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Palabras olvidadas o en desuso

Palabras olvidadas o en desuso

 

Ha habido en nuestro idioma palabras de vida efímera, ya olvidadas, como corniculata, un adjetivo que definía así el Diccionario de Autoridades (1729): «Usado en terminología femenina, que se aplica à la Luna desde que empieza à verse despues del novilunio, hasta cerca del quarto creciente, y despues del quarto menguante, hasta que no se puede ver por la cercanía del Sol. Llamase assi por la figúra con que aparece à manera de cuernos: y tambien se llama Falcáta». En el DRAE ya no aparece corniculata, pero sí falcata ‘espada de hoja curva y con estrías longitudinales usada por os antiguos iberos’.

Pero son muchas más las palabras que han caído en el desuso o desaparecido por completo del vocabulario español, después de haber gozado de una vida plena y, a veces, extensa. En algunos casos, sin embargo, han sobrevivido sus derivados. No son pocas las que permanecen en el diccionario académico, teóricamente en vigor o en calidad de anticuadas. Hay varias inclusive que ofrecen u ofrecían significados que resultan todavía útiles y atractivos, por lo que cuesta comprender el motivo por el que han caído en el olvido (ejemplo: espejarse ‘mirarse al espejo’). He aquí algunas de estas palabras:

Abeitar ‘engañar’ es palabra medieval que probablemente procedía del gótico. Documentada hacia 1250. No está ya en el diccionario académico.

Aína ‘de prisa’, ‘pronto’, ‘fácilmente’, procedente del latín vulgar AGINA ‘actividad, prisa’ y este de AGĔRE ‘hacer’. Todavía se conserva en el DRAE, pero quedó anticuada desde el s. XVII. Se mantienen más o menos vivas ciertas locuciones compuestas, como no tan aína y por aínas, usadas en Bogotá, y en aínas o en ainitícas en América Central.

Atibar (del latín STIPĀRE ‘estibar’, con cambio de prefijo) es un verbo propio de la ingeniería que sigue en vigor en el diccionario académico con el significado de ‘rellenar con zafras, tierra o escombros las excavaciones de una mina que no conviene dejar abierta’. Es una palabra ajena por completo al vocabulario común, que sin embargo ha proporcionado una derivada que está en plena vigencia, sobre todo en el habla coloquial: atiborrar, compuesta de atibar y borra.

Atijara. Del acadio tamkārum ‘comerciante’ pasó al arameo taggārā, de este al árabe clásico tigārah, que a su vez pasó al árabe hispánico attiğára, de donde lo tomó el español de principio del s. XIII con los significados de ‘mercancía, comercio’, ‘precio de transporte de una mercancía’ y ‘merced, recompensa’. Todavía está en el DRAE, pero desapareció a fines de la Edad Media.

Ca era una conjunción causal de uso similar al porque actual (no confundir con la interjección coloquial ca o quia), procedente del latín QUIA, que se empleaba en el castellano de mediados del s. X, pero que ahora está completamente olvidada, aunque aparezca todavía en el diccionario académico.

Celícola (del latín CAELUM, -I ‘cielo’ y –COLA) ‘habitante del cielo’, todavía en el DRAE, era considerada ya una voz poética y de raro uso en el s. XVIII. Hoy ya no se usa.

Ceñar, derivado de ceño, es un verbo que, según el DRAE, todavía está en vigor en Aragón con el significado de ‘guiñar, hacer señas’, pero en general es una palabra completamente olvidada, ya rara en 1729, tal como puede leerse en el Diccionario de Autoridades: «’Hacer señas de desagrado poniendo ceño’. Es voz de mui raro uso».

Chirinola es una palabra que aún está vigente en el diccionario académico con varios significados, siendo el primero ‘reyerta, pendencia’, pero en realidad está en el olvido desde hace años. Proviene de Ceriñola, batalla librada junto a la ciudad italiana del mismo nombre por franceses y españoles en 1503.

Chozno ‘nieto en cuarta generación, hijo del tataranieto’ es una palabra válida pero ya casi desconocida.

Bichozno ‘quinto nieto, o sea hijo del  chozno o cuadrinieto, de bi- y chozno.

Cliéntulo, la es un diminutivo del s. XV que no figura ya en el diccionario académico. En el de Autoridades (1729) se explica: «Lo mismo que Cliente, con terminación diminutiva».

Columela no está ya en  DRAE, pero sí que aparece aún en el Diccionario de Autoridades (1729) con el significado de ‘colúna pequéña’. Coluna sigue estando en el diccionario académico actual como sinónimo poco usado de columna.

Compatía es una palabra olvidada que no hace mucho que fue borrada del diccionario académico. En el Diccionario de Autoridades (1729) todavía aparecía en pleno vigor: «Compathía: Conformidad, uniformidad confrontación, y lo mismo que Sympathia».

Comunaleza era una palabra medieval muy común, derivada de común. Aunque ya está anticuada, todavía aparece como tal en el DRAE con sus tres significados: ‘Medianía y regularidad entre los extremos de lo mucho y lo poco’, ‘comunicación (trato)’ y ‘comunidad de pastos y aprovechamientos’.

Conchabanza es una palabra documentada en el siglo XV (conchavança), que el Diccionario de Autoridades (1729) definía como «cierto modo de acomodarse uno para estar con conveniencia en alguna parte (…) Trahe esta voz Covarr. En su Thesoro; pero tiene poco uso (…) Metaphoricamente vale Unión, liga y concierto para conseguir alguna cosa. Ordinariamente se toma à mala parte para hacer mal à otro, ò conseguir alguna cosa, aunque sea por medios no lícitos. Tiene poco uso». A pesar de que ya entonces tenía poco uso y de que ahora está olvidada, sobrevive en el actual diccionario académico con los significados ‘acomodación conveniente de una persona en alguna parte’ y, coloquialmente, ‘acción y afecto de conchabarse’. El verbo del que deriva, conchabar, todavía es empleado en el habla vulgar.

Contentible es un adjetivo poco usado recogido aún por el diccionario académico, pese a que nadie ya lo utiliza: «(Del ant. contemptible, y ese del lat. CONTEMPTIBĬLIS) ‘Despreciable, de ninguna estimación’».

Coramvobis, tomado de la frase litúrgica latina CORAM VOBIS ‘en nuestra presencia’, es un vocablo usado en el Siglo de Oro y que el Diccionario de Autoridades (1729) define del siguiente modo: «Equivale á preséncia buena y grave: y assi del que es bien hecho y de buen talle, disposicion y persona, ò que afecta gravedad y compostura en ella, se dice que tiene gran coramvobis. Es voz familiar (…) Vulgar y comúnmente se toma por la cara ò rostro: en fuerza de lo qual se dice, que uno tiene buen corambovis». Por su parte, el diccionario académico actual ofrece la siguiente acepción, coloquial y poco usada: «Aspecto de la persona, en especial la gruesa y corpulenta, que afecta gravedad», que realmente está completamente olvidada.

Cordojo, del latín CORDOLĬUM ‘dolor de corazón’, pese a ser ya una voz anticuada en el s. XVIII, sigue apareciendo actualmente en el DRAE como voz en desuso y el significado de ‘congoja, aflicción grande’.

           Deliquio es una palabra plenamente en vigor pero hoy condenada al olvido. Procedente del latín DELIQUĬUM cuenta desde 1616 (Góngora) con el significado ‘desmayo (desfallecimiento)’ y desde el s. XIX (Espronceda) con el de ‘éxtasis, arrobamiento’.

Del adverbio de tiempo denante (lat. DE IN ANTE) ‘antes’ derivó denantes, adverbio con idéntico significado y que figura ya en el Diccionario de Autoridades (1732): «El que acaba de passar, ò passó próximamente à lo que se está diciendo. Es compuesto de la preposicion De y la voz Antes, añadida en medio la letra n». Ambos siguen hoy en el diccionario académico como adverbios en desuso y, en el caso del derivado, como vulgarismo.

Des que es un adverbio completamente olvidado, que aún recogía el Diccionario de Autoridades (1732) como voz antigua y de poso uso, que significaba lo mismo que ‘de este’, ‘desde que’ y ‘luego que’. En este mismo diccionario aparecen los ya olvidados deste, desta, desto, que por sinalefa (enlace de sílabas) significaban lo mismo que ‘de este’, ‘de esta’, ‘de esto’; y también destrotro, destrotra, essotro, essotra.

Desantañarse ya está completamente olvidada, pero en el siglo XVIII todavía era una palabra viva y jocosa que significaba ‘quitarse los años disimulándolos’.

Deshambrido ‘muy hambriento’ es voz en vigor pero ya olvidada.

Egestad es un vocablo procedente del latín EGESTAS (derivado de EGĔRE ‘carecer’), que significaba ‘necesidad, miseria, pobreza’ y que ahora está anticuado. Sigue sin embargo en vigor un pariente suyo, derivado también por el verbo latino EGĔRE, indigente (de INDIGENS, participio activo de INDIGERE ‘carecer’, compuesto de EGĔRE con INDE ‘de allí, de ello’).

No embargante es una locución conjuntiva adversativa sinónima de sin embargo, de origen forense y ya anticuada en el s. XVIII según el Diccionario de Autoridades, que todavía se encuentra viva en el DRAE, pero que ya ha caído en el olvido.

Engorrarse también sigue vivo en el diccionario académico: «(Quizá del ant. y dialect. engorar ‘incubar’) 1. prnl. Quedarse prendido o sujeto en un gancho. 2. prnl. Dicho de una espina o de una púa: Entrar en la carne de modo que no se pueda sacar fácilmente». Pero lo cierto es que se trata de un verbo completamente olvidado. No así sus derivados engorro y engorroso.

Entrambos fue una contracción (del latín INTER AMBOS) muy frecuente en otras épocas, similar al actual adjetivo plural ambos, pero que ahora solo se emplea, muy ocasionalmente, con estilo arcaizante en la lengua escrita.

Espejar. En el DRAE: «(De espejo). 1. tr. vulg. ‘despejar’. 2. tr. ant. ‘Limpiar, pulir, lustrar’. 3. prnl. ‘Reflejarse, reproducirse como la imagen en un espejo’. 4. prnl. ant. ‘Mirarse al espejo’. 5. prnl. ant. ‘Se decía de quien tenía mucho amor y se complacía en las gracias o en las acciones de alguien. Se espeja EN él’». En el Diccionario de Autoridades (1732) ya venían las acepciones 2.ª, 4.ª y 5.ª. Llama la atención especialmente la calidad de anticuada de la cuarta acepción: ¿Por qué ha dejado de usarse este verbo en su significado ‘mirarse al espejo’, no habiendo otra que la sustituya cabalmente?

Esplín es la adaptación gráfica de la voz inglesa spleen (‘bazo’, ‘hipocondría’), que entró en el vocabulario español con mucha fuerza a principio del s. XIX con el significado de ‘melancolía, tedio de la vida’, al considerarse entonces el bazo como el centro causante de la melancolía. Aunque sigue en vigor en el DRAE, ya el Diccionario panhispánico de dudas señala que es una voz de poco uso en la actualidad, información esta demasiado optimista para una palabra que, en realidad, lleva décadas sin ser utilizada.

Estrapazar fue registrada por el Diccionario de Autoridades en 1732 con la siguiente definición: «Hacer mofa y desprecio de uno, maltratándole de obra y palabra, desdeñandose de el y cargandole de injurias con irrision y tropelía. Es voz tomada del Toscazo Strapazzare, y de poco uso». A pesar de su poso uso, la Academia siguió registrándola en sus diccionarios de 1780 y 1783, eliminándola posteriormente. Es un claro ejemplo de extranjerismo que no llegó a prosperar en español.

Fallir era un verbo muy frecuente entre los ss. XII y XIV con las acepciones ‘faltar’, ‘engañar’, ‘abandonar’, ‘pecar’, ‘errar’; pero ya en el primer diccionario académico (s. XVIII) solo se recoge el antiguo participio de este verbo y hoy adjetivo fallido.

Faufáu es un claro ejemplo de voz familiar completamente olvidada hoy en día. No la recoge el DRAE, pero sí la menciona el Diccionario de Autoridades (1732): «Entóno y gravedad en el modo de portarse y en hablar con magisterio: y assi familiarmente se dice, Viene Fuláno con mucho faufáu. Dixose abreviando el nombre de Fausto».

Fazoleto es otro claro ejemplo de extranjerismo que no llegó a cuajar en español, pese a mantenerlo la Academia en el DRAE. Es sinónimo de pañuelo y viene del italiano fazoletto. Covarrubias lo recoge en 1611.

Fincar es un verbo muy antiguo (se lee en el Cid) que aún se recoge en el diccionario académico con dos significados anticuados (‘hincar’ y ‘quedar’) y otro vigente ‘adquirir fincas’, aunque lo cierto es que nadie en la actualidad emplea ya este arcaísmo jurídico, ni siquiera con la acepción supuestamente en vigor. Todo lo contrario ocurre con su derivado finca.

Flagrar ‘arder o resplandecer como fuego o llama’ es un latinismo poético empleado por los culteranos, pero que lleva mucho tiempo sin usarse. No así sus derivados en flagrante (locución preferida actualmente por la Academia frente a la todavía más usada in fraganti), conflagrar, conflagración, deflagrar, deflagración.

Flinflón es otro ejemplo de palabra onomatopéyica completamente olvidada, no recogida en el DRAE, pero cuyo curioso significado hallamos en el primer diccionario académico (1732): «El hombre de presencia abultada, fresco de cara, y rubio, como Aleman ù otra Nacion del Norte. Parece pudo darsele este nombre por la figúra Onomatopeya del sonido fuerte y violento de su pronunciación. Otros dicen Frinfrón».

Fruir (del latín FRUI ‘gozar’) es un cultismo raro del s. XV, sin uso ya en el XVIII, todavía recogido no obstante en el DRAE con su significado ‘gozar’, que en la actualidad está completamente olvidado. Todo lo contrario que su voz hermana fruición.

Fúcar (de Fugger, familia de banqueros alemanes de los siglos XV y XVI) ‘hombre muy rico y hacendado’, es un vocablo recogido en el diccionario académico, donde se señala que está en desuso. En realidad está completamente olvidado. Hace mucho tiempo que nadie emplea el apellido de esta aristocrática familia alemana como ejemplo de persona adinerada. Con el tiempo ha ido siendo sustituida por otros nombres más contemporáneos: Onassis, Rockefeller, Gates

Hinojo, en su significado ‘rodilla’ (del lat. GENUCŬUM, con i resultante de yenojo), fue un vocablo de uso frecuente en la Edad Media, pero ahora en desuso y olvidado. Sin embargo, pervive la locución adverbial de hinojos ‘de rodillas’, a pesar de que ya el poeta Pedro Espinosa (1625) la colocaba entre las frases «vulgares y malsonantes».

Ledo ‘alegre, contento, plácido’, era una voz muy común en la poesía medieval, usada todavía en el Siglo de Oro. De la poesía pasó a las novelas de caballerías y a ciertos libros de historia, de lengua arcaizante. Hoy en el diccionario académico se indica que se usa en lengua poética, pero en realidad lleva mucho tiempo olvidada.

Maguer (del griego bizantino μακάρι ‘ojalá’, derivado del griego μάκαρ ‘feliz, dichoso’) está recogida en el Diccionario de Autoridades (1734) como voz anticuada, sinónima de aun o aunque. Aparece en el Cid con el significado de ‘ojalá’ y, según Corominas, «es voz frecuentísima en la Edad Media, especialmente hasta el s. XIV (…) la progresiva decadencia del vocablo, debida al carácter plebeyo que fue tomando a fines de la Edad Media: el primero en evitarlo fue D. Juan Manuel, que con su fina sensibilidad aristocrática, introduce el neológico como quiera que; todavía es frecuente maguer en Villasandino, pero Santillana ya casi sólo lo emplea por necesidad métrica y nunca en prosa, y por esta época lo evita el común de la gente». Hoy está en completo olvido, pese a conservarse en el DRAE como sinónimo en desuso de aunque.

Mamparar es un verbo en desuso y que está a punto de desaparecer del diccionario académico (propuesta su supresión para la vigésima tercera edición), que desde el s. XIII significa ‘proteger, amparar’. Pero continúa en plena vigencia su derivado mampara.

Manliéve es una palabra medieval recogida en el Diccionario de Autoridades (1734), con el siguiente significado: «El engaño que se hace, dexando en poder de alguno una cosa cerrada, dandole à entender tiene dentro alguna alhaja preciosa, siendo en la realidad tierra, piedras ù otra cosa de poco valór». Hoy esta palabra está completamente olvidada y no aparece ya en el diccionario académico.

Membrar es un verbo olvidado, recogido aun en el DRAE como sinónimo en desuso de recordar. Fue muy empleado en los ss. XII-XIV y todavía lo registra Nebrija (s. XV), pero ya en el XVI Juan de Valdés hizo constar que solo lo empleaban los poetas. Siguen muy vivos sus derivados memoria, rememorar y, en lenguaje culto, remembranza.

Mendocino es un adjetivo ya olvidado pero recogido todavía en el diccionario académico: «(De [los] Mendoza, familia a la que se atribuía el origen de la superstición que considera de mal agüero derramar sal en la mesa). 1. adj. desus. Que cree en agüeros, supersticioso». El vocablo ha caído en el olvido, pero no así la creencia supersticiosa a la que se refería. Apareció por primera vez en el Guzman de Alfarache (1599) y muchos autores del Siglo de Oro aludieron en efecto a la famosa superstición familiar de los Mendoza. Rojas Zorrilla cuenta la tradición de que uno de ellos mató a un paje de un certero tiro de daga, como castigo por haber derramado sal. Otros autores, más tardíos, como Suárez de Figueroa, les atribuyen también el prejuicio supersticioso contra el martes.

Merculino es un adjetivo anticuado recogido aun por el diccionario académico con el significado siguiente: ‘Perteneciente o relativo al miércoles’. En el s. XVIII todavía estaba en vigor. El porqué ha desaparecido de nuestro vocabulario esta palabra sin que la haya sustituido otra con igual significado es un misterio.

Mirlo es el nombre de un pájaro (muy conocida es la locución ser alguien un mirlo blanco ‘ser de rareza extraordinaria’) y también cuenta con una segunda acepción coloquial: ‘Gravedad y afectación en el rostro’, igualmente en vigor pero completamente olvidada. Lo mismo ocurre con sus derivados coloquiales mirlarse ‘entonarse afectando gravedad y señorío en el rostro’ y mirlamiento ‘acción de mirlarse’, pese a la oportunidad con que podrían emplearse para describir a no pocas personas.

Nucir es un verbo anticuado pero recogido todavía por el diccionario académico como sinónimo de dañar. Están sin embargo vigentes sus derivados nocivo, inocente e innocuo.

Ox y oxear son palabras que siguen en vigor, pero prácticamente están ya ocultas bajo el manto del olvido. Oxear ‘espantar las aves domésticas y de caza’ derivó de la interjección ox, usada para tal menester. El Diccionario de Autoridades (1737) recoge, además de estos dos vocablos, este otro: «Oxéo: La accion de ahuyentar y levantar la caza, para conducirla al sitio que se desea», que ni siquiera está recogido ya en el DRAE.

Palabrimujer es un adjetivo olvidado pero que continúa vivo en el DRAE: ‘Dicho de un hombre: Que tiene el tono de la voz como de mujer’. Puesto que sigue habiendo hombres con esta característica, la única explicación de este olvido debe encontrarse en el supuesto tono peyorativo de la palabra. Algo que resulta no obstante extraño, puesto que hay muchísimas otras palabras igualmente hirientes que se conservan en el diccionario académico

Paragonar y su derivado sinónimo parangonar (la primera n es propagación de la segunda) son dos verbos en vigor pero muy poco utilizados, prácticamente casi olvidados, incluso en la segunda y más técnica acepción de parangonar (‘justificar en una línea las letras, adornos, etc., de cuerpos desiguales’). No ocurre lo mismo con el sustantivo derivado parangón.

Pasagonzalo es una palabra compuesta de pasar y el nombre propio Gonzalo, que significa coloquialmente ‘golpe pequeño dado con la mano y, particularmente, en las narices’. A pesar de que la Academia señala que es de poco uso, lo cierto es que se trata de una palabra ya prácticamente olvidada.

Perecear y emperezar son verbos sinónimos y derivados de pereza. Están en vigor, pero están ya casi olvidados. Todo lo contrario que desperezarse.

Quillotro (de aquello otro) es un término coloquial olvidado, pese a estar en vigor todavía en el DRAE. Ya estaba considerada voz rústica en el s. XVIII.

Roborar (del lat. ROBORĀRE) ‘dar fuerza y firmeza a algo’, ‘reforzar con razones o argumentos’ es un verbo recogido en el diccionario académico y aun en vigor, pero que ya no es usado. Sí que lo es su hermano corroborar.

Vero (del lat. VERUS) ‘verdadero’ era un adjetivo usado en el Cid. Pero ya desde el s. XI empezó a reemplazarle su derivado verdadero. Hace mucho tiempo pues que desapareció vero del vocabulario español, pero no así sus derivados verdadero, verdad y la locución adverbial de veras.

& Comentarios
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    Raquel26 Febrero, 2014 - 16:30

    Hola, qué tal, he leído el artículo sobre las “Palabras olvidadas o en desuso” y me ha parecido muy interesante; sin embargo, la seriedad que prentenden imprimirle a los artículos y a la página, en general, se ve opacada por diversos errores ortográficos, los cuales también la convierten en una página no confiable y por ende no recomendable para consulta.
    Ojalá puedan solucionar estos detalles.

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      Curiosidario26 Febrero, 2014 - 18:43

      Estimada lectora, le agradecemos su comentario y nos permitimos solicitarle que nos indique los errores que ha detectado y en qué página o páginas se encuentran, se los trasladaremos al autor para su revisión y modificación.
      Le facilitamos una dirección de email por si nos quiere enviar la información por ese medio. webmaster@curiosidario.es
      Le quedaríamos muy agradecidos.

      Un cordial saludo

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      Curiosidario21 Abril, 2014 - 5:56

      Estimada lectora, si se refiere a los textos entrecomillados no son faltas de ortografía, sino citas literales utilizando palabras olvidadas o en desuso.

      Un cordial saludo.

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    julio Pérez3 Agosto, 2014 - 17:31

    Con menos palabras y albriciando para que continúes. En hora de las buenas. Gracias

  3. comment-avatar
    José quito21 Agosto, 2014 - 8:53

    Una consulta. he estado leyendo cien años de soledad. y me encontré con una palabra que no encuentro su significado, quisiera saber si está en desuso o no sé, espero puedan ayudarme, la palabra es “azogile”.

    aquí la cita dónde aparece la palabra:

    “Seducido por la simplicidad de las fórmulas para doblar el oro,José Arcadio Buendía cortejó a Úrsula durante varias semanas, para que le permitiera desenterrar sus monedas coloniales y aumentarlas tantas veces como era posible subdividir el azogile.”

    • comment-avatar
      Curiosidario25 Agosto, 2014 - 13:14

      Estimado lector:

      Le trasladamos la respuesta de Gerardo Muñoz Lorente autor de Curiosidario.es que nos dice:

      “Ya me ha respondido la RAE:
      La palabra que aparece en ese fragmento de “Cien años de soledad” es “azogue”.
      Si la ha copiado bien, seguramente será una errata de imprenta o del traductor de esa edición”
      Esperamos que esta respuesta le sea útil.

      Un cordial saludo

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        José quito30 Agosto, 2014 - 8:53

        oh! muchas gracias, ya me había resignado a buscar porque en ningún lado me daban respuestas. Muchas gracias por su tiempo y atención. suerte! y sigan así con sus publicaciones.

  4. comment-avatar
    imelda22 Agosto, 2014 - 5:14

    interesante

    • comment-avatar
      Curiosidario22 Agosto, 2014 - 8:48

      webmaster@curiosidario.es
      8:43 (hace 4 minutos)

      para laredo572003
      Gracias por seguirnos y por su comentario. Ha sido aprobado y publicado.

      Un cordial saaludo.

      Webmaster

      (Alfonso Palazón)

  5. comment-avatar
    jaime poch24 Noviembre, 2014 - 23:46

    sería interesante que pongan la palabra que lo sustituye o sea de doble entrada, como hay un diccionario aquí en argentina, que al final está la lista de las palabras que las reemplazan. gracias, muy bueno

  6. comment-avatar
    Mar11 Marzo, 2015 - 19:13

    Hola,
    estoy buscando un diccionario donde se recojan palabras del castellano antigüo. Agradecería que me informaran del título del libro y el autor.
    Muchas gracias
    Mar

    • comment-avatar
      Curiosidario11 Marzo, 2015 - 21:14

      Existen varios diccionarios antiguos en ediciones recientes, como el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, de Sebastián de Covarrubias, editado por primera vez en 1611; está considerado el primer diccionario de español; es relativamente fácil encontrar a la venta algún ejemplar de la editorial Castalia de 1995. No tan antiguo pero más completo es el Diccionario de Autoridades, publicado por primera vez hace 300 años; es el primer diccionario editado por la Real Academia Española; existe una edición en tres tomos de la editorial Gredos de 2002.
      Esperamos que esta información le resulte útil.
      Saludos
      Gerardo Muñoz

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    Emanuel Palomino Valencia24 Junio, 2015 - 18:35

    qviero saver palabras en desuso pero no encuentro nada xD 🙁 🙁

  8. comment-avatar
    Elsa María22 Julio, 2015 - 18:51

    Alguien puede ayudarme; estoy leyendo el Catastro de Ensenada y me aparece la palabra: CUTANGUILLO y/o CUTANGUILLERA y no encuentro su significado en ningún diccionario o página. Gracias

    • comment-avatar
      Curiosidario22 Julio, 2015 - 20:46

      Efectivamente, las palabras “cutanguillo” y “cutanguillera” no aparecen en
      ningún diccionario académico de la lengua española; ni siquiera en el
      Diccionario de Autoridades, que fue editado aproximadamente en la misma época
      que Catastro de Ensenada. Probablemente se trate de un vocablo usado
      antiguamente en un lugar muy reducido y ya extinguido, que no fue tomado en
      cuenta por los académicos.

    • comment-avatar
      ensoledad26 Enero, 2016 - 0:07

      ¿PODRÍA SER “chuchango”? ¿Un caracol de tierra?

      • comment-avatar
        Alfonso Palazón26 Enero, 2016 - 9:37

        Sí, chuchango es un caracol de tierra, en Canarias. Gracias.

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      Curiosidario31 Julio, 2015 - 19:52

      Gracias por su comentario. Lo hemos añadido a lka entrada correspondiente.
      Saludos

  9. comment-avatar
    Manuel Gisbert18 Agosto, 2015 - 18:28

    Columela es una palabra empleada en malacología en la descripción de las conchas. Se identifica como el eje central de la misma

    • comment-avatar
      Curiosidario18 Agosto, 2015 - 20:09

      Como decimos más arriba, «columela» figura en el Diccionario de Autoridades
      (1729) con el significado de ‘columna pequeña’. Ya aparecía anteriormente en el
      diccionario de Minsheu (1617) con idéntico significado. La misma acepción
      registran los lexicógrafos Salvá (1846) y Castro y Rossi (1852), aunque
      advirtiendo de que es anticuada. Pero, efectivamente, tal como nos informa
      nuestro amigo Manuel Gisbert en su amable y acertado comentario, más adelante
      tomó este vocablo el significado de ‘eje sólido de una concha espiral’, y
      también el de ‘órgano que en los musgos sale del centro del pedúnculo’
      (Domínguez, 1853). Estas acepciones no fueron tomadas en consideración
      posteriormente por Gaspar y Roig ni por Zerolo, pero sí por Rodríguez Navas
      (1918). Sin embargo, la RAE nunca ha registrado estos significados.

  10. comment-avatar
    Eladio Foocey17 Enero, 2016 - 23:08

    Con todo respeto:

    Mendocino es el gentilicio correspondiente a la provincia de Mendoza, Argentina.

    Pero, claro… está en el Hemisferio Sur

    • comment-avatar
      Alfonso Palazón18 Enero, 2016 - 16:06

      El adjetivo mendocino, na al que nos referimos en este apartado en concreto, con
      el significado de ‘que cree en agüeros, supersticioso’, se refiere a la antigua
      familia de los Mendoza, a la que se atribuye la superstición que considera de
      mal agüero derramar sal en la mesa, tal como explica la RAE en su diccionario.

  11. comment-avatar
    Eladio Foocey18 Enero, 2016 - 19:56

    La RAE explica sus dos significados.

    Mi objeción se refería a que no es la palabra la que actualmente ha caído en desuso sino una de sus acepciones.

    Saludoa

    • comment-avatar
      Alfonso Palazón20 Enero, 2016 - 18:10

      Gracias por su comentario.
      Saludos.
      Webmaster de Curiosidario

  12. comment-avatar
    ftquilicol30 Enero, 2016 - 18:41

    Es normal que ocurra esto con nuestro idioma.cuando en la RAE lo Único que hacen los academicos,es darle vida a los extragerismos ya sabemos que en españa se le da más valor a lo de fuera, asi nos va y no vemos la riqueza de vocabulario que posee nuestro idioma.sigamos asi, que menos mal que nos quedan los paises iberoamericanos,Dios salve nuestro Idioma.

  13. comment-avatar
    Betty19 Octubre, 2016 - 20:22

    Interesante. Me gustó

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