Como el rosario de la aurora

Como el rosario de la aurora

Como el rosario de la aurora | Como todo el mundo sabe, «acabar como el rosario de la aurora» es una expresión coloquial que se emplea cuando una reunión finaliza con trifulca. En «El porqué de los dichos», José María Iribarren explica que la frase alude a la procesión de la Cofradía del Rosario, que recorría las calles de algunas poblaciones cantando al asomar la aurora, y supone que en cierta ocasión terminó a farolazos, a causa del enfrentamiento entre los cofrades y los mozos pendencieros que a esas horas solían andar de rondas. Pero no se atreve a indicar el lugar exacto en que se produjo este incidente, quizá porque pudo ocurrir en varios sitios y con poca diferencia de tiempo.

            En la ciudad de Alicante hubo una procesión que acabó como el rosario de la aurora, pero al ser por la tarde y no de madrugada, y no ser del Rosario sino del Corazón de Jesús, debemos descartar la posibilidad de que fuera el origen de esta popular locución.

            A principios del siglo XX era muy importante la presencia anticlerical en la sociedad alicantina. Anarquistas, socialistas, republicanos, masones, espiritistas, aspiraban a sustituir el Estado católico por un Estado laico, por lo que proponían el fin de los privilegios de la Iglesia y la disolución de las órdenes religiosas. Por supuesto, enfrente tenían a los integristas católicos, próximos al carlismo, menos numerosos pero mucho más poderosos. Los agresivos folletos y artículos de la prensa republicana y obrera eran replicados con vehemencia por los sacerdotes en sus sermones; y las procesiones religiosas, vistas por los anticlericales como provocaciones, eran respondidas con manifestaciones anticatólicas.

            Era tal la situación de conflicto y enfrentamiento en 1901, que el gobernador civil, acogiéndose a una ley del 15 de junio de 1880, decidió suspender la procesión del Corazón de Jesús, al estimar que el orden público y la integridad de los participantes «pueden peligrar dada la excitación que en los ánimos se observa, y producirse disgustos y trastornos á esta capital». Esta prudente decisión se la comunicó por escrito al canónigo Miguel M. Gil, director del Apostolado de la Oración, pocas horas antes de las seis de la tarde del 24 de junio, momento en que tenía previsto iniciarse la procesión.

            La asociación del Apostolado de la Oración llevaba muchos años organizando la procesión anual del Corazón de Jesús, por lo que la decisión del gobernador Riu de suspenderla supuso un varapalo para todos sus miembros. En el Archivo Municipal se guarda el borrador manuscrito de la carta de protesta que muchos de ellos firmaron e hicieron llegar a las Cortes. Es un texto que ocupa diecisiete cuartillas, fechado el 30 de junio de aquel año de 1901. Aunque empezaban el escrito reconociendo que existía en la ciudad un preocupante estado de excitación, debido a «ciertos elementos sectarios y anti-católicos» que han soliviantado el ánimo de sus «secuaces» mediante artículos periodísticos y, en especial, una hoja anónima «llena de groseros insultos y soeces dicterios» contra el clero, que «circuló profusamente por Alicante y se repartió por espacio de mucho tiempo en los sitios más públicos y concurridos sin que lo impidiera la autoridad», y en la que se instaba a impedir la celebración de la procesión del Corazón de Jesús, los firmantes dedicaban la mayor parte de su carta a cargar duramente contra el gobernador civil. Aseguraban que la ley invocada por Riu para suspender la procesión, «si bien autoriza á los Gobernadores para suspender ciertas manifestaciones públicas, excluye precisamente de sus disposiciones en el apartado 1.º del artículo séptimo las procesiones del culto católico». Además, al prohibir que se sacase «en procesión la efigie de Nuestro Divino Salvador», se habían «herido los sentimientos cristianos de esta católica ciudad, y han dejado abandonados y maltrechos á los pies de perturbadores sectarios los fueros de la Religión Católica que en la ley fundamental se proclama la Religión del Estado».

            Esta carta de protesta tuvo sus consecuencias al año siguiente.

            En 1902 el ambiente de confrontación ideológica entre clericales y anticlericales se mantenía en la ciudad. Y la situación se repitió durante los cultos divinos que, en honor del Corazón de Jesús, volvió a organizar el Apostolado de la Oración, cuyo remate era la procesión que debía recorrer las principales calles alicantinas durante la tarde del día de San Juan. La publicación de artículos periodísticos a favor y en contra, la difusión de panfletos, las homilías beligerantes, fueron excitando los ánimos durante los días previos.

            Tan tenso era el ambiente que se vivía, que el encargado de la procesión, el sacerdote Galbis, decidió consultar con el obispo Maura Gelabert, que se encontraba en la ciudad a la espera de zarpar en un vapor hacia Valencia. El prelado autorizó a Galbis para que, si la procesión se tropezaba con algún obstáculo, la interrumpiera. Aun así, el prudente Galbis, al tener conocimiento de que las muchas personas que se habían congregado en el paseo de Méndez Núñez empezaban a acercarse a la concatedral por las calles de los Ángeles, Muñoz y Mayor, marchó en busca del gobernador civil.

            Galbis encontró a Riu reunido con la Junta del Casino, pero le recibió enseguida. El sacerdote le expuso la situación y le preguntó si iba a suspender la procesión, como hiciera el año anterior. Con seguridad, el gobernador disfrutó del momento. La carta en su contra que enviaron los miembros del Apostolado de la Oración el año anterior a las Cortes debía estar muy viva en su memoria. De modo que le respondió que no, que no pensaba suspender la procesión. Pero trató de tranquilizar a Galbis comprometiéndose a enviar a la Guardia Civil y hasta el Ejército, si fuera necesario, para impedir un enfrentamiento violento.

             A las seis de la tarde y con la asistencia de varios concejales, la procesión del Corazón de Jesús salió de la iglesia de San Nicolás. Para conocer qué fue lo que sucedió a continuación, leamos el artículo que apareció dos días despuésconcatedral-san-nicolas-alicante en la primera página de El Graduador:

            «Así las cosas, salió la procesión, y al llegar á la esquina de la calle de Muñoz se vió obstruida por una masa de 2.000 personas, curiosas bastantes, que no dejaban pasar la procesión, y desde entonces empezaron los cantos de la Marsellesa, que por cierto se coreaba bastante bien; los apóstrofes, los vivas á la libertad y á la democracia, con desgarro al pendón pidiendo auxilio á la tropa que estuvo prudente, lo mismo que el piquete de la Guardia Civil, procediendo con mucha calma en medio de aquel mar de pasiones y gritos de ¡viva el Papa rey! ¡viva Carlos VII! grito sonoro que dió un señor sacerdote del huerto, corriendo el empujón y la bofetada, asustando á las señoras que retrocedían hacia el templo tomando la empinada rampa de la puerta en busca de la calle.

            »Y á todo esto mueras á los jesuitas, los frailes y el Nuncio, y se dijo que se sostuvo á brazo partido terrible lucha con algunos de la Banda Obrera».

            Recordemos que, hasta 1909, los carlistas aclamaban al pretendiente a la Corona, Carlos María de Borbón y Austria-Este, como Carlos VII. Y que la Marsellesa era entonces el himno internacional de los revolucionarios. Vivas a la Libertad contra vivas al Papa, himnos revolucionarios contra himnos religiosos.

            Aunque en desorden, Galbis consiguió que sus feligreses regresaran al interior del templo. La procesión solo había durado unos cuantos metros y acabó como el rosario de la aurora. También los manifestantes se disolvieron. Hubo heridos y detenidos, pero gracias a los soldados y guardias civiles, aplaudidos por muchos según el reportero de El Graduador, nadie perdió la vida en aquella confrontación callejera.

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por Gerardo Muñoz Lorente
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