Cultura

Bandidos y bandoleros

Bandidos y Bandoleros | La literatura del siglo XIX ideó esa estampa romántica del bandolero andaluz, antaño guerrillero contra las huestes napoleónicas, que asaltaba diligencias y viajeros incautos en Sierra Morena, pero sin causar daño, que todavía pervive en el imaginario colectivo. Era como un bandido o salteador de caminos de noble espíritu, al estilo del legendario Robin Hood.

Pero en realidad el origen del bandolerismo español no se encuentra en Andalucía, de la misma forma que bandolero y bandido no significan exactamente lo mismo, pese a ser palabras sinónimas.

Bandolero y bandido llegaron al castellano a mediados del siglo XVI y prácticamente al mismo tiempo, pero por distintos caminos, y muy pronto empezaron a competir con otras voces más antiguas: ladrón, malhechor, salteador.

Bandolero está documentado en castellano desde 1542. Fray Antonio de Guevara escribe este vocablo en sus cartas con dos acepciones: ‘salteador’ y ‘partidario, banderizo’. Procedía del catalán bandoler, derivado de bàndol, palabra aparecida en catalán a mediados del siglo XV como consecuencia del gran desarrollo de banderías que se produjo en Cataluña entre este siglo y el XVII. El bàndol catalán venía de bando ‘facción, partido’, que en castellano ya existía desde sus orígenes, y que compartía raíz con banda ‘bandada, manada’ (hacia 1300) y ‘porción de gente armada’ (1540).

El bandoler o bandolero catalán procedía de los bandos o mesnadas medievales, es decir, de los caballeros que luchaban al servicio de un señor feudal. Pero este origen aristocrático se fue perdiendo conforme aquellos caballeros, por circunstancias políticas y sociales, se vieron obligados a echarse al monte y a buscarse la vida como proscritos, como salteadores de camino, aunque procurando evitar la violencia por no haber perdido del todo sus valores más nobles. De ahí que el castellano adoptara a mediados del siglo XVI esta voz con los significados antes citados, uno positivo o neutro cuando menos: ‘partidario, banderizo’, y otro negativo: ‘salteador’.

Por su parte, bandido está documentado por primera vez en castellano en 1516, en un documento escrito en Italia. Pero este italianismo no llegó a España hasta mediados de siglo, de la mano, o mejor dicho de la voz, de los soldados que habían estado sirviendo en la península itálica. Su significado era ‘proscrito, forajido’. Derivaba del verbo italiano bandire ‘proscribir’, que pasó también al español como bandir y con idéntico significado, si bien nunca llegaría a popularizarse.

Bandolero y bandido tenían por tanto significados diferentes a su llegada al español. Sin embargo, con el paso del tiempo la evolución semántica de ambas palabras hizo que fueran acercándose, hasta confundirse.

En el primer diccionario académico, el de Autoridades (1726), bandolero aparece con el siguiente significado, documentado en el Quijote: «El que sigue algun bando por enemistad y odio que tiene á otro, y se hace al monte, donde los unos y los otros andan foragidos y en continua guerra: y tambien se extiende á los ladrones y salteadores de caminos»; mientras que define bandido con estos dos significados: «Desterrado, y en virtud de bando especial arrojado de algun Reino, Provincia ó Ciudad (…). Se llama por ampliacion el que se hace al monte, y anda fuera de poblado por causa de los bandos y enemistades contra otros: y a veces tambien se entiende por el que roba y hace daño á los passageros y á los lugares». Como vemos, el término bando tiene significados y orígenes distintos en el caso de bandolero (‘facción, partido’, ‘bandada de aves’) y en el de bandido (‘edicto, pregón’ con el que se daba aviso de búsqueda de un proscrito). También se aprecia cómo ha desaparecido ya del todo la antigua nobleza del bandolero catalán, remarcada todavía por Covarrubas (1611) al diferenciar en su definición del término entre los bandoleros nobles, que «no matan a nadie de los que topan, aunque para sustentarse les quiten parte de lo que llevan», y los «que son derechamente salteadores de caminos» y maltratan y matan a los caminantes.

Muy pronto, en 1780, el diccionario de la Real Academia Española (DRAE) ya ofrecía sinonimia entre ambas voces. En la entrada bandido encontramos estas dos acepciones: ‘Lo mismo que bandolero’, y la anticuada ‘fugitivo de la justicia llamado por bando’.

En el primer DRAE del siglo XIX (1803), bandolero figura ya despojado de cualquier resto noble: «Ladron, salteador de camino». Y en la última edición del mismo siglo, las dos acepciones anteriores de bandido aparecen cambiadas de orden: ‘Fugitivo de la justicia llamado por bando’ (ya no como significado anticuado) y ‘bandolero’.

El DRAE de 1925 aproxima todavía más la sinonimia entre ambas palabras al ofrecer las siguientes acepciones de bandolero: ‘ladrón, salteador de caminos’, ‘bandido’. En esta misma edición en la entrada bandido encontramos ya los mismos significados actuales: ‘fugitivo de la justicia llamado por bando (edicto)’, ‘persona que roba en los despoblados, salteador de caminos’, ‘persona perversa, engañadora o estafadora’, aunque esta última acepción la presenta como festiva o afectiva.

Los dos significados que ofrece hoy el DRAE en la entrada bandolero remiten ambos a bandido: Bandolero, ra: ‘bandido (persona que roba en los despoblados)’, bandido (persona perversa)’. Esta segunda acepción ya aparece en la edición histórica de 1936.

A pesar de ello, la sinonimia entre bandolero y bandido cuenta con matices que se le escapan a la Academia, pero que permanecen en la imaginación, que no en el vocabulario, de mucha gente.

Cuando hablan o escriben de bandoleros, muchos españoles todavía piensan en un grupo de salteadores de caminos, de ladrones rurales, que pueden estar bandidos o reclamados por la justicia, pero casi siempre por cuestiones de honor; mientras que cuando hablan o escriben de bandidos se los imaginan como delincuentes peligrosos y reclamados por la justicia por crímenes más o menos horribles, que pueden realizar sus fechorías en solitario o agrupados.

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