Mientras la ciudad duerme

Mientras la ciudad duerme

Mientras la ciudad duerme | «Sr. Alcalde popular. El que suscribe celador de policía urbana, como encargado de los barrenderos de la poblacion á instancia y ruego de los mismos pone en conocimiento de V. I. el angustioso estado en que se encuentran estos infelices, privados de todo recurso y espuestos al duro trance de no poder darles un pedazo de pan á sus hijos en vistas de las circunstancias porque atraviesa el Excmo. Ayuntamiento de esta capital que V. I. tan dignamente preside. Atreviéndose á suplicarle sean atendidas de algun modo las imprescindibles necesidades de estos desgraciados; valiéndose V. I. de los medios que juzgue oportunos y convenientes. Y esperando de los buenos deseos y sentimientos nobles y generosos que animan tanto a V. I. como á la digna Corporacion municipal de esta Ciudad, serán tomadas en consideracion sus súplicas cooperando en pro de una demanda tan justa cuanto caritativa de lo que vivirán eternamente agradecidos. Dios guarde a V. I. Alicante 10 Marzo 1872. Manuel Lozano».

            Cuando el celador de la policía urbana envió este escrito al alcalde constitucional de Alicante, haciéndole una exposición tan viva de la angustiosa situación en que se hallaban los barrenderos de la ciudad e instándole a que se les pagasen los salarios que se les debían, el país entero se encontraba sumido en una grave crisis económica. Por las anotaciones que hay en el margen izquierdo, sabemos que el alcalde hizo llegar este oficio a la comisión municipal de Contabilidades, pero en el expediente no hay ningún documento que acredite cuándo volvieron a percibir los barrenderos sus salarios y si cobraron los atrasos.

            En cualquier caso, aquella situación tan precaria de los barrenderos y basureros de la ciudad de Alicante no era novedosa y, como es bien sabido, se ha repetido periódicamente, incluso en la actualidad.

            Durante siglos las calles alicantinas se hallaban cotidianamente llenas de excrementos, no sólo del ganado caballar que servía comúnmente de transporte, sino también de ganado vacuno y lanar, pues los establos donde se guardaban estos animales estaban anexos a las viviendas. Para mantener un mínimo de limpieza pública que evitara la proliferación de epidemias, las autoridades municipales contrataron los servicios de carreteros que, al final del día, mientras la ciudad dormía, recorrían las calles de intramuros recogiendo el estiércol, que después depositaban en muladares que había situados a extramuros.

El primero de estos carreteros del que se tiene constancia se llamaba Marco Antonio Bujard, empezó a trabajar para el Ayuntamiento el 7 de marzo de 1744 y tenía un sueldo de veinte libras anuales. Se sabe porque se conserva un oficio municipal, de fecha 18 de febrero de 1746, en el que se mencionan estos datos y se dice también que el cabildo acordó, en su reunión del día 11 anterior, conceder a Bujard un anticipo de cinco libras, debido a que se le había muerto la mula que tiraba del carro y tenía que adquirir otra acémila.

 De modo que Marco Antonio Bujard es el primer funcionario municipal conocido que se dedicaba a la recogida de basura. Su salario de funcionario era modesto, pero aún los había inferiores. Comparémoslo, a modo de ejemplo, con los salarios de otros empleados municipales de los años 1744-1745: Carlos Verou, médico de pobres, 142 libras anuales; Cirilo Cazorla, médico de pobres, 95 libras; Francisco Borgonio, regidor, 80; Francisco Verou, regidor, 80; Joaquín Oltra, tenor de la capilla de música, 22; María Josefa Arellano, comadrona, 14; Juan Bautista Sabater, abogado de pobres, 12; Francisco Corona, maestro de primera letras, 10; Gerónimo Rosell, que era el portero más antiguo de la ciudad, 10; José Llobregat, médico de pobres, 10; Juan Bautista Musoles, abogado municipal, 6; los guardias de la cárcel se repartían 48 libras; y los capellanes de Nuestra Señora del Remedio, por mantener encendida la lámpara de la capilla de San Nicolás, 15 libras.

mientras la ciudad duerme 1Barrendero de Alicante | Época actual

Veinte años después, el 17 de septiembre de 1766, José Pastor fue nombrado barrendero y timbalero municipal, quien ya estaba sustituyendo a Bautista Carratalá (apartado del puesto por culpa de sus frecuentes ausencias), barriendo el zaguán del Ayuntamiento y regando la Plaza del Mar.

El salario de los barrenderos municipales era inferior al de los encargados de recoger la basura, lo cual tiene cierta lógica, si tenemos en cuenta que éstos últimos tenían que aportar sus propios carros y caballerías para realizar el trabajo. No sabemos cuál era el sueldo que percibía José Pastor en 1766, pero sí el que cobraba otro barrendero, Miguel Rosell, en 1780. El 2 de julio de este año, en una carta escrita y firmada por él mismo (lo que llama la atención dado el alto índice de analfabetismo que existía), Rosell suplicaba «que aviendo cumplido el medio año de Barrer las salas capitulares en último del mes de Junio proximo passado (…) suplica tenga á bien el mandar pagar su trabajo de barrer dichas salas».  Una nota al margen del escribano Nicolás Pro informa de que, al día siguiente, el cabildo «resolvió que del caudal de explotacion se paguen al suplicante siete libras diez y nueve sueldos quatro dineros, que le pertenecen por el trabajo que expresa segun la regularizacion executada». Es decir, que el salario que percibía Miguel Rosell como barrendero en 1780 era de 15 libras anuales, cinco menos que el que tenía treinta y cinco años antes Marco Antonio Bujard, el primer técnico de limpieza alicantino.

El servicio de limpieza alicantino empezó a mecanizarse en 1924. El presupuesto de este servicio aquel año era de 600.000 pesetas, incluidas las 28.000 del arrastre de basura, que se hacía por contrata. La recogida se realizaba todavía con carros tirados por caballerías y carritos de mano llamados Lutocar, pero ya se hallaba en estudio la reforma de la organización «a base de aparatos mecánicos para su mayor rapidez y ejecución más perfecta y económica y el horno de cremación de dichas basuras». De hecho, en el verano anterior, siendo alcalde Antonio Bono Luque, se aprobó la adquisición de tres camiones para el servicio de recogidas de basuras. Se presentaron varias proposiciones de las marcas Ford, Benz Gaggenau y Dion-Bouton. Y un año después, en septiembre de 1924, el Ayuntamiento adquirió un camión para el riego de calles de la marca Laffly.

En aquellas fechas el personal de limpieza estaba compuesto por 123 personas. Sus salarios estaban entre las 2.500 pesetas anuales que cobraba un jefe de brigada y las 1.647 que cobraba un barrendero; equivalentes, aproximadamente, a unos salarios actuales de 1.200 y 800 euros mensuales, respectivamente.

por Gerardo Muñoz Lorente
www.gerardomunoz.com

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