Cultura

Citas de cultura, sabiduria y sociedad

Entendemos por cultura al ‘conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico’ y ‘al conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etcétera’. El primer significado está relacionado con el aprendizaje y el acervo intelectual del individuo, el segundo con las normas sociales de un grupo de individuos.

Sobre la cultura como conjunto de conocimientos del individuo, no son pocos los pensadores que denuncian la ineficacia del modo de enseñanza tradicional (con esa titulitis tan arraigada entre amplios sectores sociales), elogiando por el contrario las virtudes del autodidactismo (enraizado con el librepensamiento), advirtiendo al mismo tiempo del riesgo de caer en una ramplona sabiduría prestada, carente por tanto de reflexión y opinión propias.

En cuanto a la cultura como conjunto de conocimientos y costumbres sociales, algunas de las citas aquí seleccionadas denuncian la utilización de dicha cultura medio para controlar y coartar al individuo, a través de rituales y ceremonias, provocando en él una desazón como la apuntada por Sigmund Freud en Elmalestar en la cultura.

Por estar relacionadas con este segundo significado de cultura, hemos incluido al final de este apartado las citas que tratan sobre la Sociedad y la Masa.

A continuación algunas citas de cultura, sabiduría y sociedad.

A un hombre no le importa pagar cuatro o cinco dólares por un par de pantalones, pero lo pensará mucho antes de emplear la misma suma de dinero en un libro. Groucho Marx. Groucho y yo.

Acusar a los demás de las desgracias propias es una consecuencia de nuestra ignorancia; acusarse a sí mismo es comenzar a comprender; no acusar a los demás ni a nosotros mismos es la verdadera sabiduría. Epicteto. Manual.

Ahora soy catedrático de «(Sociología) Métodos y técnicas de investigación social». Lo de «(Sociología)» lo metieron de clavo. Sin dejar de enseñar lo que sé -«Métodos y técnicas de investigación social»-, puedo enseñar también lo que no sé -«(Sociología)»-. Para eso tengo el título. El que sabe no necesita título. El título garantiza el saber del que no sabe. Jesús Ibáñez. Del algoritmo al sujeto.

Algunos serían sabios si no creyesen serlo. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Desconfiar de los pensadores cuyo espíritu no funciona más que a partir de citas. E. M. Cioran. Ese maldito yo.

Desde luego, ésta es la era de los fantasmas. La mayor parte de la cháchara que emana de banqueros, políticos, actores, industriales y otros que cazan dinero está escrita por pobres diablos desnutridos que mantienen juntos cuerpo y alma borrajeando cuartillas con baratijas para mayor gloria de tipejos pretenciosos. Nos guste o no, ésta es la época en que vivimos. Groucho Marx. Groucho y yo.

Dijo la Zorra al Busto, / después de olerlo: / «tu cabeza es hermosa, / pero sin seso». / Como éste hay muchos, / que aunque parecen hombres / sólo son bustos.F. M. Samaniego. La Zorra y el Busto.

El dar en latín los pasajes obscenos de los clásicos era una norma habitual en las púdicas ediciones del siglo XIX, reservando lo escabroso para solaz sólo de doctos y religiosos. Carlos García Gual, en la Introducción de El asno de oro de Apuleyo.

El goce de la belleza posee un particular carácter emocional, ligeramente embriagador. La belleza no tiene utilidad evidente ni es manifiesta su necesidad cultural, y, sin embargo, la cultura no podría prescindir de ella. Sigmund Freud. El malestar en la cultura.

El grupo social más importante es la familia. Ejerce una enorme presión sobre sus miembros más jóvenes, que están expuestos a la transmisión de sus padres y de los demás miembros. Cuenta con la ventaja de unos receptores al principio muy jóvenes, carentes de sentido crítico y con escaso poder de resistencia. De modo que la influencia de la familia puede ser muy fuerte. No obstante, hay individuos que, como sabemos, logran resistir a ella. En estos casos la rebelión tiende a desarrollarse más tarde, y origina una tendencia a tomar decisiones totalmente opuestas a las esperadas. Pero cuando esta transmisión es de verdad coherente, en el sentido de que todos los miembros del grupo que hacen de educadores ejercen la misma influencia sobre todos los miembros a educar, es la más poderosa. No es casualidad que el origen y la fuerza de la mafia sea la familia. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

El hombre es sólo una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una caña que piensa. No hace falta que el universo entero se arme para aplastarlo; un vapor, una gota de agua bastan para matarle. Pero aunque el universo le aplastase, el hombre seguiría siendo superior a lo que le mata, porque sabe que muere, y la ventaja que el universo tiene sobre él, el universo no la conoce. Toda nuestra dignidad consiste, por lo tanto, en el pensamiento. De ahí es de donde tenemos que elevarnos, y no desde el espacio, desde el tiempo que no sabríamos llenar. Esforcémonos, pues, en pensar bien: he ahí el principio de la moral. Blaise Pascal. Pensamientos.

El mismo Sol reconoce a un escarabajo la ventaja del vivir. Baltasar Gracián. El Criticón.

El necio que alcanzó el éxito suele decir: «Es mérito mío»; y el sabio: «He tenido suerte».A. Godin. La educación de Huguette.

El talento dura mucho más que la belleza. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

El tesón debe estar en la voluntad y no en la opinión. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

El tonto, cuando ríe, ríe a carcajada suelta; mas el varón sabio se sonreirá. Eclesiástico.

En cualquier campo es muy difícil exponer el modelo –lo que en griego se llama charakter– de la perfección, ya que lo perfecto para unos es una cosa y para otros otra. Cicerón. El orador.

En cuestiones acerca del infinito el sentido común es insensatez (…). Quizás deberíamos considerar que la pregunta real no es «¿Qué es el universo y quién lo hizo?» sino «¿Qué son los seres humanos y qué es posible saber para nosotros?». Estas son preguntas más humildes, para las que ya tenemos algunas respuestas, y rápidamente se están encontrando más. J. Z. Young. Los programas del cerebro humano.

Es en la escuela donde se comienza a dejar de ser uno mismo. A. Tournier. Pensamientos de otoño.

Es sabio quien ha aprendido mucho; el genio enseña a la humanidad lo que no ha aprendido de nadie. A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

Estoy convencido de que en todas las cosas hay algo perfecto, aunque esté oculto, y de que un conocedor de la materia es capaz de descubrirlo. Cicerón. El orador.

Hablando los sabios, engendran otros; y por la conversación se conduce al ánimo la sabiduría dulcemente. Baltasar Gracián. El Criticón.

Hasta hace poco tiempo los psicólogos cometían el error de suponer que la inteligencia declinaba automáticamente con la edad. Estaban equivocados, porque lo que estudiaban era secciones transversales de la población, y los grupos de personas de más edad habían recibido menos educación que los de personas más jóvenes. Cuando empezaron a llevar a cabo estudios longitudinales que seguían a determinadas personas a lo largo de un periodo de tiempo descubrieron que la mayoría de la gente ganaba, no perdía, inteligencia hasta cumplida la quinta década de su vida. Lo único que perdían estos sujetos a partir de los sesenta años era rapidez, especialmente en tareas motoras. Fuera de eso, el rasgo más llamativo de las puntuaciones de la gente mayor en los tets de inteligencia era su estabilidad hasta la edad de setenta y tres años. Cuando la inteligencia declinaba normalmente era debido a la presencia de alguna enfermedad. Maya Pines. Los manipuladores del cerebro.

Hay que liberarse de la cárcel de los intereses culturales y de la política. Epicuro. Sentencias vaticanas.

Hay unos aprendizajes culturales más estables que otros, y la estabilidad puede estar propiciada por factores biológicos que hacen a los individuos más propensos, en determinada edad, a aceptar una costumbre u otros cambios culturales. Se puede hablar de períodos sensibles (…). Quizá el más claro de estos periodos sensibles, aunque se haya investigado poco, sea el relacionado con la capacidad de estudiar una lengua extranjera, y sobre todo con la pronunciación de los sonidos que, como todo el mundo sabe, cambian mucho de una lengua a otra. En la mayoría de los individuos, el periodo sensible para aprender estos sonidos va de los 2 a los 12 años. Esta capacidad tiende a desaparecer cuando empieza la pubertad, y muy pocos individuos la mantienen después de este periodo. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

Incluso el pensamiento más intenso es inferior a la sensación más débil.David Hume. Investigación sobre el conocimiento humano.

La cultura para los afortunados es un adorno; para los desafortunados, un pequeño refugio. Demócrito. Citado por Alberto Bernabé en De Tales a Demócrito.

La grandeza del hombre es grande porque se sabe miserable; un árbol no se sabe miserable. Por lo tanto, ser miserable es saberse miserable; pero es ser grande saber que se es miserable. Blaise Pascal. Pensamientos.

La infinita diversidad de los espíritus humanos hace que ninguna verdad se presente bajo el mismo aspecto a dos personas. León Tolstoi. Guerra y Paz.

La mayor parte de lo que aprendí en Cambridge tuve que desaprenderlo penosamente más adelante. En conjunto, lo que aprendí por mi propia cuenta en una vieja biblioteca ha resultado más sólido. Bertand Rusell. Mis reminiscencias religiosas.

La mente de los sensatos es flexible. Homero. La Ilíada.

La sabiduría es la hija de la experiencia. Leonardo Da Vinci. Fragmentos literarios y filosóficos.

La sabiduría no necesita de la violencia. León Tolstoi. Guerra y Paz.

La sabiduría no se transmite, es menester que la descubra uno mismo después de un recorrido que nadie puede hacer en nuestro lugar, y que no nos puede evitar nadie, porque la sabiduría es una manera de ver las cosas. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II: A la sombra de las muchachas en flor.

La vida es un hacerse a sí mismo (…). Elección entre lo que se es y lo que se construye, como el genio, que es naturaleza, y el ingenio, que es arte y la perfección. Aurora Egido, en la Introducción de El Discreto de Baltasar Gracián.

Las vacas poseen varios colores, pero la leche tiene un color único. El conocimiento es como la leche, y quien permanece anclado en las distinciones es como las vacas. Amrtabindu Upanisad.

Leemos mal en el mundo y decimos luego que nos engaña.Rabindranath Tagore. Pájaros perdidos.

Lo que no hemos tenido que descifrar, que dilucidar con nuestro esfuerzo personal, lo que estaba claro antes de nosotros, no es nuestro. Sólo viene de nosotros mismos lo que nosotros sacamos de la oscuridad que está en nosotros y que los demás no conocen. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, VII: El tiempo recobrado.

Lo que vemos con frecuencia no nos maravilla, aun cuando no sepamos por qué sucede. Cicerón. De la divinidad.

Los hombres son, sin duda, conscientes de sus acciones y apetitos, pero inconscientes de las causas que los determinan a apetecer algo. B. Spinoza. Ética.

Los hombres temen al pensamiento más que a ninguna otra cosa del mundo, más que a la ruina, más incluso que a la muerte. El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructor y terrible, no tiene piedad con los privilegios, las instituciones establecidas y los hábitos cómodos. El pensamiento es anárquico y sin ley, indiferente a la autoridad, y no le importa la bien probada sabiduría acumulada por los siglos. El pensamiento mira al abismo del infierno y no tiene miedo (…). El pensamiento es grande, rápido y libre, la luz del mundo y la principal gloria del hombre. Mas para que el pensamiento llegue a ser la posesión de muchos y no el privilegio de unos pocos, debemos acabar con el temor. Es el temor lo que retiene a los hombres, el temor a que sus entrañables creencias se revelen ilusorias, a que las instituciones que rigen sus vidas resulten nocivas, a que ellos mismos se muestren menos dignos de respeto de lo que han creído ser. Bertrand Russell. Citado por Al Seckel en la Introducción de Sobre Dios y la religión.

Los padres hacen involuntariamente del hijo algo semejante a ellos –a esto lo llaman «educación»–, ninguna madre duda, en el fondo de su corazón, de que al dar a luz al hijo ha dado a luz una propiedad suya, ningún padre discute el derecho de que le sea lícito someterlo a sus conceptos y valoraciones. Más aún, en otro tiempo a los padres parecíales justo el disponer a su antojo de la vida y la muerte del recién nacido (como ocurría entre los antiguos alemanes). Y al igual que el padre, también ahora el maestro, el estamento, el sacerdote, el príncipe continúan viendo en cada nuevo ser humano una ocasión cómoda de adquirir una nueva posesión. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

Los sacerdotes del templo de Zeus de Dodona, amigo mío, dijeron que las primeras palabras proféticas habían procedido de una encina. A los hombres de entonces, pues, como no eran sabios como vosotros los jóvenes, les bastaba en su simplicidad con oír a una encina o a una piedra, con tal de que dijesen la verdad. Pero a ti tal vez te importa quién es y de dónde es el que habla. Pues no atiendes únicamente a si las cosas son tal como las dice o de otra manera. Platón. Fedro.

Mala opinión es la que no se puede cambiar. Publio Silo. Aulo Gelio.

Me preguntas quién soy yo, y yo deseo saberlo de ti. Baltasar Gracián. El Criticón.

Mejor es el hombre que oculta su ignorancia, que el que tiene escondido su saber. Eclesiástico.

Nada hay nuevo en este mundo; ni puede nadie decir: He aquí una cosa nueva; porque ya existió en los siglos anteriores a nosotros. No queda memoria de las cosas pasadas; mas tampoco de las que están por venir habrá memoria entre aquellos que vendrán después a lo último. Eclesiastés.

Nada seca tanto la inteligencia como la repugnancia a concebir ideas oscuras. E. M. Cioran. Silogismos de la amargura.

No aprendemos gracias a la escuela, sino gracias a la vida. Séneca. Epistolario.

No basta con alcanzar la sabiduría, hay que aprovecharla. Cicerón. De los fines.

No existe un libro tan malo del que no pueda aprenderse algo. Plinio el Joven. Epistolario.

No ha de olvidar el lector que una novela es un espejo que se pasea a lo largo del camino, reflejando unas veces el azul purísimo del cielo y otras el fango de los charcos que en aquél se encuentran. ¿Podría ser acusado de inmoral el portador del espejo? Es decir que, siendo el espejo el que refleja una realidad ingrata, ¿podría el hombre ser culpada de ella? Lo justo será siempre acusar al camino, y mejor aún al fango mismo, o en último término al inspector de caminos, que ha permitido al agua que se estanque y al barro que se forme. Stendhal. Rojo y negro.

¿No sabéis que sólo estáis gobernados por libros? ¿Sabéis que el código civil, el código militar y el Evangelio son libros de los que dependéis siempre? Leed, ilustraos; un alma sólo se hace fuerte por la lectura; la conversación la disipa, el juego la reduce. Voltaire. El hombre de los cuarenta escudos.

Parece que las inteligencias de los más grandes hombres se encojan desde el momento en que están reunidas, y que allí donde más sabios hay, existe menos sabiduría.Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu. Cartas persas.

Pasar por loco a tiempo, es el colmo de la sabiduría. Horacio. Epístolas.

Porque sin lugar a dudas es una locura predicar a niños que guiarán cohetes a la luna una moral y una cosmología basadas en unos conceptos de Sociedad Perfecta y del lugar del hombre en la naturaleza que fueron acuñados antes de que se pusiera arnés al caballo. Y el mundo es ahora demasiado pequeño y el nivel de sensatez de los hombres demasiado grande para que vuelvan a tener lugar esos viejos juegos de Pueblo Elegido (sea por Jahvé, Alá, Wotan, Manu o el diablo) por medio de los cuales los hombres de la tribu se reafirmaban contra sus enemigos en los días en que la serpiente aún hablaba. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología primitiva.

Pues que tanto te admira / el saber de los viejos, / voy a darte el mejor de los consejos: / cree sólo esta verdad: Todo es mentira. Ramón de Campoamor. Humoradas.

¡Qué extraña suficiencia, creer que nuestra cultura es superior simplemente porque ignoramos todas las culturas a partir de las cuales podríamos tener una perspectiva crítica de la nuestra y sus derivados! Roger Garaudy. Los integrismos.

¡Qué gran sabio aquel a quien no le gustaba que sus cosas agradasen a muchos! Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.


Sabemos decir: así dice Cicerón; he aquí las costumbres de Platón; son las propias palabras de Aristóteles. Mas y nosotros, ¿qué decimos nosotros? ¿Qué opinamos? ¿Qué hacemos? Lo mismo diría un loro. Esto me recuerda a aquel rico romano [se trata probablemente de Sabrino, ridiculizado por Erasmo en su Elogio de la locura y sacado de Séneca, Cartas] que se había cuidado, a costa de grandes gastos, de comprar a hombres entendidos en toda suerte de ciencias, de los que siempre se rodeaba para que cuando estando con sus amigos le llegase la vez de hablar de una cosa u otra, le sustituyeran y estuvieran dispuestos a proporcionarle ya un discurso, ya un verso de Homero, cada cual según su materia; y pensaba que era suyo ese saber, pues estaba en la cabeza de su gente; así hacen también aquellos cuyos conocimientos se alojan en suntuosas librerías. Sé de algunos que, cuando les pregunto lo que saben, pídenme un libro para mostrármelo; y no se atreverían a decirme que tienen el trasero sarnoso, sin antes ir a buscar a su lexicón lo que quiere decir sarnoso y lo que quiere decir trasero. Guardamos las ideas y el saber de otro y nada más. Es menester hacerlos nuestros. Nos parecemos enormemente a aquel que, teniendo necesidad de fuego, se fue a buscarlo a casa del vecino y hallando allí uno grande y hermoso, quedóse allí calentándose sin acordarse de llevar un poco para su casa. ¿De qué nos sirve tener la panza llena de carne si no la digerimos? ¿Si no se transforma en nosotros? ¿Si no nos aumenta ni fortalece? Nos dejamos caer tan hondo en brazos de los demás que anulamos nuestras fuerzas. ¿Que quiero armarme contra el miedo a la muerte? Hágolo a expensas de Séneca. ¿Que quiero tener consuelo para mí o para otro? Tómolo de Cicerón. Tomaríalo de mí mismo si me hubieran enseñado a ello. Nada me gusta esta inteligencia relativa y mendigada. Michel de Montaigne. Ensayos.

Santiago Ramón y Cajal ya decía hace más de cien años que cada hombre es el escultor de su propio cerebro. I. García-Albi y M. Isamat. ¿Por qué mi hijo se parece a su abuela?: Y otras cuestiones genéticas.

Se nos instruye, no para la vida, sino para la escuela. Séneca. Cartas.

Ser inteligente es una ventaja si se sabe ocultar. Mae West. Citada por David M. Buss en La evolución del deseo.

Sin la filosofía, nadie puede hablar con amplitud y abundancia sobre temas de envergadura y variedad. Cicerón. El orador.

Toda la instrucción posible se adquiere con la vida y no con la escuela.León Tolstoi. La instrucción pública.

Todos los hombres tienden por naturaleza a saber. Aristóteles. Metafísica.

Un personaje sabio no es sabio siempre; mas el inteligente es siempre inteligente, incluso cuando ignora algo. Michel de Montaigne. Ensayos.

Unos hombres de inteligencia profunda le presentaron [al Procurador General] unos proyectos. Uno había inventado un impuesto sobre la inteligencia. «Todo el mundo –decía– pagará, nadie querrá quedar como un tonto». El ministro le dijo: «Os declaro exento de ese impuesto».Voltaire. El hombre de los cuarenta escudos.

SOCIEDAD y MASA

Cuanto más groseras y elementales son las emociones, más probabilidades presentan de propagarse de este modo en una masa. Sigmund Freud. Psicología de las masas.

El hombre no sólo es un ser social, sino también metafísico. En otras palabras, no sólo es un individuo social, sino también una personalidad. Por lo tanto, es erróneo confundir lo que está por encima de lo individual con la sociedad, traducirlo completamente en sociología. Actuando así, se ignora el aspecto metafísico de la persona, lo que está verdaderamente por encima del individuo; pues es en la personalidad, no en la masa, donde se ha de buscar el verdadero principio superior. Thomas Mann. Reflexiones de un apolítico.

La gran enemiga de la razón, de la virtud y de la religión es la multitud: esa masa numerosa de monstruosidad que, mirada de un extremo a otro parece formada por hombres y por razonables criaturas de Dios; pero que mezclados confusamente no forman más que una gran bestia y un monstruo más prodigioso que la hidra. Thomas Browne. La religión de un médico.

La sociedad es un cambio mutuo de perjuicios recíprocos. Y el gran lazo que la sostiene, es por una incomprensible contradicción, aquello mismo que parecía destinado a disolverla; es decir, el egoísmo. Descubierto ya el estrecho vínculo que nos reúne unos a otros en sociedad, excusado es probar dos verdades eternas, y por cierto consoladoras, que de él se deducen: primera, que la sociedad, tal cual es, es imperecedera, puesto que siempre nos necesitaríamos unos a otros; segunda, que es franca, sincera y movida por sentimientos generosos, y en esto no cabe duda, puesto que siempre nos hemos de querer a nosotros mismos más que a los otros.Mariano José de Larra, Fígaro. La sociedad.

La teoría epicúrea de la sociedad concuerda muy significativamente con la perspectiva atomista de su teoría física. En la una y la otra lo primordial son los elementos individuales, y no hay una subordinación previa del individuo, o del átomo, a ningún plan trascendente, no hay un objetivo natural prefijado que pudiera conferir al conjunto atómico o a la sociedad humana un sentido determinado. Epicuro rechaza cualquier ordenamiento paradigmático en las combinaciones de la Naturaleza, y niega por descontado que nuestro mundo, uno de los mundos infinitos surgidos por azar en el espacio infinito, intente reproducir el modelo ideal de un cosmos eterno, como postulaba Platón. Tampoco cree que la sociedad humana tenga por sí misma un destino supraindividual, ni siquiera acepta que la dedicación de la persona a un contenido comunitario, al que el ser humano estaría abocado por su misma naturaleza social, ofrezca un objetivo final a la conducta, ni que el hombre se realice cabalmente en la colaboración cívica, como pensaba Aristóteles o como postularán los estoicos. No, para Epicuro «nada hay justo por naturaleza» y la sociedad no tiene unas normas válidas objetivas al margen de los intereses concretos y utilitarios del individuo. La felicidad no proviene del cumplimiento de un determinado papel social; no hay un deber natural que nos subordine a la colectividad. El conocimiento de la naturaleza lleva a la conclusión de que ésta no posee una finalidad propia y de que es indiferente, en su fortuito despliegue, al destino azaroso de los humanos. Para defenderse de losrigores de su entorno, rigores de la naturaleza ambigua y de los seres vivientes violentos, el hombre se vio obligado a la cooperación, al pacto social e inventó así la “cultura”, unas pautas de comportamiento “civilizado”.Carlos García Gual. Epicuro.

Nada más imprevisible que los juicios de la multitud. Tito Livio. Citado por Michel de Montaigne. Ensayos.

Parece que las inteligencias de los más grandes hombres se encojan desde el momento en que están reunidas, y que allí donde más sabios hay, existe menos sabiduría. Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu. Cartas persas.

Porque un hombre de juicio justo entre personas que están en el error, se parecerá a aquel cuyo reloj marcha bien en una ciudad donde todos los relojes andan desarreglados. Él sabe la hora exacta; pero ¿qué le importa? Todo el mundo se guía por los relojes públicos, que marcan una hora fatal, aun los que saben que sólo el reloj del primero da la hora verdadera. A. Shopenhauer. Arte del buen vivir.

Schopenhauer proporciona consejos sobre la manera de arrancar un mínimo de felicidad a la sociedad en la que uno está inmerso. El más importante de los mismos queda formulado en una imagen anotada en su manuscrito cuarenta años antes. La sociedad «puede ser comparada a una hoguera con la que se calienta el hombre sagaz manteniendo la distancia apropiada pero guardándose de poner la mano encima del fuego, como el necio que, después de haberse quemado, huye al frío de la soledad y se lamenta de que el fuego queme». La misma enseñanza está contenida en la famosa parábola de los puercoespines en los Paralipomena, una parábola que Schopenhauer había contado por primera vez, a principios de los años treinta, a la entonces adorada Karoline Jagemann: «Un rebaño de puercoespines se apretujaba estrechamente, en un frío día de invierno, para protegerse de la congelación con el calor mutuo. Pronto empezaron, sin embargo, a sentir las púas de los demás; lo cual, hizo que se alejasen de nuevo. Cuando la necesidad de calor los aproximaba otra vez, se repetía este segundo mal; de modo que se movían entre ambos sufrimientos, hasta que encontraron una distancia conveniente dentro de la cual podían soportarse de la mejor manera». Todos los otros consejos se relacionan de algún modo con esta “distancia conveniente”. Uno debe llevar consigo su soledad a la vida social. Rüdiger Safranski. Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía.

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