Amor Sexo

Citas de amor y sexo

Citas de Amor y Sexo. Hay amores que no están relacionados con el sexo, pero la mayoría de los que son abordados por los autores seleccionados se refieren a los carnales, a los habidos entre enamorados. Dos son los sentimientos de los que se alimentan dichos amores: la esperanza y la belleza; si bien los ha habido en los que la belleza no ha prevalecido sobre otras virtudes del ser amado, tal como sucedió entre Alcibíades y Sócrates o entre Hiparquía y Crates de Tebas. Y, entre las consecuencias, hay unanimidad en señalar como más importante esa especie de fiebre, ceguera o locura temporal que hace ver al amado o amada como un ser perfecto, y que Lucrecio explicó con fina ironía veinte siglos antes de que Stendhal postulara su célebre teoría de la cristalización.

En cuanto al desamor, los celos son sin duda la principal causa apuntada.

A ciertas mujeres les gusta que se las ame dolorosamente… ¿Sabes acaso que una mujer es capaz de infligir las torturas más crueles al hombre que ama, sin sentir el menor remordimiento por ello? ¿Por qué? Pues porque mientras te ven sufrir, están pensando: «Por cada dolor, por cada agonía, yo te daré un mundo de amor».F. Dostoievsky. El idiota.

A las palabras de amor / les sienta bien su poquito / de exageración. Antonio Machado. Canciones.

A los hombres les gustan las mujeres con pasado porque esperan que la historia se repita. Mae West. Citada por David M. Buss en La evolución del deseo.

¡Ah, querido Alcibíades, tal vez no seas realmente un hombre frívolo, si resulta verdad eso que dices de mí y existe en mí una virtud por la cual tú pudieras hacerte mejor. En ese caso, verías en mí una belleza indescriptible y muy superior a tu bella figura. Por consiguiente, si la ves en mí y pretendes participarla conmigo y cambiar belleza por belleza, no es poca la ganancia que piensas sacar de mí: lo que intentas es adquirir algo que es bello de verdad a trueque de lo que es bello en apariencia, y lo que pretendes es en realidad cambiar oro por bronce. Sin embargo, ¡oh bienaventurado!, mira mejor, no se te vaya a escapar que yo no valgo nada, pues la vista de la inteligencia comienza a ver agudamente cuando comienza a cesar en su vigor la de los ojos, y tú todavía te encuentras lejos de esto.Platón. El Banquete. Respuesta de Sócrates al hermoso Alcibíades, cuando éste le propone ser su amante, ya que considera que el filósofo es merecedor de ello por ser un hombre bello de alma, virtuoso.

Antes del nacimiento del amor, la belleza es necesaria como reclamo. Stendhal. Del amor.

Aquel a quien la llama de los celos lo circunda acaba volviendo contra sí mismo el aguijón envenenado, igual que el escorpión. F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Ciega por lo común a los amantes / la pasión, y les muestra perfecciones / aéreas; porque vemos que las feas / aprisionan a los hombres de mil modos, / y hacen obsequio grande a las viciosas: / y unos de otros se burlan y aconsejan / al aplacar a Venus mutuamente / que los aflige con amor infame: / si es negra su querida, para ellos, / es una morenita muy graciosa; / si sucia y asquerosa, es descuidada; / si es de ojos pardos, se asemeja a Palas; / si seca y descarnada, es una corza / del Ménalo; si enana y pequeñita, / es una de las gracias, muy salada; / si alta y agigantada, es majestuosa, / llena de dignidad; tartamudea / y no pronuncia bien, es un tropiezo / gracioso; taciturna, es vergonzosa; / colérica, envidiosa, bachillera, / es un fuego vivaz que no reposa; / cuando de puro tísica se muere, / es de un temperamento delicado; / si con la tos se ahoga y desfallece, / entonces es beldad descaecida: / y si gorda y tetuda, es una Ceres, / la querida de Baco: si chatilla, es silla de placer; ¡nadie podría / enumerar tan ciegas ilusiones!Lucrecio. De la naturaleza de las cosas (De rerum natura).

Como una flor a su perfume, estoy atado a tu recuerdo impreciso. Pablo Neruda. Un amor.

[Crates de Tebas (368-288 a. C.), discípulo del cínico Diógenes] fue protagonista de una curiosa historia de amor cuando Hiparquía, la hermana de su discípulo Metrocles, se quedó prendada de él por los relatos oídos a su hermano. En vano intentó Crates que desistiera y, al fin, se le presentó y se desnudó ante ella, para que viera cómo era y cuán poco podía ofrecerle. Mas la joven prefirió la vida errabunda y pobre al lado del cínico y, con el consiguiente escándalo social, se fue con él, vestida con el raído manto, a compartir la vida canina y libre del filósofo. Este es uno de los más extraordinarios casos de amor de la historia griega, e Hiparquía es la única mujer que figura en las Vidas de los filósofos de D. Laercio. El episodio está bien narrado por el erudito. Carlos García Gual. La secta del perro.

Cuanto más de vuelta de todo está uno, más se arriesga, en caso de enamorarse, a reaccionar como una modistilla. E. M. Cioran. Silogismos de la amargura.

De la esperanza nace el amor, de la esperanza se alimenta. Ovidio. Las Metamorfosis.

Don Juan no es el hombre que hace el amor a las mujeres, sino el hombre a quien las mujeres hacen el amor. Este, este es el indubitable hecho humano sobre que debían haber meditado un poco más los escritores que últimamente se han propuesto el grave tema del donjuanismo. Es un hecho que existen hombres de los cuales se enamoran con superlativa intensidad y frecuencia las mujeres. He ahí materia sobrada para la reflexión. ¿En qué consiste ese don extraño? ¿Qué misterio vital se esconde tras ese privilegio? J. Ortega y Gasset. Amor en Stendhal.

El amor anda entre iguales, / que no hay labrador que unza, / si quiere arar igualmente, / un camello y una mula. Tirso de Molina. La villana de Vallecas.

El amor es como la fiebre: nace y se extingue sin que la voluntad intervenga en absoluto. Stendhal. Del amor.

El amor es el estado en el cual, la mayoría de las veces, el hombre ve las cosas como no son.F. Nietzsche. El Anticristo.

El amor es un gitano, nunca ha conocido leyes… L. Halévy y H. Meilhac. Libreto de Carmen.

El amor es una planta en primavera que todo lo perfuma con su esperanza, incluso las ruinas por donde trepa. G. Flaubert. Pensamientos.

El hombre ama poco y con frecuencia; la mujer ama mucho y raras veces. Madame Basta. Bribes.

El verdadero amor aparece sólo cuando se han amortiguado las primeras llamaradas de pasión y quedan sólo las ascuas. Este es el verdadero amor, que guarda sólo una relación remota con el sexo. Sus partes integrantes son la presencia, el perdón, la comprensión mutua y una gran tolerancia hacia los defectos ajenos. Creo que ésta es una base mucho más firme para la perpetuación de un matrimonio feliz. Pero, ¿por qué he de divagar acerca de esto? Pongámoslo todo en manos del maestro, G. B. S. (Shaw para ti), a quien cito: «Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y la más fugaz de las pasiones, se les pide que juren que permanecerán continuamente en esa condición excitada, anormal y agotadora hasta que la muerte los separe». Groucho Marx. Groucho y yo.

En amor, la autoridad corresponde por derecho propio al que ama menos. C. A. D’Hondetot. Diez espinas para una flor.

En la venganza y en el amor la mujer es más bárbara que el varón. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

En las minas de sal de Salzburgo, se arroja a las profundidades abandonadas de la mina una rama de árbol despojada de sus hojas por el invierno; si se saca al cabo de dos o tres meses, está cubierta de cristales brillantes; las ramillas más diminutas, no más gruesas que la pata de un pajarillo, aparecen guarnecidas de infinitos diamantes, trémulos y deslumbradores; imposible reconocer la rama primitiva. Lo que yo llamo cristalización es la operación del espíritu que en todo suceso y en toda circunstancia descubre nuevas perfecciones del objeto amado [Teoría de la cristalización: Todos los enamorados adornan a sus amados con perfecciones inexistentes].Stendhal. Del amor.

En los seres humanos, el ADN también posibilitó comprobar que mucha más gente de la que se suponía mantenía relaciones más allá de su pareja social. Así, en diferentes comunidades del mundo se realizaron estudios que revelaron que los padres legales eran los biólogos tan solo en aproximadamente un noventa por ciento de los casos. Esto significa que de cada cien hombres, diez tenían un padre genético distinto del que los había criado. Viviana Bernath. ADN, el detector de mentiras.

Es conocida en Francia la anécdota de madmoiselle de Sommery, que sorprendida por su amante en flagrante delito le niega el hecho audazmente, y como el otro protesta, le dice: «¡Ah, bien veo que ya no me amas!; crees más lo que ves que lo que yo te digo.» Stendhal. Del amor.

Es la propia naturaleza la que nos impulsa a amar a los que nos han dado la vida. Cicerón. De finibus bonorum et malorum.

Es una fiera muy brava, / que allá en las entrañas mora; / casa do siempre se llora, / y la verdad es esclava / y la sospecha señora. Diego Hurtado de Mendoza. Los celos.

Esta mujer cabe en mis manos. Pablo Neruda. Mujer lejana.

Hay personas que sienten un impulso de enemigo al ver a otra persona, su interior exclama: «¡El no-yo!». Hay otras que sienten simpatía, diciendo: «¡El yo otra vez!».A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

Indudablemente hay muy pocas personas que comprendan el carácter profundamente subjetivo de ese fenómeno en que consiste el amor y cómo el amor es una especie de creación de una persona suplementaria distinta de la que lleva en el mundo el mismo nombre y que formamos con elementos sacados en su mayor parte de nuestro propio interior. Y por eso hay pocas personas a quienes les parezcan naturales las proporciones enormes que toma para nosotros un ser que no es el mismo que ellos ven. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II: A la sombra de las muchachas en flor.

La ausencia disminuye las pasiones mediocres y aumenta las grandes, como hace el viento apagando las velas, mientras aviva el fuego. La Rochefoucauld. Máximas.

La locura de los amantes es la más feliz de todas. Platón. Fedro.

La mayor parte de los maridos manipulan la sensibilidad de sus mujeres con el mismo acierto que un orangután toca el violín y, en consecuencia, son engañados por un músico mejor. André Maurois. Balzac.

La mirada es la gran arma de la coquetería virtuosa. Con una mirada se puede decir todo, y al mismo tiempo, siempre se puede negar una mirada, pues no puede ser repetida textualmente. Stendhal. Del amor.

La mujer ofrece sexo para conseguir amor y el hombre ofrece amor para conseguir sexo. David M. Buss. La evolución del deseo.

Las mujeres extraordinariamente bellas impresionan menos el segundo día. Stendhal. Del amor.

Las mujeres se convierten entonces en esclavas de una subasta; unas se venden a título definitivo (es el matrimonio), otras se alquilan a título temporal (es la prostitución). El matrimonio sin amor es una prostitución legal.Audré Maurois. Balzac.

Las mujeres son amantes para los maridos jóvenes; compañeras durante la virilidad y enfermeras para los viejos.F. Bacon. Ensayos.

Los hijos empiezan por amar a sus padres; cuando envejecen los juzgan; algunas veces los perdonan. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Los seres que aman no son los mismos seres que gozan. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II. A la sombra de las muchachas en flor.

Murió Julia, maldecida / por un hombre a quien vendió, / y en el punto en que dejó / el presidio de la vida, / la dijo Dios: «¡Inconstante!, / ve al Purgatorio a sufrir, / y reza hasta conseguir / que te perdone tu amante». / «¡Oh, cuán grande es mi alegría / –dijo ella– en sufrir por él! / ¡Quién no perdona a una infiel / es que la ama todavía!». / Y al Purgatorio bajó / contenta, aunque condenada, / pensando que aún era amada / del hombre a quien ofendió. / Y cuando, al fin, con pesar, / le dio su amante el perdón, / se le oprimió el corazón / hasta romper a llorar. / Y Julia, ya absuelta, es fama / que, llena de desconsuelo, / decía, entrando en el cielo: / «¡Me perdona!… ¡Ya no me ama!».Ramón de Campoamor. El amor no perdona.

No es preciso el auxilio de los dioses / ni las flechas de Venus para amarse. / A veces la más fea mujercilla, / su conducta, su agrado, su limpieza, / sus artificios inocentes hacen / que se acostumbre el hombre fácilmente, / a vivir en su trato y compañía, / porque engendra cariño el mucho trato: / golpes reiterados, aunque leves, / al cabo de años triunfan de los cuerpos / más sólidos. ¿No observas que las gotas / de la lluvia que caen sobre las peñas / después de mucho tiempo las socavan? Lucrecio. De la naturaleza de las cosas (De rerum natura).

No olvides que el primer beso no se da con la boca sino con los ojos. O. K. Bernhardt. Don Juan.

No quiero ser irreverente, pero creo que estarás de acuerdo en que quienquiera que creó el sexo ciertamente sabía lo que hacía. Aunque todo el mundo está loco por él, la palabra en sí, pese a su brevedad, parece asustar a muchísima gente. Los autores de canciones, en especial, siempre suprimen esta adorable palabrita y la sustituyen por “amor”. Ningún cantante (ni siquiera un tenor) se atrevería a cantar «El sexo es algo maravilloso». Con este título la canción obtendría un éxito multitudinario, pero el cantante sería puesto en la lista negra por algún comité de moralidad. ¿La acusación? Incitar a la gente a que haga una cosa perfectamente natural. Groucho Marx. Groucho y yo.

No siempre la hermosura perfecta y cabal inflama las grandes pasiones. Para una inclinación verdaderamente apasionada se necesita una condición que sólo podemos expresar por una metáfora tomada de la química. Las dos personas deben neutralizarse una a otra, como un ácido y un álcali forman una sal neutra. A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

Nosotras las mujeres amamos con nuestros oídos, así como ustedes los hombres aman con los ojos. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

¡Qué divorcios habría, dios santo, o cosas peores que divorcios, si el trato doméstico diario de marido y mujer no se mantuviera y alimentara a base de adulación, carantoñas, perdones, astucias y disimulos! Erasmo de Roterdam. Elogio de la locura.

¿Qué es el amor? Un acceso de fiebre que acaba con un bostezo. Madame Du Deffand. Sentencias.

¿Qué les han hecho a los hombres el acto genital, tan natural, tan necesario y tan justo, para no atreverse a hablar de él sin vergüenza y para excluirlo de las conversaciones serias y ordenadas? Pronunciamos con osadía: matar, hurtar, traicionar; y lo otro, ¿sólo nos atrevemos a decirlo entre dientes? Michel de Montaigne. Ensayos.

Sabina Popea Augusta, emperatriz romana de gran belleza, que se casó en terceras nupcias con Nerón, valíase de oscuras tretas. Se cubría parte del rostro para prodigar a trechos su belleza. Baltasar Gracián. El discreto.

Se dice que el presidente Calvin Coolidge y la primera dama estaban visitando por separado granjas gubernamentales recientemente creadas. Al pasar por el gallinero y ver un gallo copulando intensamente con una gallina, la señora Coolidge se interesó por la frecuencia conla que el gallo llevaba a cabo esa tarea. «Docenas de veces al día», replicó el guía. Al oírlo, la señora Coolidge le pidió: «Por favor, dígaselo al presidente». Cuando el presidente pasó por el gallinero y fue informado del vigor sexual del gallo, preguntó: «¿Siempre con la misma gallina?». «¡Oh, no!», respondió el guía: «Cada vez con una distinta». «Por favor, dígale eso a la señora Coolidge», dijo el presidente. Y de este modo se acuñó el término «efecto Coolidge», que se refiere a la tendencia del macho a volverse a excitar sexualmente ante la aparición de una nueva hembra, lo cual aumenta su impulso a lograr el acceso sexual a un número elevado de hembras. El efecto Coolidge es un rasgo ampliamente extendido entre los mamíferos y ha sido documentado en numerosas ocasiones. David M. Buss. La evolución del deseo.


Si uno no es casto, que sea cauto. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Stendhal dedica cuarenta años a batir las murallas de la feminidad. Elucubra todo un sistema estratégico con principios y corolarios. Va y viene, se obstina y desvencija en la tarea tenazmente. El resultado es nulo. Stendhal no consiguió ser amado verdaderamente por ninguna mujer. No debe sorprender esto demasiado. La mayor parte de los hombres sufre igual destino. Hasta el punto de que para compensar la desventura se ha creado el hábito y la ilusión de aceptar como buen amor cierta vaga adhesión o tolerancia de la mujer, que se logra a fuerza de mil trabajos (…). Chateaubriand, por el contrario, se encuentra siempre «hecho» el amor. No necesita afanarse. La mujer pasa a su vera y súbitamente se siente cargada de una mágica electricidad. Se entrega desde luego y totalmente. ¿Por qué? ¡Ah! Ese es el secreto que los tratadistas del donjuanismo hubieran debido revelarnos. Chateaubriand no es un hombre hermoso. Pequeño y cargado de espaldas. Siempre malhumorado, displicente, distante. Su adhesión a la mujer amante dura ocho días. Sin embargo, aquella mujer que se enamoró a los veinte años sigue a los ochenta prendada del «genio» a quien tal vez no volvió a ver. Esto no son imaginaciones: son hechos documentales (…) Este tipo de amor en que un ser queda adscrito de una vez para siempre y del todo a otro ser (…) fue desconocido para Stendhal. Por eso cree que es esencial a un amor su consunción, cuando probablemente la verdad está más cerca de lo contrario. Un amor pleno, que haya nacido en la raíz de la persona, no puede verosímilmente morir. Va inserto por siempre en el alma sensible. Las circunstancias –por ejemplo, la lejanía– podrán impedir su necesaria nutrición, y entonces ese amor perderá volumen, se convertirá en un hilillo sentimental, breve vena de emoción que seguirá manando en el subsuelo de la conciencia. J. Ortega y Gasset. Amor en Stendhal.

Sueñe o vele, no hay respiro / para mi ardiente deseo, / pues sueño cuando te miro / y cuando sueño te veo.Ramón de Campoamor. Cantares amorosos.

Tengo un serrallo imaginario en el que guardo todas esas mujeres que nunca fueron mías. H. Balzac. La piel de zapa.

Un día feliz, veremos elevarse un hilo de humo sobre los confines del mar, y luego aparecerá la nave. Sí, la blanca nave entrará en puerto, y saludará con su sirena. ¿Lo ves? ¡Ha regresado! Yo no correré a su encuentro. No lo haré. Allí estaré, en la cima de la colina, aguardándolo. Me quedaré mucho tiempo, sin que me pese la espera. Entonces… desde la bulliciosa ciudad, un hombre, un pequeño punto, se dirigirá hacia la colina. ¿Quién será? ¿Quién será? ¿Y qué dirá cuando llegue? ¿Qué dirá? ¿Qué dirá? Me llamará: «¡Butterfly!», desde lejos. Yo, sin contestar, seguiré escondida: un poco para bromear, y otro poco para no morir al volver a verlo, y él, apenado, insistirá: «Mi pequeña mujercita, aroma de verbena», como me llamaba cuando vino aquí.G. Giacosa y L. Illica. Libreto de Madame Butterfly. Aria llamada de la esperanza.

Una muchacha quizá salga virgen de un internado; casta, no. H. Balzac. Fisiología del matrimonio.

Vuélvemelo hoy a decir, / pues, embelesado, ayer / te escuchaba sin oír / y te miraba sin ver. Ramón de Campoamor. Cantares amorosos.

Yo, como muchos creo / que dura nuestro amor lo que el deseo. Ramón de Campoamor. Humoradas.

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