Citas sobre Lenguaje

Citas sobre Lenguaje

Recomiendan los autores aquí citados el hablar sencillo y discreto, así como la prudencia para no herir a los demás, ya que las palabras muchas veces son tan o más ofensivas que los hechos. Aconsejan huir de la adulación y de la calumnia; también de las quejas, por cuanto evidencian muchas veces nuestros propios defectos. Y advierten de la limitación del lenguaje, ya que algunos pensamientos, conceptos y sentimientos son muy difíciles, si no imposibles, de expresar. De ahí que haya momentos en los que sea preferible guardar un decoroso y sensato silencio. A continuación algunas Citas sobre lenguaje:

A don Juan, don Diego hirió, / y aunque arrepentido luego / curó al don Juan el don Diego, / la cicatriz le quedó: / de esto a inferir vengo yo / que nadie, si es cuerdo y sabio, / debe herir ni aun con el labio, / pues aunque curarse pueda, / siempre al ultraje le queda / la cicatriz del agravio. Miguel Agustín Príncipe. La cicatriz.

A los príncipes les gusta ser ayudados, pero no excedidos, y es mejor que el aviso tenga visos de recuerdo de lo que olvidaba en vez de ser luz de lo que no se alcanzó. Los astros, con acierto, nos enseñan esta sutileza, pues aunque son hijos brillantes, nunca compiten con los lucimientos del sol. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Advertid que la verdad en la boca es muy dulce, pero en el oído es muy amarga; para dicha no hay cosa más gustosa; pero para oída, no hay cosa más desabrida: no está el primor en decir las verdades, sino en el escucharlas. Baltasar Gracián. El Criticón.

Al hablar importa más la discreción que la elocuencia. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Aquel a quien confiáis vuestro secreto se convierte en el dueño de vuestra libertad. La Rochefoucauld. Memorias.

Cambiar de conversación es una treta cortés para decir que no. No hay mayor discreción que no darse por enterado. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Cierto Ricacho, labrando una casa / de arquitectura moderna y mezquina, / desenterró de una antigua ruina, / ya un capitel, ya un fragmento de basa, / aquí un adorno y allá una cornisa, / media pilastra y alguna repisa. / Oyó decir que eran restos preciosos / de la grandeza y del gusto romano, / y que arquitectos de juicio muy sano, / con imitarlos se hacían famosos. / Para adornar su infeliz edificio, / en él a trechos los fue repartiendo. / ¡Lindo pegote! ¡Gracioso remiendo! / Todos se ríen del tal frontispicio, / menos un quídam que tiene unos dejos / como de docto, y es tal su manía, / que desentierra vocablos añejos / para amasarlos con otros del día. Tomás de Iriarte. El ricacho metido a arquitecto.

Cuando hablas con tus amigos no te das cuenta, pero tu cerebro realmente está llevando a cabo algunas tareas bastante complicadas. Por ejemplo, si quieres pronunciar la palabra que representa un objeto, tu cerebro tendrá que hacer básicamente tres cosas. Primero tienes que extraer de tu “diccionario” mental el término que designa ese objeto, lo cual, dicho de un modo más técnico, es la fase de identificación léxica. Después tienes que construir la palabra que lo representa en un lenguaje concreto, es decir, organizarla morfológicamente (el lexema, los prefijos, sufijos y todo eso que aprendimos en la asignatura de lengua). Y finalmente tienes que enviar las órdenes necesarias a los músculos de la garganta para generar los sonidos correspondientes, o sea, la codificación fonológica. Todas estas funciones se llevan a cabo en un área de la mitad izquierda de tu cerebro conocida como “área de Broca”, que fue descrita por el médico francés Pierre Paul Broca en 1865 (…).En total, el proceso dura algo menos de medio segundo, y cada una de estas actividades tiene lugar en zonas concretas que están separadas por unos pocos milímetros. Javier Novo. Genes, microbios y células.

Da a todo hombre tu oído y a pocos tu voz; toma consejo de todos, mas reserva tu juicio. W. Shakespeare. Hamlet.

El embustero ha de poseer una buena memoria. Quintiliano. Instituciones oratorias.

El golpe del azote deja un cardenal; mas el golpe de la lengua quebranta los huesos. Muchos han perecido al filo de la espada; pero no tantos como por culpa de su lengua. Eclesiástico.

El hombre, a diferencia de los animales, usa el lenguaje para distinguir los objetos. Si es importante hacerlo, da un nombre a cada objeto que quiere distinguir. Los esquimales tienen una treintena de nombres para distinguir la nieve, y evidentemente cada uno de ellos posee un significado práctico muy importante para su vida durante el invierno. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

El no y el sí son breves de decir y exigen pensar mucho. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

El que comunica un secreto ajeno es un traidor; el que dice un secreto propio es un necio. Voltaire. El indiscreto.

El que habla mal siempre oye peor. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

El silencio aisla: quien calla, está más solo que los que hablan. Así se le atribuye el poder de la singularidad. Él es el guardián de un tesoro y el tesoro está dentro de él. Elías Canetti. Masa y poder.

El valor de una idea no tiene que ver con la sinceridad del hombre que la expresa. Óscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

En el nivel de la retórica y la poética, el motivo de la insuficiencia semántica es bastante antiguo. Por ingeniosas, por inspiradas que sean, las palabras del poeta o del filósofo se quedarán cortas frente a las numénicas intensidades de ciertos fenómenos y estados del ser sentido. El aura de ciertos escenarios de la naturaleza, de ciertas intimidades de deseo o dolor, se resiste a ser transferida comunicativamente al habla. La única respuesta correcta al misterio de la belleza de Helena y a la aparición de Eros a su paso no es habla sino silencio. George Steiner. Presencias reales.

En el Tractatus [Tractatus Logico-Philosophicus, de L. Wittgenstein], el ser verdaderamente «humano», el hombre o la mujer más abiertos a las exigencias de lo ético y lo espiritual, son aquellos que guardan silencio ante lo esencial (o cuya conducta correcta, el precepto que Wittgenstein adopta de Tolstoi, es su verdadero modo de declaración). La mejor parte de humanidad dentro de nosotros guarda silencio. George Steiner. Presencias reales.

En nuestro vocabulario y nuestra gramática habitan metáforas vacías y gastadas figuras retóricas que están firmemente atrapadas en los andamiajes y recovecos del habla de cada día, por donde yerran como vagabundos o como fantasmas de desván. George Steiner. Presencias reales.

Es un hecho constantemente observado en la vida corriente que la persona a quien van dirigidas nuestra palabras las llena de una significación que extrae ella de su propia sustancia y que es muy distinta de aquella con que nosotros las pronunciamos. Marcel Proust. En busca del tiempo perdido, II. A la sombra de las muchachas en flor.

Existen verdades simples, ásperas, feas, repugnantes. F. Nietzsche. La genealogía de la moral.

Hablando los sabios, engendran otros; y por la conversación se conduce al ánimo la sabiduría dulcemente. Baltasar Gracián. El Criticón.

Hablar mucho de sí mismo es también un medio de ocultarse. F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

Han aprendido a hablar a los demás, no a sí mismos. Cicerón. Tusculanas.

Hay unos aprendizajes culturales más estables que otros, y la estabilidad puede estar propiciada por factores biológicos que hacen a los individuos más propensos, en determinada edad, a aceptar una costumbre u otros cambios culturales. Se puede hablar de períodos sensibles (…). Quizá el más claro de estos periodos sensibles, aunque se haya investigado poco, sea el relacionado con la capacidad de estudiar una lengua extranjera, y sobre todo con la pronunciación de los sonidos que, como todo el mundo sabe, cambian mucho de una lengua a otra. En la mayoría de los individuos, el periodo sensible para aprender estos sonidos va de los 2 a los 12 años. Esta capacidad tiende a desaparecer cuando empieza la pubertad, y muy pocos individuos la mantienen después de este periodo. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

Imposible defendernos de un adulador. No podemos darle la razón sin hacer el ridículo; tampoco increparle y enviarle a paseo. No tenemos más remedio que comportarnos con él como si dijera la verdad, dejarnos incensar a falta de saber cómo reaccionar. Él cree que consigue engañarnos, que nos domina, y saborea su triunfo sin que podamos desengañarle. Con frecuencia se trata de un futuro enemigo que se vengará un día de haberse rebajado ante nosotros, un agresor disfrazado que planea sus golpes mientras pronuncia sus hipérboles. E. M. Cioran. Ese maldito yo.

La adulación es una moneda falsa que empobrece al que la recibe. Duquesa de Abrantes. Pensamientos.

La calumnia es un vientecillo, un airecillo muy suave, que insensible, sutil, ligeramente, dulcemente, empieza a susurrar. Poco a poco, a ras del suelo, en voz baja, silbando, va deslizando y va zumbando. En las orejas de la gente se introduce con destreza y las cabezas y los cerebros aturde e hincha. Saliendo de la boca el escándalo va creciendo; coge fuerza poco a poco, va volando ya de un sitio a otro. Parece un trueno, una tempestad que en el centro del bosque va silbando, gruñendo, y te deja helado de horror. Al final se desborda, explota, se propaga, se redobla, y produce una explosión como un cañonazo. Un terremoto, un temporal, una agitación general que retumba en el aire. Y el infeliz calumniado, envilecido, pisoteado, bajo el flagelo de la opinión general tendrá suerte si se muere. Cesare Sterbini. Libreto de El Barbero de Sevilla.

La ira ofusca la mente, pero hace transparente el corazón. Nicolás Tommaseo. Pensamientos morales.

La palabra humana es como una caldera rota en la que tocamos melodías para que bailen los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas. G. Flaubert. Madame Bovary.

La palabra rosa no tiene tallo, hoja ni espina. Tampoco es de color rosa, rojo o amarillo. No despide aroma alguno. Es, per se, una marca fonética totalmente arbitraria, un signo vacío. Nada en su mínima sonoridad, en su aspecto gráfico, en sus componentes fonémicos, su historia etimológica o sus funciones gramaticales, tiene correspondencia alguna con lo que creemos o imaginamos que es el objeto de su referencia puramente convencional. De ese objeto «en sí mismo», de su «verdadera» existencia o esencia no podemos, como Kant nos ha enseñado, saber absolutamente nada (…). Asignar a las palabras una correspondencia con «cosas de allá fuera», considerarlas y utilizarlas como en cierto modo representativas de la «realidad» en el mundo, no sólo constituye una ilusión vulgar, sino que hace del lenguaje una mentira. Utilizar la palabra rosa como si fuera, en cualquier sentido, igual que lo que concebimos como un fenómeno botánico, pedir a cualquier palabra que ocupe, vicariamente, el lugar de las «verdades» perfectamente inaccesibles de la sustancia, es abusar de ella y rebajarla. Es incrustar la falsedad en el lenguaje. George Steiner. Presencias reales.

La queja siempre desacredita. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

La querella adquirió matices tan serios como la que en otro tiempo sostuvieron las ursulinas y las de la Anunciación, que disputaron a ver quién llevaba más tiempo en las nalgas, sin romperlos, huevos pasados por agua. Voltaire. El hombre de los cuarenta escudos.

La rueda más deteriorada del carro es la que hace más ruido. Esopo. Fábulas.

La verdad bien puede enfermar, pero no morir del todo. Miguel de Cervantes. El Quijote.

Las cubas vacías hacen más ruido. W. Shakespeare. Enrique V.

Las exageraciones son despilfarros de estima y dan indicio de escasez de conocimiento y gusto. La alabanza despierta vivamente la curiosidad, excita el deseo. Después, si no se corresponde el valor con el precio, como sucede con frecuencia, la expectación se vuelve contra el engaño y se desquita con el desprecio de lo elogiado y del que elogió. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Las injurias son los argumentos de quienes están equivocados. J. J. Rousseau. Pensamientos.

Las ocasiones de callarse y las de hablar se presentan en igual número, pero muchas veces preferimos la fugitiva satisfacción que proporcionan las últimas al provecho durable que sacamos de las primeras. A. Shopenhauer. Arte del buen vivir.

Las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son. F. Nietzsche. Citado por Eugen Fink en La filosofía de Nietzsche.

Leves, las penas se expresan; grandes, se callan. Séneca. Hipólito.

Lo primero, pues, para Dionisio [Dionisio de Halicarnaso, De compositione verborum] es que las palabras tienen por sí sola determinadas cualidades armónicas; y, si no las tienen, se consigue la armonía mediante su colocación. E. Sánchez Salor. Prólogo de El orador, de Cicerón.

Los cumplimientos quieren decir «cumplo» y «miento». Mariano José de Larra, Fígaro. El castellano viejo.

«Me desagrada». «¿Por qué?». «No estoy a su altura». ¿Ha respondido así alguna vez un hombre? F. Nietzsche. Más allá del bien y del mal.

No has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles; que puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias. Miguel de Cervantes. El Quijote.

No hay cosa que necesite más cuidado que la verdad, pues es sangrarse el corazón. Tan necesario es saberla decir como saberla callar. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

No se deben negar de golpe las cosas, pues es mejor una decepción a sorbos. Tampoco se debe negar del todo, pues se suprimiría la dependencia. Es mejor que queden siempre algunos restos de esperanza para que templen lo amargo de la negativa. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

No se puede decir nada tan absurdo que no haya sido dicho por algún filósofo. Michel de Montaigne. Ensayos.

Por ingeniosas, por inspiradas que sean, las palabras del poeta o del filósofo se quedarán cortas frente a las numéricas intensidades de ciertos fenómenos y estados del ser sentido. El aura de ciertos escenarios de la naturaleza, de ciertas intimidades de deseo o dolor, se resiste a ser transferida comunicativamente al habla. George Steiner. Presencias reales.

Porque de la abundancia del corazón habla la boca. Mateo, 12, 34 y Lucas, 6, 45.

Primero hechos y después palabras. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Proferimos nuestras oraciones sin tener idea de cómo simboliza cada palabra o cuál es su significado, del mismo modo que la gente habla sin saber cómo se produce cada sonido. Ludwig Wittgenstein. Tractatus Logico-Philosophicus.

Quien cuenta a otro sus secretos se hace su esclavo. Baltasar Gracián. Oráculo manual y arte de prudencia.

Respecto de aquello sobre lo que no se puede hablar, lo mejor es guardar silencio. Ludwig Wittgenstein. Tractatus Logico-Philosophicus.

Se embriaga con el vino de su propia retórica. Audré Maurois. Balzac.

Sé llano, pero jamás grosero. W. Shakespeare. Hamlet.

Si quiere usted saber la verdad de una mujer, mírela en vez de escucharla. Óscar Wilde. Citado por Ramón Gómez de la Serna en la Introducción de El retrato de Dorian Gray.

Siempre faltan palabras donde sobran sentimientos. Baltasar Gracián. El Criticón.

Siempre se puede hablar de todo a favor y en contra. Homero. La Ilíada.

Sin la filosofía, nadie puede hablar con amplitud y abundancia sobre temas de envergadura y variedad. Cicerón. El orador.

Tu amigo tiene un amigo, y el amigo de tu amigo tiene otro amigo; por consiguiente, sé discreto. Talmud.

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