Monederos falsos

Monederos falsos

Monederos falsos | Se conocen como monederos falsos aquellas personas que acuñan monedas falsas o les dan curso a sabiendas de que lo son.

No son pocas las veces que se han descubierto monederos falsos en Alicante, aunque la fabricación se realizaba fuera de la ciudad.

La acuñación clandestina de moneda o de billete era una tarea que precisaba de unas herramientas que difícilmente podían pasar desapercibidas, por lo que solía efectuarse en lugares aislados. Pero para la distribución sí que se buscaba la colaboración de los comerciantes de la ciudad, casi siempre involuntaria.

Así ocurrió, por ejemplo, el 27 de noviembre de 1709, cuando el dueño de una tienda de comestibles de Alicante denunció que un comerciante alcoyano le había entregado seis reales de plata falsos, a cuenta de una partida de bacalao. Felipe Botí, que así se llamaba el comerciante alcoyano, fue arrestado y encarcelado de inmediato por orden del juez Francisco Esteban Zamora y Cánovas, quien además mandó que se embargaran sus bienes. Ese mismo día, el aguacil mayor Ginés Guerrero embargó los tres quintales de bacalao que había adquirido Botí, así como los dos pollinos y los aparejos que éste tenía en la posada de Blas Richart.

Felipe Botí, de 45 años de edad, tenía una tienda de comestibles en Alcoy y, cuando fue interrogado en la cárcel, declaró que no sabía que las monedas que había entregado por el bacalao eran falsas. Según dijo, el día antes de venir a Alicante había enviado a sus hijos a cambiar los dineros que tenía por reales de plata, los cuales les fueron entregados como buenos. El juez Zamora mandó una requisitoria a Juan Merita y Capdevila, alcalde mayor y comandante de Alcoy, quien a su vez ordenó registrar la casa de Botí, situada en la calle de Santo Tomás, a la salida de la plazuela de San Jorge. El registro se llevó a cabo el 29 de noviembre, encontrándose varias monedas falsas más dentro de un cajón. Pero no se halló instrumento alguno para su fabricación. Según los hijos del tendero, aquellos reales de plata falsos eran de la misma remesa que les habían entregado a ellos cuando fueron a cambiar los dineros que les dio su padre. Juan Merita informó a Zamora del resultado del registro y le adjuntó la declaración de dos vecinos de Botí, que daban testimonio de su honradez.

El licenciado Serrano, abogado defensor de Botí, solicitó su puesta en libertad, a lo que accedió Zamora el 1 de diciembre, devolviéndosele además sus bienes. Es de suponer que siguieron las pesquisas sobre aquellas monedas falsas, aunque no sabemos el resultado final.

En febrero de 1899 fue en Novelda donde se arrestó a un grupo de siete hombres que estaban falsificando monedas de plata. El cabecilla era un platero de 69 años llamado Vicente Gómez Escandell. Dos años antes había sufrido un «ataque cerebral congestivo», que le provocó una «permanente afasia, caracterizada por dificultad en la emisión de algunas palabras y debilidad en la concepción y recordación de ideas, que hacían entrecortado su lenguaje y tardas sus contestaciones», según un informe médico. Pero tal enfermedad no impidió que el anciano dirigiese al grupo de falsificadores, entre los que estaban sus hijos Rafael y Alfonso Gómez Maestre, también plateros. Fue encarcelado con ellos en Alicante un octavo cómplice, Anselmo Viñes Navarro, vecino del barrio alicantino de Benalúa y representante de la compañía minera «La Cruz» de Linares, quien vendía a los Gómez la plata que utilizaban para acuñar monedas de un valor inferior al de las legítimas.

Instruyó la causa contra Viñes, los Gómez y demás falsificadores el juez de Novelda Juan Herrero Morillo, y el juicio se celebró en la Audiencia Provincial casi tres años después, a finales de 1901. La pena máxima que dictó la sentencia fue de 17 años de prisión para los principales acusados.

alcoy ayuntamiento

Este juicio coincidió en el tiempo con el descubrimiento de otro fraude por falsificación de dinero en Alicante. El acusado en esta ocasión era también representante de varias empresas españolas y francesas de minería, y se llamaba José Esteve Blasco.

Esteve estaba casado y tenía cinco hijos. Fue detenido y encarcelado el 23 de noviembre de 1901. Unos días antes, había entregado un billete de 50 pesetas en un establecimiento alicantino, pero al no habérselo querido aceptar, mandó a una criada suya para que lo cambiara en una tahona. Resultó que el billete era tan falso como los duros de plata que circulaban por la ciudad y por todo el país desde hacía tiempo, conocidos popularmente como «sevillanos», pero también «alicantinos» por lo mucho que se dejaban ver por aquí. Esteve había recibido hacía poco tres remesas de plata de la compañía francesa Comptoir Lyond-Alemand y se sospechaba que las había empleado para fabricar duros «alicantinos».

Pero el caso de monederos falsos más sonado de la historia de Alicante fue el acaecido en mayo de 1927. El lunes 23 ofrecía la primicia el periódico «El Día» con el siguiente titular en primera página: «Descubrimiento de una fábrica de moneda falsa en Alicante», acompañado de los subtítulos: «Catorce detenciones» y «Banquero encarcelado». La noticia fue seguida profusamente por toda la prensa alicantina durante las semanas siguientes.

Debido a la abundancia de duros falsos que circulaban por Alicante, el gobernador había pedido a la Dirección General de Seguridad que enviaran a nuestra ciudad varios agentes especializados en la persecución de este delito. Pocos días después llegaron el comisario de la primera brigada de investigación criminal Ramón Blanco Santa Coloma y los agentes Micó y Quevedo, quienes se hicieron cargo de las indagaciones con la colaboración de la policía alicantina, representada por el capitán Prado y el cabo Francés.

Las pesquisas dieron su fruto al descubrirse cerca de Hondón de la Nieves, en una cueva conocida como «El Rebalso», una maquinaria que había servido para fabricar gran cantidad de duros falsos y que, según información facilitada por dicho periódico, «son de una aleación de plata, guardan gran analogía con aquellos célebres duros sevillanos de que se inundó España hace veinte o veinticinco años y su confección resulta tan perfecta, que se confunden fácilmente con los legítimos».

La maquinaria había sido traída desmontada desde la población murciana de Alcantarilla. Unas piezas llegaron por tren y otras por carretera, siendo reunidas en una posada de la calle de la Balseta. Desde allí fueron trasladadas a un chalé llamado «Villa Fuensanta», en la avenida Zarandieta, alquilado por Diego Sánchez y Carmen Lozano, donde se montó la máquina y empezó a fabricar moneda falsa. Pero hacía tanto ruido que, para evitar ser descubiertos por los números de la Guardia Civil que solían patrullar por allí, la máquina fue trasladada a la casa que habitaba Mariano Salcedo, en la calle de Subida al Depósito, al final del paseo de Campoamor, y después a la cueva de «El Rebalso», donde solo fue utilizada para fabricar sellos de correos y timbres móviles, falsos pero que eran «un prodigio de perfección», según el Diario de Alicante.

De las catorce personas detenidas al principio, cuatro de ellas fueron puestas en libertad muy pronto, pero posteriormente fueron arrestadas varias más. El cabecilla era el ya mencionado Diego Sánchez, natural de Lorca, pero la figura clave para la investigación posterior fue otro detenido, José María Miralles Rives, cajero de la banca «Sucesores de Miralles» de Callosa de Segura. Vivía en la calle Nueva de esta localidad de la Vega Baja, tenía 36 años y estaba casado.

La instrucción del sumario estuvo a cargo del juez Luján y el juicio se celebró tres años después, en la sala de sesiones del Ayuntamiento de Alicante. Duró mes y medio, y fue tal la expectación que suscitó, que el primer día la plaza de Alfonso XII hubo de ser tomada por la Guardia Civil, para evitar que la aglomeración de público impidiera el acceso al edificio. Fue seguido a diario por la prensa nacional, pues las investigaciones habían descubierto ramificaciones de la trama que llegaban a diversos puntos de la geografía española, desde Murcia hasta un chalé de la Ciudad Lineal madrileña. Y es que, tal como declaró el grabador del Banco de España, la falsificación realizada por los procesados durante los últimos años en timbres del Estado y billetes de 100 y 500 pesetas, además de los duros de plata, ascendía a la cantidad de 1.240.900 pesetas.

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