel), Viejo de la montaña; parece que también había aspirantes (Lassich). La secta se extendió por las provincias de Gebal, Kuistau y Siria, en las cuales había grandes priores (Daai Kebir), vicarios del gran maestre.

»Para inspirar á los fedauris el espíritu de ciega obediencia, Hassan los hacía trasladar, después de haberlos embriagado con haschisch, á unos jardines deliciosos que al efecto había construido, en donde disfrutaban de todos los placeres que la más voluptuosa imaginación puede soñar; y una vez que habían agotado sus fuerzas y deseos en aquella especie de éxtasis, volvíase á adormecerles y eran conducidos de nuevo al aposento de donde habían salido, haciéndoles creer el gran maestre que les había hecho gustar por un momento las dulzuras del paraíso (mahometano) reservadas á los que daban la vida por su jefe. De esta manera logró Hassan crear un cuerpo de fedauris, que eran ciegos instrumentos suyos, prontos á matar á quien el gran maestre ordenara ó á matarse por él. El nombre de asesinos (Haschischins) se deriva, bien de Hassan, su jefe [ya sabemos que no es así], bien de que se los embriagase con haschisch, y acabó por significar ladrones y homicidas. Los crímenes cometidos por ellos son innumerables, y los cruzados y los mismo príncipes de Asia cayeron á sus golpes: entre los primeros fueron víctimas de los asesinos el conde Raimunto de Trípoli y Conrado de Monferrato (1152 y 1192); entre los segundos figuran el ilustre Nizá-Molmuk el Valiente, Orkan y la mayor parte de los emires de Siria en aquel entonces. De la ciega sumisión de los fedauris, cuéntanse numerosos ejemplos: Hassan ordenó á uno que se tirase por una ventana y á otro que se degollase, obedeciendo ambos en el acto; cuando Enrique de Champaña visitó al gran maestre de tal secta, éste no tuvo más que hacer una seña á dos centinelas para que éstos se tirasen desde la altura de una torre yendo á estrellarse á los pies de Enrique, diciendo entonces aquél que á una señal suya todos harían lo mismo. No había lugar adonde no llegasen ni obstáculo que no salvaran; el califa persa Sindjar, que se propuso destruirlos, encontró bajo su almohada un puñal afilado y á poco le decía Hassan en una carta: fácil hubiera sido clavar en tu corazón lo que se ha colocado cerca de tu cabeza; Sinan de Siria intentó asesinar á Saladino.

»Por todo ello el Viejo de la montaña fue temido sobre manera y los príncipes le pagaron tributo: tal hicieron el sultán del Cairo, el rey de Hungría y el emperador de Germanía, pues el poder de los asesinos se extendía hasta el centro de Europa; cuéntase que Felipe Augusto no salía en público sin ir rodeado de guardias por temor á ellos; san Luis no se intimidó ante los mismos; pero recibió bien á sus embajadores y correspondió con regalos á sus regalos. Ciento setenta años duró el poder de esta secta; á Hassan, que reinó treinta y cuatro años (1090 á 1124) sucedió su hijo Kia-Buzurgomid (1124 á 1138) y á éste su hijo Kia-Mohamed I (1138-1163) ambos terribles enemigos de los cruzados y los califas, habiendo hecho matar á dos de éstos; Kia prometió á Balduino entregarle Damasco; pero fue descubierta la conspiración. Hassan II (1163-1167), hijo del anterior, intentó prescindir de misterios é imposturas; pero fue á su vez asesinado, sucediéndole Mohamed II (1167-1211) que fue envenenado por su hijo, y á él Yelat-ed-Din (Hassan III), llamado el Reformador, que destruyó los estatutos de la secta y volvió al buen camino; pero murió envenenado (1211-1223), recogiendo su poder Ala-ed-Din (Mohamed III) á la edad de nueve años, que no tuvo tutor por no deberlo tener el imán, y en cuyo tiempo, aunque él era débil é irresoluto, se volvió á los antiguos furores; Orkan que le hizo la guerra murió asesinado y los asesinos entraron en la ciudad de Gauya para matar al visir Scheref-al-Muk; y si bien no lo consiguieron por no encontrarle, entró en tratos con Alá-ed-Din (1237) en cuyo tiempo los asesinos llegaron á poseer 100 castillos y muchas ciudades en el Kuistan, en el Rudbar y en Siria; pero con él se acabó la secta, pues los mogoles, que al mando de Hulagú, hermano del emperador de la China Mangú, vinieron contra el califato, se dirigieron antes contra ellos, ayudados los chinos por los emires de los alrededores y aun por el mismo califa; Roku-ed-Din pidió treguas y aun hizo sumisión ante Mangú en Karakorum; pero el emperador no quiso recibirle y le hizo asesinar en el camino; como él lo fueron los numerosos asesinos que ya estaban esparcidos por los cuerpos de ejército mogoles; 40 castillos se arrasaron y en el de Alamut se quemaron todos los libros de la secta (1260). Una pequeña rama de ésta subsistió, aunque inofensiva y oprimida, hasta la época de Shah-Rokh, hijo de Timur-Bey; los asesinos de Siria fueron exterminados por el sultán Bibars.»

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