Cultura

Goya las majas

Goya | Las majas | Francisco de Goya y Lucientes nació en Fuendetodos, provincia de Zaragoza, el 30 de marzo de 1746 y murió en Burdeos, Francia, 16 de abril de 1828. Fue un pintor y grabador español genial. Su obra abarca la pintura de caballete y mural, el grabado y el dibujo. En todas estas facetas desarrolló un estilo que inaugura el Romanticismo. El arte goyesco supone, asimismo, el comienzo de la pintura contemporánea, y se considera precursor de las vanguardias pictóricas del siglo XX.

De sus diferentes etapas pictóricas diremos que al principio pintó cuadros optimistas y luminosos de temas desenfadados y después pasó a pintar grandes cuadros de la familia real ya que fue pintor de cámara del rey Carlos IV, y terminó viejo y solo realizando sus “pinturas negras”, que son sombrías y siniestras.

LAS MAJAS

La maja desnuda, es una obra de encargo que pintada entre 1790 y 1800, formó con el tiempo pareja con el cuadro La maja vestida, datada entre 1802 y 1805, probablemente a requerimiento de Manuel Godoy, pues consta que formaron parte de un gabinete de su casa. La primacía temporal de La maja desnuda indica que en el momento de ser pintado, el cuadro no estaba pensado para formar pareja.

En ambas pinturas se representa de cuerpo entero a la misma hermosa mujer recostada plácidamente en un diván y está mirando al observador. Este desnudo no es mitológico, sino de una mujer real, contemporánea a Goya, e incluso en su época se le llamó «la Gitana». El cuerpo que se representa en La maja desnuda está inspirado, tal vez, en el de la Duquesa de Alba. Se sabe que Goya pintó varios desnudos femeninos en el Álbum de Sanlúcar y el Álbum de Madrid presuntamente en la intimidad con Cayetana que reflejan su anatomía. Los rasgos como la estrecha cintura y los pechos separados coinciden con su apariencia física. El rostro, en cambio, está muy simplificado, casi un esbozo, se percibe como un añadido posterior, que no representa un retrato. Algunos sugieren que este rostro podría haber sido el de la amante de Godoy, Pepita Tudó.

Existen varias hipótesis respecto a las majas:

  1. La mujer representada sería la Duquesa de Alba, que mantuvo, según algunos, un romance con el pintor en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Goya pintaría otra cabeza para disimular la verdadera personalidad de la modelo y evitar un escándalo.
  2. La guapa mujer sería Pepita Tudó, amante de Godoy (primer ministro de Carlos IV) y Goya la pintaría primero desnuda, pero, avisado de que Godoy estaba enterado y se dirigía hacia Sanlúcar, pintó a todo correr otra, en este caso vestida, para poder enseñársela a Godoy sin provocar ninguna desconfianza. Poco probable si nos atenemos a las fechas de ejecución.
  3. En realidad la existencia de las dos majas se explicaría por un curioso y pícaro juego. Ambos cuadros estaban juntos pero solo se podía ver uno, la maja vestida y, mediante un mecanismo, se hacía desparecer a la vestida y aparecía la desnuda.

La fama de estas obras se debe fundamentalmente a la polémica que siempre han suscitado, tanto por a quién se debió su encargo inicial como a la personalidad de la retratada. Louis Viardot, en 1845 publica en Les musées de Espagne que la representada es la duquesa y a partir de esta noticia la discusión no ha dejado de plantear esta posibilidad. Joaquín Ezquerra del Bayo, en su libro La Duquesa de Alba y Goya afirma en 1959, es quien explica la posibilidad del mecanismo para hacer aparecer la vestida o la desnuda pues se sabe que el duque de Osuna, en el siglo XIX, utilizó este procedimiento con un cuadro que, por medio de un mecanismo, dejaba ver otro de un desnudo. El cuadro permaneció oculto hasta 1910. Como desnudo erótico que no se busca el subterfugio de representar a diosas o cosas por el estilo de mitologías, provocó un proceso inquisitorial a Goya en 1815, no obstante salió absuelto gracias a la influencia de algún amigo poderoso, tal vez el mismo Godoy.

LA MAJA DESNUDA


Un análisis plástico, nos da la calidad de su carnación nacarada y la riqueza cromática de las telas, la luz y un dibujo excepcional. El cuadro denota gran refinamiento y sensualidad, su figura destaca sobre un canapé de terciopelo verde, con los aditamentos de una sábana y una almohada con encajes. La pincelada es detallista y precisa y los colores suaves y nada exagerados. El contraste se logra por la piel blanca y el terciopelo verde oscuro. Aparte del diván y la maja, no existe nada más, el fondo es neutro, en tonos pardos, así no hay otras cosas que distraigan nuestra mirada.

LA MAJA VESTIDA


Aunque nos pueda parecer que las dos majas son iguales en realidad son diferentes porque el tratamiento pictórico es diferente. El diván está bastante más simplificado y lo mismo sucede con las telas sábanas, encajes y terciopelo.

Hemos de destacar el delicadísimo talle (cintura de avispa) de la maja, y resultan muy vistosas las gasas de su traje-pantalón y su faja marrón ceñida. A pesar de estar vestida, su anatomía es fácilmente perceptible, resultando finalmente tan sensual como su homóloga desnuda.

Desde el punto de vista compositivo podemos apreciar como el cuerpo está situado en la diagonal y como el cuerpo se dobla hacia arriba la diagonal es continuada por los almohadones, lo que da gran dinamismo a la composición a pesar de la quietud de la figura.


Además se conjugan tres rombos y tres triángulos que a nivel subliminal provoca sensaciones de unidad y estabilidad, así como grandiosidad y seguridad. No cabe duda que estos cuerpos son grandiosos.

También podemos considerar en grupos de tres en vez de triángulos serían óvalos atendiendo a las formas del cuerpo y este esquema compositivos nos envía el mensaje de grandiosidad y tranquilidad femenina que es como está la modelo a pesar de lo sonrojadas de sus mejillas.


Encontramos que también la sábana y las almohadas pueden insertarse en óvalos reforzando el mensaje anterior. Todo esto provoca un fuerte ritmo al repetirse el número tres en todos los esquemas compositivos lo que revaloriza la atracción de la obra.


Así pues, en síntesis estas dos obras son especialmente sensuales, no solo por el tratamiento cromático de las mismas sino también por los esquemas compositivos utilizados que sin duda Goya dominaba.

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