Citas sobre Religión e Historia

Citas sobre Religión e Historia

La religión forma parte de la historia de la humanidad y, como tal, es interesante conocer sus orígenes y evolución. Conocer la historia de las religiones es, por tanto, conocer una parte importante de la Historia universal. Pero además nos ayuda a comprender mejor cómo se forjaron las religiones, en su mayoría a partir de mitos antiguos y comunes, y la manera como sus guardianes han intentado a lo largo de los siglos preservar su autenticidad sirviéndose de la propia Historia, falsificándola con suplantaciones, adiciones o intercalaciones. Ofrecemos a continuación una muestra de Citas sobre Religión e historia:

A mi modo de ver, quien examine la historia de una manera imparcial llegará a la conclusión de que la religión ha causado más sufrimiento del que ha evitado. Bertrand Russell. ¿Qué es un agnóstico?

¿Acaso yo mismo estoy un poco envidioso de Stendhal? Me quitó el mejor chiste de ateísta, un chiste que precisamente yo había podido hacer: «La única disculpa de Dios es que no existe.» F. Nietzsche. Ecce homo.

El alma humana es una parte del entendimiento de Dios. B. Spinoza. Ética.

El budismo, que al principio no fue más que un movimiento muy limitado que afectó a una serie de individuos potencialmente heterodoxos, y conquistados uno a uno, no adoptó la figura real de una reforma hasta después de la muerte del Perfecto, cuando Buda fue considerado como una emanación divina encarnada en un personaje de prestigio inigualable. La leyenda se valió de su vida terrena, la relacionó con la de los dioses existentes (modificando, por otra parte, la composición de los Paraísos, en pro de las necesidades de la causa), y la pobló de hechos maravillosos lindantes con el milagro. Este fue el precio que hubo que pagar para que la palabra del Perfecto llegara a las masas. De la concepción filosófica que puede resumirse así: «El reino de la beatitud definitiva está a vuestro alcance», el pueblo iba a hacer finalmente una religión, ya no en el sentido etimológico inicial de religare (unir a los adeptos), sino en el de una adoración extraterrenal, con ritos y culto propiciatorio. Maurice Percheron. Buda.

El corazón tiene razones que la razón no conoce. Se sabe esto en mil cosas. Blaise Pascal. Pensamientos.

El Diablo era expulsado del Paraíso por desobedecer a Dios, e instigar al hombre a que también le desobedeciese; se le acusaba de soberbia, apetito desmesurado de conocimiento, arrogancia en vindicar su condición de ángel, lujuria, desenfreno. Imitar al Diablo significaba entonces rebelarse contra la opresión, negarse al sometimiento entendido como una fatalidad inmodificable, conocer en lugar de repetir, ser consciente de la dignidad del uno entre la muchedumbre, fornicar con alegría, gozar de los sentidos, no arrepentirse sino de desaprovechar una experiencia, negar los dogmas en beneficio de la investigación. Alberto Cousté. Biografía del Diablo.

El hielo (es sólo una analogía) es una “modificación” del agua: es decir, el agua tiene en sí la posibilidad de determinarse como hielo o, mejor, de asumir la forma de hielo. Pero en esta “modificación” de la forma no se puede decir en realidad que haya un nacimiento. El hielo en sí y por sí no existe, no tiene una vida propia, no es independiente del agua, en otras palabras, no tiene un valor real-absoluto. El hielo, pues, es agua, pero el agua no es hielo, aunque puede expresarlo; el agua puede ser vapor de agua, estado aeriforme distinto al hielo-sólido. El elemento agua, se puede decir, tiene en sí la capacidad y la virtualidad de asumir diferentes formas o estados vibratorios existenciales, sin por ello menguar, perderse o alterarse. Si el hielo o el vapor no constituyen –como se ha visto– entes por sí mismos o datos separados del elemento agua, podemos concluir que no ha habido en ellos ni nacimiento ni, como es obvio, la consiguiente muerte. Amrtabindu Upanisad.

El primer afán de la Iglesia: transformar la Historia a su imagen y semejanza, convirtiéndola en una demostración de su carisma. Juan G. Atienza. Santoral diabólico.

En realidad, Dios no es más que otro artista. P. R. Picasso. Citado por George Steiner en Presencias reales.

En suma, hemos llegado a un punto en que la base de la doctrina expuesta ya no se basa tanto en la doctrina de Cristo cuanto en las definiciones de los escolásticos y en el poder de los obispos. ¡Así están las cosas! En consecuencia, todo está tan complicado que no hay siquiera esperanza de volver a traer al mundo al verdadero cristianismo. Erasmo de Roterdam. Carta al teólogo Martín Dorjo en 1515.

Ésa es la idea: que todos seríamos inicuos si no abrazásemos la religión cristiana. Me parece que la mayoría de quienes la han abrazado han sido en extremo inicuos. Es un hecho curioso que, cuanto más intensa ha sido la religión en cualquier época y más profunda la creencia dogmática, mayor ha sido la crueldad y peor el estado de cosas (…). Afirmo sin ambages que la religión cristiana, tal como está organizada en sus Iglesias, ha sido y sigue siendo el principal enemigo del progreso moral en el mundo. Bertrand Russell. Por qué no soy cristiano.

Guardaos de los escribas, que hacen gala de pasearse con vestidos rozagantes, y de ser saludados en la plaza. Y de ocupar las primeras sillas en las sinagogas y los primeros asientos en los convites, que devoran las casas de las viudas con el pretexto de largas oraciones.Marcos, 12, 38-40.

Harto insensato es el hombre. No puede crear ni un pulgón y crea dioses a docenas. Michel de Montaigne. Ensayos.

Hay algo en nosotros que puede ser sin nosotros. Thomas Browne. Citado por George Steiner en Presencias reales.

La causa de esta ira es el odio de cada pueblo hacia los dioses de los vecinos, pues cree que sólo son dioses verdaderos los que él adora. Juvenal. Citado por Michel de Montaigne. Ensayos.

La ciencia psicológica de nuestro tiempo ha confirmado lo que Buda intentó enseñar hace veinticuatro siglos. En consecuencia, el yo coherente, definido, no existe. No existen sino “yoes”, y ninguno de ellos, aunque concurra a la constitución de un cierto yo instantáneo, es el yo. A su conjunto no puede tampoco considerársele como un yo, del mismo modo que el lago que corta el avance de un río no es ese río. El Perfecto fue aún más lejos: ignoró –o incluso negó– el yo, es decir, la existencia del alma en cuanto sustancia o constancia espiritual. Maurice Percheron. Buda.

La función principal de todo mito y ritual siempre ha sido y continuará siendo comprometer al individuo tanto emocional como intelectualmente en la organización local. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología primitiva.

La gente anticuada todavía dice «Jesús» cuando uno estornuda, pero han olvidado la razón de esa costumbre. Se creía que al estornudar el alma abandona momentáneamente el cuerpo, y hay demonios al acecho que podrían penetrar en el cuerpo sin alma antes de que ésta regrese, pero si alguien dice «Jesús» los demonios se alejan asustados. Bertrand Russell. Compendio de pacotilla intelectual.

La heterodoxa actitud pastoral, que cabría resumir en el lema «primero la paz que la verdad». Víctor García de la Concha, en la Introducción de San Miguel Bueno, mártir, de Miguel de Unamuno.

La leyenda del nacimiento de Moisés obviamente tiene como patrón la anterior historia del nacimiento de Sargón de Agadé (alr. 2350 a. C.) [Mi madre fue de humilde cuna. No conocí a mi padre (…). Mi humilde madre me concibió y parió en secreto; me colocó en un cesto de juncos; lo selló con betún y me abandonó en el río (Éufrates), que, sin embargo, no me engulló. El río me arrastró. Y me llevó hasta Akku, el regador, quien me recogió del río, me crio como a su hijo, me hizo jardinero (…). Luego goberné el reino] y claramente no es egipcia, porque en Egipto no se conoció el betún o la pez hasta la época ptoloméica, cuando fue introducido desde Palestina. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología occidental.

La mayor astucia del Diablo es convencernos de que no existe. Charles Baudelaire. Letanías a Satán.

La miseria que llena este mundo protesta a gritos contra la hipótesis de una obra perfecta debida a un ser infinitamente sabio, bueno y poderoso. Por otra parte, la imperfección evidente y hasta la caricatura burlesca del más acabado de los fenómenos de la creación, el hombre, es de una evidencia demasiado visible. A. Shopenhauer. El amor, las mujeres y la muerte.

La naturaleza es un solo individuo, cuyas partes –esto es, todos los cuerpos– varían de infinitas maneras, sin cambio alguno del individuo total. B. Spinoza. Ética.

Los agnósticos [adoran] ahora como Dios el signo de interrogación. F. Nietzsche. La genealogía de la moral.

Los dioses y las diosas son verdaderamente misericordiosos; adorados durante cientos de años, no han derribado a un solo tirano ni a uno solo de esos malvados aristócratas. Mao Tse-Tung. Obras escogidas.

Los dogmas religiosos son todos ellos ilusiones indemostrables, y no es lícito obligar a nadie a aceptarlos como ciertos. Hay algunos tan inverosímiles y tan opuestos a todo lo que trabajosamente hemos llegado a averiguar sobre la realidad del mundo, que, salvando las diferencias psicológicas, podemos compararlos a las ideas delirantes. Sigmund Freud. El porvenir de una ilusión.

Los hombres que imponían respeto en la Inglaterra de 1860, Darwin, Huxley, Newman, los autores de Essays and Reviews, etc., no estaban básicamente en guerra con la sociedad; podían reunirse, como lo hicieron en la Sociedad Metafísica, para discutir civilizadamente sobre la existencia de Dios. Al final se dividieron, y sir Mountstuart Grant Duff, cuando le preguntaron luego si Dios existía, replicó: «Sí, hemos tenido una muy buena mayoría». En aquél entonces la democracia regía incluso sobre el cielo. Bertrand Russell. Mis reminiscencias religiosas.

Los hombres tienden a tener las creencias que convienen a sus pasiones. Los hombres crueles creen en un Dios cruel y utilizan su creencia para excusar la crueldad. Sólo los hombres buenos creen en un Dios bueno, y serían buenos en cualquier caso. Bertrand Russell. La fe de un racionalista.

Me contó un francés colonial que durante la última guerra un navío norteamericano tuvo que desembarcar en Madagascar, por una semana, un jeep con un observador militar. Este jeep llevaba sobre el techo el signo de la Cruz Roja Internacional. El encargado de esa misión era un negro de Harlem. Subió laderas, cruzó valles, llegó a montañas inexploradas. Visitó tribus desconocidas. Era un negro jocundo, de grandes dientes blancos, lleno de pulseras doradas, de risa estentórea y poderosa voz. Los primitivos lo miraban y lo admiraban. De cuando en cuando, desde el jeep, él se comunicaba por radio con aviones o navíos. Partió de aquellas regiones coronado de flores. Entonces su recuerdo se fue convirtiendo poco a poco en una gran religión que ahora tiene más adeptos que los cultos protestantes y católicos. En los más altos peñascos de Madagascar los nativos pintan inmensas cruces rojas para que él las vea y se digne regresar del cielo. Mientras tanto, este hombre, ahora viejo y cansado, que no sabe que es Dios, debe hallarse encerando pisos en Nueva York. Pablo Neruda. Sin dioses y sin ídolos.

Nadie ha oído todavía que un arhat haya sido sorprendido por una visión de Cristo, ni de una monja cristiana por la de Buda. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología creativa.

¡No os matéis! Corán, 4, 33/29.

¡Oh, gran astro! ¡Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas! F. Nietzsche. Así habló Zaratustra.

Para Bruno Bauer (Crítica de la historia evangélica de los sinópticos) no deja de ser sorprendente el silencio de autores judíos y paganos contemporáneos, en relación a Jesús y al naciente cristianismo (sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de violaciones a las normas establecidas que se observaron en su proceso «para que se cumplieran las Escrituras», que de haber ocurrido así hubiesen llamado notablemente la atención de los autores de la época) (…). Charles Hainchelin (Orígenes de la religión), puntualizaba sobre el silencio que llamaba la atención a Bauer, y que hubiese sido imposible si la vida y los hechos de Jesús hubiesen transcurrido en el primer tercio del siglo I, tal como quedaron fijados definitivamente tras el Concilio de Nicea, en 325. Nos informa que no hay mención alguna a Jesús, o al Cristo, o al movimiento por él protagonizado en la obra de Plutarco (46-120), «a pesar de que el autor es tan ávido de hechos religiosos», Juvenal (55-140), Marcial (40-103), Séneca (2-63), Plinio el Viejo (23-79), Apuleyo (125-fines del siglo II), «el más curioso por conocer las religiones de entre todos los autores de la antigüedad», o Filón de Alejandría (34 a. C. – 54 d. C.), notable figura de reunión entre el helenismo y el pensamiento judío, quien (a pesar de haber sido con toda probabilidad amigo de san Pedro en Roma, y haber escrito detalladamente sobre la época de Pilatos) no menciona a Jesús en el medio centenar de tratados que nos han llegado de él. La única excepción estaría en un párrafo de las Antigüedades judaicas, de Falvi o Josefo (37-95), pero Hainchlein demuestra (por la crítica comparada que hace de otros pasajes) que se trata de una grosera y tardía interpolación. Alberto Cousté. Biografía del Diablo.

Para Confucio, la religión es una especie de muleta de cojo: está bien para aquellos que la necesitan, pero no es una cosa útil en sí misma, ni mucho menos de aplicación universal. Su tolerancia, en este sentido es absoluta: subalterna el papel de lo religioso, al cambiarlo por una ética (cinco siglos antes de Cristo, propuso el «ama a tu prójimo como a ti mismo» como mandamiento primario de una normativa social), pero no se opone a práctica alguna, y ni siquiera discute sus alcances y eficacia. Alberto Cousté. Biografía del Diablo.

Pero imaginemos los tiempos anteriores a la existencia de la imprenta, cuando libros tales como el Evangelio eran copiados a mano. Todos los escribientes, aun siendo muy cuidadosos, seguramente cometerán errores, y algunos se sentirán inclinados a «mejorar» voluntariamente el original. Si todas las copias fuesen hechas a partir de un original único, el significado no se falsearía mucho. Pero si las copias se hacen a partir de otras copias, las cuales, a su vez, fueron hechas de otras copias, los errores empezarán a ser acumulativos y graves. Tendemos a considerar las copias irregulares como algo malo, y en el caso de documentos humanos es difícil hallar ejemplos en que los errores puedan ser descritos como perfeccionamientos. Supongo que a los eruditos de la Versión de los Setenta se les podría atribuir el haber iniciado algo de enorme trascendencia cuando tradujeron, equivocadamente, la palabra hebrea «mujer joven» por la palabra griega «virgen», presentando así la profecía: «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo…». Richard Dawkins. El gen egoísta.

Porque sin lugar a dudas es una locura predicar a niños que guiarán cohetes a la luna una moral y una cosmología basadas en unos conceptos de Sociedad Perfecta y del lugar del hombre en la naturaleza que fueron acuñados antes de que se pusiera arnés al caballo. Y el mundo es ahora demasiado pequeño y el nivel de sensatez de los hombres demasiado grande para que vuelvan a tener lugar esos viejos juegos de Pueblo Elegido (sea por Jahvé, Alá, Wotan, Manu o el diablo) por medio de los cuales los hombres de la tribu se reafirmaban contra sus enemigos en los días en que la serpiente aún hablaba. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología primitiva.

Pues ¿qué es la bienaventuranza de aquel paraíso? (…) Quizá ya nosotros mismos lo adivinaríamos; pero es mejor que nos lo atestigüe expresamente una autoridad muy relevante en estas cosas, Tomás de Aquino: «(…) Los bienaventurados verán en el reino celestial las penas de los condenados, para que su bienaventuranza les satisfaga más». F. Nietzsche. La genealogía de la moral. La cita de Tomás de Aquino está extraída de su Suma Teológica.

¿Queréis creer en la religión? No leáis los libros que la prueban. ¿Queréis respetarla? No miréis a los que la predican. La Beaumelle. Mis pensamientos.

Quienquiera que sepa esto: «Yo soy el Imperecedero», se convierte en este universal, y ni siquiera los dioses pueden evitarlo, porque de esta forma se convierte en el propio yo de los dioses. Por tanto, quienquiera que adore a otra divinidad pensando «Él es uno, y yo soy otro», no conoce. Es como un animal propiciatorio para los dioses. Pero incluso si un animal se pierde, resulta molesto. ¿Qué ocurriría si fueran muchos? Y por eso no agrada a los dioses que los hombres conozcan esto. Brhadaranyaka Upanisad.

Y dijo el Señor Dios: Ved ahí al hombre que se ha hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; no vaya ahora a alargar su mano, y tome también del fruto del árbol de la vida, y coma de él, y viva para siempre.Génesis, 3, 22.

Se puede decir de mucha gente que no es que sea muy religiosa, pero dicen: «De todos modos yo voy a tener un mínimum de práctica religiosa, porque esto es lo mismo que si yo hiciese un seguro de vida. Yo no sé si voy a tener un accidente, pero, por si acaso, me hago un seguro y de ese modo está cubierta mi familia. De la misma manera yo me hago un seguro de vida eterna. Yo no sé si realmente habrá una vida eterna o si todo terminará en este mundo, pero ¿qué pierdo yo con hacerme ese seguro? Realmente no pierdo mucho, como tampoco pierde mucho el que paga religiosamente su póliza de seguro en cada vencimiento, porque de todos modos la molestia o el coste es muy pequeño en comparación con lo que puedo obtener en el caso de que haya otra vida o en el caso de que tenga un siniestro y entonces cobre la cantidad que he contratado como seguro». J. L. Aranguren. Comunidades sociales adultas.

Sobre lo incierto se apuesta, lo cierto se demuestra. Si se analiza el comportamiento humano se comprueba que se trabaja por muchas cosas que son inciertas y sólo probables. Sin embargo, ello no exime de actuar. ¿Por qué aplicar una medida distinta entonces en el terreno de la religión? Blaise Pascal. Pensamientos.

Somos incapaces de haber hecho el mundo; hay pues una naturaleza más excelsa que ha intervenido. Sería una arrogancia considerarnos la cosa más perfecta del universo; hay pues algo mejor; eso es Dios. Michel de Montaigne. Ensayos.

Teodosio II convocó un Concilio en el año 431 en Éfeso, la ciudad de Asia Menor que durante milenios antes de la era cristiana había sido la sede del principal templo de la gran diosa asiática Artemisa, madre del mundo y del dios eternamente muerto y resucitado. Podemos presumir que su persistente influencia, así como la de las virginales matriarcas de palacio, hizo efecto sobre los obispos allí reunidos. Porque allí proclamaron a la Virgen María, Madre de Dios. Joseph Campbell. Las máscaras de Dios: Mitología oriental.

Un agnóstico no acepta ninguna autoridad en el sentido en que lo hacen las personas religiosas, y sostiene que el hombre debe resolver por sí solo los problemas relacionados con la conducta. Desde luego, procurará beneficiarse de la sabiduría de otros, pero tendrá que seleccionar por sí solo las personas a las que considerará sabias, y ni siquiera lo que digan éstas le parecerá incuestionable. Bertrand Russell. ¿Qué es un agnóstico?

Unos hácenle creer al mundo que creen lo que no creen. Otros, en mayor número, se lo hacen creer a ellos mismos, sin saber penetrar en lo que es creer. Michel de Montaigne. Ensayos.

«Yo sufro: alguien tiene que ser culpable de esto», así piensa toda oveja enfermiza. Pero su pastor, el sacerdote ascético, le dice: «¡Está bien, oveja mía!, alguien tiene que ser culpable de esto: pero tú misma eres ese alguien, tú misma eres la única culpable de esto, ¡tú misma eres la única culpable de ti!». Esto es bastante audaz, bastante falso: pero con ello se ha conseguido al menos una cosa, con ello la dirección del resentimiento, como hemos dicho, queda cambiada. F. Nietzsche. La genealogía de la moral.

HISTORIA

Eso no, respondió la eterna historia; no conviene, porque aunque ahora sería reída, de aquí a cien años sería creída. Baltasar Gracián. El Criticón.

No cabe la menor duda de que los europeos son casi exactamente intermedios entre los africanos y los orientales. Si buscamos porcentajes más exactos, hallamos que la mezcla parece formada por dos terceras partes de poblaciones de Extremo Oriente y una tercera parte de poblaciones de origen africano. ¿Cuándo se produjo esa mezcla? Los datos señalan una fecha bastante antigua, del orden de 30.000 años atrás. L. L. Cavalli-Sforza. Genes, pueblos y lenguas.

Puede afirmarse que algunas alteraciones de la verdad en textos antiguos son deliberadas y se conoce a sus autores. Herodoto cuenta que Onomácrito, compilador de oráculos, fue expulsado de Atenas por Hiparco porque se le encontró en trance de intercalar entre las de Museo unas profecías de su propia cosecha. En otros textos de contenido histórico pudo hacer lo mismo. Julio Caro Baroja. Las falsificaciones de la Historia.

Y así es justamente como se escribe la historia (Et voilà justement comme on écrit l’histoire). Voltaire. Charlot.

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