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Palabras literarias

Palabras literarias

Palabras literarias | Hay palabras que se usan en literatura pero que no suelen emplearse en la comunicación oral. Eso no quiere decir que tuvieran un nacimiento puramente culto. Con el paso del tiempo, algunas pueden llegar a convertirse en vocablos populares y hasta rústicos.


A continuación varios ejemplos de voces literarias en nuestro idioma:


Ensalzar. Del latín *EXALTIĀRE, es una voz frecuente en los autores medievales y clásicos. Hoy es voz puramente literaria, sobre todo en América, donde el seseo puede confundir su significado al poder percibirlo como derivado de salsa.


Heder. Del latín FOETĒRE, Berceo escribía feder, pero ya se lee heder desde el s. XV. Muy empleado en la lengua literaria clásica, lo es bastante menos en la contemporánea y menos aun en el lenguaje coloquial urbano, pero sigue en vigor en las hablas rurales.


Hender. Del latín FINDĔRE, era frecuente y popular en la Edad Media, pero más tarde la concurrencia de rajar la ha convertido en palabra meramente literaria.


Lerdo. De etimología discutida, ya aparece en un texto del Arcipreste de Hita (s. IV). Según el etimólogo Corominas: «En este único ejemplo medieval el poeta califica de serrana lerda a la que creyó tan fácilmente sus ofertas matrimoniales (…) y en el Siglo de Oro el sentido oscila entre ‘bobo, de inteligencia obtusa’ y ‘tardo, lento, pesado (de movimientos)’ (…) Por otra parte es también clásica la acepción ‘lento’ (…) Esta es la acepción que ha predominado en la Argentina, donde el vocablo es de uso mucho más popular que en España, y se aplica tanto a las personas como a los animales, y también de las cosas (…) En el uso común español es palabra más literaria».


Leve.Tomado del latín LEVIS ‘ligero, leve’, está documentado en el s. XV y es frecuente en el XVII. Según Corominas: «Desde entonces el vocablo se ha afianzado en la lengua literaria, pero todavía sólo se emplea como voz del lenguaje elevado, en prosa cuidada, poesía, estilo forense, etc.».


Mas. Forma átona de más. Conjunción adversativa equivalente a pero. Su uso es hoy literario y arcaizante.


Mentón. Galicismo (francés menton) muy reciente, de uso exclusivamente literario.


Muelle. Del latín MOLLIS, sus significados más antiguos (‘delicado, suave, blando’ e ‘inclinado a los placeres sensuales’) son los utilizados en textos de mediados del s. XIII. Ya en la Edad Media su uso estaba muy extendido, así como en el Siglo de Oro, y corriente todavía en la lengua literaria. Ahora este vocablo se usa con dichas acepciones solo de manera poética o literaria.


Musitar. Del latín MUSSITĀRE. Documentado en 1616, ha sido siempre de uso exclusivamente literario.


Osar. Del latín AUSĀRE, en el español primitivo y de uso general en la Edad Media. Todavía popular en el Siglo de Oro, a partir de entonces tendió a hacerse cada vez más literaria.


Pavor. Del latín PAVOR, es frecuente en el período arcaico del idioma. Después queda anticuada, aunque se conserva en el estilo literario desde el Siglo de Oro.


Semejar. Del latín SIMILĬA tomó el español primitivo semeja (‘señal’, ‘semejanza o parecido’), de donde derivó semejar, verbo que en la lengua medieval tenía todos los valores del parecer moderno. Seguía vivo en el s. XV y todavía lo empleaban los clásicos del Siglo de Oro, pero en la actualidad ha quedado reducido a la acepción ‘parecerse una cosa a otra’ y está relegado a la lengua literaria y al estilo arcaizante.


Silueta. En el español desde el s. XIX, tomado del francés silhouette.


Tósigo. Del latín TOXĬCUM y este del griego τοξικὸν φάρμακον ‘veneno para emponzoñar las flechas’, está documentado en un texto de 1251. Sigue empleándose literariamente, pero está generalmente anticuado en el idioma oral.


Pío. Tomada del latín PIUS ‘piadoso’, ‘afecto a los padres, a la patria’, esta voz favorita del poeta Góngora aparece también pronto en textos religiosos, pero tardó en arraigar, y hasta hoy es solo empleada en estilo poético, catequístico o en prosa literaria de tono elevado.


Linfa. Del latín LYMPHA, es una voz eminentemente poética desde que apareció en nuestro idioma, lympha, allá por el s. XV.

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