Monet | Las catedrales

Monet | Las catedrales

Monet | Las catedrales | Monet al llegar a Rouen vuelve a desafiarse a si mismo, escogiendo como motivo la catedral gótica, de igual forma que ya lo había hecho con las ruedas de molinos ,los chopos y como hará más tarde por 1889 con el Parlamento inglés y el Támesis de los que pinta 37 cuadros inspirados en Turner aunque su solución sea totalmente propia..

Entre 1892 y 1894 Monet pinta 31catedrales percibiéndolas por las variaciones de luz en función del clima, de la hora del día y de la época del año, pero son también interpretadas subjetivamente. La catedral es el pretexto para entrar en una meditación trascendental donde se funden preferencias, sensaciones, pensamientos filosóficos y metafísicos que corresponden a su más profunda y escondida intimidad. El llega a la conclusión de que si quiere dominar un tema ha de estudiarlo y analizarlo desde todos los puntos de vista que se le ocurran y ahí es donde debe buscar. Por esa razón coge un tema y lo observa, estudia, analiza y plasma desde todos los aspectos posibles. Para poder ver las diferencias con claridad sin que le pueda distraer o influir en su visión en las catedrales muchas son idénticas en cuanto al dibujo base pero es lo único que tienen en común, todo lo demás es diferente: colores, luces, definición de volúmenes, sensaciones…así no solo aprende sino que consigue aprehender el modelo.

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La representación de un mismo motivo pictórico en distintos momentos para observar los cambios causados por la luz natural no era nueva para Monet, que ya entre 1890 y 1891 había llevado a cabo una serie de 15 lienzos representando unos almiares en las afueras de Giverny. Estos almiares se representan a pleno sol, al amanecer o en el ocaso; a finales del verano, en pleno invierno o en el deshielo. Las pinturas se deben ver más como un interés por la naturaleza dinámica que por una teoría pictórico-científica (el propio Monet declaró que ” las teorías siempre me han parecido horrorosas”).

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Pero con las Catedrales Monet va más allá: no se trata, como ocurría en los almiares , de representar un modelo tangible (los montones de paja) bajo distintas condiciones lumínicas y climáticas. En los lienzos de La Catedral de Rouen , el auténtico objeto no es ya el modelo arquitectónico, al que Monet en cierto sentido “desprecia” al representarlo desde un punto de vista cercano en exceso, de tal forma que la arquitectura, debido a la casi ausencia de perspectiva, pierde su grandiosidad y queda incluso seccionada en las torres y pináculos: el edificio no es más que un fondo, una excusa , para mostrar al auténtico protagonista de la composición: la capacidad de la pintura de representar la cualidad dinámica de la luz y el ambiente, que es capaz de dar vida a algo tan pétreo e inanimado como la imponente fachada de la catedral gótica. Lo que Kandinsky había logrado descifrar en los almiares resulta aquí más que evidente.

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Incapaz -por supuesto- de representar en un lienzo completo un cada fugaz instante, Monet trabajaba en ocasiones simultáneamente con varios lienzos, volcándose en uno en concreto cada vez que las condiciones de luz y ambiente se parecían a la del cuadro en cuestión. Imaginemos por un instante la situación: Claude Monet, instalado frente a la ventana de un segundo piso frente a la Catedral , trabajando frenéticamente con decenas de lienzos, a merced de que una nube pasajera, un fugaz rayo de sol, una niebla matinal le obligara a buscar -si es que existía- el cuadro en el que pudiera centrarse. Por supuesto, tal tarea debía resultar desesperante, y el propio pintor está a punto de abandonar su empresa. Pero no era Monet una persona que se rindiera fácilmente: ” Más que nunca aborrezco las cosas que salen bien al primer intento” , había escrito mientras trabajaba con los almiares . Monet llega incluso a concluir varios de los lienzos en su taller, fiándose de su portentosa memoria visual. Pero dos años después, la misión estaba cumplida, y Monet poseía ya tres decenas de capturas pictóricas de la Catedral. Así , y por primera vez en la historia de la pintura, se había logrado representar la cuarta dimensión , el tiempo, un logro reivindicado -sin embargo- por numerosas vanguardias varias décadas posteriores al maestro francés.

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Evidentemente, entre los 31 lienzos hay más diferencias que las debidas a las distintas condiciones de luz y ambiente. Monet eligió en total cinco puntos de vista diferentes -dos desde la plaza y tres desde diferentes habitaciones frente al edificio- representando el portal de la Catedral (frontalmente o con el punto de vista ligeramente más desplazado hacia la derecha), o el portal y la torre d’Albane (a la izquierda del portal), pero siempre conservando ese punto de vista inusualmente cercano. 25 de estas vistas están fechadas en 1894, otra lo está en 1893, y las cinco restantes no están fechadas, aunque sí firmadas. No obstante, el hecho de que Monet concluyese la mayoría de vistas en su taller resta importancia a las fechas, ya que resulta más importante la fecha en la que cada lienzo fue iniciado. La elección de la paleta refleja los distintos tonos con los que la luz del día iba tiñendo la fachada de la Catedral : de unos suaves azules para los lienzos creados por la mañana ( fig. 2 y 3) se pasa a unos vivos tonos ocres y dorados para los cuadros “a pleno sol” ( fig 4, 5, 6 y 7) y castaños y grises para los días nublados (fig 8 y 9)

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Si bien es con la serie de los Álamos al borde del Epte con la que Monet muestra su mayor cota de lirismo, y en la de Nenúfares alcanza logros que van más allá del puro impresionismo, esbozando ya la abstracción, la serie de La Catedral de Rouen es -como ya se ha escrito- el punto álgido del impresionismo. Más de un siglo después, y repartidas entre varios museos y colecciones privadas -sobre todo en Francia y Estados Unidos-, las vistas de La Catedral de Claude Monet son, además de objetos codiciados por cualquier Museo o coleccionista, el mejor testimonio pictórico de la audacia del impresionismo.

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