Citas literarias

Citas literarias

 Ofrecemos aquí citas literarias entresacadas de diversos textos, de autores muchos de ellos célebres y otros no tanto, que no consideramos forzosamente axiomáticas, pero sí interesantes por ser capaces de cautivar nuestra atención, incitándonos a la reflexión o simplemente provocándonos una sonrisa. No es por tanto nuestra intención influir, y mucho menos adoctrinar, a nadie. Sencillamente deseamos ayudar a quienes procuran beneficiarse de la sabiduría de otros, mostrándoles una selección de informaciones y opiniones, de ninguna manera incuestionables, aunque animándoles a que la complementen o sustituyan por otra de cosecha propia.

            Estas citas, como cualesquiera otras, pueden servir como decimos para animar nuestra meditación, para crear nuestras propias opiniones, pero de ninguna manera es aconsejable que sean aceptadas a pies juntillas, por el mero hecho de haber sido escritas o pronunciadas por grandes pensadores o personas famosas. No nos vayamos a convertir en un Sabrino, aquel rico romano mencionado por Erasmo y otros autores, el cual fundamentaba ridículamente su mendigada inteligencia únicamente en la sabiduría ajena.

A ciertas mujeres les gusta que se las ame dolorosamente… ¿Sabes acaso que una mujer es capaz de infligir las torturas más crueles al hombre que ama, sin sentir el menor remordimiento por ello? ¿Por qué? Pues porque mientras te ven sufrir, están pensando: «Por cada dolor, por cada agonía, yo te daré un mundo de amor». F. Dostoievsky. El idiota.

A don Juan, don Diego hirió, / y aunque arrepentido luego / curó al don Juan el don Diego, / la cicatriz le quedó: / de esto a inferir vengo yo / que nadie, si es cuerdo y sabio, / debe herir ni aun con el labio, / pues aunque curarse pueda, / siempre al ultraje le queda / la cicatriz del agravio. Miguel Agustín Príncipe. La cicatriz.

A esto se le llama «determinismo genético», algo que suena muy, pero que muy mal. A la gente le preocupa mucho pensar que nacemos predeterminados genéticamente. Y la verdad es que en una u otra medida, nos guste o no, lo estamos. Somos altos, listos o feos por genética. Y muchos de nuestros comportamientos también nos vienen de fábrica. A nadie le sorprende que los humanos nazcan predeterminados no por los genes, sino por el lugar de nacimiento y la condición socioeconómica, pero sí preocupa pensar que existe una herencia genética a la que no podemos renunciar. La verdad es que siempre podemos intervenir sobre la genética. Es muy diferente tener un hijo con retraso mental en un país subdesarrollado que en uno del G-8. La genética siempre va unida al entorno y el entorno moldea la genética. Ese es el único determinismo válido. I. García-Albi y M. Isamat. ¿Por qué mi hijo se parece a su abuela?: Y otras cuestiones genéticas.

A la mirada de lince, un interior de tinta de calamar. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

A las palabras de amor / les sienta bien su poquito / de exageración. Antonio Machado. Canciones.

A los audaces ayudan los dioses. Ovidio. Las Metamorfosis. Tomada de la célebre frase A los osados sonríe la fortuna, de La Eneida de Virgilio.

A los hombres les gustan las mujeres con pasado porque esperan que la historia se repita. Mae West. Citada por David M. Buss en La evolución del deseo.

A los príncipes les gusta ser ayudados, pero no excedidos, y es mejor que el aviso tenga visos de recuerdo de lo que olvidaba en vez de ser luz de lo que no se alcanzó. Los astros, con acierto, nos enseñan esta sutileza, pues aunque son hijos brillantes, nunca compiten con los lucimientos del sol. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

A mi modo de ver, quien examine la historia de una manera imparcial llegará a la conclusión de que la religión ha causado más sufrimiento del que ha evitado. Bertrand Russell. ¿Qué es un agnóstico?

A mis soledades voy, / de mis soledades vengo; / porque para andar conmigo, / me bastan mis pensamientos. Lope de Vega. Romances.

A principios de 1950 Russell se había hecho tan respetable a los ojos del sistema establecido [el año siguiente recibiría el premio Nobel de literatura] que los miembros del Parlamento creyeron oportuno concederle la Orden del Mérito, el mayor honor otorgado en Inglaterra a una persona civil. Russell recuerda el acontecimiento [en La Autobiografía de Bertrand Russell: 1945-1969]: «Tuve que ir al palacio de Buckinghampara la imposición oficial. El rey (Jorge VI) se mostró afable, pero estaba algo azorado por tener que comportarse tan amablemente con un individuo tan excéntrico, y que había sido presidiario por añadidura. Me hizo esta observación: “A veces se ha portado usted de una manera que no sería aceptable si la adoptara todo el mundo”. Siempre me alegré de haber podido retener la réplica que cruzó por mi mente: “¿Cómo vuestro hermano?” (…). Pero me pareció que no podía dejar su observación sin respuesta, así que le dije: “El modo en que un hombre debe comportarse depende de su profesión. Por ejemplo, un cartero tiene que llamar a todas las puertas de una calle para entregar las cartas, pero si a cualquier otro le diera por llamar a todas las puertas, sería considerado un estorbo público”». Al Seckel, en la Introducción de Sobre Dios y la religión, de Bertrand Russell.

A quien pide con prisa (lo que es una treta para engañar a la prudencia), conceder tarde. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

A un hombre no le importa pagar cuatro o cinco dólares por un par de pantalones, pero lo pensará mucho antes de emplear la misma suma de dinero en un libro. Groucho Marx. Groucho y yo.

A una hora más bien tardía, el aristócrata [romano] llegaba a casa de algún amigo, relajándose entonces tras un día dividido entre obligaciones de negocios y obligaciones sociales. Este era el momento y el ambiente apropiado para disfrutar de una conversación respecto a los acontecimientos del día con un pequeño grupo de amigos íntimos, no menos de cinco y no más de nueve: «Más que las Gracias y menos que las Musas», pues era así como definían los romanos el número adecuado de invitados a un ágape. Carson I. A. Ritchie. Comida y civilización.

A veces el sol, con buena luz, suele retirarse a una nube porque no lo vean caer, y deja con la duda de si se puso o no. Se deben evitar los ocasos para no reventar de desaires. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

A veces llegan tan a los extremos los males, que pasan a ser dichas. Baltasar Gracián. El Criticón.

Aborrezco la política y la fe en la política porque hace a las personas arrogantes, doctrinarias, intransigentes e inhumanas. No creo en las fórmulas del homiguero, la colmena humana; no creo en la “république démocratique, sociale et universelle”; no creo que la humanidad haya sido hecha para lo que se está denominando “felicidad”, ni siquiera que “desee” esta “felicidad”; no creo en la “creencia”, sino más bien en la desesperanza, porque ésta abre el camino a la liberación; creo en la humildad y el trabajo; el trabajo en unomismo, y me parece que la forma suprema, más noble, más severa y más dichosa de esa clase de trabajo es el arte. Thomas Mann. Reflexiones de un apolítico.

¿Acaso yo mismo estoy un poco envidioso de Stendhal? Me quitó el mejor chiste de ateísta, un chiste que precisamente yo había podido hacer: «La única disculpa de Dios es que no existe.» F. Nietzsche. Ecce homo.

Actúa antes de que suceda, pon orden antes de que estalle el desorden. El árbol que apenas consigues abrazar, ha nacido de una punta minúscula; la torre de nueve pisos, comenzó por una espuerta de tierra. Lao zi (El Libro del Tao).

Acusar a los demás de las desgracias propias es una consecuencia de nuestra ignorancia; acusarse a sí mismo es comenzar a comprender; no acusar a los demás ni a nosotros mismos es la verdadera sabiduría. Epicteto. Manual.

Advertid que la verdad en la boca es muy dulce, pero en el oído es muy amarga; para dicha no hay cosa más gustosa; pero para oída, no hay cosa más desabrida: no está el primor en decir las verdades, sino en el escucharlas. Baltasar Gracián. El Criticón.

¡Ah, querido Alcibíades, tal vez no seas realmente un hombre frívolo, si resulta verdad eso que dices de mí y existe en mí una virtud por la cual tú pudieras hacerte mejor. En ese caso, verías en mí una belleza indescriptible y muy superior a tu bella figura. Por consiguiente, si la ves en mí y pretendes participarla conmigo y cambiar belleza por belleza, no es poca la ganancia que piensas sacar de mí: lo que intentas es adquirir algo que es bello de verdad a trueque de lo que es bello en apariencia, y lo que pretendes es en realidad cambiaroro por bronce. Sin embargo, ¡oh bienaventurado!, mira mejor, no se te vaya a escapar que yo no valgo nada, pues la vista de la inteligencia comienza a ver agudamente cuando comienza a cesar en su vigor la de los ojos, y tú todavía te encuentras lejos de esto. Platón. El Banquete. Respuesta de Sócrates al hermoso Alcibíades, cuando éste le propone ser su amante, ya que considera que el filósofo es merecedor de ello por ser un hombre bello de alma, virtuoso.

Ahora soy catedrático de «(Sociología) Métodos y técnicas de investigación social». Lo de «(Sociología)» lo metieron de clavo. Sin dejar de enseñar lo que sé -«Métodos y técnicas de investigación social»-, puedo enseñar también lo que no sé -«(Sociología)»-. Para eso tengo el título. El que sabe no necesita título. El título garantiza el saber del que no sabe. Jesús Ibáñez. Del algoritmo al sujeto.

Al abolir el tiempo, el sueño suprime la muerte. Los difuntos se aprovechan de ello para importunarnos. E. M. Cioran. Historia y utopía.

Al Dr. Solomon Snyder [descubridor de la endorfina], profesor de psiquiatría y farmacología en [la Universidad] Johns Hopkins, le gusta hablar del caso de una encantadora hindú ayudante de laboratorio, que trabajó con él. De pequeña había sido muy delgada, y sus padres estaban preocupados. La llevaron a uno de los mejores médicos de Bombay, en busca de algún tratamiento que la hiciera engordar. El médicoprescribió marihuana –un vaso de marihuana en forma líquida, llamada bhang, antes de cada comida– para abrirle el apetito. Durante años lo estuvo tomando llena de fe, tres veces al día, hasta que, a los diecisiete años, se la juzgó suficientemente seductora para suspender el tratamiento. Pero como se trataba simplemente de una medicina, y nadie le había dicho que podía alterar su estado de ánimo de algún modo, ella nunca sintió el más mínimo síntoma deintoxicación ni ningún otro efecto. Maya Pines. Los manipuladores del cerebro.

Al hablar importa más la discreción que la elocuencia. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Al hombre sabio le son más útiles sus enemigos que al necio sus amigos (…). A muchos sus enemigos les fabricaron su grandeza. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Al igual que no contravengo las leyes hechas contra los ladrones, cuando me llevo lo que es mío y cuando abro mi bolsa; ni las de los incendiarios cuando quemo mi leña: no estoy sujeto a las leyes contra los criminales por haberme quitado la vida. Michel de Montaigne. Ensayos.

Al que te pide, dale, y no esquives al que pretende de ti algún préstamo. Mateo, 5, 42.

Al ver [Diógenes el cínico] al hijo de una hetera tirar piedras a la gente, le dijo: «Ten cuidado, no le des a tu padre» (…). Al que le reprochaba que se metía en lugares infectos, le repuso: «También el sol entra en los retretes, pero no se mancha». Diógenes Laercio. Vidas de los filósofos.

Algunos comportamientos nos llegan de fábrica por el hecho de ser humanos, otros por ser primates, otros por ser mamíferos, etc. (…). Pero nuestro neocórtex difumina mucho la frontera entre lo innato y lo aprendido, que también hay mucho de lo último. I. García-Albi y M. Isamat. ¿Por qué mi hijo se parece a su abuela?: Y otras cuestiones genéticas.

Algunos serían sabios si no creyesen serlo. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Anteponer la amistad a todas las cosas humanas es principio aristotélico que preside toda su obra, junto a la evidencia de que lo semejante se da con lo semejante. Pues la amistad surge entre los que sustentan aficiones comunes. Aurora Egido, en la Introducción de El Discreto de Baltasar Gracián.

Antes de 1650, los únicos europeos que habían tomado café eran los que habían viajado por el extranjero. Parece que es originario de Etiopía, probablemente de la región de Kafia, y se dice que el primer hombre que lo bebió fue un monje que se fijó en que las cabras que habían estado pastando en una zona de cafetos, saltaban llenas de vitalidad y de energía. Carson I. A. Ritchie. Comida y civilización.

Antes del nacimiento del amor, la belleza es necesaria como reclamo. Stendhal. Del amor.

Antístenes [precursor del cinismo] no renunciaba a sus deberes cívicos, aunque se distanciase de la política efectiva. «Hay que acercarse a ella como al fuego, no demasiado, para no quemarse, ni apartarse mucho, para no helarse». Carlos García Gual. La secta del perro.

Aprended a decir que no: que lo bueno no es bueno porque le guste a uno, sino que lo bueno es bueno, y no puede ser malo más que por engaño y miedo impuesto desde Arriba (para venderos enseguida lo malo como bueno). Agustín García Calvo. De la felicidad.

Aprovecha el día presente (carpe diem). Horacio. Odas.

Aquel a quien confiáis vuestro secreto se convierte en el dueño de vuestra libertad. La Rochefoucauld. Memorias.

Aquel a quien la llama de los celos lo circunda acaba volviendo contra sí mismo el aguijón envenenado, igual que el escorpión. F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Aquel que tenga ojos para ver y oídos para escuchar, podrá convencerse de que ningún mortal puede guardar un secreto. Si sus labios mantienen silencio, parloteará con las puntas de sus dedos; la traición brota de todos sus poros. Sigmund Freud. Citado por Flora Davis en La comunicación no verbal.

Así pues, hay que completar la concepción darviniana de la evolución por supervivencia de los más aptos señalando también la importancia del azar [por las mutaciones genéticas], que el genetista Motoo Kimura ha resumido con la expresión supervivencia del más afortunado. En la práctica, pues, la evolución es la supervivencia no sólo de los tipos genéticos más aptos, sino también de los que han tenido más suerte. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

Así que el más espantoso de los males, la muerte, nada es para nosotros, puesto que mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y, cuando la muerte se presenta, entonces no existimos. Epicuro. Carta a Meneceo.

Aun el jade se rompe, / aun el oro se quiebra, / aun el plumaje del quetzal se rasga… / ¡No se sirve para siempre en la tierra! / ¡Sólo un breve instante perduramos! Poema elegíaco citado por José Alcina Franch en Mitos y literatura azteca.

Aún hoy, en comarcas tradicionalmente célticas de Gales (Reino Unido), cierta variedad de hongo psilocibio es consumido por Navidad en familia. Como puedo atestiguar por información de primera mano, se trata de stropharia c., generalmente de tamaño muy pequeño y potencia nada espectacular, que inducen una especie de cálida hilaridad. Antonio Escohotado. Historia de las drogas.

Áurea mediocridad (Aurea mediocritas). Horacio. Odas. La condición media tiene que ser preferida, por su tranquilidad, pero también es empleada la expresión en sentido despreciativo e irónico.

¡Ay del día en que lancen a los vientos / el ¡sálvese el que pueda! los hambrientos! Ramón de Campoamor. Humoradas.

Ayer florecía / hoy se marchita. Canción otomí citada por José Alcina Franch en Mitos y literatura azteca.

Ayer se fue; mañana no ha llegado, / hoy se está yendo sin parar un punto; / soy un Fue y un Será y un Es cansado. / En el hoy y mañana y ayer junto / pañales y mortaja, y he quedado / presentes sucesiones de difunto. Francisco de Quevedo. ¡Ah de la vida! ¿Nadie me responde?

Basta una nube para eclipsar a todo un sol. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Bucear en el alma conduce a menudo a descubrir cosas que mejor sería dejar allí sin descubrir. León Tostoi. Ana Karenina.

Cabe no tener razón de puro tenerla demasiado. José Ortega y Gasset. Prólogo de Del Amor, de Stendhal.

Cada uno debe cuidarse a solas en este inmenso piélago de egoísmo que llamamos vida. Stendhal. Rojo y negro.

Cada uno según su carácter se hace su destino. Cornelio Nepote. Vida de Ático.

Cada suicidio es un poema sublime de melancolía. H. Balzac. La piel de zapa.

Calcular nuestros antepasados. Te propongo un ejercicio del libro de Bryson Una breve historia de casi todo que te va a gustar y que refleja de dónde venimos todos. A mí me abruma. Mira, nuestros hijos (…) son producto cada uno de ellos de un fogoso intercambio cromosómico (…). Vayamos hacia atrás de generación en generación para ver cuántas personas han contribuido a que tú estés aquí. Fíjate solo en padres y madres de padres y madres, nada de hermanos, primos o tíos. Padres, dos. Abuelos, cuatro. Bisabuelos, ocho. Tatarabuelos, 16. Pero demos un salto, saltemos diez generaciones: son 1.024. En veinte generaciones, los individuos implicados directamente en tu existencia, y en la mía, son 1.048.576 personas. Lo que significa que hacia la primera mitad del siglo XV hubo 524.288 intercambios cromosómicos necesarios para que tú estés aquí. Y si nos vamos al tiempo de Cristo, unas sesenta generaciones atrás, son más de un trillón de personas implicadas. Lo que es claramente imposible, porque la población mundial en 2009 se estima en 6.720 millones y no encontramos recursos para todos. Eso quiere decir que la gran mayoría de los intercambios cromosómicos de los que estoy hecho son fruto de relaciones muy endogámicas, por no hablar de incesto. Obviamente, no había un trillón de personas hace sesenta generaciones, pero sí un trillón de intercambios cromosómicos desde entonces hasta hoy, para cada uno de nosotros. Una misma persona puede haber participado en muchos de esos intercambios (unos más que otros), y en la historia, lógicamente, la tendencia general ha sido reproducirse entre individuos geográficamente próximos. Lo cual implica una altísima probabilidad de parentesco cercano. Así que todos somos primos… I. García-Albi y M. Isamat. ¿Por qué mi hijo se parece a su abuela?: Y otras cuestiones genéticas.

Cambiar de conversación es una treta cortés para decir que no. No hay mayor discreción que no darse por enterado. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Casi todas las obras se componen de destellos de imitación, estremecimientos aprendidos y éxtasis robados. E. M. Cioran. Silogismos de la amargura.

Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora. Antonio Machado. Campos de Castilla. A orillas del Duero.

Cerca del país de los Cimerios hay una caverna muy profunda, un monte hueco, la morada y santuario del perezoso Sueño; allí jamás puede Febo, ni al amanecer, ni al mediodía, ni en su ocaso, penetrar con sus rayos; la tierra exhala neblinas y tinieblas, y hay siempre una débil luz crepuscular (…). Reina una muda quietud. Sin embargo, de las entrañas de una roca brota un arroyo del río del Olvido; sus aguas se deslizan rumorosas por un lecho de fragorosos guijarros, invitando al sueño. A la entrada de la caverna florecen fecundas adormideras y numerosas plantas; de sus jugos liba la Noche el narcótico que luego esparce con el rocío por las tenebrosas tierras (…) se alza en el centro de la gruta un lecho de ébano y plumas, monocolor y cubierto de negras colchas. Allí descansa el dios en persona, entregado a la holganza. Esparcidos a su alrededor e imitando diferentes figuras están tendidos tantos vanos sueños como espigas tiene una mies, hojas un bosque, y granos de arena una playa. Ovidio. Las Metamorfosis. Personificación del Sueño.

Cerca, tu olvido sobre todo; cerca, el olvido de todos sobre ti. Marco Aurelio. Meditaciones.

Ciega por lo común a los amantes / la pasión, y les muestra perfecciones / aéreas; porque vemos que las feas / aprisionan a los hombres de mil modos, / y hacen obsequio grande a las viciosas: / y unos de otros se burlan y aconsejan / al aplacar a Venus mutuamente / que los aflige con amor infame: / si es negra su querida, para ellos, / es una morenita muy graciosa; / si sucia y asquerosa, es descuidada; / si es de ojos pardos, se asemeja a Palas; / si seca y descarnada, es una corza / del Ménalo; si enana y pequeñita, / es una de lasgracias, muy salada; / si alta y agigantada, es majestuosa, / llena de dignidad; tartamudea / y no pronuncia bien, es un tropiezo / gracioso; taciturna, es vergonzosa; / colérica, envidiosa, bachillera, / es un fuego vivaz que no reposa; / cuando de puro tísica se muere, / es de un temperamento delicado; / si con la tos se ahoga y desfallece, / entonces es beldad descaecida: / y si gorda y tetuda, es una Ceres, / la querida de Baco: si chatilla, es silla de placer; ¡nadie podría / enumerar tan ciegas ilusiones! Lucrecio. De la naturaleza de las cosas (De rerum natura).

Cierta embotadura del intelecto parece ser condición esencial en casi todo hombre que se dedica en serio a hacer dinero. F. Dostoievsky. El idiota.

Cierto Ricacho, labrando una casa / de arquitectura moderna y mezquina, / desenterró de una antigua ruina, / ya un capitel, ya un fragmento de basa, / aquí un adorno y allá una cornisa, / media pilastra y alguna repisa. / Oyó decir que eran restos preciosos / de la grandeza y del gusto romano, / y que arquitectos de juicio muy sano, / con imitarlos se hacían famosos. / Para adornar su infeliz edificio, / en él a trechos los fue repartiendo. / ¡Lindo pegote! ¡Gracioso remiendo! / Todos se ríen del tal frontispicio, / menos un quídam que tiene unos dejos / como de docto, y es tal su manía, / que desentierra vocablos añejos / para amasarlos con otros del día. Tomás de Iriarte. El ricacho metido a arquitecto.

Como dice Sadder, siempre placer no es placer. Voltaire. Zadig.

Como señala René Dubos, «los seres humanos siempre han tomado drogas: café, té, vino, mate. Según tengo entendido, Ghandi tomaba reserpina con mucha frecuencia; era parte de la cultura hindú desde hacía miles de años. Todos nos drogamos continuamente, aunque por lo general sin ser conscientes de ello. No consideramos que algo es una droga cuando es la norma en nuestra cultura. Simplemente es algo que solemos tomar». Algunas de las drogas más antiguas y legales, como el alcohol y el tabaco, son aceptadas por todo el mundo, aun cuando probablemente sean más dañinas que la marihuana, cuya posesión está castigada con años de cárcel. Las drogas más peligrosas de todas, las anfetaminas y los barbitúricos, algunas veces son recetadas con plena liberalidad por parte de los médicos, y eso en cambio se acepta. Cuando queremos mantener tranquilos a los niños o a los ancianos aceptamos los tranquilizantes. Hora es ya de que miremos estas prácticas con más objetividad. Maya Pines. Los manipuladores del cerebro.

Como una flor a su perfume, estoy atado a tu recuerdo impreciso. Pablo Neruda. Un amor.

Como ya se tiene el no, váyase en busca del sí con destreza, que la mayoría de las veces no se consigue porque no se intenta. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Con el contacto de los extremos se alcanzará el justo medio. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Con monótona regularidad, el pueblo teme neciamente a inofensivos chivos expiatorios, y confía ciegamente en peligrosos profesionales del sacrificio. Thomas Szasz. Droga y ritual.

Con mucha precaución merodeo alrededor de lo profundo, le sonsaco algunos vértigos y me escabullo como un estafador de abismos. E. M. Cioran. Silogismos de la amargura.

Con un gobierno difuminado, el pueblo se vuelve honrado. Con un gobierno vigilante, el pueblo se hace malicioso. Lao zi (El Libro del Tao).

Conocerse es empezar a corregirse. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Considera grande lo pequeño y mucho lo poco, responde a la injusticia con la virtud. Intenta lo difícil en lo fácil, realiza lo grande en lo menudo. Las cosas difíciles del mundo comienzan por lo fácil, las cosas grandes del mundo comienzan por lo menudo. Por eso el sabio nunca realiza cosas grandes, y así es como puede llevar a cabo grandes cosas. Quien promete a la ligera gozará de escaso crédito, quien supone todo fácil encontrará todo difícil, por eso el sabio tiene todo por difícil, esa es la razón de que al final no encuentre ninguna dificultad. Lao zi (El Libro del Tao).

¡Convirtió la punta de su lanza en su pluma, el corazón de los enemigos en una hoja donde escribir y su sangre en tinta! Las mil y una noches.

[Crates de Tebas (368-288 a. C.), discípulo del cínico Diógenes] fue protagonista de una curiosa historia de amor cuando Hiparquía, la hermana de su discípulo Metrocles, se quedó prendada de él por los relatos oídos a su hermano. En vano intentó Crates que desistiera y, al fin, se le presentó y se desnudó ante ella, para que viera cómo era y cuán poco podía ofrecerle. Mas la joven prefirió la vida errabunda y pobre allado del cínico y, con el consiguiente escándalo social, se fue con él, vestida con el raído manto, a compartir la vida canina y libre del filósofo. Este es uno de los más extraordinarios casos de amor de la historia griega, e Hiparquía es la única mujer que figura en las Vidas de los filósofos de D. Laercio. El episodio está bien narrado por el erudito. Carlos García Gual. La secta del perro.

¿Cuál puede ser una vida que comienza entre los gritos de la madre que la da y los lloros del hijo que la recibe? Baltasar Gracián. El Criticón.

Cuando ayer salía la luna me pareció que iba a dar a luz un sol: tan abultada y grávida yacía en el horizonte. F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Cuando desde mi buhardilla contemplo la ciudad, me parece que tan honrado es ser en ella sacristán como proxeneta. E. M. Cioran. Silogismos de la amargura.

Cuando el escritor se halla en el estado de ánimo del que “observa”, está en nivel muy inferior al estado del espíritu del que crea. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II: A la sombra de las muchachas en flor.

«Cuando el pájaro del sueño pensó hacer su nido en mi pupila, vio las pestañas y le aterró la red». ¿Quién, mejor que aquel Ben al-Hamara, poeta árabe de Andalucía, ha percibido lo insondable del insomnio? E. M. Cioran. Ese maldito yo.

Cuando hablas con tus amigos no te das cuenta, pero tu cerebro realmente está llevando a cabo algunas tareas bastante complicadas. Por ejemplo, si quieres pronunciar la palabra que representa un objeto, tu cerebro tendrá que hacer básicamente tres cosas. Primero tienes que extraer de tu “diccionario” mental el término que designa ese objeto, lo cual, dicho de un modo más técnico, es la fase de identificación léxica. Después tienes que construir la palabra que lo representa en un lenguaje concreto, es decir, organizarla morfológicamente (el lexema, los prefijos, sufijos y todo eso que aprendimos en la asignatura de lengua). Y finalmente tienes que enviar las órdenes necesarias a los músculos de la garganta para generar los sonidos correspondientes, o sea, la codificación fonológica. Todas estas funciones se llevan a cabo en un área de la mitad izquierda de tu cerebro conocida como “área de Broca”, que fue descrita por el médico francés Pierre Paul Broca en 1865 (…).En total, el proceso dura algo menos de medio segundo, y cada una de estas actividades tiene lugar en zonas concretas que están separadas por unos pocos milímetros. Javier Novo. Genes, microbios y células.

Cuando hay que devolver el cuerpo a los elementos y reanimar la Naturaleza bajo otra forma, que es lo que se llama morir, cuando este momento de metamorfosis llega, haber vivido una eternidad o haber vivido un día es exactamente lo mismo. Voltaire. Micromegas.

Cuando la acción se ha vuelto inercia y rutina, ya sólo la omisión es resistencia, deliberación y libertad. Rafael Sánchez Ferlosio. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos.

Cuando la razón duerme produce monstruos. Francisco de Goya. Citado por Edward Peters en La tortura.

Cuando los ojos ven lo que nunca vieron, el corazón siente lo que nunca sintió. Baltasar Gracián. El Criticón.

Cuando los romanos asistían a ver luchar a los gladiadores, se les entregaba una cesta, llamada sportula, que contenía pan, aceite, carne de cerdo y, en ocasiones, vino, y en la que había suficiente cantidad como para hartarse mientras disfrutaban del espectáculo, y para que sobrase y la pudiesen terminar en casa en compañía de su familia. «Roma –dijo el poeta satírico Juvenal– está gobernada a base de pan y circo». Carson I. A. Ritchie. Comida y civilización.

Cuando releo, me avergüenzo de haber escrito, pues veo cosas que, incluso a mis propios ojos de autor, merecen ser borradas. Ovidio. Pónticas.

Cuando se derogó la Ley Seca en USA, hubo una reunión de jefes mafiosos que decidió trabajar la heroína, cuya fabricación acababa de prohibirse en Estados Unidos. Como previó A. Rothstein, esa nueva prohibición iba a salvar la empresa de todos. Antonio Escohotado. Historia de las drogas.

Cuando se escribe sobre las mujeres hay que mojar la pluma en el arco iris y secar las líneas con polvillo de alas de mariposa. Diderot. Pensamientos.

Cuando su discípulo Malunkyaputta se extrañó de que la doctrina no tratara en absoluto del origen del universo, ni de una posible supervivencia, Buda le explicó: «El conocimiento de todas esas cosas no puede hacer que se dé ningún paso nuevo en el camino de la santidad y de la paz. Lo que sí sirve para eso es lo que yo he venido a enseñar: la verdad sobre el sufrimiento, sus causas, su extinción.» Maurice Percheron. Buda.

Cuando te llame algún poderoso, excúsate; por lo mismo serás llamado con mayor empeño. Eclesiástico.

Cuando un ejército celebra sus triunfos sobre los enemigos vencidos, no se considera esta victoria como obra de los soldados y de sus fatigas; es el general quien se lleva toda la gloria, cuando lo cierto es que fue el único que se mantuvo en un sitio apartado durante la batalla. Eurípides. Andrómaca.

¡Cuánta gente feliz ignora que lo es! Alejandro Dumas, hijo. La Dama de las Camelias.

Cuantas más prohibiciones, más se empobrece el pueblo. Lao zi (El Libro del Tao).

Cuanto más de vuelta de todo está uno, más se arriesga, en caso de enamorarse, a reaccionar como una modistilla. E. M. Cioran. Silogismos de la amargura.

Cuanto más groseras y elementales son las emociones, más probabilidades presentan de propagarse de este modo en una masa. Sigmund Freud. Psicología de las masas.

Da a todo hombre tu oído y a pocos tu voz; toma consejo de todos, mas reserva tu juicio. W. Shakespeare. Hamlet.

De inmediato se dirige a la morada, mugrienta de negro pus, de la Envidia; está la casa de ésta oculta en el hondón de un valle, privada de sol, inaccesible a los vientos, lúgubre y toda invadida por un frío que entumece, y, aunque falta siempre de fuego, está sobrada siempre de bruma (…) dentro ve, devorando carnes de víbora, alimento de su inquina, a la Envidia (…). La palidez se asienta en su rostro, en todo su cuerpo la demacración, la mirada nunca recta, sus dientes amarillentos por el sarro, su pecho verde de hiel, su lengua empapada en veneno. No hay sonrisa, salvo la que provoca la contemplación del dolor ajeno, ni goza del sueño, despierta siempre por desvelados afanes, sino que ve con desagrado, y mientras lo ve se consume, los éxitos de los hombres, y devora y a la vez se devora a sí misma, y es ella su propio suplicio (…) toma su bastón, totalmente recubierto de lazos de espinas, y, envuelta por negras nubes, por dondequiera que pasa arrasa los floridos campos, agosta la hierba y arranca las cabezas de las amapolas, y con su aliento pueblos, ciudades y casas infecta (…) y apenas puede contener las lágrimas, porque no ve nada digno de llanto (…) le toca el pecho con su mano impregnada de orín, le llena el corazón de espinas como garfios, le insufla dañina hiel y difunde por sus huesos y derrama dentro de sus pulmones un veneno negro como la pez. Ovidio. Las Metamorfosis. Personificación de la Envidia.

De la esperanza nace el amor, de la esperanza se alimenta. Ovidio. Las Metamorfosis.

De los amigos ofendidos salen los peores enemigos. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

De suerte que, si bien se nota, todo cuanto hay se burla del miserable hombre: el mundo le engaña, la vida le miente, la fortuna le burla, la salud le falta, la edad se pasa, el mal le da prisa, el bien se le ausenta, los años huyen, los contentos no llegan, el tiempo vuela, la vida se acaba, la muerte le coge, la sepultura le traga, la tierra le cubre, la pudrición le deshace, el olvido le aniquila, y el que ayer fue hombre hoy es polvo y mañana nada. Baltasar Gracián. El Criticón.

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De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. Escribe tú con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu. F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Debemos sujetar nuestro corazón; pues si lo dejamos ir, ¡qué pronto se nos va entonces la cabeza! F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Dejar aparecer la ira o el odio en la palabra o en el rostro es inútil, peligroso, imprudente, ridículo, ordinario. No se debe manifestar la cólera o el odio más que por actos. Los animales de sangre fría son los únicos que tienen veneno. A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

Dentro de algunos siglos, la historia de eso que ahora llamamos actividad científica del progreso será un gran motivo de hilaridad y de compasión para las generaciones futuras. León Tolstoi. Pensamientos.

Desconfiar de los pensadores cuyo espíritu no funciona más que a partir de citas. E. M. Cioran. Ese maldito yo.

Desde luego, ésta es la era de los fantasmas. La mayor parte de la cháchara que emana de banqueros, políticos, actores, industriales y otros que cazan dinero está escrita por pobres diablos desnutridos que mantienen juntos cuerpo y alma borrajeando cuartillas con baratijas para mayor gloria de tipejos pretenciosos. Nos guste o no, ésta es la época en que vivimos. Groucho Marx. Groucho y yo.

Desecha todo, y retén sólo estas pocas cosas, y todavía recuerda que sólo vive cada cual este presente tan breve. El resto, o ya se ha vivido, o es incierto. Breve es pues lo que cada cual vive. Pequeño es el rincón de la tierra donde vive. Pequeña también la fama póstuma más larga, y está a través de la sucesión de hombres que rápidamente morirán, y que no saben ni de sí mismos, ni por supuesto del que ya ha muerto antes. Marco Aurelio. Meditaciones.

Detrás de todo lo exquisito hay algo trágico. La tierra trabaja para dar nacimiento a la más humilde flor. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Dijo la Zorra al Busto, / después de olerlo: / «tu cabeza es hermosa, / pero sin seso». / Como éste hay muchos, / que aunque parecen hombres / sólo son bustos. F. M. Samaniego. La Zorra y el Busto.

[Diógenes el cínico] elogiaba a los que se disponían a casarse y no se casaban, a los que iban a hacerse a la mar y no zarpaban, a los que iban a entrar en política y no lo hacían, a los que iban a criar a sus hijos y no los criaban, y a los que estaban preparados para servir de consejeros a los poderosos y no se acercaban a ellos. Diógenes Laercio. Vida de los filósofos.

[Diógenes el cínico] necesitando dinero, decía a sus amigos que no se lo pedía, sino que se lo reclamaba. Una vez que se masturbaba en medio del ágora, comentó: «¡Ojalá fuera posible frotarse también el vientre para no tener hambre!» (…). En un banquete empezaron a tirarle huesecillos como a un perro. Y él se fue hacia ellos y les meó encima, como un perro. Diógenes Laercio. Vida de los filósofos.

Dios te guarde de que ninguno te tenga lástima. Miguel de Cervantes. El Quijote.

Don Juan no es el hombre que hace el amor a las mujeres, sino el hombre a quien las mujeres hacen el amor. Este, este es el indubitable hecho humano sobre que debían haber meditado un poco más los escritores que últimamente se han propuesto el grave tema del donjuanismo. Es un hecho que existen hombres de los cuales se enamoran con superlativa intensidad y frecuencia las mujeres. He ahí materia sobrada para la reflexión. ¿En qué consiste ese don extraño? ¿Qué misterio vital se esconde tras ese privilegio? J. Ortega y Gasset. Amor en Stendhal.

El águila vuela sola; el cuervo, en bandadas. El necio tiene necesidad de compañía, y el sabio, de soledad. Friedrich Rückert. La sabiduría de los brahmanes.

El alma humana es una parte del entendimiento de Dios. B. Spinoza. Ética.

El amigo fiel es una defensa poderosa; quien le halla, ha hallado un tesoro. Eclesiástico.

El amor anda entre iguales, / que no hay labrador que unza, / si quiere arar igualmente, / un camello y una mula. Tirso de Molina. La villana de Vallecas.

El amor es como la fiebre: nace y se extingue sin que la voluntad intervenga en absoluto. Stendhal. Del amor.

El amor es el estado en el cual, la mayoría de las veces, el hombre ve las cosas como no son. F. Nietzsche. El Anticristo.

El amor es un gitano, nunca ha conocido leyes… L. Halévy y H. Meilhac. Libreto de Carmen.

El amor es una planta en primavera que todo lo perfuma con su esperanza, incluso las ruinas por donde trepa. G. Flaubert. Pensamientos.

El anciano es un hombre que ha comido y que observa cómo los demás comen. H. Balzac. Pensamientos.

El archivo de la memoria es a la vez preciso y sutil, y se encuentra ampliamente distribuido a través de todo el cerebro. Maya Pines. Los manipuladores del cerebro.

El budismo, que al principio no fue más que un movimiento muy limitado que afectó a una serie de individuos potencialmente heterodoxos, y conquistados uno a uno, no adoptó la figura real de una reforma hasta después de la muerte del Perfecto, cuando Buda fue considerado como una emanación divina encarnada en un personaje de prestigio inigualable. La leyenda se valió de su vida terrena, la relacionó con la de los dioses existentes (modificando, por otra parte, la composición de los Paraísos, en pro de las necesidades de la causa), y la pobló de hechos maravillosos lindantes con el milagro. Este fue el precio que hubo que pagar para que la palabra del Perfecto llegara a las masas. De la concepción filosófica que puede resumirse así: «El reino de la beatitud definitiva está a vuestro alcance», el pueblo iba a hacer finalmente una religión, ya no en el sentido etimológico inicial de religare (unir a los adeptos), sino en el de una adoración extraterrenal, con ritos y culto propiciatorio. Maurice Percheron. Buda.

El buen pastor esquila las ovejas, pero no las devora. Suetonio. Vida de Tiberio.

El cocimiento de troncos de lechuga es un hipnótico de potencia proporcional a la cantidad de vegetal reducido. Tradiciones rurales vigentes en Francia y España (especialmente en Andalucía) recomiendan ese jugo para «soñar». Ya Dioscórides clasificaba el «jugo de lechugas salvajes» como un «áspero fármaco». Antonio Escohotado. Historia de las drogas.

El corazón tiene razones que la razón no conoce. Se sabe esto en mil cosas. Blaise Pascal. Pensamientos.

El dar en latín los pasajes obscenos de los clásicos era una norma habitual en las púdicas ediciones del siglo XIX, reservando lo escabroso para solaz sólo de doctos y religiosos. Carlos García Gual, en la Introducción de El asno de oro de Apuleyo.

El descubrimiento de que el hombre puede ser manipulado científicamente y que los gobiernos pueden dirigir a las masas en uno u otro sentido, según su conveniencia, es una de las causas de nuestro infortunio. Bertrand Russell. Compendio de pacotilla intelectual.

El Diablo era expulsado del Paraíso por desobedecer a Dios, e instigar al hombre a que también le desobedeciese; se le acusaba de soberbia, apetito desmesurado de conocimiento, arrogancia en vindicar su condición de ángel, lujuria, desenfreno. Imitar al Diablo significaba entonces rebelarse contra la opresión, negarse al sometimiento entendido como una fatalidad inmodificable, conocer en lugar de repetir, ser consciente de la dignidad del uno entre la muchedumbre, fornicar con alegría, gozar de los sentidos, no arrepentirse sino de desaprovechar una experiencia, negar los dogmas en beneficio de la investigación. Alberto Cousté. Biografía del Diablo.

El embustero ha de poseer una buena memoria. Quintiliano. Instituciones oratorias.

El espíritu del hombre está hecho de tal manera que capta mejor la apariencia que la realidad. Si alguien quiere una prueba de esto que digo, que vaya a la iglesia a la hora del sermón: todos dormitan, bostezan y se aburren si se expone algo serio. Pero si el que grita (perdón, quería decir el orador) comienza, como es costumbre, con una historieta de viejas, se despabilan, atienden y escuchan boquiabiertos. Erasmo de Roterdam. Elogio de la locura.

El fascismo es, efectivamente, el desprecio. A la inversa, toda forma de desprecio, si interviene en política, prepara e instaura el fascismo. Albert Camus. El hombre rebelde.

El goce de la belleza posee un particular carácter emocional, ligeramente embriagador. La belleza no tiene utilidad evidente ni es manifiesta su necesidad cultural, y, sin embargo, la cultura no podría prescindir de ella. Sigmund Freud. El malestar en la cultura.

El golpe del azote deja un cardenal; mas el golpe de la lengua quebranta los huesos. Muchos han perecido al filo de la espada; pero no tantos como por culpa de su lengua. Eclesiástico.

El grande hombre es aquel que en medio de la muchedumbre mantiene con perfecta dulzura la independencia de la soledad. R. Emerson. Ensayos.

El grupo social más importante es la familia. Ejerce una enorme presión sobre sus miembros más jóvenes, que están expuestos a la transmisión de sus padres y de los demás miembros. Cuenta con la ventaja de unos receptores al principio muy jóvenes, carentes de sentido crítico y con escaso poder de resistencia. De modo que la influencia de la familia puede ser muy fuerte. No obstante, hay individuos que, como sabemos, logran resistir a ella. En estos casos la rebelión tiende a desarrollarse más tarde, y origina una tendencia a tomar decisiones totalmente opuestas a las esperadas. Pero cuando esta transmisión es de verdad coherente, en el sentido de que todos los miembros del grupo que hacen de educadores ejercen la misma influencia sobre todos los miembros a educar, es la más poderosa. No es casualidad que el origen y la fuerza de la mafia sea la familia. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

El hielo (es sólo una analogía) es una “modificación” del agua: es decir, el agua tiene en sí la posibilidad de determinarse como hielo o, mejor, de asumir la forma de hielo. Pero en esta “modificación” de la forma no se puede decir en realidad que haya un nacimiento. El hielo en sí y por sí no existe, no tiene una vida propia, no es independiente del agua, en otras palabras, no tiene un valor real-absoluto. El hielo, pues, es agua, pero el agua no es hielo, aunque puede expresarlo; el agua puede ser vapor de agua, estado aeriforme distinto al hielo-sólido. El elemento agua, se puede decir, tiene en sí la capacidad y la virtualidad de asumir diferentes formas o estados vibratorios existenciales, sin por ello menguar, perderse o alterarse. Si el hielo o el vapor no constituyen –como se ha visto– entes por sí mismos o datos separados del elemento agua, podemos concluir que no ha habido en ellos ni nacimiento ni, como es obvio, la consiguiente muerte. Amrtabindu Upanisad.

El hombre, a diferencia de los animales, usa el lenguaje para distinguir los objetos. Si es importante hacerlo, da un nombre a cada objeto que quiere distinguir. Los esquimales tienen una treintena de nombres para distinguir la nieve, y evidentemente cada uno de ellos posee un significado práctico muy importante para su vida durante el invierno. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

El hombre al nacer es blando y débil; cuando muere, rígido, firme y duro. Las diez mil plantas y árboles son tiernos y frágiles al nacer; cuando mueren están secos y consumidos. De ahí el dicho: «La firmeza y la dureza, son atributos de la muerte; la blandura y la debilidad, son atributos de la vida». Lao zi (El Libro del Tao).

El hombre ama poco y con frecuencia; la mujer ama mucho y raras veces. Madame Basta. Bribes.

El hombre es sólo una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una caña que piensa. No hace falta que el universo entero se arme para aplastarlo; un vapor, una gota de agua bastan para matarle. Pero aunque el universo le aplastase, el hombre seguiría siendo superior a lo que le mata, porque sabe que muere, y la ventaja que el universo tiene sobre él, el universo no la conoce. Toda nuestra dignidad consiste, por lo tanto, en el pensamiento. De ahí es de donde tenemos que elevarnos, y no desde el espacio, desde el tiempo que nosabríamos llenar. Esforcémonos, pues, en pensar bien: he ahí el principio de la moral. Blaise Pascal. Pensamientos.

El hombre es un lobo para el hombre (homo homini lupus). Plauto. Asinaria.

El hombre ha nacido libre, pero está encadenado por doquier. J. J. Rousseau. Contrato social.

El hombre más poderoso es el que tiene poder sobre sí mismo. Séneca. Epístolas.

El hombre no sólo es un ser social, sino también metafísico. En otras palabras, no sólo es un individuo social, sino también una personalidad. Por lo tanto, es erróneo confundir lo que está por encima de lo individual con la sociedad, traducirlo completamente en sociología. Actuando así, se ignora el aspecto metafísico de la persona, lo que está verdaderamente por encima del individuo; pues es en la personalidad, no en la masa, donde se ha de buscar el verdadero principio superior. Thomas Mann. Reflexiones de un apolítico.

El hombre, si es audaz, es más afortunado en lo que emprende. Homero. La Odisea.

El mejor medio de desembarazarse de un enemigo es hablar bien de él por todas partes. Acabará enterándose y dejará de tener la fuerza necesaria para perjudicarnos: le habremos roto su resorte. Seguirá atacándonos, pero ya sin vigor ni consecuencias, pues inconscientemente habrá dejado de odiarnos. Ha sido vencido e ignora al mismo tiempo su derrota. E. M. Cioran. Historia y utopía.

El mismo Sol reconoce a un escarabajo la ventaja del vivir. Baltasar Gracián. El Criticón.

El motivo de que una obra genial rara vez conquiste la admiración inmediata es que su autor es extraordinario y pocas personas se le parecen. Ha de ser su obra misma la que, fecundando los pocos espíritus capaces de comprenderla, lo vaya haciendo crecer y multiplicarse. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II. A la sombra de las muchachas en flor.

El mundo está lleno de gente que cree que puede gobernar la vida de los demás sólo con conseguir que se apruebe una ley. Groucho Marx. Groucho y yo.

El necio que alcanzó el éxito suele decir: «Es mérito mío»; y el sabio: «He tenido suerte». A. Godin. La educación de Huguette.

El no y el sí son breves de decir y exigen pensar mucho. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

El papel del intelectual, políticamente comprometido sí, pero no comprometido en un partido o, si lo está, comprometido con la base, actuando desde ésta críticamente, es enormemente importante para evitar que se caiga en la “identificación” con el líder (culto a la personalidad) o con el partido (“mística” del partido). J. L. Aranguren. La moral social.

El perro que vive vale más que el león muerto. Eclesiastés.

El placer de los banquetes no debe medirse por la voluptuosidad de los manjares, sino por la compañía de los amigos y por sus discursos. Cicerón. Catón mayor.

El pobre hace más bien al rico aceptando su caridad, de lo que el rico hace al pobre al ofrecerle. Talmud.

El primer afán de la Iglesia: transformar la Historia a su imagen y semejanza, convirtiéndola en una demostración de su carisma. Juan G. Atienza. Santoral diabólico.

El que comunica un secreto ajeno es un traidor; el que dice un secreto propio es un necio. Voltaire. El indiscreto.

El que habla mal siempre oye peor. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

El que no pueda lo que quiere, que quiera lo que puede. Leonardo Da Vinci. Citado por José Ortega y Gasset en En torno a Galileo.

El que una vez es pobre, siempre es pobre. Baltasar Gracián. El Criticón.

El que vence no necesita dar explicaciones. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

El revolucionario es, al mismo tiempo, rebelde o ya no es revolucionario, sino policía y funcionario que se vuelve contra la rebelión. Pero si es rebelde, termina alzándose contra la revolución. Por lo tanto, no hay progreso de una actitud a otra, sino simultaneidad y contradicción que crece sin cesar. Todo revolucionario termina siendo opresor o hereje. En el universo puramente histórico que han elegido, rebelión y revolución van a parar al mismo dilema: o la policía o la locura. Albert Camus. El hombre rebelde.

El ser que yo seré después de la muerte no tiene más razones para acordarse del hombre que yo soy desde mi nacimiento que éste para acordarse de lo que fui antes de él. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, IV. Sodoma y Gomorra.

El silencio aisla: quien calla, está más solo que los que hablan. Así se le atribuye el poder de la singularidad. Él es el guardián de un tesoro y el tesoro está dentro de él. Elías Canetti. Masa y poder.

El sistema de partidos del parlamento moderno utiliza la estructura psicológica de los ejércitos combatientes. Luchan renunciando a los muertos. Se supone que el número mayor vencería en un choque cruento (…). Lo solemne de todos estos quehaceres proviene de la renuncia a la muerte como instrumento de decisión. Con cada una de las papeletas, la muerte, por decirlo así, se descarta. Pero lo que ella había logrado, la fuerza del opositor, es concienzudamente consignado en un número. Quien juega con estos números, quien los borronea, quien los falsifica, vuelve a hacerle lugara la muerte y no lo advierte. Los entusiastas amantes de la guerra, que de buena gana se burlan de las papeletas de voto, sólo confiesan con ello sus propias sanguinarias intenciones. Las papeletas de voto como los tratados son para ellos nuevos jirones de papel. El que no estén empapados de sangre les parece despreciable; para ellos sólo valen las decisiones por la sangre. Elías Canetti. Masa y poder.

El sueño es una porción de muerte que tomamos anticipada, y por medio de la cual recobramos y renovamos la vida agotada en el espacio de un día. El sueño es un préstamo hecho a la muerte. A. Shopenhauer. El mundo como voluntad y como representación.

El sueño no es más que una muerte breve; y la muerte un sueño más prolongado. Phineas Fletcher. Apollogonist.

El sueño no tiene testigos y sí un placer que parece real. ¡Oh Venus, oh Cupido que revoloteas junto a tu tierna madre, qué buen orgasmo tuve! ¡Qué real fue mi éxtasis! ¡Cómo me deshacía toda hasta los tuétanos en mi lecho! ¡Cómo me gusta recordarlo! Si bien el placer fue breve y bien rápida la noche, envidiosa ella de nuestros deseos. Ovidio. Las Metamorfosis. Sueño incestuoso de Biblis con su hermano Cauno.

El talento dura mucho más que la belleza. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

El té fue descubierto por un emperador amante de las hierbas medicinales. En el año 2737 antes de Cristo, el emperador chino Shen Nung estaba preparándose una infusión de hierbas al aire libre. Puso al fuego su puchero con agua debajo de un árbol de Camellia thea, del que cayeron algunas hojas al agua mientras ésta hervía. Debió tratarse de un otoño suave, pues las hojas se habían secado en el mismo árbol y antes de que Shen Nung pudiese retirarlas del puchero, ya habían conferido a la infusión del emperador tal fragancia, que éste no pudo resistir la tentación de probar su sabor. Como aficionado a la medicina que era, Shen Nung intentó comprobar las ventajas de su descubrimiento. Pronto llegó a la conclusión de que el té no curaba ninguna enfermedad, pero que podía utilizarse para provocar el sudor, lo cual era muy útil para determinados tratamientos. Sólo había una de las penalidades humanas que pudiese aliviar: la fatiga. Apenas un sorbo le ayudaba mucho a desperezarse y levantarse por la mañana, y le mantenía despierto cuando tenía que seguir despachandosus asuntos de estado hasta altas horas de la madrugada. El té le desvelaba porque es un estimulante. Contiene teína, un alcaloide muy relacionado con la teobromina del chocolate y con la cafeína del café. Carson I. A. Ritchie. Comida y civilización.

El tesón debe estar en la voluntad y no en la opinión. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

El tonto, cuando ríe, ríe a carcajada suelta; mas el varón sabio se sonreirá. Eclesiástico.

El único medio de desembarazarse de una tentación es ceder a ella. Si la resistimos, nuestras almas crecerán enfermizas, deseando las cosas que se han prohibido a sí mismas. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

El valor de una idea no tiene que ver con la sinceridad del hombre que la expresa. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

El vano ayer engendrará un mañana / vacío y ¡por ventura! pasajero. Antonio Machado. El mañana efímero.

El verdadero amor aparece sólo cuando se han amortiguado las primeras llamaradas de pasión y quedan sólo las ascuas. Este es el verdadero amor, que guarda sólo una relación remota con el sexo. Sus partes integrantes son la presencia, el perdón, la comprensión mutua y una gran tolerancia hacia los defectos ajenos. Creo que ésta es una base mucho más firme para la perpetuación de un matrimonio feliz. Pero, ¿por qué he de divagar acerca de esto? Pongámoslo todo en manos del maestro, G. B. S. (Shaw para ti), a quien cito: «Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y la más fugaz de las pasiones, se les pide que juren que permanecerán continuamente en esacondición excitada, anormal y agotadora hasta que la muerte los separe». Groucho Marx. Groucho y yo.

El verdadero artista hace caso omiso del público. Óscar Wilde. El alma del hombre bajo el socialismo.

El vivir es servir si falta la libertad de morir. Michel de Montaigne. Ensayos.

En amor, la autoridad corresponde por derecho propio al que ama menos. C. A. D’Hondetot. Diez espinas para una flor.

En ciertos momentos críticos, los políticos necesitan encontrar un chivo expiatorio. Esta víctima brota como producto de estrategias políticas, más o menos conscientes, especialmente cuando los fundamentos de la autoridad se debilitan (…). En nuestros días, el poder suele utilizar los medios de comunicación para exagerar la peligrosidad del supuesto enemigo, y así consigue tres resultados: a) Restablecer la solidaridad social, que estaba debilitándose; b) Apartar la atención pública de los problemas reales y desviarla hacia problemas “montados” por la propaganda; c) Crear admiración y gratitud hacia las personas e instituciones que combaten contra los adversarios del biencomún (…). No raras veces el poder necesita vocear con toda clase de megáfonos ciertos delitos de drogas para así lograr la (discutible y quizá injusta) unidad y aceptación de los valores políticamente defendidos. Y para silenciar otros delitos más graves, por ejemplo, de fraudes fiscales, de urbanismo, de corrupción pública, etc. A. Beristain. Citado por A. Escohotado en Historia de las drogas.

En cualquier campo es muy difícil exponer el modelo –lo que en griego se llama charakter– de la perfección, ya que lo perfecto para unos es una cosa y para otros otra. Cicerón. El orador.

En cualquier caso, resultaría tolerable que estos filósofos fueran como asnos tocando la lira [alusión a la fábula de Esopo] en los asuntos públicos, si no fueran también incompetentes en los demás problemas de la vida. Invita a comer a un sabio y aburrirá al más pintado con su lúgubre silencio o con preguntas quisquillosas. Llévalo a una fiesta, y te parecerá un camello dando vueltas. Lánzalo a un espectáculo público y su misma cara desvanecerá la alegría del pueblo (…). Su intervención en una charla es como la del lobo en la fábula; si se trata de comprar, de hacer un contrato,o en resumidas cuentas, cuando hay que hacer una de esas cosas indispensables de la vida cotidiana, no es un hombre lo que tienes delante, sino un tronco. Tan inútil es para sí mismo, para su familia y para el país, porque ignora las cosas más elementales, y está alejado de la opinión pública y de las costumbres del pueblo. Erasmo de Roterdam. Elogio de la locura.

En cuestiones acerca del infinito el sentido común es insensatez (…). Quizás deberíamos considerar que la pregunta real no es «¿Qué es el universo y quién lo hizo?» sino «¿Qué son los seres humanos y qué es posible saber para nosotros?». Estas son preguntas más humildes, para las que ya tenemos algunas respuestas, y rápidamente se están encontrando más. J. Z. Young. Los programas del cerebro humano.

En el nivel de la retórica y la poética, el motivo de la insuficiencia semántica es bastante antiguo. Por ingeniosas, por inspiradas que sean, las palabras del poeta o del filósofo se quedarán cortas frente a las numénicas intensidades de ciertos fenómenos y estados del ser sentido. El aura de ciertos escenarios de la naturaleza, de ciertas intimidades de deseo o dolor, se resiste a ser transferida comunicativamente al habla. La única respuesta correcta al misterio de la belleza de Helena y a la aparición de Eros a su paso no es habla sino silencio. George Steiner. Presencias reales.

En el Tractatus [Tractatus Logico-Philosophicus, de L. Wittgenstein], el ser verdaderamente «humano», el hombre o la mujer más abiertos a las exigencias de lo ético y lo espiritual, son aquellos que guardan silencio ante lo esencial (o cuya conducta correcta, el precepto que Wittgenstein adopta de Tolstoi, es su verdadero modo de declaración). La mejor parte de humanidad dentro de nosotros guarda silencio. George Steiner. Presencias reales.

En la adversidad hay que elegir la vía temeraria. Séneca. Agamenón.

En la infinitud del tiempo, en la infinitud de la materia y en la infinitud del espacio, surge un organismo-burbuja que existirá poco tiempo y luego se romperá; y esa burbuja soy yo. León Tolstoi. Ana Karenina.

En la política sucede como en el teatro: hay actores que recitan públicamente lo que no han escrito. Carlo Dossi. Las notas azules.

En la venganza y en el amor la mujer es más bárbara que el varón. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

En la vida histórica española no se cumple siempre el «principio de Peter» de que «todo empleado inserto en una jerarquía tiende a ascender hasta el nivel de su incompetencia». Aquí se puede seguir ascendiendo mucho más arriba del nivel de incompetencia. Cabe incluso que, si el fracaso causa algún efecto calificativo, sea en son favorable y simpático. Nada era peor visto que la capacidad y el éxito. Pedro Voltes. Historia inaudita de España.

En las minas de sal de Salzburgo, se arroja a las profundidades abandonadas de la mina una rama de árbol despojada de sus hojas por el invierno; si se saca al cabo de dos o tres meses, está cubierta de cristales brillantes; las ramillas más diminutas, no más gruesas que la pata de un pajarillo, aparecen guarnecidas de infinitos diamantes, trémulos y deslumbradores; imposible reconocer la rama primitiva. Lo que yo llamo cristalización es la operación del espíritu que en todo suceso y en toda circunstancia descubre nuevas perfecciones del objeto amado [Teoría de la cristalización: Todos los enamorados adornan a sus amados con perfecciones inexistentes]. Stendhal. Del amor.

En los seres humanos, el ADN también posibilitó comprobar que mucha más gente de la que se suponía mantenía relaciones más allá de su pareja social. Así, en diferentes comunidades del mundo se realizaron estudios que revelaron que los padres legales eran los biólogos tan solo en aproximadamente un noventa por ciento de los casos. Esto significa que de cada cien hombres, diez tenían un padre genético distinto del que los había criado. Viviana Bernath. ADN, el detector de mentiras.

En muchos hogares es usual esa sumisión de los espíritus selectos a los vulgares. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II. A la sombra de las muchachas en flor.

En nuestro vocabulario y nuestra gramática habitan metáforas vacías y gastadas figuras retóricas que están firmemente atrapadas en los andamiajes y recovecos del habla de cada día, por donde yerran como vagabundos o como fantasmas de desván. George Steiner. Presencias reales.

En realidad, Dios no es más que otro artista. P. R. Picasso. Citado por George Steiner en Presencias reales.

En suma, hemos llegado a un punto en que la base de la doctrina expuesta ya no se basa tanto en la doctrina de Cristo cuanto en las definiciones de los ecolásticos y en el poder de los obispos. ¡Así están las cosas! En consecuencia, todo está tan complicado que no hay siquiera esperanza de volver a traer al mundo al verdadero cristianismo. Erasmo de Roterdam. Carta al teólogo Martín Dorjo en 1515.

En tu vida no has de darle / consejo al que ha menester dinero. P. Calderón de la Barca. El alcalde de Zalamea.

En un apartado rincón del universo, en el que centellean innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales astutos inventaron el conocer. Este fue el minuto más altivo y más mentiroso de la historia universal. F. Nietzsche. Citado por Eugen Fink en La filosofía de Nietzsche.

Equivocando regüeldos con suspiros. Baltasar Gracián. El Criticón.

Era un poco cobarde, o, por decirlo más suavemente, conservador. F. Dostoievsky. El idiota.

Es afortunado aquél cuyas circunstancias se ajustan a su carácter; pero es más excelente el que pueda adaptar su temperamento a las circunstancias. David Hume. Investigación de los principios de la moral.

Es conocida en Francia la anécdota de madmoiselle de Sommery, que sorprendida por su amante en flagrante delito le niega el hecho audazmente, y como el otro protesta, le dice: «¡Ah, bien veo que ya no me amas!; crees más lo que ves que lo que yo te digo.» Stendhal. Del amor.

Es demasiado triste que en la vida pueda pasar como en el ajedrez, en el cual una mala jugada puede forzarnos a dar por perdida la partida, con la diferencia de que en la vida no podemos empezar luego una segunda partida de desquite. Sigmund Freud. Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte.

Es difícil no guardar rencor a un amigo que nos ha insultado en pleno delirio. Por mucho que nos repitamos que no era él mismo, se reacciona como si por una vez nos hubiera revelado un secreto bien guardado. E. M. Cioran. Ese maldito yo.

Es en la escuela donde se comienza a dejar de ser uno mismo. A. Tournier. Pensamientos de otoño.

Es fácil ser «profundo»: basta dejarse invadir por las propias taras. E. M. Cioran. Silogismos de la amargura.

Es inabarcable lo que en el transcurso de una sola hora pasa por el rostro de un hombre. Si a uno le estuviese dado el tiempo necesario para contemplar con más detenimiento todos los impulsos y estados de ánimo que se deslizan por un rostro, se sorprendería de los incontables amagos de metamorfosis que allí se podría reconocer y seleccionar. Elías Canetti. Masa y poder.

Es la propia naturaleza la que nos impulsa a amar a los que nos han dado la vida. Cicerón. De finibus bonorum et malorum.

Es mejor figurar entre los perseguidos que entre los perseguidores. Talmud – Bavá Kamá.

Es mejor que el hombre prudente evite que le midan la profundidad de su sabiduría y méritos, si quiere que todos le veneren. Que sea conocido pero no comprendido. Que nadie le averigüe los límites de la capacidad, para huir del peligro evidente del desengaño. Que nunca dé lugar a que ninguno le alcance del todo. Causa mayor veneración la opinión y la duda sobre dónde llega la capacidad de cada uno que la evidencia de ella, por grande que fuera. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Es necesario que estéis orgullosos de vuestro enemigo: entonces los éxitos de él son también vuestros éxitos. F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Es preferible la muerte, a una vida amarga, y el eterno descanso, a una enfermedad permanente. Eclesiástico.

Es prudente no fiarse nunca por completo de quienes nos han engañado una vez. R. Descartes. Discurso del método.

Es sabio quien ha aprendido mucho; el genio enseña a la humanidad lo que no ha aprendido de nadie. A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

Es un hecho constantemente observado en la vida corriente que la persona a quien van dirigidas nuestra palabras las llena de una significación que extrae ella de su propia sustancia y que es muy distinta de aquella con que nosotros las pronunciamos. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II. A la sombra de las muchachas en flor.

Es una fiera muy brava, / que allá en las entrañas mora; / casa do siempre se llora, / y la verdad es esclava / y la sospecha señora. Diego Hurtado de Mendoza. Los celos.

Ésa es la idea: que todos seríamos inicuos si no abrazásemos la religión cristiana. Me parece que la mayoría de quienes la han abrazado han sido en extremo inicuos. Es un hecho curioso que, cuanto más intensa ha sido la religión en cualquier época y más profunda la creencia dogmática, mayor ha sido la crueldad y peor el estado de cosas (…). Afirmo sin ambages que la religión cristiana, tal como está organizada en sus Iglesias, ha sido y sigue siendo el principal enemigo del progreso moral en el mundo. Bertrand Russell. Por qué no soy cristiano.

Ese género de popularidad no está al alcance de los novelistas actuales, quienes tienen que competir con el cine, la radio y la televisión para conquistar el favor y los aplausos del público. J. B. Prietsley. Dickens.

Eso no, respondió la eterna historia; no conviene, porque aunque ahora sería reída, de aquí a cien años sería creída. Baltasar Gracián. El Criticón.

Esta es mi costumbre, pero tú hazlo a tu modo. Terencio. Heautontimorumenos.

Esta mujer cabe en mis manos. Pablo Neruda. Mujer lejana.

Estoy conforme en que “dos y dos son cuatro” es una cosa excelente, pero si hemos de ser justos hay que reconocer que la fórmula “dos y dos son cinco” es también a veces una cosa muy bonita. F. Dostoievsky. Apuntes del subsuelo.

Estoy convencido de que en todas las cosas hay algo perfecto, aunque esté oculto, y de que un conocedor de la materia es capaz de descubrirlo. Cicerón. El orador.

Existen verdades simples, ásperas, feas, repugnantes. F. Nietzsche. La genealogía de la moral.

Farmacológicamente, uno de los hallazgos de la brujería medieval parece ser la poderosa psicoactividad de la piel de sapo, que contiene bufotenina o dimetiltriptamina (DMT), un alcaloide indólico muy visionario. Antonio Escohotado. Historia de las drogas.

¡Feliz el que reina sobre su corazón! Stendhal. Rojo y negro.

Gracias a la genética moderna aplicada a la teoría de la evolución se han podido conocer cuatro factores evolutivos principales: la mutación, que produce los nuevos tipos genéticos, la selección natural, que elige a los que mejor se adaptan al ambiente en el que viven, la deriva genética, que es el efecto del azar debido a las fluctuaciones estadísticas de las frecuencias génicas de una generación a otra, y la migración de individuos de una población a otra o de un lugar a otro. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

Grande es el ingenio en el dolor y acude la astucia en la desgracia. Ovidio. Las Metamorfosis.

Guardaos de los escribas, que hacen gala de pasearse con vestidos rozagantes, y de ser saludados en la plaza. Y de ocupar las primeras sillas en las sinagogas y los primeros asientos en los convites, que devoran las casas de las viudas con el pretexto de largas oraciones. Marcos, 12, 38-40.

Guárdate de hacer a los hombres aquellos favores que no se pueden realizar sin producir disgusto a otro, porque el injuriado no olvida ni el beneficiado se acuerda. F. Guicciardini. Recuerdos.

Había aprendido, en el primer libro de Zoroastro, que el amor propio es como un globo hinchado, del que salen tempestades cuando se le hace una picadura. Voltaire. Zadig.

Había en Egipto una ley más justa por la cual hacíase cargo del paciente el médico los tres primeros días por cuenta y riesgo del paciente; mas transcurridos los tres días, por los suyos propios. Michel de Montaigne. Ensayos.

Había visto que la mayoría de las opiniones de los antiguos convenían en esto: que es hora de morir cuando vivir reporta mayor mal que bien; y que es ir contra las propias leyes de la naturaleza el conservar la vida para tormento e insatisfacción nuestros. Michel de Montaigne. Ensayos.

Hablando los sabios, engendran otros; y por la conversación se conduce al ánimo la sabiduría dulcemente. Baltasar Gracián. El Criticón.

Hablar mucho de sí mismo es también un medio de ocultarse. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

Hacían mal en juzgar a un todo del que sólo conocían una pequeñísima parte. Voltaire. Zadig.

Hallen en ti más compasión las lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. Miguel de Cervantes. El Quijote.

Han aprendido a hablar a los demás, no a sí mismos. Cicerón. Tusculanas.

Han proclamado como sentido común lo que no es más que cobardía, y con ello se consuelan engañándose a sí mismos. F. Dostoyevski. Apuntes del subsuelo.

Harto insensato es el hombre. No puede crear ni un pulgón y crea dioses a docenas. Michel de Montaigne. Ensayos.

Hasta hace poco tiempo los psicólogos cometían el error de suponer que la inteligencia declinaba automáticamente con la edad. Estaban equivocados, porque lo que estudiaban era secciones transversales de la población, y los grupos de personas de más edad habían recibido menos educación que los de personas más jóvenes. Cuando empezaron a llevar a cabo estudios longitudinales que seguían a determinadas personas a lo largo de un periodo de tiempo descubrieron que la mayoría de la gente ganaba, no perdía, inteligencia hasta cumplida la quinta década de su vida. Lo único que perdían estos sujetos a partir de los sesenta años era rapidez, especialmente en tareas motoras. Fuera de eso, el rasgo más llamativo de las puntuaciones de la gente mayor en los tets de inteligencia era su estabilidad hasta la edad de setenta y tres años. Cuando la inteligencia declinaba normalmente era debido a la presencia de alguna enfermedad. Maya Pines. Los manipuladores del cerebro.

Hay algo en nosotros que puede ser sin nosotros. Thomas Browne. Citado por George Steiner en Presencias reales.

Hay beneficio en sacrificar placeres para evitar dolores. A. Shopenhauer. Arte del buen vivir.

Hay dos tipos de locura: la que envían las furias vengadoras desde el infierno cuando lanzan serpientes venenosas y asaltan los corazones de los hombres con la pasión de la guerra, la sed inextinguible del oro, el amor prohibido y criminal, el parricidio, el incesto, el sacrilegio o cualquier otra peste. O cuando persiguen a un alma culpable y consciente con las furias y fantasmas del terror. Hay otra locura muy distinta de ésta: procede de mí y es deseable por encima de todo. Aparece cuando el alma se siente liberada de las preocupaciones y angustias por una especie de desvarío,inundándola al mismo tiempo de deliciosos perfumes. Esta clase de desvarío es el que desea Cicerón en su carta a Atico, como supremo don de los dioses, para poderse liberar de tantos males. No dejaba de tener razón aquel ciudadano de Argos [Horacio, Epístolas], cuya locura le llevaba a pasar días enteros sentado en el teatro, viendo, aplaudiendo y gozando. Se imaginaba que se estaban representando tragedias estupendas, cuando de hecho no se representaba nada. Por lo demás, se producía correctamente en su vida: «Complaciente con sus amigos: / amante de su mujer; / tolerante con los siervos, / sin dar muestras de irritación / porque le descorcharan una botella». Una vez, cuando sus familiares le curaron a fuerza de pócimas, y vuelto a sus cabales, protestó diciendo: «Me habéis matado, amigos. / No se conserva, se mata / a quien habéis quitado el placer, / arrancándole por la fuerza el desvarío de la mente». Erasmo de Roterdam. Elogio de la locura.

Hay en total dos cosas que endulzan la prosa: la gracia de las palabras y el ritmo. Las palabras proporcionan en cierta forma la materia, el ritmo el pulido. Pero, como ocurre en las demás cosas, primero se levanta lo que es necesario y después lo superfluo que produce placer. Cicerón. El orador.

Hay personas que sienten un impulso de enemigo al ver a otra persona, su interior exclama: «¡El no-yo!». Hay otras que sienten simpatía, diciendo: «¡El yo otra vez!». A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

Hay que apartar de nosotros el mal gusto de querer coincidir con muchos. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

Hay que comenzar lo fácil como si fuera difícil y lo difícil como si fuera fácil. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Hay que liberarse de la cárcel de los intereses culturales y de la política. Epicuro. Sentencias vaticanas.

Hay que tener en la habitación más recóndita de la cautela el fiel espejo de un confidente. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Hay sujetos que solo son fachada, como casas sin acabar porque faltó caudal: tienen la entrada de palacio y de choza las habitaciones. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Hay un lugar en medio del mundo, entre la tierra, el mar y las regiones celestes, los confines del triple universo, desde donde se divisa lo que hay en cualquier sitio, por alejado que esté del lugar, y donde todo sonido llega a oídos ávidos. Lo habita la Fama y en la cumbre más alta escogió su residencia (…). Noche y día está abierta; toda ella es de sonoro bronce, toda retumba, devuelve las voces y repite lo que oye. No hay reposo en su interior ni silencio en parte alguna. Pero no hay griterío, sino murmullos en voz baja (…) y circulan por todas partes, mezcladas con la verdad, mil patrañas y rumores, y revolotea un batiburrillo de palabras (…). Allí mora la Credulidad, allí el imprudente Error, y la Falsa Alegría y los angustiados Temores y la repentina Sedición y los Susurros de dudosa autoría. Ovidio. Las Metamorfosis. Personificación de La Fama.

Hay unos aprendizajes culturales más estables que otros, y la estabilidad puede estar propiciada por factores biológicos que hacen a los individuos más propensos, en determinada edad, a aceptar una costumbre u otros cambios culturales. Se puede hablar de períodos sensibles (…). Quizá el más claro de estos periodos sensibles, aunque se haya investigado poco, sea el relacionado con la capacidad de estudiar una lengua extranjera, y sobre todo con la pronunciación de los sonidos que, como todo el mundo sabe, cambian mucho de una lengua a otra. En la mayoría de los individuos, el periodo sensible para aprender estos sonidos va de los 2 a los 12 años. Esta capacidad tiende a desaparecer cuando empieza la pubertad, y muy pocos individuos la mantienen después de este periodo. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

He andado muchos caminos, / he abierto muchas veredas; / he navegado en cien mares, / y atracado en cien riberas. Antonio Machado. Soledades. El viajero, II.

He aquí las cinco reglas de vuestra vida cotidiana. Sed compasivos y respetad hasta la vida más ínfima. Dad y recibid libremente, pero no cojáis nada indebidamente. No mintáis jamás, ni siquiera en aquellas ocasiones en que la mentira os parezca perdonable. Evitad las drogas y las bebidas. Respetad a la mujer y no cometáis ningún acto carnal ilícito o contra natura. Sidarta Gautama (Buda). Citado por Maurice Percheron en Buda.

Hemos llegado a un grado tal de imbecilidad, que consideramos al trabajo no sólo como una cosa honorable, sino, incluso, como sagrada, cuando no es sino una triste necesidad. Remy de Gourmont. Pensamientos inéditos.

Hoy día la gente conoce el precio de todo, pero no sabe el valor de nada. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Imposible defendernos de un adulador. No podemos darle la razón sin hacer el ridículo; tampoco increparle y enviarle a paseo. No tenemos más remedio que comportarnos con él como si dijera la verdad, dejarnos incensar a falta de saber cómo reaccionar. Él cree que consigue engañarnos, que nos domina, y saborea su triunfo sin que podamos desengañarle. Con frecuencia se trata de un futuro enemigo que se vengará un día de haberse rebajado ante nosotros, un agresor disfrazado que planea sus golpes mientras pronuncia sus hipérboles. E. M. Cioran. Ese maldito yo.

Incluso el pensamiento más intenso es inferior a la sensación más débil. David Hume. Investigación sobre el conocimiento humano.

Incluso hoy día, a pesar de enormes progresos, los investigadores siguen sin saber cómo el cerebro desempeña su cometido básico: cómo transforma 10 vatios de electricidad y algunas sustancias químicas en pensamientos, sentimientos, sueños y recuerdos, es decir, la conciencia de nosotros mismos. Maya Pines. Los manipuladores del cerebro.

Incluso la felicidad, sino se modera, agota. Séneca. Epístolas.

Indudablemente hay muy pocas personas que comprendan el carácter profundamente subjetivo de ese fenómeno en que consiste el amor y cómo el amor es una especie de creación de una persona suplementaria distinta de la que lleva en el mundo el mismo nombre y que formamos con elementos sacados en su mayor parte de nuestro propio interior. Y por eso hay pocas personas a quienes les parezcan naturales las proporciones enormes que toma para nosotros un ser que no es el mismo que ellos ven. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II: A la sombra de las muchachas en flor.

Influir en una persona es transmitirle nuestra propia alma. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Invocar los horrores del pasado para justificar los del presente es una burda hipocresía. Bertrand Russell, en el discurso que escribió dos días antes de morir (2-2-1970), para la Conferencia Internacional de Parlamentarios de El Cairo, en el que condenaba a Israel por bombardear a Egipto. Citado por Al Seckel en la Introducción de Sobre Dios y la religión.

Jamás hubo un gran talento sin un poco de locura. Séneca. De la tranquilidad de ánimo.

La adulación es una moneda falsa que empobrece al que la recibe. Duquesa de Abrantes. Pensamientos.

La afirmación de la libertad parecía lo bastante noble para justificar la violencia. Ésta se produjo, desde luego, pero entretanto se perdió la libertad. Bertrand Russell. Mis reminiscencias religiosas.

La amistad multiplica los bienes y reparte los males. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

La amistad sólo se da entre iguales. Erasmo de Roterdam. Elogio de la locura.

La ausencia de casa enseña autosuficiencia en la vida, pues un pan y una yacija son los más dulces remedios del hambre y la fatiga. Demócrito. Citado por Alberto Bernabé en De Tales a Demócrito.

La ausencia disminuye las pasiones mediocres y aumenta las grandes, como hace el viento apagando las velas, mientras aviva el fuego. La Rochefoucauld. Máximas.

La calumnia es un vientecillo, un airecillo muy suave, que insensible, sutil, ligeramente, dulcemente, empieza a susurrar. Poco a poco, a ras del suelo, en voz baja, silbando, va deslizando y va zumbando. En las orejas de la gente se introduce con destreza y las cabezas y los cerebros aturde e hincha. Saliendo de la boca el escándalo va creciendo; coge fuerza poco a poco, va volando ya de un sitio a otro. Parece un trueno, una tempestad que en el centro del bosque va silbando, gruñendo, y te deja helado de horror. Al final se desborda, explota, se propaga, se redobla, y produce una explosión como un cañonazo. Un terremoto, un temporal, una agitación general que retumba en el aire. Y el infeliz calumniado, envilecido, pisoteado, bajo el flagelo de la opinión general tendrá suerte si se muere. Cesare Sterbini. Libreto de El Barbero de Sevilla.

La causa de esta ira es el odio de cada pueblo hacia los dioses de los vecinos, pues cree que sólo son dioses verdaderos los que él adora. Juvenal. Citado por Michel de Montaigne. Ensayos.

La ciencia natural no se desarrolla por crecimiento y acumulación, sino por medio de sustitución y remplazamiento. El equilibrio de la ciencia es siempre inestable. La ciencia no sólo crece, sino que cambia; la nueva ciencia no sólo complementa, sino que también deroga la antigua. Nicholas Rescher. Los límites de la ciencia.

La ciencia psicológica de nuestro tiempo ha confirmado lo que Buda intentó enseñar hace veinticuatro siglos. En consecuencia, el yo coherente, definido, no existe. No existen sino “yoes”, y ninguno de ellos, aunque concurra a la constitución de un cierto yo instantáneo, es el yo. A su conjunto no puede tampoco considerársele como un yo, del mismo modo que el lago que corta el avance de un río no es ese río. El Perfecto fue aún más lejos: ignoró –o incluso negó– el yo, es decir, la existencia del alma en cuanto sustancia o constancia espiritual. Maurice Percheron. Buda.

La cobardía es la madre de la crueldad. Michel de Montaigne. Ensayos.

La compasión que nace en nuestro espíritu al ver a una persona que sufre es un milagro de la naturaleza, puesto que en aquel instante nos hace experimentar un sentimiento completamente independiente de nuestro beneficio o placer, que sólo se relaciona con el prójimo sin que exista mezcla alguna de nosotros mismos. G. Leopardi. Zibaldone de pensamientos.

La cultura para los afortunados es un adorno; para los desafortunados, un pequeño refugio. Demócrito. Citado por Alberto Bernabé en De Tales a Demócrito.

La democracia, maravilla que no tiene ya nada que ofrecer, es, a la vez, el paraíso y la tumba de un pueblo. La vida sólo tiene sentido gracias a la democracia, pero a la democracia le falta vida. E. M. Cioran. Historia y utopía.

La diferencia engendra odio. Stendhal. Rojo y negro.

La diligencia hace con rapidez lo que la inteligencia ha pensado con calma (…). La diligencia es la madre del éxito (…). Correr despacio es el augusto lema [Se atribuye a Augusto: festina lente]. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

La felicidad del hombre es imposible en esta vida. Tomás de Quino. Summa Contra Gentiles.

La felicidad es una muchacha alegre que no goza deteniéndose en un mismo punto; te acaricia los cabellos de tu frente, te da rápidamente un beso y emprende el vuelo. Por el contrario, la señora desgracia te estrecha fuerte y amorosamente contra su corazón; dice que no tiene prisa alguna, se sienta en la cama, cerca de ti y se pone a hacer calceta. Heinrich Heine. Romanzero.

La filosofía de Schopenhauer tiene doble fondo. Por una parte, se abandona a la praxis de la vida y de la autoafirmación individual y declara a la vez que, en realidad, el individuo no es nada; que, en realidad, la vida tampoco es nada en absoluto; y que, en realidad, todo es uno (…). Cada uno tiene ciertamente que «participar en el gran juego de marionetas de la vida» y sentir el «hilo, mediante el cual mantiene su integridad y es puesto en movimiento»; la filosofía le abre la perspectiva, sin embargo, de contemplar el teatro en su totalidad. Durante algunos instantes, uno deja de ser actor para convertirse en espectador. Se trata de un instante filosófico pero también estético: visión desinteresada, sin implicación en esa seriedad cegadora. De tal actitud proviene la ironía de Thomas Mann. Rüdiger Safranski. Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía.

La fortuna se cansa de llevar a uno a cuestas durante mucho tiempo. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

La función del escritor consiste en obrar de modo que nadie pueda ignorar el mundo y que nadie pueda ante el mundo decirse inocente. Jean Paul Sartre. ¿Qué es literatura?

La función principal de todo mito y ritual siempre ha sido y continuará siendo comprometer al individuo tanto emocional como intelectualmente en la organización local. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología primitiva.

La gente anticuada todavía dice «Jesús» cuando uno estornuda, pero han olvidado la razón de esa costumbre. Se creía que al estornudar el alma abandona momentáneamente el cuerpo, y hay demonios al acecho que podrían penetrar en el cuerpo sin alma antes de que ésta regrese, pero si alguien dice «Jesús» los demonios se alejan asustados. Bertrand Russell. Compendio de pacotilla intelectual.

La gran enemiga de la razón, de la virtud y de la religión es la multitud: esa masa numerosa de monstruosidad que, mirada de un extremo a otro parece formada por hombres y por razonables criaturas de Dios; pero que mezclados confusamente no forman más que una gran bestia y un monstruo más prodigioso que la hidra. Thomas Browne. La religión de un médico.

La grandeza del hombre es grande porque se sabe miserable; un árbol no se sabe miserable. Por lo tanto, ser miserable es saberse miserable; pero es ser grande saber que se es miserable. Blaise Pascal. Pensamientos.

La heterodoxa actitud pastoral, que cabría resumir en el lema «primero la paz que la verdad». Víctor García de la Concha, en la Introducción de San Miguel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno.

La indiferencia no invita a la maldad. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, V. La prisionera.

La infinita diversidad de los espíritus humanos hace que ninguna verdad se presente bajo el mismo aspecto a dos personas. León Tolstoi. Guerra y Paz.

La ingratitud es hija de la soberbia. Miguel de Cervantes. El Quijote.

cervantes

La ira ofusca la mente, pero hace transparente el corazón. Nicolás Tommaseo. Pensamientos morales.

La leyenda del nacimiento de Moisés obviamente tiene como patrón la anterior historia del nacimiento de Sargón de Agadé (alr. 2350 a. C.) [Mi madre fue de humilde cuna. No conocí a mi padre (…). Mi humilde madre me concibió y parió en secreto; me colocó en un cesto de juncos; lo selló con betún y me abandonó en el río (Éufrates), que, sin embargo, no me engulló. El río me arrastró. Y me llevó hasta Akku, el regador, quien me recogió del río, me crio como a su hijo, me hizo jardinero (…). Luego goberné el reino] y claramente no esegipcia, porque en Egipto no se conoció el betún o la pez hasta la época ptoloméica, cuando fue introducido desde Palestina. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología occidental.

La locura de los amantes es la más feliz de todas. Platón. Fedro.

La manera de vestir, de reír y caminar del hombre, dicen lo que es. Eclesiástico.

La mayor astucia del Diablo es convencernos de que no existe. Charles Baudelaire. Letanías a Satán.

La mayor parte de lo que aprendí en Cambridge tuve que desaprenderlo penosamente más adelante. En conjunto, lo que aprendí por mi propia cuenta en una vieja biblioteca ha resultado más sólido. Bertand Rusell. Mis reminiscencias religiosas.

La mayor parte de los maridos manipulan la sensibilidad de sus mujeres con el mismo acierto que un orangután toca el violín y, en consecuencia, son engañados por un músico mejor. André Maurois. Balzac.

La mente de los sensatos es flexible. Homero. La Ilíada.

La mirada es la gran arma de la coquetería virtuosa. Con una mirada se puede decir todo, y al mismo tiempo, siempre se puede negar una mirada, pues no puede ser repetida textualmente. Stendhal. Del amor.

La miseria que llena este mundo protesta a gritos contra la hipótesis de una obra perfecta debida a un ser infinitamente sabio, bueno y poderoso. Por otra parte, la imperfección evidente y hasta la caricatura burlesca del más acabado de los fenómenos de la creación, el hombre, es de una evidencia demasiado visible. A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

La moral budista proclama en principio que el individuo debe llegar a no diferenciarse del resto. Por ello, las concepciones del bien y del mal son tan personales como altruistas. El mal es la satisfacción de un deseo, el daño causado al prójimo. Por el contrario, el bien implica un sacrificio personal y un respeto por todo espíritu y también por toda vida, aunque se trate de la de un enemigo. Maurice Percheron. Buda.

La muerte de los jóvenes constituye un naufragio; la de los viejos es un atracar en el puerto. Plutarco. Fragmentos.

La muerte más voluntaria es la más bella. Michel de Montaigne. Ensayos.

La mujer ofrece sexo para conseguir amor y el hombre ofrece amor para conseguir sexo. David M. Buss. La evolución del deseo.

La música coloca nuestro ser en tanto hombres y mujeres en contacto con aquello que trasciende lo expresable. George Steiner. Presencias reales.

La naturaleza es un solo individuo, cuyas partes –esto es, todos los cuerpos– varían de infinitas maneras, sin cambio alguno del individuo total. B. Spinoza. Ética.

La orden es más antigua que el habla, si no los perros no la podrían entender (…). Toda orden consiste en un impulso y un aguijón. El impulso fuerza al receptor a la ejecución, a saber, de manera tal como es adecuando al contenido de la orden. El aguijón queda en aquel que ejecuta la orden. Cuando las órdenes funcionan normalmente, como se espera de ellas, del aguijón no se ve nada. Es secreto, no se lo sospecha; quizá se exteriorice, apenas percibido, en una leve resistencia antes deque se obedezca la orden. Pero el aguijón se hunde hondo en el hombre que ha cumplido una orden y allí se queda, inalterable. Entre todas las configuraciones psíquicas nada hay que sea menos mutable. El contenido de la orden queda conservado en el aguijón; su fuerza, su alcance, sus limitaciones, todo ha sido prefigurado para siempre en el momento en que se imparte la orden. Puede durar años y décadas antes que esa parte hundida y almacenada en la orden, en pequeño su réplica exacta, aparezca otra vez. Pero es importante saber que ninguna orden se pierde jamás, nunca se acaba realmente con su ejecución, es almacenada para siempre. Los receptores de órdenes que más afectados se ven son los niños. El que no se derrumben bajo el peso de las órdenes, el que sobrevivan al hostigamiento de sus educadores, parece milagroso. Que todo esto, con no menos crueldad que aquéllos, lo transmitan más tarde a sus propios hijos es tan natural como masticar y hablar (…). Todo niño, incluso el más corriente, no pierde niperdona ninguna de las órdenes con que fue maltratado (…). Sólo la orden ejecutada deja su aguijón clavado en aquel que la cumplió. Quien elude órdenes, tampoco tiene que almacenarlas. El hombre libre es solamente aquel que ha aprendido a eludir órdenes, y no aquel que sólo después se libera de ellas. Pero quien más tiempo necesita para esta liberación o quien no es capaz de ello, aquél sin duda es el más carente de libertad. Elías Canetti. Masa y poder.

La palabra humana es como una caldera rota en la que tocamos melodías para que bailen los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas. G. Flaubert. Madame Bovary.

La palabra rosa no tiene tallo, hoja ni espina. Tampoco es de color rosa, rojo o amarillo. No despide aroma alguno. Es, per se, una marca fonética totalmente arbitraria, un signo vacío. Nada en su mínima sonoridad, en su aspecto gráfico, en sus componentes fonémicos, su historia etimológica o sus funciones gramaticales, tiene correspondencia alguna con lo que creemos o imaginamos que es el objeto de su referencia puramente convencional. De ese objeto «en sí mismo», de su «verdadera» existencia o esencia no podemos, como Kant nosha enseñado, saber absolutamente nada (…). Asignar a las palabras una correspondencia con «cosas de allá fuera», considerarlas y utilizarlas como en cierto modo representativas de la «realidad» en el mundo, no sólo constituye una ilusión vulgar, sino que hace del lenguaje una mentira. Utilizar la palabra rosa como si fuera, en cualquier sentido, igual que lo que concebimos como un fenómeno botánico, pedir a cualquier palabra que ocupe, vicariamente, el lugar de las «verdades» perfectamente inaccesibles de lasustancia, es abusar de ella y rebajarla. Es incrustar la falsedad en el lenguaje. George Steiner. Presencias reales.

La parte más misteriosa del universo no son las selvas inexploradas, los abismos oceánicos o los planetas lejanos, sino la sustancia encerrada dentro del grueso armazón craneal de los seres humanos. Maya Pines. Los manipuladores del cerebro.

La pena es egoísta. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, VI. La fugitiva.

La persona más longeva conocida fue Jeanne Calmet, una francesa nacida en 1875 y fallecida en 1997 a la edad de 122 años y 164 días. I. García-Albi y M. Isamat. ¿Por qué mi hijo se parece a su abuela?: Y otras cuestiones genéticas.

La pluma es lengua del alma. Miguel de Cervantes. El Quijote.

La pobreza en una democracia es preferible al llamado bienestar de manos de los poderosos, en la misma medida en que la libertad lo es a la esclavitud. Demócrito. Citado por Alberto Bernabé en De Tales a Demócrito.

La queja siempre desacredita. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

La querella adquirió matices tan serios como la que en otro tiempo sostuvieron las ursulinas y las de la Anunciación, que disputaron a ver quién llevaba más tiempo en las nalgas, sin romperlos, huevos pasados por agua. Voltaire. El hombre de los cuarenta escudos.

La razón es esclava de la pasión. F. Dostoyevski. Crimen y castigo.

La regla es ir contra las reglas cuando no se puede conseguir de otro modo un resultado feliz. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

La reputación se compra con trabajo: poco vale lo que poco cuesta. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

La riqueza poseída durante los sueños no sirve en el estado de vigilia, pero tampoco la que se posee en este último estado sirve para el estado de los sueños. Sarvasara Upanisad.

La rueda más deteriorada del carro es la que hace más ruido. Esopo. Fábulas.

La sabiduría es la hija de la experiencia. Leonardo Da Vinci. Fragmentos literarios y filosóficos.

La sabiduría no necesita de la violencia. León Tolstoi. Guerra y Paz.

La sabiduría no se transmite, es menester que la descubra uno mismo después de un recorrido que nadie puede hacer en nuestro lugar, y que no nos puede evitar nadie, porque la sabiduría es una manera de ver las cosas. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II: A la sombra de las muchachas en flor.

La simpatía es un arcaísmo de quienes creen, quieren creer o necesitan fingir que hay todavía un medio, un ámbito de vida pública, en el que los hombres pueden allegarse en algún grado, de manera directa y espontánea, los unos a los otros. La antipatía es resistencia y repugnancia a simular y escenificar –abyectamente– un mundo que no existe. Rafael Sánchez Ferlosio. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos.

La sociedad es un cambio mutuo de perjuicios recíprocos. Y el gran lazo que la sostiene, es por una incomprensible contradicción, aquello mismo que parecía destinado a disolverla; es decir, el egoísmo. Descubierto ya el estrecho vínculo que nos reúne unos a otros en sociedad, excusado es probar dos verdades eternas, y por cierto consoladoras, que de él se deducen: primera, que la sociedad, tal cual es, es imperecedera, puesto que siempre nos necesitaríamos unos a otros; segunda, que es franca, sincera y movida por sentimientos generosos, y en esto no cabe duda, puesto quesiempre nos hemos de querer a nosotros mismos más que a los otros. Mariano José de Larra, Fígaro. La sociedad.

La teoría epicúrea de la sociedad concuerda muy significativamente con la perspectiva atomista de su teoría física. En la una y la otra lo primordial son los elementos individuales, y no hay una subordinación previa del individuo, o del átomo, a ningún plan trascendente, no hay un objetivo natural prefijado que pudiera conferir al conjunto atómico o a la sociedad humana un sentido determinado. Epicuro rechaza cualquier ordenamiento paradigmático en las combinaciones de la Naturaleza, y niega por descontadoque nuestro mundo, uno de los mundos infinitos surgidos por azar en el espacio infinito, intente reproducir el modelo ideal de un cosmos eterno, como postulaba Platón. Tampoco cree que la sociedad humana tenga por sí misma un destino supraindividual, ni siquiera acepta que la dedicación de la persona a un contenido comunitario, al que el ser humano estaría abocado por su misma naturaleza social, ofrezca un objetivo final a la conducta, ni que el hombre se realice cabalmente en lacolaboración cívica, como pensaba Aristóteles o como postularán los estoicos. No, para Epicuro «nada hay justo por naturaleza» y la sociedad no tiene unas normas válidas objetivas al margen de los intereses concretos y utilitarios del individuo. La felicidad no proviene del cumplimiento de un determinado papel social; no hay un deber natural que nos subordine a la colectividad. El conocimiento de la naturaleza lleva a la conclusión de que ésta no posee una finalidad propia y de que es indiferente, en su fortuito despliegue, al destinoazaroso de los humanos. Para defenderse de los rigores de su entorno, rigores de la naturaleza ambigua y de los seres vivientes violentos, el hombre se vio obligado a la cooperación, al pacto social e inventó así la “cultura”, unas pautas de comportamiento “civilizado”. Carlos García Gual. Epicuro.

La tierra, dijo él, tiene una piel; y esa piel tiene enfermedades. Una de ellas se llama, por ejemplo: «hombre». F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

La verdad bien puede enfermar, pero no morir del todo. Miguel de Cervantes. El Quijote.

La verdadera generosidad con el porvenir consiste en dar todo el presente. Albert Camus. El hombre rebelde.

La vida es tan corta, insegura y fugaz que no vale la pena hacer un gran esfuerzo. A. Shcopenhauer. Citado por Rüdiger Safranski en Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía.

La vida es un hacerse a sí mismo (…). Elección entre lo que se es y lo que se construye, como el genio, que es naturaleza, y el ingenio, que es arte y la perfección. Aurora Egido, en la Introducción de El Discreto de Baltasar Gracián.

Las abejas dejan de zumbar al posarse sobre las flores; de igual modo los radicales enmudecen cuando ocupan sus puestos en la Cámara de los Comunes. T. Moore. Irish Melodies.

Las circunstancias suelen ser la excusa de los errores y la disculpa de las opiniones. Mariano José de Larra, Fígaro. Las circunstancias.

Las cosas no pasan por lo que son, sino por lo que parecen. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Las cosas son lo que de ellas hace su posesión; buenas, para quien sabe usarlas, malas, para quien las usa mal. Terencio. Heautontimorumenos.

Las cubas vacías hacen más ruido. W. Shakespeare. Enrique V.

Las exageraciones son despilfarros de estima y dan indicio de escasez de conocimiento y gusto. La alabanza despierta vivamente la curiosidad, excita el deseo. Después, si no se corresponde el valor con el precio, como sucede con frecuencia, la expectación se vuelve contra el engaño y se desquita con el desprecio de lo elogiado y del que elogió. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Las injurias son los argumentos de quienes están equivocados. J. J. Rousseau. Pensamientos.

Las mujeres extraordinariamente bellas impresionan menos el segundo día. Stendhal. Del amor.

Las mujeres, como ha dicho un francés ingenioso [Balzac], nos inspiran el deseo de ejecutar obras maestras y nos impiden siempre llevarlas a cabo. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Las mujeres se convierten entonces en esclavas de una subasta; unas se venden a título definitivo (es el matrimonio), otras se alquilan a título temporal (es la prostitución). El matrimonio sin amor es una prostitución legal. Audré Maurois. Balzac.

Las mujeres son amantes para los maridos jóvenes; compañeras durante la virilidad y enfermeras para los viejos. F. Bacon. Ensayos.

Las ocasiones de callarse y las de hablar se presentan en igual número, pero muchas veces preferimos la fugitiva satisfacción que proporcionan las últimas al provecho durable que sacamos de las primeras. A. Shopenhauer. Arte del buen vivir.

Las vacas poseen varios colores, pero la leche tiene un color único. El conocimiento es como la leche, y quien permanece anclado en las distinciones es como las vacas. Amrtabindu Upanisad.

Las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son. F. Nietzsche. Citado por Eugen Fink en La filosofía de Nietzsche.

Leemos mal en el mundo y decimos luego que nos engaña. Rabindranath Tagore. Pájaros perdidos.

Leves, las penas se expresan; grandes, se callan. Séneca. Hipólito.

¡Llega a ser el que eres! F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Lo bello vale tanto como lo útil. Víctor Hugo. Los miserables.

Lo bueno, si breve, dos veces bueno; incluso lo malo, si poco, no tan malo. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Lo mejor de la vida son sus ilusiones. H. Balzac. Fisiología del matrimonio.

Lo mejor es siempre lo más justo. Homero. La Odisea.

Lo primero, pues, para Dionisio [Dionisio de Halicarnaso, De compositione verborum] es que las palabras tienen por sí sola determinadas cualidades armónicas; y, si no las tienen, se consigue la armonía mediante su colocación. E. Sánchez Salor. Prólogo de El orador, de Cicerón.

Lo que no hemos tenido que descifrar, que dilucidar con nuestro esfuerzo personal, lo que estaba claro antes de nosotros, no es nuestro. Sólo viene de nosotros mismos lo que nosotros sacamos de la oscuridad que está en nosotros y que los demás no conocen. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, VII: El tiempo recobrado.

Lo que no me mata me hace más fuerte. Friedrich Nietzsche. Crepúsculo de los ídolos.

Lo que se pliega se conserva entero. Lao zi (El Libro del Tao).

Lo que vemos con frecuencia no nos maravilla, aun cuando no sepamos por qué sucede. Cicerón. De la divinidad.

Lo real nunca puede alcanzar a lo imaginado, porque imaginarse las perfecciones es fácil, pero es muy difícil conseguirlas. La imaginación se casa con el deseo y siempre concibe mucho más de lo que las cosas son (…). La esperanza es una gran falsificadora de la verdad. La cordura debe refrenarla, procurando que el disfrute de lo real supere el deseo de lo imaginario. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Los agnósticos [adoran] ahora como Dios el signo de interrogación. F. Nietzsche. La genealogía de la moral.

Los buenos artistas existen simplemente en su producción, y por consecuencia resultan completamente faltos de interés en sí mismos. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Los cumplimientos quieren decir «cumplo» y «miento». Mariano José de Larra, Fígaro. El castellano viejo.

Los dioses y las diosas son verdaderamente misericordiosos; adorados durante cientos de años, no han derribado a un solo tirano ni a uno solo de esos malvados aristócratas. Mao Tse-Tung. Obras escogidas.

Los dogmas religiosos son todos ellos ilusiones indemostrables, y no es lícito obligar a nadie a aceptarlos como ciertos. Hay algunos tan inverosímiles y tan opuestos a todo lo que trabajosamente hemos llegado a averiguar sobre la realidad del mundo, que, salvando las diferencias psicológicas, podemos compararlos a las ideas delirantes. Sigmund Freud. El porvenir de una ilusión.

Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de diversas formas, pero de lo que se trata es de cambiarlo. Karl Marx. Citado por Rüding Safranski en Shopenhauer y los años salvajes de la filosofía.

Los hijos empiezan por amar a sus padres; cuando envejecen los juzgan; algunas veces los perdonan. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Los hombres cierran sus puertas ante el sol que declina. W. Shakespeare. Otelo.

Los hombres que imponían respeto en la Inglaterra de 1860, Darwin, Huxley, Newman, los autores de Essays and Reviews, etc., no estaban básicamente en guerra con la sociedad; podían reunirse, como lo hicieron en la Sociedad Metafísica, para discutir civilizadamente sobre la existencia de Dios. Al final se dividieron, y sir Mountstuart Grant Duff, cuando le preguntaron luego si Dios existía, replicó: «Sí, hemos tenido una muy buena mayoría». En aquél entonces la democracia regía incluso sobre el cielo. Bertrand Russell. Mis reminiscencias religiosas.

Los hombres son naturalmente indiferentes entre sí; las mujeres son enemigas por naturaleza. A. Shopenahuer. El amor, las mujeres y la muerte.

Los hombres son, sin duda, conscientes de sus acciones y apetitos, pero inconscientes de las causas que los determinan a apetecer algo. B. Spinoza. Ética.

Los hombres temen al pensamiento más que a ninguna otra cosa del mundo, más que a la ruina, más incluso que a la muerte. El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructor y terrible, no tiene piedad con los privilegios, las instituciones establecidas y los hábitos cómodos. El pensamiento es anárquico y sin ley, indiferente a la autoridad, y no le importa la bien probada sabiduría acumulada por los siglos. El pensamiento mira al abismo del infierno y no tiene miedo (…). El pensamiento es grande, rápido y libre, la luz del mundo y la principal gloria del hombre. Mas para que el pensamiento llegue a ser la posesión de muchos y no el privilegio de unos pocos, debemos acabar con el temor. Es el temor lo que retiene a los hombres, el temor a que sus entrañables creencias se revelen ilusorias, a que las instituciones que rigen sus vidas resulten nocivas, a que ellos mismos se muestren menos dignos de respeto de lo que han creído ser. Bertrand Russell. Citado por Al Seckel en la Introducción de Sobre Dios y la religión.

Los hombres tienden a tener las creencias que convienen a sus pasiones. Los hombres crueles creen en un Dios cruel y utilizan su creencia para excusar la crueldad. Sólo los hombres buenos creen en un Dios bueno, y serían buenos en cualquier caso. Bertrand Russell. La fe de un racionalista.

«Los libros, caballeros, contienen toda la sabiduría reunida de la Humanidad, el conocimiento recogido de los pensadores del mundo, la diversión y la ilusión construida por las imaginaciones de gente brillante. Los libros encierran humor, belleza, ingenio, emoción, pensamiento y, en verdad, todo lo relativo a la vida. La vida sin libros está vacía» [dijo Manfred]. Halstd murmuró: «En los tiempos actuales existen el Cine y la Televisión». Manfred escuchó y dijo con una sonrisa: «Miro la televisión, también a veces deseo ver una película. Porque aprecie una comida como la que acabamos dehacer no significa que no pueda comer un perrito caliente alguna vez que otra. Pero no confundo las dos cosas. Por muy espléndidas que puedan parecer las películas y la televisión, son basura para la mente, diversión para los analfabetos, un poco de entretenimiento para aquellos que, de momento, no están de humor para nada más». «Por desgracia –observó Avalon con aire solemne–, Hollywood es el lugar donde está el dinero». «Naturalmente –convino Manfred–; pero, ¿qué es lo que eso significa? Sin duda, una cadena de hamburgueserías harán más dinero que un restaurante de cuatro estrellas; sin embargo, eso no convierte a la hamburguesa en pato de Pekín». Isaac Asimov. Los enigmas de los Viudos Negros.

Los malos modos todo lo corrompen, hasta la justicia y la razón. Los buenos todo lo remedian: doran el no, endulzan la verdad y hermosean la misma vejez. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Los ojos son testigos más exactos que los oídos. Heráclito de Éfeso. Citado por Alberto Bernabé en De Tales a Demócrito.

Los padres hacen involuntariamente del hijo algo semejante a ellos –a esto lo llaman «educación»–, ninguna madre duda, en el fondo de su corazón, de que al dar a luz al hijo ha dado a luz una propiedad suya, ningún padre discute el derecho de que le sea lícito someterlo a sus conceptos y valoraciones. Más aún, en otro tiempo a los padres parecíales justo el disponer a su antojo de la vida y la muerte del recién nacido (como ocurría entre los antiguos alemanes). Y al igual que el padre, también ahora el maestro, el estamento, el sacerdote, el príncipe continúan viendo en cada nuevo ser humano una ocasión cómoda de adquirir una nueva posesión. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

Los perros, de cierto, ladran a quien no conocen. Heráclito de Éfeso. Citado por Alberto Bernabé en De Tales a Demócrito.

Los placeres que se realizan más rara vez son los que más complacen. Demócrito. Citado por Alberto Bernabé en De Tales a Demócrito.

Los que cruzan los mares, mudan de clima, no de carácter. Horacio. Epístola.

Los que se empeñan en destruirse a sí mismos siempre encontrarán un modo de hacerlo. Maya Pines. Los manipuladores del cerebro.

Los regalos hacen esclavos como los latigazos hacen perros. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Los sacerdotes del templo de Zeus de Dodona, amigo mío, dijeron que las primeras palabras proféticas habían procedido de una encina. A los hombres de entonces, pues, como no eran sabios como vosotros los jóvenes, les bastaba en su simplicidad con oír a una encina o a una piedra, con tal de que dijesen la verdad. Pero a ti tal vez te importa quién es y de dónde es el que habla. Pues no atiendes únicamente a si las cosas son tal como las dice o de otra manera. Platón. Fedro.

Los seres que aman no son los mismos seres que gozan. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II. A la sombra de las muchachas en flor.

Los seres vivos están siendo influidos continuamente por información heredada del pasado. J. Z. Young. Los programas del cerebro humano.

Los suplicios más odiosos de ver no siempre son los más duros de soportar. Michel de Montaigne. Ensayos.

Mala opinión es la que no se puede cambiar. Publio Silo. Aulo Gelio.

Más vale no empezar que detenerse. Séneca. Epístolas.

Más vale tarde que nunca. Tito Livio. Historias.

Me contó un francés colonial que durante la última guerra un navío norteamericano tuvo que desembarcar en Madagascar, por una semana, un jeep con un observador militar. Este jeep llevaba sobre el techo el signo de la Cruz Roja Internacional. El encargado de esa misión era un negro de Harlem. Subió laderas, cruzó valles, llegó a montañas inexploradas. Visitó tribus desconocidas. Era un negro jocundo, de grandes dientes blancos, lleno de pulseras doradas, de risa estentórea y poderosa voz. Los primitivos lo miraban y lo admiraban. Decuando en cuando, desde el jeep, él se comunicaba por radio con aviones o navíos. Partió de aquellas regiones coronado de flores. Entonces su recuerdo se fue convirtiendo poco a poco en una gran religión que ahora tiene más adeptos que los cultos protestantes y católicos. En los más altos peñascos de Madagascar los nativos pintan inmensas cruces rojas para que él las vea y se digne regresar del cielo. Mientras tanto, este hombre, ahora viejo y cansado, que no sabe que es Dios, debe hallarse encerando pisos en Nueva York. Pablo Neruda. Sin dioses y sin índolos.

Me daba cuenta de que ese libro esencial, el único libro verdadero, un gran escritor no tiene que inventarlo en el sentido corriente, porque existe ya en cada uno de nosotros, no tiene más que traducirlo. El deber y el trabajo de un escritor son el deber y el trabajo de un traductor. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, VII. El tiempo recobrado.

«Me desagrada». «¿Por qué?». «No estoy a su altura». ¿Ha respondido así alguna vez un hombre? F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

Me he paseado por el universo como por el jardín de una casa que fuese mía. H. Balzac. La piel de zapa.

Me interesa más mi conciencia que la opinión de los demás. Marco Tulio Cicerón. Epistolario a Ático.

Me odian, luego me temen. Cicerón. De oficiis.

Me preguntas quién soy yo, y yo deseo saberlo de ti. Baltasar Gracián. El Criticón.

Mejor es el hombre que oculta su ignorancia, que el que tiene escondido su saber. Eclesiástico.

Mejor lo intenso que lo extenso. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Mejor vida es morir que vivir muerto. F. Quevedo. Parnaso.

Menos daña la mala ejecución que la falta de decisión. No se corrompen tanto las materias cuando corren como estancadas. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Millones de personas, abstemias durante toda su vida, que nunca habían estado en una taberna o en un cabaret y que experimentaban una indiferencia absoluta hacia las alegrías de un bighball o de un Martini, de repente sintieron ansia de voltear botellas. Yo fui uno de esos millones. Nunca había bebido antes del 16 de enero de 1920. No era que lo desaprobara desde un punto de vista moral, pero es que no me gustaba el sabor del alcohol. De hecho, sigue sin gustarme. Bebo de vez en cuando, en reuniones, para evitar que me atrapen estando sobrio. Pero con el advenimiento de la prohibición, llegué a la conclusión de que, si era ilegal, debíahaber algo especial en él que yo nunca había descubierto. Groucho Marx. Groucho y yo.

Mirad que os envío como ovejas en medio de lobos. Por tanto, habéis de ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Mateo, 10, 16.

Mónimo de Siracusa [discípulo de Diógenes] debió de ser un personaje pintoresco bien conocido en Atenas, ya que el comediógrafo Menandro lo citaba en una de sus piezas (…). Era esclavo de un banquero y un buen día, en un alegre gesto que los bienpensantes consideraron un repentino ataque de locura, comenzó a arrojar las monedas que su patrón tenía en su mesa de banquero. Un espléndido ademán, bien digno de un cínico, que debió de despertar un súbito alboroto y fue luego causa de que su dueño lo manumitiera, pensando, sinduda, que no podía sacar ningún partido de siervo tan alocado. Ese gesto de tirar por los aires el dinero sigue siendo considerado como una manifestación de desvarío, y no una proclama ideológica. Pero a Mónimo le resultó muy provechoso, ya que así tuvo todo su tiempo libre para escuchar a Diógenes. Carlos García Gual. La secta del perro.

Muchas veces nace la enfermedad del mismo remedio. No es la peor regla del vivir el dejar estar las cosas. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Mucho mejor me sabe lo que como en mi rincón sin melindres ni respetos, aunque sea pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas donde me sea forzoso mascar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo. Miguel de Cervantes. El Quijote.

Muchos mueren demasiado tarde, y algunos mueren demasiado pronto. Todavía suena extraña esta doctrina: «¡Muere a tiempo!». F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Murió Julia, maldecida / por un hombre a quien vendió, / y en el punto en que dejó / el presidio de la vida, / la dijo Dios: «¡Inconstante!, / ve al Purgatorio a sufrir, / y reza hasta conseguir / que te perdone tu amante». / «¡Oh, cuán grande es mi alegría / –dijo ella– en sufrir por él! / ¡Quién no perdona a una infiel / es que la ama todavía!». / Y al Purgatorio bajó / contenta, aunque condenada, / pensando que aún era amada / del hombre a quien ofendió. / Y cuando, al fin, con pesar, / le dio su amante el perdón, / se le oprimió el corazón / hasta romper a llorar. / Y Julia, ya absuelta, es fama / que, llena de desconsuelo, / decía, entrando en el cielo: / «¡Me perdona!… ¡Ya no me ama!». Ramón de Campoamor. El amor no perdona.

Nací para vivir muriendo. Miguel de Cervantes. El Quijote.

Nada de lo que sólo ocurre una vez puede ser grave. ¿Hay razón para temer durante tanto tiempo algo tan breve? La muerte reduce a una misma cosa el vivir largo tiempo y el vivir poco tiempo. Pues duración y brevedad no pertenecen a lo que ya no existe. Dice Aristóteles que hay pequeños animales en el río de Hispanis que sólo viven un día: el que muere a las ocho de la mañana, muere joven; el que muere a las cinco de la tarde, muere decrépito. ¿Quién de nosotros no se burlará al pensar en considerar ventura o desventura ese momento de duración? El más y el menos en la nuestra, si lacomparamos con la eternidad o incluso con la duración de las montañas, de los ríos, de las estrellas, de los árboles y hasta de algunos animales, no es menos ridículo. Michel de Montaigne. Ensayos.

Nada hay nuevo en este mundo; ni puede nadie decir: He aquí una cosa nueva; porque ya existió en los siglos anteriores a nosotros. No queda memoria de las cosas pasadas; mas tampoco de las que están por venir habrá memoria entre aquellos que vendrán después a lo último. Eclesiastés.

Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir. Epicuro. Carta a Meneceo.

Nada hay verdaderamente digno de envidia, ¡y cuántos merecen lástima! A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

Nada más imprevisible que los juicios de la multitud. Tito Livio. Citado por Michel de Montaigne. Ensayos.

Nada más insensato que una sabiduría a destiempo, ni nada más imprudente que una prudencia fuera de lugar. Obra mal el que no tome las cosas como vienen, el que no baja a andar por la calle, el que no quiere acordarse, al menos, de aquella sabia norma de los banquetes: «O bebes, o te vas»; o el que pretende que la comedia no sea comedia. Es, por el contrario, signo del hombre prudente, como mortal que es, no querer una sabiduría superior a su condición humana común, estar dispuesto a hacer la vista gorda, y a reírse de sus desaciertos con todos los demás. Pero esto precisamente –se me dirá– es de necios. No intentaré negarlo, con tal que se admita que en esto consiste la representación de la comedia de la vida. Erasmo de Roterdam. Elogio de la locura.

Nada más ver esto, Medea empuña una espada y le corta las yugulares al anciano, deja que salga la sangre vieja y lo atiborra de su elixir; cuando Esón lo absorbió, por la boca y por la herida, su barba y sus cabellos se despojaron de sus canas y cobraron de inmediato color negro, huye derrotada la demacración, se esfuman la palidez y la decrepitud, se llenan las profundas arrugas con carne nueva, y sus miembros se muestran vigorosos; se maravilla Esón y recuerda que así era él en otro tiempo, cuarenta años atrás. Ovidio. Las Metamorfosis. Esón, padre de Jasón, es rejuvenecido por la magia de Medea.

Nada nace de la nada. Epicuro. Carta a Herodoto.

Nada procede de la nada, como tampoco retorna a la nada. Marco Aurelio. Meditaciones.

Nada seca tanto la inteligencia como la repugnancia a concebir ideas oscuras. E. M. Cioran. Silogismos de la amargura.

Nadie creyó jamás, realmente, que la opinión de la mayoría en una votación sea asimismo por su mayor peso la más sensata. Elías Canetti. Masa y poder.

Nadie es tan viejo que no crea poder vivir, por lo menos, otro año. Cicerón. De la senectud.

Nadie ha oído todavía que un arhat haya sido sorprendido por una visión de Cristo, ni de una monja cristiana por la de Buda. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología creativa.

Ni quieras con falsas alegrías alegrar mis verdaderas tristezas. Miguel de Cervantes. El Quijote.

Ni temo al poderoso / ni al rico lisonjeo, / ni soy camaleón del que gobierna, / ni me tiene envidioso / la ambición y el deseo / de ajena gloria ni de fama eterna. Lope de Vega. Canción a la libertad.

No aprendemos gracias a la escuela, sino gracias a la vida. Séneca. Epistolario.

No basta con alcanzar la sabiduría, hay que aprovecharla. Cicerón. De los fines.

No cabe la menor duda de que los europeos son casi exactamente intermedios entre los africanos y los orientales. Si buscamos porcentajes más exactos, hallamos que la mezcla parece formada por dos terceras partes de poblaciones de Extremo Oriente y una tercera parte de poblaciones de origen africano. ¿Cuándo se produjo esa mezcla? Los datos señalan una fecha bastante antigua, del orden de 30.000 años atrás. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

No comas ajos y cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería. Anda despacio; habla con reposo; pero no de manera que parezca que te escuchas a ti mismo; que toda afectación es mala. Come poco y cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto, ni cumple palabra. Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos carrillos, ni de eructar delante de nadie. Miguel de Cervantes. El Quijote.

No es bastante levantar al débil; es necesario aún sostenerlo después. William Shakespeare. Hamlet.

No existe un libro tan malo del que no pueda aprenderse algo. Plinio el Joven. Epistolario.

No existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de fenómenos. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

No fue tan vergonzosa la derrota como honroso haber luchado. Ovidio. Las Metamorfosis.

No ha de olvidar el lector que una novela es un espejo que se pasea a lo largo del camino, reflejando unas veces el azul purísimo del cielo y otras el fango de los charcos que en aquél se encuentran. ¿Podría ser acusado de inmoral el portador del espejo? Es decir que, siendo el espejo el que refleja una realidad ingrata, ¿podría el hombre ser culpada de ella? Lo justo será siempre acusar al camino, y mejor aún al fango mismo, o en último término al inspector de caminos, que ha permitido al agua que se estanque y al barro que se forme. Stendhal. Rojo y negro.

No hablemos mal de los médicos. Poseen el sentido de la elegancia. Hagamos justicia al ingenio con que saben hacer que cada medio siglo, se rejuvenezca el vocabulario de las enfermedades y, con ello, su prestigio. Acicalado y pimpante, he aquí bajo el hombre de cefalalgia, como cobra aire distinguido nuestro plebeyo dolor de cabeza. Francis de Miomandre. La moda.

No has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles; que puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias. Miguel de Cervantes. El Quijote.

No hay cosa que necesite más cuidado que la verdad, pues es sangrarse el corazón. Tan necesario es saberla decir como saberla callar. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

No hay error sin autor. Baltasar Gracián. El Criticón.

No hay nada en el mundo más blando y suave que el agua, pero nada puede superarla en el combate contra lo duro y resistente, en esto nada puede sustituirla. El agua vence a lo más duro, lo débil vence a lo fuerte, no hay en el mundo quien desconozca esta razón, pero tampoco quien sea capaz de ponerla en práctica. Lao zi (El Libro del Tao).

No hay perro tan desdichado que no menee la cola. A. Shopenhauer. Arte del buen vivir.

No hay venganza como el olvido. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

¿No es posible que haya facultades sensitivas en la naturaleza, propias para concebir y percibir las propiedades que decimos estar ocultas en muchas cosas, como la del imán de atraer el hierro, y que la falta de tales facultades haga que ignoremos la verdadera esencia de las cosas? Quizá algún sentido particular revele a los gallos la hora de la madrugada y de la medianoche y los mueva a cantar; y enseñe a las gallinas antes de cualquier experiencia y costumbre a temer al gavilán y no a una oca, ni a un pavo, que son animales mayores; y ponga en guardia a los pollos contra la hostilidad del gato hacia ellos y les haga no desconfiar del perro, armarse contra el maullido, sonido en cierto modo halagador, y no contra el ladrido, sonido agresivo y peleón; y enseña al abejón, a la hormiga y a la rata, a escoger siempre el queso mejor y la pera mejor antes de probarlos; y al ciervo, al elefante y a la serpiente a conocer ciertas hierbas curativas. Michel de Montaigne (1533-1592). Ensayos.

No es preciso el auxilio de los dioses / ni las flechas de Venus para amarse. / A veces la más fea mujercilla, / su conducta, su agrado, su limpieza, / sus artificios inocentes hacen / que se acostumbre el hombre fácilmente, / a vivir en su trato y compañía, / porque engendra cariño el mucho trato: / golpes reiterados, aunque leves, / al cabo de años triunfan de los cuerpos / más sólidos. ¿No observas que las gotas / de la lluvia que caen sobre las peñas / después de mucho tiempo las socavan? Lucrecio. De la naturaleza de las cosas (De rerum natura).

No me avergonzaré de saludar al amigo ni me retiraré de su trato: que si me vinieren males por causa de él, sabré sufrirlos. Eclesiástico.

No me extraña el silencio absoluto con que ha sido recibido un libro como éste. Es la suerte que espera a todos los libros que no tienen nada de vulgar. El escrutinio secreto en el que votan uno por uno y lentamente las mentes superiores que hacen la fama de estas obras tarda mucho en realizarse. Honoré de Balzac, refiriéndose a La Cartuja de Parma, de Stendhal.

No me preocupa que pienses despacio; me preocupa que publiques más deprisa de lo que piensas. Wolfgang Pauli. Futuro. En El País, 6-5-1992.

No olvides que el primer beso no se da con la boca sino con los ojos. O. K. Bernhardt. Don Juan.

¡No os matéis! Corán, 4, 33/29.

No quiero ser irreverente, pero creo que estarás de acuerdo en que quienquiera que creó el sexo ciertamente sabía lo que hacía. Aunque todo el mundo está loco por él, la palabra en sí, pese a su brevedad, parece asustar a muchísima gente. Los autores de canciones, en especial, siempre suprimen esta adorable palabrita y la sustituyen por “amor”. Ningún cantante (ni siquiera un tenor) se atrevería a cantar «El sexo es algo maravilloso». Con este título la canción obtendría un éxito multitudinario, pero el cantante sería puesto en la lista negra por algún comité de moralidad. ¿La acusación? Incitar a la gente a que haga una cosa perfectamente natural. Groucho Marx. Groucho y yo.

¿No sabéis que sólo estáis gobernados por libros? ¿Sabéis que el código civil, el código militar y el Evangelio son libros de los que dependéis siempre? Leed, ilustraos; un alma sólo se hace fuerte por la lectura; la conversación la disipa, el juego la reduce. Voltaire. El hombre de los cuarenta escudos.

No se debe conocer a los escritores más que por sus libros. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II. A la sombra de las muchachas en flor.

No se deben negar de golpe las cosas, pues es mejor una decepción a sorbos. Tampoco se debe negar del todo, pues se suprimiría la dependencia. Es mejor que queden siempre algunos restos de esperanza para que templen lo amargo de la negativa. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

No se puede decir nada tan absurdo que no haya sido dicho por algún filósofo. Michel de Montaigne. Ensayos.

No servirá la felicidad [por ser imposible] para hacer feliz a nadie, pero puede que, en cambio, sirva para que algo de nosotros, en contra de nosotros mismos, entienda y cante la verdad, es decir la falsedad de lo que se vende como verdades de la Realidad. Agustín García Calvo. De la felicidad.

No siempre la hermosura perfecta y cabal inflama las grandes pasiones. Para una inclinación verdaderamente apasionada se necesita una condición que sólo podemos expresar por una metáfora tomada de la química. Las dos personas deben neutralizarse una a otra, como un ácido y un álcali forman una sal neutra. A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

groucho marxs

Nos dicen que las huríes moran en el Paraíso, / y que hay fuentes de vino y ojimiel: / Si estos placeres están permitidos en el mundo futuro, / sin duda también es bueno amarlos aquí. Omar Khayyam. El Rubaiyat.

Nos lanzamos siempre hacia lo prohibido y deseamos lo que se nos niega. Ovidio. Amores.

Nosotras las mujeres amamos con nuestros oídos, así como ustedes los hombres aman con los ojos. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Nuestra fe en otros delata lo que nosotros quisiéramos creer de nosotros mismos. F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Nunca venerará adecuadamente la imagen en el altar quien primero la vio como madera en el campo. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Ocurrencias felices que suele tener la demencia, y que ni la más sana razón y lucidez podrían soltar con tanta suerte. W. Shakespeare. Hamlet.

Odio al compañero de bebida que no olvida nunca, dice el proverbio griego. Las locuras de la última juerga deben enterrarse en eterno olvido para así dar amplio lugar a las locuras de la próxima. David Hume. Investigación sobre los principios de la moral.

¡Oh, gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas! F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

¡Oh, hombres! No conocéis ni el espacio ni el tiempo; no sabéis que fuera del movimiento de los astros, deja de existir el tiempo, ni que en lo infinito de las inmensidades siderales el espacio es una palabra vana; lo ignoráis todo; los principios y las causas: ¡átomos efímeros sobre un átomo en movimiento, no tenéis ninguna idea exacta sobre el universo, y con una ignorancia tal querríais juzgarlo todo, captarlo todo! C. Flammarion. Lumen.

Oh, Pan querido, y demás dioses de este lugar, concededme el ser bello en mi interior. Y que cuanto tengo al exterior sea amigo de lo que hay dentro de mí. Ojalá considere rico al sabio, y sea el total de mi dinero lo que nadie sino el hombre moderado puede llevarse consigo o transportar. ¿Necesitamos pedir algo más, Fedro? A mí lo que he suplicado me basta. Platón. Fedro. Plegaria de Sócrates.

Para Bruno Bauer (Crítica de la historia evangélica de los sinópticos) no deja de ser sorprendente el silencio de autores judíos y paganos contemporáneos, en relación a Jesús y al naciente cristianismo (sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de violaciones a las normas establecidas que se observaron en su proceso «para que se cumplieran las Escrituras», que de haber ocurrido así hubiesen llamado notablemente la atención de los autores de la época) (…). Charles Hainchelin (Orígenes de la religión), puntualizaba sobre el silencio que llamaba la atención a Bauer, y que hubiese sido imposible si la vida y los hechos de Jesúshubiesen transcurrido en el primer tercio del siglo I, tal como quedaron fijados definitivamente tras el Concilio de Nicea, en 325. Nos informa que no hay mención alguna a Jesús, o al Cristo, o al movimiento por él protagonizado en la obra de Plutarco (46-120), «a pesar de que el autor es tan ávido de hechos religiosos», Juvenal (55-140), Marcial (40-103), Séneca (2-63), Plinio el Viejo (23-79), Apuleyo (125-fines del siglo II), «el más curioso por conocer las religiones de entre todos los autores de la antigüedad», o Filón de Alejandría (34 a. C. – 54 d. C.), notable figura de reunión entre el helenismo y el pensamiento judío, quien (a pesar de haber sido con toda probabilidad amigo de san Pedro en Roma, y haber escrito detalladamente sobre la época de Pilatos) no menciona a Jesús en el medio centenar de tratados que nos han llegado de él. La única excepción estaría en un párrafo de las Antigüedades judaicas, de Falvi o Josefo (37-95), pero Hainchlein demuestra (por la crítica comparada que hace de otros pasajes) que se trata de una grosera y tardía interpolación. Alberto Cousté. Biografía del Diablo.

Para Confucio, la religión es una especie de muleta de cojo: está bien para aquellos que la necesitan, pero no es una cosa útil en sí misma, ni mucho menos de aplicación universal. Su tolerancia, en este sentido es absoluta: subalterna el papel de lo religioso, al cambiarlo por una ética (cinco siglos antes de Cristo, propuso el «ama a tu prójimo como a ti mismo» como mandamiento primario de una normativa social), pero no se opone a práctica alguna, y ni siquiera discute sus alcances y eficacia. Alberto Cousté. Biografía del Diablo.

Para conocer la especie y calidad de un vino no es necesario beberse todo el tonel. Óscar Wilde. El crítico como artista.

Para el escritor, el estilo es como el color para el pintor, una cuestión no de técnica, sino de visión. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, VII. El tiempo recobrado.

Para ser popular hay que ser mediocre. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Para vivir aislado hay que ser casi divino o casi una bestia. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Parece que las inteligencias de los más grandes hombres se encojan desde el momento en que están reunidas, y que allí donde más sabios hay, existe menos sabiduría. Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu. Cartas persas.

Pasa desapercibido mientras vivas. Epicuro. Citado por Carlos García Gual en Epicuro.

Pasando a Vitry-le-François [en 1580], pude ver a un hombre al que el obispo de Soissons había llamado Germain en la confirmación, al que todos los habitantes de allí han visto y conocido como doncella llamada María hasta la edad de veintidós años. Era en aquel entonces un viejo barbudo y soltero. Al hacer, según dijo, un esfuerzo saltando, nacieron sus miembros viriles; y aún acostumbran a cantar las mozas de allí una canción con la que se aconsejan entre ellas no dar grandes zancadas, no vayan a volverse mozos como María Germain. Michel de Montaigne. Ensayos.

Pasar por loco a tiempo, es el colmo de la sabiduría. Horacio. Epístolas.

Pequeñas cosas dejo, grandes persigo. Ovidio. Las Metamorfosis.

Pero en nuestras mejores horas nos despertamos estrictamente lo suficiente como para darnos cuenta de que estamos soñando. La mayor parte del tiempo, sin embargo, estamos profundamente dormidos. Ludwig Wittgenstein. Cartas.

Pero imaginemos los tiempos anteriores a la existencia de la imprenta, cuando libros tales como el Evangelio eran copiados a mano. Todos los escribientes, aun siendo muy cuidadosos, seguramente cometerán errores, y algunos se sentirán inclinados a «mejorar» voluntariamente el original. Si todas las copias fuesen hechas a partir de un original único, el significado no se falsearía mucho. Pero si las copias se hacen a partir de otras copias, las cuales, a su vez, fueron hechas de otras copias, los errores empezarán a ser acumulativos y graves. Tendemos a considerar las copias irregulares como algo malo, y en el caso de documentos humanos es difícil hallar ejemplos en que los errores puedan ser descritos como perfeccionamientos. Supongo que a los eruditos de la Versión de los Setenta se les podría atribuir el haber iniciado algo de enorme trascendencia cuando tradujeron, equivocadamente, la palabra hebrea «mujer joven» por la palabra griega «virgen», presentando así la profecía: «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo…». Richard Dawkins. El gen egoísta.

Pero si un ruido, un olor, ya oído o respirado antes, se oye o se respira de nuevo, a la vez en el presente y en el pasado reales sin ser actuales, ideales sin ser abstractos, en seguida se encuentra liberada la esencia permanente y habitualmente oculta de las cosas, y nuestro verdadero yo, que, a veces desde mucho tiempo atrás, parecía muerto pero no lo estaba del todo, se despierta, se anima al recibir el celestial alimento que le aportan. Un minuto liberado del orden del tiempo ha recreado en nosotros, para sentirlo, al hombre liberado del orden del tiempo. Y se comprende que este hombre sea confiado en su alegría, aunque el simple sabor de una magdalena no parezca contener lógicamente las razones de esa alegría; se comprende que la palabra “muerte” no tenga sentido para él; situado fuera del tiempo, ¿qué podría temer del futuro? Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, VII: El tiempo recobrado.

Piensa antes en sonrojar al culpable que en derramar su sangre. Tertuliano. Apologeticus.

Piensa que cada día es el último que luce para ti, vivirás con gratitud la hora que ya no esperabas. Horacio. Epístolas.

Piensa que es mejor ser sensatamente desafortunados que gozar de buena fortuna con insensatez. Epicuro. Carta a Meneceo.

Política: arte ramplón / que se aprende mal y pronto, / es constante ocupación / de algún sabio y mucho tonto. Manuel del Palacio. Cien sonetos políticos.

Poner piedras preciosas en el sepulcro de un muerto equivale a dejar que sus huesos blanqueen en el campo raso. Confucio. Citado por Richard Wilhelm en Confucio.

Por ingeniosas, por inspiradas que sean, las palabras del poeta o del filósofo se quedarán cortas frente a las numéricas intensidades de ciertos fenómenos y estados del ser sentido. El aura de ciertos escenarios de la naturaleza, de ciertas intimidades de deseo o dolor, se resiste a ser transferida comunicativamente al habla. George Steiner. Presencias reales.

Por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

Por tanto, “a nosotros” la muerte no nos toca en nada: lo mismo que nada sentimos de las tremebundas guerras púnicas, nada sentiremos de las épocas que sigan a nuestra muerte. Y aun cuando Natura vuelva a reunir átomos en la misma constitución de uno de nosotros y darles vida, tampoco eso le toca al que es ahora, ya que él está constituido por esta ocasión de conjuntamiento de átomos de cuerpo y alma, y está roto todo recuerpo y ligazón con aquel otro; más aún: esa repetición de nuestras estructuras tiene que haber ya sucedido en la infinidad del tiempo, y nada nos toca aquí tampoco. Nada de lo que pase en el tiempo de nuestra muertenos importa, y es igual que si no hubiéramos nacido nunca. Lucrecio. De la naturaleza de las cosas (De rerum natura).

Por tanto, cuando decimos que el placer es el objetivo final, no nos referimos a los placeres de los viciosos o a los que residen en la disipación, como creen algunos que ignoran o que no están de acuerdo o interpretan mal nuestra doctrina, sino al no sufrir dolor en el cuerpo ni estar perturbados en el alma. Porque ni banquetes ni juergas constantes ni los goces con mujeres y adolescentes, ni de pescados y las demás cosas que una mesa suntuosa ofrece, engendran una vida feliz, sino el sobrio cálculo que investiga las causas de toda elección yrechazo, y extirpa las falsas opiniones de las que procede la más grande perturbación que se apodera del alma. Epicuro. Carta a Meneceo.

Porque de la abundancia del corazón habla la boca. Mateo, 12, 34 y Lucas, 6, 45.

Porque sin lugar a dudas es una locura predicar a niños que guiarán cohetes a la luna una moral y una cosmología basadas en unos conceptos de Sociedad Perfecta y del lugar del hombre en la naturaleza que fueron acuñados antes de que se pusiera arnés al caballo. Y el mundo es ahora demasiado pequeño y el nivel de sensatez de los hombres demasiado grande para que vuelvan a tener lugar esos viejos juegos de Pueblo Elegido (sea por Jahvé, Alá, Wotan, Manu o el diablo) por medio de los cuales los hombres de la tribu se reafirmaban contra sus enemigos en los días en que la serpiente aún hablaba. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología primitiva.

Porque un hombre de juicio justo entre personas que están en el error, se parecerá a aquel cuyo reloj marcha bien en una ciudad donde todos los relojes andan desarreglados. Él sabe la hora exacta; pero ¿qué le importa? Todo el mundo se guía por los relojes públicos, que marcan una hora fatal, aun los que saben que sólo el reloj del primero da la hora verdadera. A. Shopenhauer. Arte del buen vivir.

Posiblemente toda la vida no es más que un sueño continuo; es posible que el momento de la muerte sea un despertar repentino. Fénelon. Diálogo de los Muertos.

Primero hechos y después palabras. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Proferimos nuestras oraciones sin tener idea de cómo simboliza cada palabra o cuál es su significado, del mismo modo que la gente habla sin saber cómo se produce cada sonido. Ludwig Wittgenstein. Tractatus Logico-Philosophicus.

Puede afirmarse que algunas alteraciones de la verdad en textos antiguos son deliberadas y se conoce a sus autores. Herodoto cuenta que Onomácrito, compilador de oráculos, fue expulsado de Atenas por Hiparco porque se le encontró en trance de intercalar entre las de Museo unas profecías de su propia cosecha. En otros textos de contenido histórico pudo hacer lo mismo. Julio Caro Baroja. Las falsificaciones de la Historia.

Pues hay que rehacer unas cosas con los materiales de otras y nada se tira a los infiernos, que todo hace falta para que la vida siga repitiéndose. Y aquella inmensidad de tiempo anterior a nosotros, que en nada nos atañe ni duele, es un espejo en que podemos ver que en el que venga será lo mismo, un desentendimiento más completo que el de todo sueño. Lucrecio. De la naturaleza de las cosas (De rerum natura).

Pues la fórmula elemental de Zenón de Elea, trasmitida seguramente con fidelidad en Diógenes Laercio, en la que el sentido común ha tomado voz por raro caso, «Lo que se mueve no se mueve ni en donde está ni en donde no está», que fácilmente se deja proseguir, tal vez sin necesidad, con el correspondiente razonamiento de la evidencia: No se mueve en donde está, porque, si está allí, es que no se mueve; y no se mueve en donde no está, porque, si no está, ni puede moverse ni pasarle nada. Agustín García Calvo. Contra el tiempo.

Pues nada hay tan estúpido (…) como que un candidato halague al pueblo y trate de comprar su voto con dádivas, corra tras el aplauso de un rebaño de necios, se sienta satisfecho de sus aclamaciones y se deje llevar en cortejo triunfal, como pendón al viento, para terminar representado en el foro en estatua de bronce. Pon la adopción de nombres y apellidos. Pon los honores divinos tributados a este hombrecillo, y añade que en ceremonias oficiales se eleve al rango de dioses a los tiranos más criminales. ¿Quién puede negar que todo esto es totalmente absurdo? Y, sin embargo, de aquí surgieron las hazañas de héroes colosales, puestos por las nubes en los escritos de tantos hombres ilustres. Esta misma insensatez crea naciones y mantiene imperios, autoridades, la magistratura, la religión, los consejos y los tribunales. Toda la vida humana, en fin, no es más que una especie de deporte de la insensatez. Erasmo de Roterdam. Elogio de la locura.

Pues nos movemos –todos– en dos mundos: el mundo interior de nuestra conciencia y un mundo exterior de participación en la historia de nuestro tiempo y lugar. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología creativa.

Pues ¿qué es la bienaventuranza de aquel paraíso? (…) Quizá ya nosotros mismos lo adivinaríamos; pero es mejor que nos lo atestigüe expresamente una autoridad muy relevante en estas cosas, Tomás de Aquino: «(…) Los bienaventurados verán en el reino celestial las penas de los condenados, para que su bienaventuranza les satisfaga más». F. Nietzsche. La genealogía de la moral. La cita de Tomás de Aquino está extraída de su Suma Teológica.

Pues que tanto te admira / el saber de los viejos, / voy a darte el mejor de los consejos: / cree sólo esta verdad: Todo es mentira. Ramón de Campoamor. Humoradas.

Pues todo se desvanece, y rápidamente se convierte en leyenda, y rápidamente también el olvido más completo lo cubre de polvo. Y digo esto a propósito de quienes de alguna manera brillaron maravillosamente. Porque los demás, tan pronto como dieron el último suspiro, ya no se sabe ni se habla de ellos. Pues ¿qué es, en resumidas cuentas, ser recordado siempre? El vacío total. Marco Aurelio. Meditaciones.

Puesto que me causa tedio el vivir, soltaré mis quejas; hablaré de la amargura de mi alma. Job, 10, 1.

¡Qué divorcios habría, dios santo, o cosas peores que divorcios, si el trato doméstico diario de marido y mujer no se mantuviera y alimentara a base de adulación, carantoñas, perdones, astucias y disimulos! Erasmo de Roterdam. Elogio de la locura.

Que el vivir sólo es soñar, / y la experiencia me enseña / que el hombre que vive, sueña / lo que es, hasta despertar. Pedro Calderón de la Barca. La vida es sueño.

¿Qué es el amor? Un acceso de fiebre que acaba con un bostezo. Madame Du Deffand. Sentencias.

¿Qué es la avaricia? Es un constante vivir pobremente por miedo a la pobreza. Bernardo de Claraval. Epístola.

¿Qué es la gota en el viento / que grita al mar: soy el mar? Antonio Machado. Soledades. Orillas del Duero.

¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida? Una ilusión, / una sombra, una ficción, / y el mayor bien es pequeño; / que toda la vida es sueño, y los sueños sueños son. Pedro Calderón de la Barca. La vida es sueño.

Que es mi barco mi tesoro, / que es mi Dios la libertad, / mi ley la fuerza y el viento, / mi única patria la mar. José de Espronceda. La canción del pirata.

¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no (ante una injusticia). Albert Camus. El hombre rebelde.

¡Qué extraña suficiencia, creer que nuestra cultura es superior simplemente porque ignoramos todas las culturas a partir de las cuales podríamos tener una perspectiva crítica de la nuestra y sus derivados! Roger Garaudy. Los integrismos.

¡Qué gran sabio aquel a quien no le gustaba que sus cosas agradasen a muchos! Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

¿Qué les han hecho a los hombres el acto genital, tan natural, tan necesario y tan justo, para no atreverse a hablar de él sin vergüenza y para excluirlo de las conversaciones serias y ordenadas? Pronunciamos con osadía: matar, hurtar, traicionar; y lo otro, ¿sólo nos atrevemos a decirlo entre dientes? Michel de Montaigne. Ensayos.

Que seas limpio, y que te cortes las uñas, sin dejarlas crecer, como algunos hacen a quien su ignorancia les ha dado a entender que las uñas largas les hermosean las manos, como si aquel excremento y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes garras de cernícalo lagartijero: puerco y extraordinario abuso. Miguel de Cervantes. El Quijote.

Que yo en mi parte más noble, ascenderé inmortal por encima de las altas estrellas y mi nombre jamás morirá (…) y gracias a la fama, si algo de verdad hay en los presagios de los poetas, viviré por los siglos de los siglos. Ovidio. Últimos versos de Las Metamorfosis.

¿Queréis creer en la religión? No leáis los libros que la prueban. ¿Queréis respetarla? No miréis a los que la predican. La Beaumelle. Mis pensamientos.

Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

Quien cuenta a otro sus secretos se hace su esclavo. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Quien desafía a los hombres y los desprecia, conquista su respeto y llega a ser su legislador. F. Dostoyevski. Crimen y castigo.

Quien desea, pero no posee, segrega un veneno interior. André Maurois. Balzac.

¿Quién es el crítico más severo? Un aficionado fracasado. Goethe. Reclamaciones en rima proverbial.

Quien escribe con sangre y en forma de sentencias, ése no quiere ser leído, sino aprendido de memoria. F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Quien huye del mal gusto cae en el hielo. Pablo Neruda. Sobre una poesía sin pureza.

Quien no se da la oportunidad de tener sed, no puede gozar bebiendo. Michel de Montaigne. Ensayos.

Quien teme sufrir, sufre ya por lo que teme. Michel de Montaigne. Ensayos.

Quienquiera que sepa esto: «Yo soy el Imperecedero», se convierte en este universal, y ni siquiera los dioses pueden evitarlo, porque de esta forma se convierte en el propio yo de los dioses. Por tanto, quienquiera que adore a otra divinidad pensando «Él es uno, y yo soy otro», no conoce. Es como un animal propiciatorio para los dioses. Pero incluso si un animal se pierde, resulta molesto. ¿Qué ocurriría si fueran muchos? Y por eso no agrada a los dioses que los hombres conozcan esto. Brhadaranyaka Upanisad.

Quiérase o no, estamos viviendo en un mundo de eufemismos y de absurdos disimulos. Por ejemplo, el hombre que le entierra a uno se hace llamar técnico funerario. Todo el mundo, excepto el cadáver, sabe que es un enterrador, pero este título fantástico ayuda a convencer a los deudos de que su amado no está realmente muerto, sino que sólo se ha ausentado por unos pocos millones de años. El desgraciado que te persigue con la escritura de un bungaló, que sin duda alguna se caerá a pedazos para cuando pagues la última mensualidad del piano, no se hace llamar ya vendedor de una inmobiliaria. Ahora se cataloga como agente de bienes raíces. El barrendero que se abre camino a escobazos por la vida, se califica ingeniero sanitario. Pero estos son burdos sofismas. Cuando se trata de un verdadero oscurantismo, ningún grupo ha tenido tanto éxito en disimular sus sucias actividades como la profesión médica. Por una u otra razón, todos han eliminado sus títulos originales. Necesité varios años antes de saber qué clase de médico me disponía a visitar. El pediatra solía ser llamado médico de infancia. El callista es ahora pedicuro. Un quiromasajista es un sádico que se pasa media hora deformándote la espina dorsal y la siguiente media hora esperando a que recobre su posición original. Incidentalmente, a guisa de información inútil, pero que tal vez desees utilizar en una reunión, la única diferencia entre un quiromasajista y un osteópata estriba en que el nombre del primero es más largo. Me avergüenza decirte la edad que tenía cuando descubrí que un ginecólogo es un médico que hace cosas misteriosas con las mujeres. (También hay otras personas que hace cosas misteriosas con las mujeres, pero hasta ahora todavía no he descubierto cómo se les llama en público). ¿Sabes tú, querido lector, lo que es un proctólogo? Bueno, yo sí. Pero no hablemos de este tema. El dentista se califica ahora de odontólogo (…). ¿Qué hay en la medicina que hace que todos sus practicantes parezcan avergonzados de su trabajo? ¿Por qué insisten en ocultar su profesión bajo seudónimos desorientadores? Groucho Marx. Groucho y yo.

¿Quieres predisponer a alguien a favor tuyo? Fíngete desconcertado ante él. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

¿Quieres saber dónde estarás después de la muerte? Donde están los que aún no han nacido. Séneca. Las Troyanas.

Quien sólo piensa en lo que va a conseguir, no piensa en lo que ya ha conseguido. Nada tan propio de la codicia como la ingratitud. Michel de Montaigne. Ensayos.

Quiero afirmar algo de modo tajante: la evidencia científica acerca de la inocuidad de la marihuana es abrumadora, y no hay probablemente un solo producto del vademécum que haya sido analizado y estudiado más detenida y cuidadosamente. E. Lamo de Espinosa, exministro de Agricultura y de la Presidencia del Gobierno de España. Contra la nueva prohibición: los límites del Derecho Penal en materia de consumo y tráfico de estupefacientes. Boletín de Información del Ministerio de Justicia, 25-2-1983.

Rascad la epidermis de un escéptico y casi siempre encontraréis debajo los nervios doloridos de un sentimental. Daniel d’Arc. Pequeño breviario del Parisino.

Reprende al amigo en secreto y alábalo en público. Leonardo Da Vinci. Fragmentos literarios y filosóficos.

Respecto de aquello sobre lo que no se puede hablar, lo mejor es guardar silencio. Ludwig Wittgenstein. Tractatus Logico-Philosophicus.

Sabemos decir: así dice Cicerón; he aquí las costumbres de Platón; son las propias palabras de Aristóteles. Mas y nosotros, ¿qué decimos nosotros? ¿Qué opinamos? ¿Qué hacemos? Lo mismo diría un loro. Esto me recuerda a aquel rico romano [se trata probablemente de Sabrino, ridiculizado por Erasmo en su Elogio de la locura y sacado de Séneca, Cartas] que se había cuidado, a costa de grandes gastos, de comprar a hombres entendidos en toda suerte de ciencias, de los que siempre se rodeaba para que cuando estando con susamigos le llegase la vez de hablar de una cosa u otra, le sustituyeran y estuvieran dispuestos a proporcionarle ya un discurso, ya un verso de Homero, cada cual según su materia; y pensaba que era suyo ese saber, pues estaba en la cabeza de su gente; así hacen también aquellos cuyos conocimientos se alojan en suntuosas librerías. Sé de algunos que, cuando les pregunto lo que saben, pídenme un libro para mostrármelo; y no se atreverían a decirme que tienen el trasero sarnoso, sin antes ir a buscar a su lexicón lo que quiere decir sarnoso y lo que quiere decir trasero. Guardamos las ideas y el saber de otro y nada más. Es menester hacerlos nuestros. Nos parecemos enormemente a aquel que, teniendo necesidad de fuego, se fue a buscarlo a casa del vecino y hallando allí uno grande y hermoso, quedóse allí calentándose sin acordarse de llevar un poco para su casa. ¿De qué nos sirve tener la panza llena de carne si no la digerimos? ¿Si no se transforma en nosotros? ¿Si no nos aumenta ni fortalece? Nos dejamos caer tan hondo en brazos de los demás que anulamos nuestras fuerzas. ¿Que quiero armarme contra el miedo a la muerte? Hágolo a expensas de Séneca. ¿Que quiero tener consuelo para mí o para otro? Tómolo de Cicerón. Tomaríalo de mí mismo si me hubieran enseñado a ello. Nada me gusta esta inteligencia relativa y mendigada. Michel de Montaigne. Ensayos.

Sabemos lo que somos, pero no sabemos lo que podemos ser. W. Shakespeare. Hamlet.

Sabemos que el sueño es absolutamente egoísta y que la persona que en sus escenas desempeña el principal papel es siempre la del durmiente. Sigmund Freud. Metapsicología.

Sabina Popea Augusta, emperatriz romana de gran belleza, que se casó en terceras nupcias con Nerón, valíase de oscuras tretas. Se cubría parte del rostro para prodigar a trechos su belleza. Baltasar Gracián. El discreto.

Salta a los ojos que en la primera entrevista de dos mujeres hay más contención, disimulo y reserva que en una primera entrevista entre hombres. A. Shopenahuer. El amor, las mujeres y la muerte.

Santiago Ramón y Cajal ya decía hace más de cien años que cada hombre es el escultor de su propio cerebro. I. García-Albi y M. Isamat. ¿Por qué mi hijo se parece a su abuela?: Y otras cuestiones genéticas.

Schopenhauer proporciona consejos sobre la manera de arrancar un mínimo de felicidad a la sociedad en la que uno está inmerso. El más importante de los mismos queda formulado en una imagen anotada en su manuscrito cuarenta años antes. La sociedad «puede ser comparada a una hoguera con la que se calienta el hombre sagaz manteniendo la distancia apropiada pero guardándose de poner la mano encima del fuego, como el necio que, después de haberse quemado, huye al frío de la soledad y se lamenta de que el fuego queme». La misma enseñanza está contenida en la famosa parábola de los puercoespines en los Paralipomena, una parábola que Schopenhauer había contado por primera vez, a principios de los años treinta, a la entonces adorada Karoline Jagemann: «Un rebaño de puercoespines se apretujaba estrechamente, en un frío día de invierno, para protegerse de la congelación con el calor mutuo. Pronto empezaron, sin embargo, a sentir las púas de los demás; locual, hizo que se alejasen de nuevo. Cuando la necesidad de calor los aproximaba otra vez, se repetía este segundo mal; de modo que se movían entre ambos sufrimientos, hasta que encontraron una distancia conveniente dentro de la cual podían soportarse de la mejor manera». Todos los otros consejos se relacionan de algún modo con esta “distancia conveniente”. Uno debe llevar consigo su soledad a la vida social. Rüdiger Safranski. Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía.

Se aplaude a los escritores claros y a los confusos se les venera por no entenderlos. A veces conviene la oscuridad para no ser vulgar. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Se dice que el presidente Calvin Coolidge y la primera dama estaban visitando por separado granjas gubernamentales recientemente creadas. Al pasar por el gallinero y ver un gallo copulando intensamente con una gallina, la señora Coolidge se interesó por la frecuencia conla que el gallo llevaba a cabo esa tarea. «Docenas de veces al día», replicó el guía. Al oírlo, la señora Coolidge le pidió: «Por favor, dígaselo al presidente». Cuando el presidente pasó por el gallinero y fue informado del vigor sexual del gallo, preguntó: «¿Siempre conla misma gallina?». «¡Oh, no!», respondió el guía: «Cada vez con una distinta». «Por favor, dígale eso a la señora Coolidge», dijo el presidente. Y de este modo se acuñó el término «efecto Coolidge», que se refiere a la tendencia del macho a volverse a excitar sexualmente ante la aparición de una nueva hembra, lo cual aumenta su impulso a lograr el acceso sexual a un número elevado de hembras. El efecto Coolidge es un rasgo ampliamente extendido entre los mamíferos y ha sido documentado en numerosas ocasiones. David M. Buss. La evolución del deseo.

Se dice que hay alrededor de diez mil millones de células nerviosas en la corteza cerebral humana (…). Pero el hecho sin duda importante es que no es probable que haya dos de ellas exactamente iguales. J. Z. Young. Los programas del cerebro humano.

Se embriaga con el vino de su propia retórica. Audré Maurois. Balzac.

Se encierran algunos locos en un manicomio para hacer creer que los que están fuera son cuerdos. Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu. Cartas persas.

Se ha estimado que en el desarrollo corporal de un ser humano llegan a alcanzarse unos 10 billones de células, todas provenientes de una única inicial. Nicolás Jouve. Explorando los genes.

Sé llano, pero jamás grosero. W. Shakespeare. Hamlet.

Se nos instruye, no para la vida, sino para la escuela. Séneca. Cartas.

Se paga caro el ser inmortal: se muere a causa de ello varias veces durante la vida. F. Nietzsche. Ecce homo.

Se puede decir de mucha gente que no es que sea muy religiosa, pero dicen: «De todos modos yo voy a tener un mínimum de práctica religiosa, porque esto es lo mismo que si yo hiciese un seguro de vida. Yo no sé si voy a tener un accidente, pero, por si acaso, me hago un seguro y de ese modo está cubierta mi familia. De la misma manera yo me hago un seguro de vida eterna. Yo no sé si realmente habrá una vida eterna o si todo terminará en este mundo, pero ¿qué pierdo yo con hacerme ese seguro? Realmente no pierdo mucho, como tampoco pierde mucho el que paga religiosamente su póliza de seguro en cada vencimiento, porque de todos modos la molestia o el coste es muy pequeño en comparación con lo que puedo obtener en el caso de que haya otra vida o en el caso de que tenga un siniestro y entonces cobre la cantidad que he contratado como seguro». J. L. Aranguren. Comunidades sociales adultas.

Se puede someter a un hombre vivo y reducirlo al estado histórico de cosa. Pero si muere negando, reafirma una naturaleza humana que rechaza el orden de las cosas. Albert Camus. El hombre rebelde.

Se vive más de oídas que de lo que vemos. Vivimos de la fe ajena. El oído es la segunda puerta de la verdad y la principal de la mentira. De ordinario la verdad se ve y excepcionalmente se oye. Raras veces llega en su puro elemento y menos cuando viene de lejos: siempre trae algo de mezcla de los ánimos por donde ha pasado. La pasión tiñe de sus colores todo lo que toca, en contra o a favor. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Según Paul MacLean, neurofisiólogo del Instituto Nacional de Salud Mental, el hombre sigue teniendo en la cabeza estructuras cerebrales muy parecidas a las del caballo y el cocodrilo. Nuestro antiguo cerebro reptiliano, que se remonta a más de 200 millones de años de evolución, dirige todavía los mecanismos de galanteo, apareamiento, búsqueda de hogar y selección de líderes. Maya Pines. Los manipuladores del cerebro.

Ser inteligente es una ventaja si se sabe ocultar. Mae West. Citada por David M. Buss en La evolución del deseo.

Si acaso doblases la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. Miguel de Cervantes. El Quijote.

Si como experiencia, sin excepción alguna, tenemos que aceptar que todo lo viviente muere por fundamentos “internos”, volviendo a lo inorgánico, podremos decir: La meta de toda vida es la muerte. Y con igual fundamento: Lo inanimado era antes que lo animado. Sigmund Freud. Más allá del principio del placer.

Si de noche lloras por el sol, no verás las estrellas. Rabindranath Tagore. Pájaros perdidos.

Si el bien tiene una causa, ya no es bien; y si tiene consecuencias, una recompensa por ejemplo, tampoco es bien. Eso es cabalmente lo que sé y lo que todos sabemos. León Tolstoi. Ana Karenina.

Si el pueblo pierde el miedo al poder aparecerá entonces un gran poder. Lao zi (El Libro del Tao).

Si habéis aprovechado la vida, estáis saciados, idos satisfechos. Si no habéis sabido hacer uso de ella, si os era inútil, ¿qué se os va en haberla perdido? ¿Para qué la queréis todavía? Michel de Montaigne. Ensayos.

Si no ansías muchas cosas, lo poco te parecerá mucho. Demócrito. Citado por Alberto Bernabé en De Tales a Demócrito.

Si no disfrutas la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas gozar? Arturo Graf. Ecce homo.

Si quiere usted saber la verdad de una mujer, mírela en vez de escucharla. Óscar Wilde. Citado por Ramón Gómez de la Serna en la Introducción de El retrato de Dorian Gray.

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Si uno no es casto, que sea cauto. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Siempre faltan palabras donde sobran sentimientos. Baltasar Gracián. El Criticón.

Siempre se estima más lo que menos se espera. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Siempre se puede hablar de todo a favor y en contra. Homero. La Ilíada.

Sin la filosofía, nadie puede hablar con amplitud y abundancia sobre temas de envergadura y variedad. Cicerón. El orador.

Sin salir de la propia casa, se conoce el mundo. Lao zi (El Libro del Tao).

Sobre lo incierto se apuesta, lo cierto se demuestra. Si se analiza el comportamiento humano se comprueba que se trabaja por muchas cosas que son inciertas y sólo probables. Sin embargo, ello no exime de actuar. ¿Por qué aplicar una medida distinta entonces en el terreno de la religión? Blaise Pascal. Pensamientos.

Somos de esa sustancia de la que están hechos los sueños, y nuestra corta vida termina con un sueño. W. Shakespeare. La tempestad.

Somos incapaces de haber hecho el mundo; hay pues una naturaleza más excelsa que ha intervenido. Sería una arrogancia considerarnos la cosa más perfecta del universo; hay pues algo mejor; eso es Dios. Michel de Montaigne. Ensayos.

Son muchos los que han pensado que el arrepentimiento pretende un imposible: borrar el pasado. Quidquid feci adhuc infectum ese mallem, exclama Séneca: quisiera no haber hecho lo que hice, quisiera que lo que hice no estuviese ahí ante mí, cuajado para siempre. Pero ya está inexorablemente hecho. Y lo de menos es el hecho como tal, el hecho exterior y, por tanto, separado ya de mí. Lo grave es que a través de cada uno de mis actos me he ido haciendo yo; de tal modo que ellos han dejado su huella impresa en mí, han modelado mi êthos, mi carácter. Por eso de nada serviría, suponiendo que fuera posible, revocar mis acciones pasadas, en virtud de una reversión, de una marcha atrás en la vida. Supongamos que, por un milagro, pudiésemos quedarnos, solamente, con las acciones de las que estamos satisfechos, y rechazar por infectas, por no hechas, aquellas otras de las que nos avergonzamos. ¿Habríamos ganado mucho con ello? No. Las acciones ya pasaron, tal vez no las recuerde nadie, casi ni yo mismo. Pero yo, después de cometerlas, y por el hecho de haberlas cometido, soy diferente del que era antes. Mientras no seborrase esa diferencia en mí mismo y no simplemente en los hechos, poco habría ganado. J. L. Aranguren. Ética de la felicidad y otros lenguajes.

Stendhal dedica cuarenta años a batir las murallas de la feminidad. Elucubra todo un sistema estratégico con principios y corolarios. Va y viene, se obstina y desvencija en la tarea tenazmente. El resultado es nulo. Stendhal no consiguió ser amado verdaderamente por ninguna mujer. No debe sorprender esto demasiado. La mayor parte de los hombres sufre igual destino. Hasta el punto de que para compensar la desventura se ha creado el hábito y la ilusión de aceptar como buen amor cierta vaga adhesión o tolerancia dela mujer, que se logra a fuerza de mil trabajos (…). Chateaubriand, por el contrario, se encuentra siempre «hecho» el amor. No necesita afanarse. La mujer pasa a su vera y súbitamente se siente cargada de una mágica electricidad. Se entrega desde luego y totalmente. ¿Por qué? ¡Ah! Ese es el secreto que los tratadistas del donjuanismo hubieran debido revelarnos. Chateaubriand no es un hombre hermoso. Pequeño y cargado de espaldas. Siempre malhumorado, displicente, distante. Su adhesión a la mujer amante dura ocho días. Sin embargo, aquella mujer quese enamoró a los veinte años sigue a los ochenta prendada del «genio» a quien tal vez no volvió a ver. Esto no son imaginaciones: son hechos documentales (…) Este tipo de amor en que un ser queda adscrito de una vez para siempre y del todo a otro ser (…) fue desconocido para Stendhal. Por eso cree que es esencial a un amor su consunción, cuando probablemente la verdad está más cerca de lo contrario. Un amor pleno, que haya nacido en la raíz de la persona, no puede verosímilmente morir. Va inserto por siempre enel alma sensible. Las circunstancias –por ejemplo, la lejanía– podrán impedir su necesaria nutrición, y entonces ese amor perderá volumen, se convertirá en un hilillo sentimental, breve vena de emoción que seguirá manando en el subsuelo de la conciencia. J. Ortega y Gasset. Amor en Stendhal.

Sueñe o vele, no hay respiro / para mi ardiente deseo, / pues sueño cuando te miro / y cuando sueño te veo. Ramón de Campoamor. Cantares amorosos.

Sufre más de lo necesario el que sufre antes de que sea necesario. Séneca. Epístolas.

Suponed que alguien come salazones podridos que le saben a gloria, y cuyo olor es insoportable a los demás. ¿Le impide esto último sentirse feliz? Por el contrario: ¿De qué le sirve comer esturión si le produce náuseas? Si un marido tiene una mujer horrorosamente fea pero que a sus ojos puede rivalizar con Venus, ¿no es como si fuera realmente hermosa? Si alguien se extasía ante una tabla embadurnada de rojo y amarillo, persuadido de que ha sido pintada por Apeles o Zeuxis, ¿no es acaso más feliz que quien ha pagado un alto precio por una obra de un artista famoso, cuya contemplación le produce menor placer? Erasmo de Roterdam. Elogio de la locura.

Tenemos dos tipos de melanina. Una que es marrón-negra y otra que es amarilla-roja. ¿Según mezclemos más de una u otra somos más blancos o más negros? Grosso modo, como una paleta con dos colores primarios que se mezclan. En ambos casos, su función es absorber radiación ultravioleta a modo de protección solar. Y la distribución geográfica de las diferentes pigmentaciones humanas coincide con la historia de su adaptación a niveles de radiación solar según la latitud. La tendencia es tener pieles más claras a medida que nos alejamos del ecuador. I. García-Albi y M. Isamat. ¿Por qué mi hijo se parece a su abuela?: Y otras cuestiones genéticas.

Tener ideología no es tener ideas. Éstas no son como las cerezas, sino que vienen sueltas, hasta el punto de que una misma persona puede juntar varias que se hallan en conflicto unas con otras. Las ideologías son, en cambio, como paquetes de ideas preestablecidas, conjuntos de tics fisionómicamente coherentes, como rasgos clasificatorios que se copertenecen en una taxonomía o topología personal socialmente congelada. Sólo hay unos cuantos tipos de persona y cada cual desea ser reconocido por aquellos a quienes pertenece. Ésta es la única función de las ideologías; y las ideas, encerradas en paquetes tales, se ven supeditadas a este único y tristísimo papel. Rafael Sánchez Ferlosio. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos.

Tengo letras que harán ver incluso a los ciegos. Friedrich Nietzsche. El Anticristo.

Tengo por cosa bien hecha que el hombre coma y beba, y disfrute con alegría del fruto de las fatigas que ha de soportar en este mundo, durante los días de vida que Dios le conceda, y ésta es la suerte que le pertenece. Eclesiastés.

Tengo un serrallo imaginario en el que guardo todas esas mujeres que nunca fueron mías. H. Balzac. La piel de zapa.

Teodosio II convocó un Concilio en el año 431 en Éfeso, la ciudad de Asia Menor que durante milenios antes de la era cristiana había sido la sede del principal templo de la gran diosa asiática Artemisa, madre del mundo y del dios eternamente muerto y resucitado. Podemos presumir que su persistente influencia, así como la de las virginales matriarcas de palacio, hizo efecto sobre los obispos allí reunidos. Porque allí proclamaron a la Virgen María, Madre de Dios. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología oriental.

Tienes, tendrás (habes, habeberis). Adagio de Petronio citado por Schopenhauer en Arte del buen vivir.

Toda la instrucción posible se adquiere con la vida y no con la escuela. León Tolstoi. La instrucción pública.

Todas las cosas grandes maduran lentamente. Arthur Shopenhauer. Citado por Joseph Campbell en Las máscaras de Dios: Mitología primitiva.

Todas las cosas tienen su tiempo y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el término que se le ha prescrito. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo que se plantó. Eclesiastés.

Todo cuanto existe fuera de nosotros le dice al individuo que no es nada. Pero lo que encierra le persuade de que lo es todo. X. Doudan. Pensamientos, ensayos y máximas.

Todo el mundo deja la vida como si acabara de nacer hace un instante. Epicuro. Sentencias vaticanas.

Todo lo material desaparece rápidamente en la sustancia del Todo, todo lo causal es recogido rápidamente en la razón del Todo, y la memoria de todo rápidamente queda enterrada en la eternidad. Marco Aurelio. Meditaciones.

Todo querer tiene por principio una carencia. A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

Todo retrato pintado con sentimiento es un retrato del artista, no del modelo. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Todos los hombres tienden por naturaleza a saber. Aristóteles. Metafísica.

Trabajamos a menudo por adquirir cosas que, una vez obtenidas, no están a nuestra altura. Arthur Shopenhauer. Arte del buen vivir.

Tu amigo tiene un amigo, y el amigo de tu amigo tiene otro amigo; por consiguiente, sé discreto. Talmud. 

Un acto realizado no puede borrarse y ningún poder es capaz de lograr que deje de ser. En el momento en que dicho acto se realizó, la luz lo ha asido, trasladándolo al cielo con la rapidez del relámpago. Incorporado a un rayo de luz eterna se transmitirá eternamente en el infinito. C. Flammacarion. Lumen. 

Un agnóstico no acepta ninguna autoridad en el sentido en que lo hacen las personas religiosas, y sostiene que el hombre debe resolver por sí solo los problemas relacionados con la conducta. Desde luego, procurará beneficiarse de la sabiduría de otros, pero tendrá que seleccionar por sí solo las personas a las que considerará sabias, y ni siquiera lo que digan éstas le parecerá incuestionable. Bertrand Russell. ¿Qué es un agnóstico? 

Un anciano agradable es el gracioso que sabe hablar en serio. Demócrito. Citado por Alberto Bernabé en De Tales a Demócrito. 

Un chiste oído por segunda vez no producirá apenas efecto. Una obra teatral no alcanzará por segunda vez la impresión que en el espectador dejó la vez primera. Rara vez comenzará el adulto la relectura de un libro que le ha gustado mucho inmediatamente después de concluirlo. La novedad será siempre la condición del goce. Sigmund Freud. Más allá del principio del placer. 

Un día feliz, veremos elevarse un hilo de humo sobre los confines del mar, y luego aparecerá la nave. Sí, la blanca nave entrará en puerto, y saludará con su sirena. ¿Lo ves? ¡Ha regresado! Yo no correré a su encuentro. No lo haré. Allí estaré, en la cima de la colina, aguardándolo. Me quedaré mucho tiempo, sin que me pese la espera. Entonces… desde la bulliciosa ciudad, un hombre, un pequeño punto, se dirigirá hacia la colina. ¿Quién será? ¿Quién será? ¿Y qué dirá cuando llegue? ¿Qué dirá? ¿Qué dirá? Me llamará: «¡Butterfly!», desde lejos. Yo, sin contestar, seguiré escondida: un poco para bromear, y otro poco para no morir al volver a verlo, y él, apenado, insistirá: «Mi pequeña mujercita, aroma de verbena», como me llamaba cuando vino aquí. G. Giacosa y L. Illica. Libreto de Madame Butterfly. Aria llamada de la esperanza. 

Un hijo de casa noble abofeteará al insolente que ponga en duda la virtud de su madre; sin embargo, él mismo no oculta que su abuela tuvo ciertos devaneos; y, en cuanto a su tatarabuela, si por ventura obtuvo favores de Luis XIV, su vanagloria es grande. De este modo la vergüenza de los nuestros, a medida que se aleja de nosotros, se convierte en gloria. Edmond About. La marquesa de Louvore. 

Un hombre juzgando a otro constituye un espectáculo que me haría morir de risa si no me moviese a compasión. G. Flaubert. Pensamientos. 

Un hombre que ha olvidado las bellas noches pasadas en el bosque a la luz de la luna, sufre todavía el reuma que cogió allí. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, VI. La fugitiva. 

Un minuto de felicidad vale más que mil años de gloria. Voltaire. Comentario histórico. 

Un personaje sabio no es sabio siempre; mas el inteligente es siempre inteligente, incluso cuando ignora algo. Michel de Montaigne. Ensayos. 

Un placer sin riesgos nos complace menos. Ovidio. El arte de amar.

Un tuerto es mucho más incompleto que un ciego, porque sabe lo que no tiene. Víctor Hugo. Nuestra Señora de París. 

Una cosa soy yo, otra cosa son mis escritos. F. Nietzsche. Ecce homo. 

Una experiencia humana individual debería ser como un río, pequeño al principio, estrechamente contenido entre sus orillas, que se precipita apasionadamente por encima de los cantos rodados y las cascadas. El río se ensancha de manera gradual, las orillas retroceden, las aguas fluyen más serenas y, al final, sin ninguna ruptura visible, se mezclan con el mar y pierden sin dolor su ser individual. El hombre que, en su vejez, puede ver la vida de esta manera, no padecerá el temor a la muerte, puesto que las cosas que le interesan seguirán existiendo. Bertrand Russell. Retratos. 

Una media de 60.000.000.000 (sesenta mil millones) células mueren por apoptosis en un humano adulto cada día. Dicen que este proceso equivaldría a la formación y destrucción de una masa celular de 75 kg en un año, o sea, a la formación y destrucción de ese mismo individuo en 365 días. I. García-Albi y M. Isamat. ¿Por qué mi hijo se parece a su abuela?: Y otras cuestiones genéticas. 

Una muchacha quizá salga virgen de un internado; casta, no. H. Balzac. Fisiología del matrimonio. 

Una palabra rara es, en una página, como un adoquín, levantado en una calle. Se tropieza en ella, se destruye la emoción artística, y la atención se aparte del pasaje literario para encaminarse al diccionario de la lengua. W. Fernández Florez. Las siete columnas. 

Una pizca de falta de razón forma parte incluso del buen gusto. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal. 

Uno no se debe mostrar igualmente inteligente con todos, ni se deben emplear más fuerzas de las necesarias. Ni derroches de sabiduría ni de méritos (…). No se haga de la ostentación la norma, pues al día siguiente no causará admiración. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia. 

Unos hácenle creer al mundo que creen lo que no creen. Otros, en mayor número, se lo hacen creer a ellos mismos, sin saber penetrar en lo que es creer. Michel de Montaigne. Ensayos. 

Unos hombres de inteligencia profunda le presentaron [al Procurador General] unos proyectos. Uno había inventado un impuesto sobre la inteligencia. «Todo el mundo –decía– pagará, nadie querrá quedar como un tonto». El ministro le dijo: «Os declaro exento de ese impuesto». Voltaire. El hombre de los cuarenta escudos. 

Vale más arriesgarse a salvar a un culpable, que condenar a un inocente. Voltaire. Zadig. 

Vale más buena esperanza que ruin posesión. Miguel de Cervantes. El Quijote. 

Valer y saberlo mostrar es valer dos veces. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia. 

Vanidad de vanidades, dijo el Eclesiastés; vanidad de vanidades, y todo es vanidad. Eclesiastés. 

Varios tragos es la vida / y un solo trago es la muerte. Miguel Hernández. Sentado sobre los muertos. 

¡Ve! ¡Puedes encontrar otras tierras distintas a las tuyas, otros países distintos del tuyo, pero nunca encontrarás otra alma más que la tuya! Las mil y una noches. 

Veo lo mejor y lo apruebo, pero sigo lo peor. Frase de Medea en Las Metamorfosis de Ovidio. El arte de amar.

Veo que es el oficio mejor de todos. Tanto si se obra bien como mal, pagan igualmente. No se nos culpa de nada, y hacemos lo que nos viene en gana. El zapatero no puede echar a perder un trozo de suela sin perder lo que le ha costado el trozo de suela. Mas se puede mandar una persona al otro mundo, sin que nada cueste. La culpa no es nuestra, la culpa es del que se muere. Y lo bueno de esta profesión es que, entre los muertos, hay la honradez y discreción mayores del mundo. Jamás he visto que alguno de ellos se haya quejado del médico que lo ha matado. Molière. El médico a palos. 

Vuélvemelo hoy a decir, / pues, embelesado, ayer / te escuchaba sin oír / y te miraba sin ver. Ramón de Campoamor. Cantares amorosos. 

Y así es a nuestros ojos la doctrina epicúrea el modelo, frente a la Ciencia normal o aristotélica, de toda doctrina “de izquierdas” o contestataria que pretenda ser positiva al mismo tiempo; no en vano atrajo este materialismo la atención, por ejemplo, de C. Marx para su tesis doctoral sobre las diferencias entre Demócrito y Epicuro. Agustín García Calvo, en la Introducción de De la naturaleza de las cosas, de Lucrecio. 

Y así es justamente como se escribe la historia (Et voilà justement comme on écrit l’histoire). Voltaire. Charlot. 

Y cuando llegue el día del último viaje, / y esté al partir la nave que nunca ha de tornar, / me encontrarás a bordo ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar. Antonio Machado. Campos de Castilla. 

Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte, / que nunca duerma yo, si estoy despierto, / y que si duermo, que jamás despierte». / Mas desperté del dulce desconcierto; y vi que estuve vivo con la muerte, y vi que con la vida estaba muerto. Francisco de Quevedo. Parnaso, ¡Ay, Floralba! Soñé que te… ¿Dirélo?

 Y dijo el Señor Dios: Ved ahí al hombre que se ha hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; no vaya ahora a alargar su mano, y tome también del fruto del árbol de la vida, y coma de él, y viva para siempre. Génesis, 3, 22.

Y he hallado libertad y salvación en mi locura; la libertad de estar solo y a salvo de ser comprendido, porque aquellos que nos comprenden esclavizan algo nuestro. Gibran Khalil Gibran. El loco. 

Y los tormentos infernales, que en sí son imaginaciones absurdas, lo que hacen es trasladar al reino de la muerte las penas y miserias de esta vida, el miedo del futuro que la ensombrece; el amor y codicia insaciable que nos recome, la pretensión de poder, siempre vana, la incapacidad de contenerse con los bienes que se ofrecen, los remordimientos y castigos que tenemos en vida por nuestras maldades y que con la imaginación prolongamos más allá. Lucrecio. De la naturaleza de las cosas (De rerum natura). 

Y mucho se equivoca, me parece, quien cree que es más sólida y duradera la autoridad que se debe a la fuerza que la que se apoya en la amistad. Terencio. Adelfos. 

Y, por fin, ¿por qué la ruda violencia sigue a la raza cruel de los leones, la astucia les es transmitida a los zorros por sus padres y la huida a los ciervos cuya cobardía hereditaria hace temblar sus miembros, si no es porque en cada semilla, en cada especie, un alma apropiada crece de igual forma que todo el cuerpo? Lucrecio. De la naturaleza de las cosas (De rerum natura). 

Y si un amigo te hace mal, di: «Te perdono lo que me has hecho a mí; pero el que te hayas hecho eso a ti, ¡cómo podría yo perdonarlo!». F. Nietzsche. Así habló Zaratustra. 

Y si (…) una cosa estuviera en dos sitios al mismo tiempo, siendo por planteamiento los dos sitios dos y separados, y no teniendo la cosa tiempo para pasar del uno al otro, tendría ella que estar separada de sí misma; pero esa separación no podría menos de ser una diferencia (pues la propiedad de un sitio determinado era ya parte de la esencia, como se prueba por el hecho de que si A estuviera con un pie en un sitio s y en otro sitio z con el otro pie, los dos sitios s y z serían el mismo sitio para A, a saber, el sitio donde A está, por más que s fuera un sitio para su pie izquierdo y z otro sitio distinto para el derecho), y así la cosa no sería una misma, sino más bien dos. Agustín García Calvo. Contra el tiempo. 

Yo, como muchos creo / que dura nuestro amor lo que el deseo. Ramón de Campoamor. Humoradas. 

¡Yo no sé si ese mundo de visiones / vive fuera o va dentro de nosotros; / pero sé que conozco a muchas gentes / a quienes no conozco! Gustavo Adolfo Bécquer. ¿Será verdad que cuando toca el sueño…? 

Yo soy un discípulo del filósofo Dionisio, preferiría ser un sátiro antes que un santo. F. Nietzsche. Ecce homo. 

«Yo sufro: alguien tiene que ser culpable de esto», así piensa toda oveja enfermiza. Pero su pastor, el sacerdote ascético, le dice: «¡Está bien, oveja mía!, alguien tiene que ser culpable de esto: pero tú misma eres ese alguien, tú misma eres la única culpable de esto, ¡tú misma eres la única culpable de ti!». Esto es bastante audaz, bastante falso: pero con ello se ha conseguido al menos una cosa, con ello la dirección del resentimiento, como hemos dicho, queda cambiada. F. Nietzsche. La genealogía de la moral.

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