Bromas y chistes

Bromas y chistes

Bromas y chistes | Todas las bromas tienen un fondo o principio (según se mire) de fastidio, de pesadez, del mismo modo que los chistes genuinos son obscenos. Al menos así es semánticamente. ¿Por qué las bromas son pesadas?

Broma (del griego βρῶμα ‘teredón’ y este de βιβρώσκειν ‘carcomer’) significaba en 1599 ‘cosa pesada’ y unos años más tarde usaron esta palabra Quevedo y Tirso en el sentido de ‘hombre pesado’, que sigue vivo hoy en América en la variante ‘contrariedad, molestia más o menos desagradable y dañosa’. El origen de estos significados se encuentra en el teredón o broma, un molusco que atacaba a los barcos haciéndolos muy pesados, tal como se lee en la cuarta acepción que todavía recoge el diccionario académico: «Molusco lamelibranquio marino de aspecto vermiforme, con sifones desmesuradamente largos y concha muy pequeña, que deja descubierta la mayor parte del cuerpo. Las valvas de la concha, funcionando como mandíbulas, perforan las maderas sumergidas, practican en ellas galerías que el propio animal reviste de una materia calcárea segregada por el manto, y causan así graves daños en las construcciones navales».

Ya en 1726, en su Diccionario de Autoridades, la Academia registraba así la frase es una broma: «Phrase con que metaphoricamente se dá à entender, no solo el que es pesado y molesto en su trato y conversacion, sino otra cualquiera cosa, que excéde notablemente de lo que le corresponde». En consecuencia, habrá que estar de acuerdo con Corominas y Pascual cuando dicen: «Resulta claro, pues, que broma inicialmente sólo fue lo que hoy llamamos broma pesada (…), la pesadez de los buques atacados por la broma es un hecho, pues el agua se introducía en las galerías abiertas por el animalito y hacía el buque pesado y tardo en la navegación».

El caso es que, a finales del s. XVIII, broma tomó el significado de ‘algazara, chanza’ y, ya en el segundo cuarto del s. XIX, el de ‘bulla, diversión’, que ha llegado hasta nosotros.

¿Por qué el chiste genuino es obsceno?

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El significado actual de chiste ‘dicho u ocurrencia aguda y graciosa’ ya fue registrado, más o menos igual, en el Diccionario de Autoridades (1729), que lo documentaba en 1596 (Cristóbal de Fonseca). Por su parte, Joan Corominas y José A. Pascual, en su todavía imprescindible Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (1980), lo retrasan como chista hasta Gonzalo de Berceo (siglo XIII) y como chiste hasta 1534 (Juan de Valdés). Estos prestigiosos etimólogos dicen que el chiste «tuvo especialmente el significado de ‘chiste obsceno’, que parece haber sido el originario, pues se trata de un derivado de chistar ‘hablar en voz baja’, ‘hacer ademán de hablar’, ‘sisear, llamar siseando’, debido a que esta clase de chistes se dicen en voz baja o al oído».

Sebastián de Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) parece darle la razón a Corominas y Pascual cuando escribe: «(…) estos chistes le tienen [gracia, donaire] quando se dizen con mucha agudeza y pocas palabras, y como a la oreja, del sonido chis, chis». Y César Oudin, en su Tesoro de las dos lenguas francesa y española (1607) traduce chistes al francés como ‘frivolidades’, con el sentido de ligereza y sensualidad de frívolo.

En la actualidad, al tener la definición de chiste un sentido más neutro, dentro de la supuesta gracia o donaire con que debe contar, se añaden en España los adjetivos picante o verde para advertir un contenido impúdico. Chiste colorado lo llaman en El Salvador y Perú.

Por cierto, en América llaman chiste alemán al que no tiene gracia.

Sinónimo de chiste es el chascarro o chascarrillo ‘anécdota ligera y picante, cuentecillo agudo’, en cuya definición, como vemos, persiste la reminiscencia picante del chiste original.

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