Cultura

La siesta 1911 sorolla

Los momentos de ocio familiares aparecen frecuentemente reflejados en la pintura de Sorolla. Algunos cuadros relacionados con esta línea temática constituyen verdaderos hitos en el conjunto de su producción artística. En gran medida, dicho alcance responde a la libertad expresiva que se permite Sorolla en este tipo de pinturas concebidas casi expresamente como obras propias, lienzos no destinados al mercado sino pensados para formar parte de la decoración de su hogar, integrados por tanto en el ámbito de su intimidad familiar.

La siesta es uno de estos casos y manifiesta una franqueza expresiva que da muestras de la calidad del pintor en un momento de plena madurez. Frente al estilo más realista y comedido que desplegará en años sucesivos (mientras trabaja en los grandes paneles de tema regionalista destinados a la Hispanic Society), Sorolla da muestras de avanzada modernidad en este lienzo.

Pintado durante la estancia veraniega de la familia en San Sebastián, cuatro figuras femeninas descansan tumbadas sobre un verde prado. Son la mujer del pintor, sus dos hijas y una prima de éstas. Tres de ellas duermen, mientras la cuarta lee boca abajo. Con un punto de vista en pronunciado picado, la línea del horizonte ha desaparecido. La distribución de las figuras y el ritmo ondulante de las pinceladas que sugieren el césped mullido componen una escena de marcado dinamismo y de acentuado desequilibrio. A pesar del estatismo y la tranquilidad que en principio debía sugerir el tema y la reposada actitud de las figuras, la mirada del espectador se ve impelida de un lado a otro, moviéndose en zig-zag a un ritmo vertiginoso por toda la composición. El tratamiento pictórico es diverso en toda la superficie, adaptándose a los objetivos que busca en cada zona. La escena se compone a base de largos brochazos en la zona del césped, mientras que en las figuras recurre a una pintura casi matérica, de pincelada cargada, con zonas de empaste acusado que acentúan el volumen de los rostros y los pliegues de sus ligeros vestidos.

Fuente: MUSEO SOROLLA

 

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