Palabras de ida y vuelta

Palabras de ida y vuelta

Palabras de ida y vuelta | Algunas palabras han viajado de un idioma a otro, para luego regresar al primero tras experimentar una transformación en su  configuración, en su significado o en ambas cosas. Algunos ejemplos: La palabra alcatraz, de origen árabe, ya está documentada en español en 1386. De nuestro idioma pasó a otros, entre ellos el inglés, donde se aplicó a otra ave, con alteración fonética debida al color de ésta: albatross (1769). Del inglés albatross pasó al francés (1751) y al castellano como albatros, refiriéndose a otra ave diferente al alcatraz.

            Alcohol, de origen árabe, es una palabra ya documentada en castellano en 1278 que daba nombre a un polvo finísimo usado por las mujeres para acicalarse. Pasó al francés con la forma alcool y al bajo latín de los químicos a principios del siglo XVI, siendo Paracelso quien le daría el significado de ‘esencia obtenida de la trituración’. Más tarde, en 1612, apareció el significado ‘bebida con alcohol’. Con estos nuevos contenidos semánticos volvió alcohol al español en el siglo XVIII: ‘esencia obtenida de la trituración’ en 1726; ‘bebida con alcohol’ en 1786.

            Hacia el año 1400 el castellano tomó del italiano la palabra lombarda ‘arma de fuego’, que entre los años 1435 y 1439 se transformaría en bombarda debido al influjo de bomba ‘máquina para elevar agua’ (del latín BOMBUS ‘ruido’). Un siglo más tarde, en 1569, bomba, como derivado regresivo de bombarda adquiere el significado de ‘proyectil’, que del español pasa a otros idiomas, entre ellos el italiano a finales del siglo XVII.

            Burla y su derivado burlar pasaron del español al italiano en el siglo XVI. En este idioma se enriquece la semántica de estos vocablos y se crea otro derivado, burlesco, que es tomado a su vez por el español, siendo Lope de Vega el primero en usarlo.

            El castellano tomó en el siglo XIV la palabra cordel del catalán cordell. De cordel se derivó en castellano cordillera, que en 1586 pasó al catalán.

            El español tomó etiqueta, con el significado ‘rótulo o marbete’, del francés étiquette. En el siglo XVII etiqueta fue usada para el protocolo escrito donde se ordenaba la ‘etiqueta’ de corte’. Con este nuevo significado regresó etiqueta al francés, tal como atestigua Voltaire, para quien étiquette ya significa ‘ceremonial que se observa en las casas reales, o en los actos de la vida pública y privada’.

            Del español apartamiento tomó el italiano, con reducción de diptongo, appartamento, que fue tomado a su vez por el español como apartamento, registrada por la Academia en 1927.

            La palabra española gala está documentada a mediados del siglo XV, procedente del francés anticuado y mediano gale ‘placer, diversión’. En nuestro idioma gala amplió su territorio semántico, siendo una de sus nuevas acepciones ‘atavío, prenda de vestir lujosa’, de donde vestido de gala y noche de gala, locuciones propias de la corte española que hallaron pronto eco en toda Europa, razón por la cual la palabra gala, con este significado, fue adoptada por el francés.

            La forma articulada española el lagarto fue tomada por el inglés en 1579 como alagartoes, que en 1593 tenía ya la forma alligator y se refería a otro animal, el caimán. Posteriormente, el español tomó del inglés la palabra aligátor ‘caimán’.

lagarto_caiman

            Del español periquito tomó el francés anticuado la palabra perruquet ‘loro’ (hoy perroquet), que además se usó para referirse a los funcionarios de justicia, por sus grandes pelucas, que les daban cierta semejanza con el aspecto de esta ave. De perruquet derivó perruque ‘peluca’, que pasó al español como peluca por cruce con pelo.

            Es muy probable que el inglés se inspirara en la voz española bandurria para crear banjo, que luego pasó al español como nombre de un instrumento musical diferente a la bandurria, primero como banjo (1927) y después como banyo (1989).

            Popelina ‘cierta tela delgada’ nos llegó del francés popeline (fue registrada por la Academia en 1927), pero esta palabra francesa es un derivado de la española papelina ‘tela muy delgada’ (registrada en 1737), que a su vez procedía del francés papeline.

            Popurrí, registrada por la Academia en 1927, fue tomada del francés pot pourri, que a su vez es un calco del español olla podrida.

            Jade procede, según el DRAE, «del fr. jade, tomado del esp. [piedra de la] ijada, porque el jade se aplicó por los conquistadores de América como remedio a aquella parte del cuerpo». Corominas está de acuerdo con esta etimología, pues indica que se aplicaba vulgarmente contra el cólico negrítico o dolor de la ijada. Y añade: «Ya en 1655 el francés Voiture habla de l’ejade como nombre del mismo mineral, e igual escribe Davis en Inglaterra dos años más tarde; posteriormente los franceses alteraron l’ejade en le jade, por donde se ve que el vocablo pasó primero del castellano al francés y después se trasmitió desde ahí, en su forma alterada, al inglés y demás lenguas modernas, entre ellas el propio castellano. Todavía Aut. [Diccionario de Autoridades] hace constar que el jade viene “de la América Meridional”, aunque agregando que la emplean mucho turcos y polacos, que por su parte la importarían de Oriente; en efecto, era antigua y muy conocida entre mongoles, tibetanos y chinos…». La expresión piedra de la ijada está documentada en español en 1569, y jade fue registrada, como hemos visto, por la Academia en 1734.

            Levente ‘soldado turco de marina’, fue registrada por la Academia en 1817, procedente del turco lāwandī, que a su vez es una corrupción del español levantino con el significado de ‘guerrero’.

            Sabir ‘pidgin de base románica’ (donde pidgin significa ‘lengua mixta usada como lengua franca en puertos y otros lugares entre hablantes de diferente origen lingüístico’) ha sido registrada por la Academia recientemente (después de 1992), procedente del francés sabir, que a su vez procede del español saber.

            El inglés tomó la palabra española tronada ‘tempestad de truenos’, adaptándola como tornado, que luego llegó al español con el mismo significado que huracán.

            Tostón ‘moneda’, ‘tejo para jugar al chito’, viene del portugués tostão, que a su vez fue tomado del español testón.

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