Bomberos

Bomberos

Bomberos | La palabra bombero fue recogida por primera vez en el diccionario de la RAE en su edición de 1843, con el significado «el que maneja la bomba hidráulica en los incendios y otros usos». Procedía de «bomba: máquina hidráulica que sirve para apagar incendios, por medio de una  doble cigüeña que movida por dos hombres hace salir el agua por una manga de cuero», acepción recogida en el DRAE a partir de 1822, refiriéndose anteriormente esta voz a la máquina hidráulica que servía para sacar agua de los navíos, pozos u otros parajes hondos.

            Así, pues, ya durante la primera mitad del siglo XIX empezaron a ser llamados bomberos aquellos hombres que manejaban las bombas de agua que servían para apagar los incendios, y hasta se organizaron las primeras compañías de bomberos en las principales ciudades españolas a mitad de ese siglo, pero aquellos hombres eran voluntarios que en realidad tenían otros oficios, siendo los albañiles los más numerosos. La eficiencia de estas compañías dependía de la voluntad y disposición de sus miembros, los cuales no podían siempre abandonar sus oficios respectivos para acudir de inmediato al lugar donde se había declarado el fuego. Para que acudieran pronto se pagaban gratificaciones a los primeros que llegaban y también se les abonaba jornales fijos, pero solo durante los días en que estaban apagando un incendio o de retén. Los bomberos no fueron profesionales (funcionarios públicos) hasta bien entrado el siglo XX.

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El vestuario de aquellos primeros bomberos voluntarios consistía en pantalones de paño, blusas de hilo, cinturones de lana forrados de lona, cascos de cuero, polainas y chapas para el brazo; el calzado era el ordinario.

Las herramientas individuales eran una cuerda de salvación, un pito con cadenilla, un hacha y un martillo o azadón o pico o serrucho. Y las colectivas: una o varias bombas impelentes con cien palmos de manguera, un carro tinaja, un aparato Rovira, sacos de salvación de cien palmos con funda, escaleras de cuerda, escaleras de garfio, cubas de lana embreadas y varios garfios.

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Las bombas eran trasladadas encima de carros y el aparato Rovira era un sistema de salvación consistente en un conjunto de cuerdas y arneses de cuero que permitían el establecimiento de una «tirolina», para una evacuación rápida de personas y muebles de los pisos superiores amenazados por el incendio hasta el nivel de la calle. Se llamaba así por su inventor, Antonio Rovira y Trías, primer jefe de bomberos de Barcelona. Se ensayó con éxito por primera vez en esta ciudad el 2 de septiembre de 1855.

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