Mundial de fútbol con fondo bélico

Mundial de fútbol con fondo bélico

Mundial de fútbol con fondo bélico | Benito Moll esperaba impaciente a que el referí pitase el final del partido. Si acababa con este resultado, la selección ‘albiceleste’ pasaría a la siguiente fase del campeonato, pese al pésimo comienzo que había tenido, al estrenarse diez días atrás en la cancha del F. C. Barcelona, perdiendo contra Bélgica por un gol a cero. Fue un día aciago aquel domingo 13 de junio. Para participar en aquel partido, toda la delegación argentina había salido el día antes en vuelo charter desde el aeropuerto de El Altet. El regreso al día siguiente fue muy triste, pues el bajón general era doble, por el resultado del partido de fútbol y por el del conflicto de las Malvinas. ‘El Flaco’ Menotti, embroncado, achacó la derrota al estado de ánimo de los jugadores y al estúpido exitismo en que se veían envueltos todos ellos desde antes incluso de salir de la Argentina. Pero ahora, si el partido que estaba jugando la selección argentina contra la salvadoreña finalizaba con el resultado que registraba el marcador del estadio José Rico Pérez de Alicante, dos a cero, sumado a la victoria que tuvieron contra la de Hungría cinco días antes en esta misma cancha, todo se habría arreglado.

La delegación argentina había llegado por primera vez al aeropuerto de El Altet a las once y cuarto de la mañana del día 29 de mayo de 1982, en un vuelo charter directo desde Buenos Aires. Una hora después estaban entrando en el hotel Montíboli, adonde les llevaron en un autocar. Había mucha expectación de público y periodistas tanto en el aeropuerto como en los accesos al hotel. El recibimiento había sido caluroso, entusiasta, como se merecía la actual selección campeona del mundo.

El hotel Montíboli se encontraba a unos treinta kilómetros al norte de la ciudad de Alicante, a las afueras de Villajoyosa. Era un edificio de estilo árabe de tres plantas que estaba ubicado en el borde rocoso de un pequeño acantilado, cuya factura le había proporcionado a su arquitecto, Miguel López González, un importante premio diez años atrás. Por una escalera se descendía a una playa pública de arena gruesa, conocida como la Caleta o la Cala del Eurotenis por estar también muy cerca este apartotel, de mayor capacidad pero de inferior categoría que el Montíboli. En esta playa se habían plantado recientemente treinta palmeras y había un chiringuito grande.

montiboli

lo único preocupante, pues las obras que había encargado el Ayuntamiento para arreglar el asfaltado iban muy lentas, con roturas de tuberías incluidas; accesos que siguieron en precario hasta bien entrado el mes de junio. El conflicto bélico en las Malvinas ocasionó graves trastornos a otros hoteles de Villajoyosa, con cancelaciones masivas de reservas (el vecino Eurotenis, por ejemplo, que tenía aseguradas ochenta plazas, al final sólo ocupó treinta), pero tal contratiempo no le afectó al Montíboli por estar todo él reservado para la delegación oficial argentina. Debido a esto, el precio individual (ciento veinte dólares diarios) era un poco más elevado que el normal, pero es que la capacidad del hotel era de cien camas y sólo estaba previsto ocupar la mitad.

No obstante, la delegación argentina que llegó al hotel había sido menos numerosa de lo que en un principio se tenía previsto. Varios miembros de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) no se habían atrevido a venir o les habían convencido para que se quedaran, como su presidente, Julio Humberto Grondona. Lo mismo había pasado con muchos familiares de los jugadores. Así que eran poco más de treinta las personas que componían la delegación oficial argentina: los veintidós jugadores, los siete miembros del cuerpo técnico (encabezado por César Luis Menotti) y los dos representantes de la AFA: Eduardo de Luca y Benito Moll. Y con ellos trajeron cantidad ingente de equipaje, incluidos ochocientos kilogramos de comida: quesos de distintos tipos, dulce de leche, mermelada, batata…

La misma tarde de la llegada ‘el Flaco’ Menotti dio una rueda de prensa en el hotel, que estaba fuertemente vigilado por varias decenas de policías nacionales. Sólo se habló de fútbol. Estaba acordado que no se hablaría de nada que no fuera del campeonato mundial. Como si no sucediera nada más importante en el mundo, pensó entonces Benito. En Afganistán, en Irán e Irak, en El Salvador, seguramente hasta en las Malvinas estaban muriendo en ese momento miles de personas por culpa de las guerras. Pocas horas después, De Luca comentó que continuaban los tremendos combates en Puerto Darwin y Ganso Verde. Así se lo habían contado por teléfono desde Buenos Aires. «Esto no lo arregla ni el Papa», murmuró Benito, en alusión a la visita que Juan Pablo II había comenzado ese mismo día en Londres.

Al día siguiente de su llegada al hotel, la selección argentina se entrenó por la tarde en la cancha de la Asociación Deportiva de Villajoyosa, donde tuvo un recibimiento bárbaro por parte del numeroso público. Había bastantes argentinos ondeando banderas ‘albicelestes’ y también eran muchos los periodistas. Todos ellos habían sido previamente cacheados por los policías que vigilaban la cancha, los cuales se hallaban ubicados en lugares estratégicos y fuertemente armados. Allá se encontró Benito con varios periodistas argentinos conocidos suyos, que por alojarse en un hotel distinto al de la selección, el apartotel Eurotenis, asaltaban cada vez que tenían ocasión a los miembros del cuerpo técnico o de la AFA, que sí se alojaban en el mismo hotel que los jugadores, para sonsacarles alguna información que pudieran enviar a sus diarios. A algunos incluso los coimeaban si la confidencia que ofrecían era tan importante como para convertirse en un encabezado, pues no era lo mismo confirmar que ‘el Pelusa’ se llevaba bárbaro con su compañero de habitación, Beto Barbas, que reportar la fecha exacta del fichaje del Pelusa por el Fútbol Club Barcelona (se decía que era inminente, lo que era cierto puesto que el fichaje se formalizó poco después, el viernes 4 de junio) y la cantidad exacta de plata que los catalanes iban a pagar. «Lo importante es que haga un buen mundial», dijo Benito mientras observaba, junto con los corresponsales de La Nación y Clarín, a Diego Armando Maradona corriendo y gambeteando en la cancha. «El Pelusa está fenómeno, pero me da miedo lo mucho que les está castigando el profesor Ricardo Pizzarotti –dijo ‘el Gordo’ Muñoz, aludiendo al preparador físico de la selección–. Veremos si no llegan demasiado cansados a los partidos oficiales». «Va a ser un campeonato muy largo, sí –convino Benito–. Con el cambio de formato a dos liguillas en las dos primeras fases, van a tener que jugar muchos partidos hasta llegar a la final». «Esperemos que no haya más fallos en la organización. Nos dijeron que nos entregarían las acreditaciones a partir del día 1 de junio y ahora dicen que no nos las darán hasta el día 7», se quejó el otro periodista. «Y tampoco están terminados los trabajos de remodelación en la cancha de Alicante donde jugaremos contra Hungría», dijo ‘el Gordo’ Muñoz.

maradona mundial 82

Pero aquellos trabajos concluyeron a tiempo y los partidos de fútbol se estaban celebrando en el estadio alicantino con plena normalidad. Como el que en este momento finalizaba y que Argentina había ganado a El Salvador por dos a cero. Benito Moll suspiró mientras se levantaba de su asiento en el palco y se abrazaba a su compañero De Luca. Al día siguiente, 24 de junio, se desplazarían de nuevo a Barcelona, donde la selección argentina disputaría la segunda fase del Mundial contra las de Brasil e Italia. Pero la alegría estaba empañada por las malas noticias que habían estado llegando desde el otro lado del Atlántico: Argentina había perdido la guerra de las Malvinas contra los ingleses, varios centenares de los miles de bonaerenses que se habían manifestado en las calles para protestar contra la dictadura militar habían sido detenidos y el general Leopoldo Galtieri había dimitido como presidente el día 19, pero sólo fue un cambio de gorila puesto que ayer mismo había sido nombrado como sustituto otro general, Reynaldo Bignone.

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