Cultura

Extranjerismos

Como todos los idiomas, el español ha ido tomando prestadas voces de otras lenguas a lo largo del tiempo. Son los llamados extranjerismos, que una vez adaptados gráficamente a nuestro idioma, terminaron convirtiéndose en palabras propias, las cuales muchas veces han derivado en otras exclusivamente españolas. Por ejemplo, de la voz inglesa sprint, que ni siquiera ha sido adaptada gráficamente al español, derivó una palabra exclusivamente española: el verbo esprintar.

Generalmente, los extranjerismos han tenido que vencer una fuerte oposición, antes de ser admitidos en nuestra lengua. Esta resistencia siempre ha existido. Ya a mediados del siglo XVI, por ejemplo, cuando la influencia de los italianismos estaba en pleno apogeo debido a la dominación española de Nápoles y Sicilia, Hurtado de Mendoza escribió una carta al capitán Salazar burlándose de un libro que éste había escrito sobre la guerra de Sajonia: «¿para qué queréis decir estrada si os entenderán mejor por camino; para qué foso si puede decir cava; emboscadas y no celadas; esguazo y no vado; centinelas y no velas? Digo, señor capitán, que hable vuestra merced la lengua de su tierra». Por supuesto, pese a las protestas de Hurtado de Mendoza, muchas de aquellos italianismos acabaron abriéndose camino en nuestro léxico.

En la actualidad, esta resistencia al extranjerismo persiste, sobre todo por parte de la Academia Española, pese a la mayor flexibilidad que ha mostrado últimamente. Un ejemplo lo tenemos en el término inglés e-mail (o su abreviación mail), muy usado en español desde la aparición de internet. La Academia se resiste incluso a recoger este término en su diccionario, pese a lo mucho que se usa en español. Su empeño es que se utilicen otras locuciones genuinamente españolas que tienen el mismo significado, como correo electrónico o cibercorreo. Un empeño que tal vez tenga sus frutos, pues ciertamente correo electrónico parece que se está generalizando, al menos en España. Pero también es cierto que no sería la primera vez que, al final, triunfa el extranjerismo, asentándose definitivamente en nuestro vocabulario, superando todos los obstáculos que se le oponen. En este ejemplo en concreto, está todavía por ver qué nos depara el futuro acerca de esta rivalidad entre el anglicismo e-mail y el genuino español correo electrónico.

Y es que, si a lo largo de la historia del español ha habido multitud de extranjerismos que se han asentado en nuestro idioma, formando parte de nuestro vocabulario, no es menos cierto que ha habido también un buen número de extranjerismos que no han logrado afirmarse en el español o que han caducado o han sido rechazados, por viejos o innecesarios, al cabo de poco tiempo. Algunos ejemplos: los galicismos affaire, bonhomía, casete, déshabillé, rouge…; los anglicismos baby ‘nene’ (registrado por el diccionario académico únicamente en su edición de 1927), baby-sitter, container, display, disquette, driblar, esplín, free lance, full time, hit parade, look, match (registrado por el diccionario académico en sus ediciones de 1927 a 1989, ambas inclusive), nurse, password, pin ‘contraseña’, playback, round, self-service, short, show, single, sponsor, staff…; los italianismos aquistar, estrapazar (Academia, 1732-1783), fazoleto, trastulo

Un caso curioso es el galicismo amateur, registrado por la Academia en 1927, retirado en 1992 y reincorporado muy recientemente.

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