Influencias de otras voces

Influencias de otras voces

Influencias de otras voces. En su evolución ortográfica no son pocas las palabras que han sufrido el influjo de otras. Algunos ejemplos: Aledaño. Del lat. ADLATANĔUS (de AD LATUS ‘al lado’) pasó al español antiguo como aladaño (todavía a comienzos del s. XIV). Aledaño se debe al influjo delsinónimo paredaño.

Cacahuete. De origen
nahua.
En los ss. XVII-XVIII se escribió cacaguate, cacahuate y cacahuete. En México, de donde es originario, se ha conservado la forma primitiva cacahuate, alterada en cacahuete en España, Puerto Rico, Guatemala, Colombia y Venezuela. Esta alteración parece debida a una falsa deducción de cacahuete como diminutivo de cacao, y también a influjo de la palabra alcahuete, con la cual el pueblo dio en relacionar este vocablo por etimología popular.

Avispa. Del lat. VESPA ‘avispa’, con la a de abeja. Abiespa se escribía en el s. XII. El influjo de abeja no solo se nota pues en la agregación de la a-, sino también en la b con que se escribía antiguamente. Según Corominas, «la reducción del diptongo ie del antiguo abiespa a i obedece a una norma fonética conocida, pero hoy todavía se pronuncia con diptongo en muchas localidades de Santander, Burgos y Soria».

Casulla. Del lat. CASUBLA ‘capa con capucha’ tomó el castellano primitivo casubla, que muy pronto (896) derivó en casulla por influjo de cuculla ‘capa provista de capucho’.

Cerrar. Del lat. *SERRARE, de SERĀRE, derivado a su vez de SERA ‘cerrojo’, ‘cerradura’. En textos arcaicos castellanos aparece serrar. «La forma actual con c- se debe –explica Corominas–  a influjo de cercar, con el cual se codeaba cerrar en el lenguaje de la caza y de la fortificación, y especialmente en la acepción ‘cercar, vallar, rodear’, documentada para nuestro verbo desde el s. XIII (…); nacería como forma ocasional, luego aprovechada para evitar la confusión con (a)serrar, en épocas de la lengua más preocupadas de la claridad de concepto que el latín vulgar».

Cerrojo. Del lat. VERUCŬLUM tomó el castellano antiguo berrojo o verrojo (todavía en el diccionario académico esta última de uso dialectal con el significado de ‘cerrojo’). Hacia 1300 se cambió la consonante inicial por influjo de cerrar, convirtiéndose en cerrojo.

Dejar es una alteración del antiguo lexar (1055), derivado del lat. LAXĀRE ‘aflojar’, que hacia 1200 pasó a ser dexar por influencia de dar.

              De orígenes y significados distintos, garfa y garfio son dos palabras que aparecieron en el español del s. XIII influyéndose mutuamente. Del latín GRAPHIUM y este del griego γραφεῖον ’estilo, punzón para escribir’, el castellano tomó garfio por influencia de garfa. Por su parte, garfa ‘cada una de las uñas de las manos en los animales que tienen corvas’ y ‘derecho que se exigía para poner guardias en las eras’, procedía del árabe hispánico ḡarfa ‘puñado, cantidad que se coge con una mano, y este del árabe clásico ḡarfah, influido por garfio. De garpha (grafía medieval de garfa) derivó en el s. XVI la palabra garra.

Carpintero. Del lat. CARPENTARĬUS, el castellano tomó carpentero (1209), que, por influjo de pintar, derivó hacia 1300 en carpintero.

Amargo. Del lat. AMARUS tomó el español antiguo (1062) amaro (todavía en el diccionario académico como sinónimo desusado), que por influencia del verbo amargar fue alterado a amargo.

Bocina. Del lat. BUCĪNA ‘trompeta’ con influencia de voz. En castellano antiguo tenía z: bozina.

Jabón desciende de una voz latina que comenzaba por s: SAPO, que a su vez venía del germanismo saipôn. El cambio de la s del latín tardío por la x, pues esta voz pasó al castellano primitivo como xabón, quizá se explique por influjo del verbo xabonar o enxbonar, que puede provenir de una voz latina distinta.

           Al igual que la anterior, jugo procede de una voz latina que empezaba por s: SUCUS ‘jugo o savia de los vegetales’, ‘jugo del cuerpo humano’. La j- se debe a influjo de enjugar y enjuto, que transformó el original sugo (segunda mitad del s. XIV) y posterior xugo (Berceo) en el moderno jugo (fines s. XVIII). La lucha entre las dos formas antiguas, sugo y xugo duró mucho tiempo, pues todavía el Diccionario de Autoridades (1739) mencionaba ambas, aunque con preferencia ya por xugo.

            Del latín LANTERNA la palabra pasó tal cual al español primitivo: linterna (aun en el diccionario académico como sinónimo en desuso). A principios del s. XIV, por influjo de interna (por estar la luz encerrada en las linternas: ‘luz interna’), la i sustituyó a la a: linterna. Aun así, lanterna duró aún bastante tiempo, pues aparece en el Quijote. Ya en el s. XVIII la Academia prefería la forma linterna, pero sin dar todavía lanterna como enteramente anticuada.

             Mendrugo. Del árabe hispánico maṭrúq y este del árabe clásico maṭrūq ‘tocado, marcado’, influido por mendigo; de hecho el mendrugo puede darse a los mendigos.

            Del árabe hispánico *muharráǧ o *muharríǧ, y este del árabe muharriǧ ‘bufón’, tomó el español del s. XV la palabra moharracho, de donde salió a fines del s. XVIII, por influjo de momo ‘gesto’, ‘mofa’, mamarracho. Hoy en día conviven ambas palabras en el vocabulario español como sinónimos.

            De mano derivó muy pronto (Berceo) el verbo manear ‘poner maneas a una caballería’ y el ahora poco usado ‘manejar’. Hacia 1400, de manear y alterado por influjo del anticuado menar ‘conducir’, salió menear, mucho más usado en la actualidad.

Orín ‘óxido rojizo que se forma en la superficie del hierro por la acción del aire húmedo’, procede del lat. AERŪGO, -ĬNIS ‘roya de cereales’, influido por AURUM ‘oro’, debido al color amarillento tan común del óxido.

            Del lat. PRO AD tomó el español primitivo la preposición pora, que hacia 1250 cambió a para por el influjo de otra preposición antigua, par (del lat. PER), que se empleaba en fórmulas de juramento (ej.: par Dios) y que a su vez fue sustituida (h. 1430) por para y por.

Por viene del latín PRO, influenciado por PER, y aunque pro se halla todavía en Berceo, hay un texto de 938 en el que aparece ya por.

             Del latín RAPINA tomó el castellano de Berceo rapina, pero en 1438 aparece ya rapiña por influjo del verbo rapiñar (alteración del antiguo rapinar por influjo del sufijo verbal frecuente y afectivo –iñar).

            En el DRAE se dice que el verbo ser procede del más antiguo seer, que a su vez viene del latín SEDĒRE, figurando todavía seer con dos significados anticuados: ‘ser’ y ‘estar sentado’. Por su parte, Corominas explica que las formas castellanas seer y ser resultan de una fusión de las de dos verbos latinos: ESSE ‘ser’ y SEDĒRE ‘estar sentado’.

            Del lat. TENĔBRAE tomó el castellano de Berceo tiniebra, que por ultracorrección de la pronunciación leonesa y castellana arcaica br en lugar de bl (con especial influjo de la voz niebla), pasó muy pronto a decirse tiniebla.

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