Palabras rivales

Palabras rivales

Palabras rivales | Muchas palabras sinónimas han rivalizado entre sí. Algunas siguen haciéndolo. No pocas han desaparecido o han quedado en desuso al perder esta batalla entre palabras de parecido o idéntico significado. Hemos revisado los distintos diccionarios y hemos encontrado una buena muestra de ella. Las relacionamos a continuación:

ABABOL y AMAPOLA. Del árabe hispánico appapáwr[a], y este del latín PAPĀVER, con influjo del árabe abb ‘semillas’, tomó el español del s. XIV el vocablo ababol, que poco después derivó en amapola. Hoy en día amapola es la forma más extendida, excepto en Albacete, Aragón, Murcia y Navarra, donde sigue diciéndose ababol.

ABORTO, ABORTADURA y MOVEDORA. El verbo abortar es muy antiguo (1241) y de él derivó abortadura ‘acción de abortar’. También el verbo mover tenía antiguamente el mismo significado que abortar; de él derivó movedura. Abortadura y movedura eran, pues, palabras sinónimas que compitieron durante siglos, hasta que apareció aborto (1605), tomado del latín ABŎRTUS, que poco a poco fue adquiriendo preponderancia y acabó arrumbando a los antiguos movedura y abortadura al rincón de las antiguallas.

ABSENTISMO y AUSENTISMO. Las dos palabras significan lo mismo y tienen la misma raíz latina (ABSEN, -TIS). Ausentismo deriva del adjetivo popular ausente y es la forma usada con preferencia en el español americano, en tanto absentismo fue tomado del inglés a fines del s. XIX y es la forma que se emplea mayoritariamente en España.

ACAPARAR y ESTANCAR. A mediados del s. XIX llegó al español desde el francés el verbo acaparar (fr. accaparer) con el significado ‘adquirir y retener cosas propias del comercio en cantidad superior a la normal, previniendo su escasez o encarecimiento’. Algunos lingüistas, como Rafael María Baralt (autor del primer diccionario de galicismos), se opusieron a la adaptación del verbo francés, toda vez que lo consideraban un galicismo innecesario, sustituible por estancar. Este verbo, estancar, estaba documentado ya en el español del s. XIII y, además de ‘detener la corriente de un líquido’, tenía otra acepción, ‘prohibir el curso libre de cierta mercancía, concediendo su venta a determinadas personas o entidades’, que podía muy bien asumir el significado que pretendía aportar el verbo francés, en opinión de Baralt y demás opositores al galicismo. Sin embargo, acaparar se afianzó en el vocabulario español, aunque la Academia no lo admitió hasta el s. XX. Acaparar y estancar sostuvieron una intensa lucha, pero al final han sobrevivido ambas palabras gracias a la especialización de cada una: acaparar en el ambiente comercial sobre todo y estancar en la idea de retención y contención.

ACARICIAR, HALAGAR y MIMAR. Caricia y acariciar llegaron al español desde el italiano en el s. XVI. Antes, durante la Edad Media, se usaban halagar (falagar en la grafía de la época, tomado del árabe hispánico ẖaláq ‘palomo ladrón’) y mimar (de origen expresivo), así como halago (falago) y mimo. Caricia y acariciar ganaron preponderancia muy pronto en nuestro idioma y hoy en día son en efecto las voces más frecuentes, pero, lejos de desaparecer, tanto halagar y halago (gracias a su significado más amplio) como mimar y mimo (usados en un tono más familiar) siguen vigentes.

ACEDO y VINAGRE. Del latín ACĒTUM ‘vinagre’ tomó el castellano arcaico el sustantivo azeto (h. 1050) con el mismo significado que en latín. Pero a mediados del s. XIII azedo (en grafía de la época) se convirtió en adjetivo, pasando a significar ‘ácido’, al mismo tiempo que vinagre (lat. VINUM ACRE) le sustituyó para designar su anterior significado. En la actualidad, vinagre es la única voz usada para referirse a este líquido producido mediante la fermentación ácida del vino, mientras que acedo continúa siendo un sinónimo de ácido y de agrio.

ACEITE y ÓLEO, ACEITUNA y OLIVA. Tomados del latín, oliva y olivo ya constan en el castellano del s. XII. También en esta época existía olio ‘líquido obtenido de las olivas’. Pero a mediados del s. XIII fueron adaptados del árabe aceite y aceituna. Azeite (en grafía de la época) venía del árabe hispánico azzáyt, este del árabe clásico azzayt, y este a su vez del arameo zaytā; y azeituna era su derivado (arameo zaytūnā, diminutivo de zaytā). Azeite y azeituna se generalizaron muy pronto, manteniendo una fuerte lucha con sus sinónimos de origen latino olio y oliva. Aceituna y oliva siguen viviendo juntos en la actualidad, con ligero predominio del arabismo, mientras que aceite se ha quedado sola tras derrotar por completo a olio, que ya a principio del s. XVII dejó paso a óleo (lat. OLĔUM) ‘aceite de oliva’, primero en lenguaje eclesiástico (los santos óleos) y después en un lenguaje más culto y, por tanto, más limitado que el popular aceite. Por su parte, al no tener rival arábigo, olivo se ha mantenido como nombre de árbol, solo discutido por olivera en determinados ámbitos geográficos.

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ACERICO, ACERUELO, ALMOHADA, COJÍN y FACERUELO. En la Edad Media ya existía en el español el vocablo faceruelo ‘almohada’, que derivaba de faz ‘cara’ (fazeruelo en la grafía de entonces). A fines del s. XIV llegaron a nuestro idioma los vocablos almohada (cuya raíz árabe significaba ‘mejilla’) y, probablemente a través del catalán, coxín (del latín vulgar *COXINUN, de COXA ‘cadera’). El significado de cojín se refería más concretamente al de una ‘almohada para sentarse’, pero el de almohada coincidía plenamente con el de faceruelo, razón por la cual estas dos últimas mantuvieron una breve pugna de la que salió victoriosa la palabra de origen árabe. Al quedarse prácticamente en desuso (todavía está en el DRAE como sinónimo anticuado de almohada), faceruelo evolucionó primero hacia aceruelo y luego hasta acerico, al mismo tiempo que se especializaba en su significado: ‘especie de albardilla para cabalgar’, ‘paño para cubrir la almohada’ (aceruelo) y ‘almohada pequeña que se pone sobre las grandes’ (acerico). Por su parte, al no entrar en conflicto directamente con ninguna otra, la palabra cojín se mantiene en plena vigencia con su propio y antiguo significado.

ACERO y CHALYBS. La lucha entre estas palabras duró muy poco en el castellano antiguo. En latín se usaba el helenismo CHALYBS para designar la ‘aleación de hierro y carbono’, y como tal pasó al romance. Pero todavía se iniciaba la Edad Media cuando chalybs fue sustituida por ferro azero (del latín FERRUM ACIARIUM ‘hierro afilado’), locución que se abreviaría después del s. X a azero.

AEROBISMO-CORRER-TROTAR y FOOTING-JOGGING. La Academia ha presentado, como avance de la vigésima tercera edición de su diccionario, el artículo nuevo aerobismo, un americanismo definido como ‘deporte consistente en correr al aire libre’, muy usado en América del Sur, especialmente en los países del Río de la Plata. La Academia pretende que esta nueva palabra sustituya a las voces inglesas jogging y footing (esta última llegada a través del francés, con cambio de sentido incluido, pues footing en inglés significa ‘posición’), usadas en diferentes zonas del mundo hispánico. En cualquier caso, estos extranjerismos ya están perdiendo terreno a favor de otras voces netamente españolas, como correr en España y trotar en varios países americanos.

AERONAVE, AEROPLANO y AVIÓN. En el s. XIX se empleaba la palabra aeronave para designar al ‘vehículo capaz de navegar por el aire’, como el globo, y su derivado aeronauta para referirse a su piloto. A fines de ese mismo siglo se adaptó a nuestro idioma aeroplano, procedente del francés aéroplane, que sustituyó en buena medida a aeronave por designar un modelo de aparato más avanzado, metálico, con alas y motor. Pero casi al mismo tiempo llegó también otra palabra de origen francés, avión, que fue la que más éxito tuvo en nuestro idioma, hasta el punto de hacer casi olvidar aeronave y aeroplano. En la actualidad aeroplano es una voz casi sin uso, que la Academia sigue registrando como sinónimo de avión, mientras que aeronave ha conseguido mantenerse en vigencia al ser utilizada en el lenguaje científico para designar a ciertos vehículos capaces de transportar un objeto al espacio y situarlo en él (también conocidos como lanzaderas espaciales) y por la literatura y cinematografía de ciencia-ficción para referirse a supuestos aparatos capaces de navegar por el espacio, aun cuando en el DRAE sigue figurando como única acepción de esta palabra la de ‘vehículo capaz de navegar por el aire’, que no por el espacio exterior.

AEOROSOL y ESPRAY o SPRAY. Aunque ya existía en español y desde hacía tiempo aerosol (adaptación gráfica del francés aerosol), hace años que la Academia recogió en su diccionario la voz inglesa spray con el mismo significado, ya que se había introducido con bastante fuerza en nuestro idioma. La pelea entre aerosol y spray no ha dado el resultado esperado, razón por la cual la Academia incluirá en la próxima edición de su diccionario (23.ª) la adaptación gráfica de este anglicismo: espray, aunque dando preferencia todavía a aerosol.

AFICIÓN y HOBBY. Con el significado de ‘pasatiempo, entretenimiento que se practica habitualmente en los ratos de ocio’, la voz inglesa hobby fue muy usada en español durante la segunda mitad del s. XX. Todavía se usa, pero mucho menos, por lo que no ha llegado a adaptarse al español. Cada vez pierde más terreno frente a su equivalente española afición.

AGRADAR, APLACER, GUSTAR y PLACER. Del latín PLACĒRE tomó el castellano primitivo el verbo plazer (en grafía antigua), de donde derivó aplazer. Placer fue de uso general y popular en la Edad Media, pues agradar, como sinónimo de placer, no apareció hasta el s. XV, y gustar hasta el XVI. Tanto el verbo placer como su derivado aplacer terminaron cayendo en el desuso, en beneficio de agradar y gustar, si bien placer como sustantivo se ha mantenido con vida hasta ahora.

AGUINALDO, ALBRICIAS, DÁDIVA, ESTRENAS, OBSEQUIO y REGALO. Cronológicamente, la más antigua es dádiva, derivada de dar, pues está documentada en el s. X. Le sigue estrena o estrenas (del verbo estrenar en su acepción, ahora anticuada, ‘regalar, galardonar’) como ‘dádiva, alhaja o presente que se da en señal y demostración de gusto, felicidad o beneficio recibido’, cuando se estrenaba algo (un vestido, una carroza, etc.); pero su uso quedó muy restringido al introducirse albricias y aguinaldo. Albricias se lee en singular en el Cid, aunque su uso se generalizó hacia 1400, por la misma época en que lo hacía también aguinaldo. De origen árabe, albricias era, más concretamente, el regalo que se le hacía al mensajero que traía una buena nueva; mientras que aguinaldo (aguilando al principio), de origen incierto (quizá de la frase latina HOC IN ANNO ‘en este año’, que se empleaba como estribillo en las canciones populares de Año Nuevo), se refería al ‘regalo que se da en Navidad o en la fiesta de la Epifanía’. Más modernos son obsequio y regalo. Obsequio fue tomado del latín OBSEQUIUM  ‘acción de obsequiar’, ‘regalo que se hace’ en el Siglo de Oro. Regalo es palabra aun más nueva, al menos en el sentido de ‘dádiva’. En la actualidad es la más moderna, regalo, la palabra que, con este significado, prevalece con diferencia en el habla popular de todo el ámbito hispánico, a excepción de Argentina, donde apenas llegó a penetrar esta innovación española, por lo que suele emplearse obsequiar en el sentido de ‘hacer un presente’. Por el contrario, obsequio ha quedado reducido en España al habla culta. Salvo aguinaldo, que sobrevive gracias a su especificidad como regalo navideño, las otras voces más antiguas prácticamente han desaparecido, pese a mantenerse en el diccionario académico, pues dádiva hace tiempo que, popularmente, fue confundida con limosna.

AGUJEREAR-AGUJERO, HORADAR-HORADO y BURACO. Forado (en la grafía medieval; del lat. FORATUS ‘perforado’) y su verbo foradar son muy frecuentes en la Edad Media, pero mientras el sustantivo se queda anticuado muy pronto, pese a sucesivos cambios de significado (‘agujero’ > ‘escondrijo’ > ‘calabozo’), el verbo todavía persiste en el Siglo de Oro, aunque ya por entonces perdía mucho terreno ante la mayor vitalidad de abujerear (tal como se escribía en 1504; si bien en 1513 ya era agujerear). Este verbo y su sustantivo agujero (derivados de aguja) se hicieron hegemónicos, condición que mantienen hoy en día. Pese a ello, agujerear no ha conseguido acabar del todo con el antiguo horadar, que se conserva en el lenguaje literario. Del mismo modo que agujero no ha logrado erradicar a buraco, voz calificada de vulgar y sinónima de agujero por la Academia, pero que sigue siendo popular en determinadas zonas del Noroeste de España (Asturias, León, Zamora, Salamanca, Segovia, Ávila) y en algunos puntos de América.

AJÍ, CHILE y PIMIENTO. Las preferencias van por ámbito geográfico. Pimiento (del lat. PIGMENTUM ‘color para pintar’) no aparece en español hasta el s. XV y es la única voz usada en España. Ají (de origen taíno) es mencionado por Colón en 1493 y es la voz predominante en las Antillas y en América del Sur. Chile (de origen nahua) aparece como chil en una relación de un compañero de Cortés en 1521, y es la voz usada en México y América Central.

AJONJOLÍ, ALEGRÍA y SÉSAMO. Sésamo (del lat. SESĂSUM, y este del griego σήσαμον) está datado con la forma sínsamo en 1251, pero no prosperó y cayó en el olvido hasta el s. XIX, en que la Academia lo registró en su diccionario (1884). Entretanto y desde el s. XVI como mínimo, los únicos nombres populares en castellano para designar esta planta y su simiente eran alegría (derivado de alegre) y ajonjolí (del árabe hispánico aǧǧulgulín, y este del árabe clásico ǧulǧulān). Hoy la Academia define sésamo como una variante del ajonjolí y la alegría, que hace sinónimas aunque con preferencia de la primera. Realmente, en el habla común, sésamo es la forma más usada y popular de las tres, entendiéndose las otras dos como simples sinónimos.

ALACRÁN y ESCORPIÓN. Ambas palabras son medievales, pero la más popular en 1251 (fecha más antigua de la que se tienen noticias de ellas) era alacrán, de origen árabe. Entonces debía de hacer poco tiempo que había empezado a usarse el cultismo escorpión (del latín SCORPĬO, -ŌNIS), que a la postre se convertiría en la predominante, aunque alacrán sigue siendo muy utilizada en determinadas y amplias zonas geográficas.

ALBA, AMANECER y AURORA. Las tres palabras proceden del latín y son igual de antiguas, pero amanecer es la forma más popular desde los orígenes del idioma para referirse al comienzo del día. El uso de alba y aurora se ha limitado siempre al lenguaje poético, como voces sinónimas de amanecer.

ALBAÑAL y CLOACA. Albañal (del árabe hispánico alballá’a; literalmente, ‘tragona’) es casi un siglo (fin s. XIII) más antigua en nuestro idioma que su sinónima cloaca (lat. CLOACA), que se escribía cloaga en el s. XIV. Esta última tardó en popularizarse, pues todavía en el s. XVIII la Academia la calificaba de «voz puramente latina». Hoy en día, aunque albañal es una palabra que no está del todo olvidada, cloaca es la más popular y corriente.

ALBAÑIL y PEDRERO. Es solo una conjetura que el arabismo tardío albañil sustituyera a pedrero para designar al ‘maestro u oficial en el arte de construir edificios’, pues no hay constancia de que pedrero haya tenido nunca ese significado. Es una suposición del etimólogo Corominas, quien reconoce que «es difícil decir cuál sería la expresión romance sustituida por el advenedizo albañil». El caso es que albañil ya era usado extensamente en español hacia 1400. Anteriormente, en 1268, aparece un albañí andaluz.

ALBO y BLANCO. Del latín ALBUS ‘blanco’, albo ya está documentada en el castellano del año 929. Nunca fue una palabra muy popular, pero era la única que designaba el color de la nieve o de la leche hasta la llegada de blanco. De origen germánico, blanco aparece en el Cid, pero todavía tardaría en vencer a albo en la disputa que mantuvieron durante siglos. En textos datados hacia 1300 o algo posteriores todavía albo parece ser el vocablo predominante, pero no tardaría mucho en quedar reducido al ámbito poético.

ALCACHOFA y ALCAUCIL. Ambas son de origen hispanoárabe y aparecieron en el español al mismo tiempo (1423), siendo entonces carchofa la grafía de alcachofa, que como tal no se lee hasta 1548, pero la más extendida era sin duda alcaucil (que derivaría luego en alcací y alcacil). Alcachofa terminaría por imponerse en la mayor parte del ámbito hispánico, pero la prueba de que su triunfo relativo sobre alcaucil fue tardío la encontramos en el hecho de que alcaucil es la única forma usada en Argentina, Bolivia y otras partes de América.

ALCANCÍA y HUCHA. Alcanzía (según grafía medieval) tiene raíz pelvi pero llegó a nuestro idioma a través del árabe a principios del s. XV, con el significado de ‘vasija, comúnmente de barro, cerrada, con solo una hendidura estrecha hacia la parte superior, por donde se echan monedas que no se pueden sacar sino rompiendo la vasija’. Dos siglos más tarde, llegó a nuestro idioma, esta vez desde el francés (huche ‘alcancía de barro o caja de madera o de metal’), la voz hucha con el significado de ‘cofre para guardar harina’, pero que muy pronto (en el s. XVIII) la Academia ya reconocía como sinónimo de alcancía. En la actualidad, hucha ha vencido casi por completo la lucha que ha sostenido con alcancía durante los últimos siglos, pues esta voz se usa en apenas unas pocas zonas del ámbito hispánico.

ALCÁNTARA, ALCANTARILLA y PUENTE. De origen latino puente está en nuestro idioma desde sus orígenes, mientras que alcántara (de origen árabe y con el mismo significado), aunque no está documentada hasta mucho después (1786), debe de ser también una palabra bastante antigua en español, puesto que en 1726 la Academia la registraba como «término técnico, raro. Lo mismo que Puente (…) Voz antiquada, que trahe Covarr. en su Thesoro». El diminutivo alcantarilla ‘puente levadizo o pequeño’ está documentado ya en 1202, lo que confirma que alcántara es palabra anterior y todavía en el s. XIX se empleaba en dicho sentido. Según Corominas, «aunque el primitivo alcántara en su acepción técnica parece ser voz tardía, no puede decirse, en vista de los numerosos Puente de Alcántara y otros lugares de este nombre, de cuyo significado existía cierta conciencia popular, que el vocablo fuese ajeno al castellano, y se comprende que de él pudiera formarse un derivado diminutivo para la acepción especial ‘puentencillo en un camino’, mientras que la conciencia lingüística común rechazó la consolidación de alcántara como sinónimo romance de puente». En la actualidad, alcántara y alcantarilla siguen en el diccionario académico, pero ninguno con los significados primigenios.

ALCORQUE y ALPARGATA. Las dos palabras son de origen hispanoárabe. De la primera hay constancia en el español desde principio del s. XV y de la segunda desde fines del mismo siglo. Desde el principio del XVII desaparece alcorque del lenguaje común y queda relegado a la germanía como sinónimo de alpargata, a pesar de que este es un calzado con suela de esparto o cáñamo, mientras que el alcorque la tenía de corcho.

ALCREBITE y AZUFRE. Las dos son palabras sinónimas y medievales. Alcrebite (del árabe hispánico alkibrít, este del árabe clásico kibrīt, y este del acadio kibrītu[m]) era de uso general y popular entre los musulmanes de España y pasó luego a serlo entre los demás, pero no con la suficiente fuerza como para vencer al latinismo azufre, que con la expulsión de la mayoría de los musulmanes hizo olvidar por completo al arábigo alcrebite, por más que en el diccionario académico se conserve como sinónimo en desuso.

ALFAYATE y SASTRE. En la actualidad alfayate figura en el DRAE como sinónimo poco usado de sastre. Pero durante el siglo XIII alfayate (de origen hispanoárabe) no tuvo competidor en castellano. Todo cambió cuando, en 1302, hizo aparición la palabra sastre (de origen provenzal o catalán, con raíz en el latín SARTOR ‘sastre remendón’). Hasta el s. XVI la lucha entre ambas palabras fue durísima, pero el triunfo final fue para sastre.

ALFÓNCIGO y PISTACHO. Como fruto del alfóncigo, Covarrubias (s. XVII) recogió pistacho (del francés pistache o del italiano pistacchio, y estos del griego πιστάκιον). Pero este extranjerismo se encontró con la feroz oposición del castizo alfóncigo (del árabe hispánico alfústaq, este del árabe clásico fustuq, este del pelvi pistag, y este del griego πιστάκη), que servía para designar en español tanto al árbol como a su fruto desde el final de la Edad Media, primero como alfónsigo. Pero el pertinaz pistacho mantuvo la pelea hasta que, por fin, la Academia lo registró en 1817. Hoy pistacho es voz popular y frecuente, mientras que alfóncigo, y su sinónimo alfónsigo, no son apenas ya usados para designar el fruto de este árbol.

ALJABA y CARCAJ. De origen persa, carcaj ‘caja portátil para flechas’ (carcax en la grafía de entonces) llegó al español a través del francés en la época de las Cruzadas (s. XIII). La palabra de origen árabe aljaba tenía el mismo sentido y, aunque está documentada en 1325, presumiblemente era más antigua. La cuestión es que ambas se enzarzaron en una pelea por sobrevivir en la que, al final, parece que carcaj se llevó la mejor parte.

ALJÓFAR y PERLA. En la Edad Media aljófar (del árabe hispánico alǧáwhar) designaba la ‘concreción nacarada que suele formarse en el interior de las conchas de algunos moluscos’, sin distinción de forma y tamaño. Pero en el s. XV apareció en el español la palabra perla (de etimología discutible), que ya en el Siglo de Oro se hizo muy frecuente, obligando a aljófar a especializarse, para sobrevivir, en ‘perla de forma irregular y pequeña’.

ALMA y ÁNIMA. Ambas tienen la misma raíz: latín ANĬMA ‘aire, aliento’, ‘alma’. Alma (forma popular) y ánima (forma culta) han convivido pacíficamente en el español desde sus orígenes, solo que, en la actualidad, alma es de uso más culto en tanto ánima se usa más en el habla vulgar y rústica.

ALMANAQUE y CALENDARIO. Es una lucha reciente y sin final todavía la que mantienen estas dos palabras sinónimas. Reciente porque calendario es un latinismo que apareció en nuestro idioma hace relativamente poco (s. XVIII), en tanto almanaque es una voz medieval de origen hispanoárabe.

ALMINAR y MINARETE. En contra de lo que cabe esperar por su significado ‘torre de las mezquitas’, ambos vocablos son relativamente nuevos en nuestro idioma (s. XIX), llegados desde el turco a través del francés. Quizá sea esta la razón por la que el español no se ha decantado todavía por uno de los dos.

ALMORRANA y HEMORROIDE. Hemorroide es un cultismo del s. XVIII (del lat. HAEMORRHŎIS, y este del griego αἱμορροΐς) que fue inventado como término médico para sustituir a la mucho más vulgar y antigua almorrana (del bajo latín *HAEMORRHEUMA, y este del griego αἷμα ‘sangre’ y ῥεῦμα ‘flujo’), en el español al menos desde el s. XV. Pero en la actualidad almorrana sigue siendo una palabra muy popular, aunque con resabio vulgar, usándose hemorroide en el habla culta y educada.

ALMORZAR, COMER, DESAYUNAR, MANDUCAR y YANTAR. Almorzar, comer y yantar son tres verbos tan antiguos como nuestro idioma. Del latín COMEDĔRE, comer solo pasó a los romances castellano y portugués, pues en el resto se prefirió el latín MANDUCARE, que también pasó al español, pero mucho más tarde (en el Siglo de Oro) y como voz festiva. Al principio, comer significaba solo eso, ‘comer’ a cualquier hora. Almorzar (de almuerzo, y este del artículo árabe al- y el latín MORSUS ‘mordisco’) era antiguamente ‘tomar una comida ligera al levantarse’. Yantar (del lat. IENTĀRE ‘almorzar’) significaba al principio ‘comer al mediodía’, por oposición a cenar ‘comer por la noche’ o ‘tomar la última comida del día’. Así pues, el orden en el castellano arcaico estaba claro: almorzar al levantarse, yantar al mediodía, cenar por la noche, en tanto comer se refería al acto genérico de alimentarse. Bien, todo esto cambió en algún momento entre los ss. XV y XVI, tras la llegada de desayunar (de des- y ayunar), que venía a designar la primera comida del día, la que acababa con el ayuno nocturno. Su fuerte irrupción hizo que almorzar fuera perdiendo terreno y que retrasara su significado hasta el mediodía, desplazando a su vez a yantar, que al final de la Edad Media ya solo se conservaba en el uso rústico y con el sentido genérico de ‘comer’ en general y a cualquier hora, aprovechando así el hueco que, por entonces, ya había empezado a dejar el verbo comer, que comenzaba a identificarse con la ‘comida del mediodía’, lo que volvió a descolocar a almorzar. Como vemos, todo se produjo en cadena y en relativamente poco tiempo. Como consecuencia de ello, yantar ya era considerada en el Siglo de Oro voz anticuada y almorzar se quedó en un lugar impreciso entre desayunar y comer. En la actualidad, el orden de las comidas es el siguiente: desayunar y desayuno para la primera comida del día; comer y comida es la del mediodía; y cenar es la última del día, ya de noche. Almorzar y almuerzo se mantienen vivos como sinónimos de desayunar-desayuno y comer-comida, pues la Academia le reconoce ambos significados, al ser usados todavía en muchos lugares (como ‘desayuno’ preferentemente en el ámbito rural; ‘comida al mediodía’ en el ámbito urbano). Yantar ha quedado recluido en el lenguaje poético y como sinónimo anticuado de comer. Y el festivo manducar es un coloquial sinónimo de comer que apenas es conocido y usado.

ALMUNIA y GRANJA. Del árabe hispánico almúnya ‘quinta’ y este del árabe clásico munyah ‘deseo’, almunia es una palabra que está en el español desde sus orígenes (916). Pero este arabismo, aunque sigue conservándose en el diccionario académico, prácticamente acabó desapareciendo del vocabulario, confinado en la toponimia (nombres de lugares), poco después de que finalizara la Edad Media y a causa de la batalla que le planteó la palabra granja, llegada a nuestro idioma desde el francés en el s. XIII.

ALTAVOZ, ALTOPARLANTE y BAFLE. Aunque hace unos años admitió bafle como adaptación gráfica de la voz inglesa baffle, la Academia está empeñada en sustituir esta palabra por cualquiera de los sinónimos altavoz (de uso en España)y altoparlante (de uso en América). Pero si tenemos en cuenta que, según la propia definición académica, bafle no es un altavoz, sino un ‘dispositivo que facilita la mejor difusión y calidad del sonido de un altavoz’, va a resultar muy difícil erradicar de nuestro idioma este anglicismo si no es sustituyéndolo por una palabra española que defina en concreto dicho dispositivo. Y parece que no existe.

ALTO o PARE y STOP. En la próxima edición de su diccionario (23.ª), la Academia incluirá la voz inglesa stop, que significa ‘parada’ o, en sentido imperativo, ‘alto o pare’. En España se utiliza este anglicismo en la señal de tráfico que obliga a detener el vehículo. Sin embargo, en el español de América emplean a menudo en su lugar equivalentes españoles como alto o pare.

ALUBIA, FABA, FRÉJOL, HABICHUELA y JUDÍA. Es cuestión geográfica. La más antigua de las formas es judía, cuya etimología no está del todo clara. Para la Academia quizá venga de judío, algo que es seguro para Corominas, quien explica: «quizá porque al cocerlas salen en seguida del agua (a diferencia de los garbanzos, que permanecen en el fondo), tal como el judío no se deja bautizar; o bien la denominación se aplicó primeramente a un tipo de habichuela caracterizado con alguna mancha de color, o por su color general amarillo, tal como los judíos debían llevar distintivos semejantes en la Edad Media; a no ser que se trate de u comparación de la forma cornuda de las vainas con el paño en forma de cuernos que los provenzales obligaba a llevar a los judíos medievales». En cualquier caso, judía sigue siendo la forma más extendida en España, excepto en Asturias, donde lo es faba (del mismo origen que haba, el latín FABA), y en La Mancha y Murcia, donde lo es alubia (de origen árabe), y en Andalucía, donde lo es habichuela (diminutivo de haba). Por su parte, fréjol, fríjol o frijol (que las tres formas son correctas, aunque la más común en América es, en plural, frijoles) apareció en español tardíamente, después de la Edad Media (del lat. FASEŎLUS, y este del griego φάσηλος, influido por el mozárabe brísol, gríjol ‘guisante’), pero a tiempo de marchar hasta América, donde es la única forma existente. Es de suponer que las formas más modernas (frijol en 1492, alubia en 1644, habichuela en 1733) vinieron a sustituir a judía por resultar este un nombre ofensivo o, por lo menos, desagradable.

ALUD y AVALANCHA. El más antiguo alud (de origen prerromano) se vio arrastrado hacia la marginalidad a fines del s. XIX y principio del XX por el galicismo avalancha (fr. avalanche), a pesar de la oposición de no pocos lingüistas que se opusieron a su adaptación por innecesaria. Hoy en día la Academia mantiene alud como forma preferente, pero lo cierto es que avalancha se usa mucho más en el habla popular.

ALVERJA, ARVEJA y GUISANTE. Guisante (de origen mozárabe), aunque hay constancia suya en documentos de la Edad Media, no empezó a emplearse de manera generalizada en español hasta el s. XVIII. Antes se usaba arveja (lat. ERVILĬA) y su derivado alverja, para designar tanto la planta hortense como su semilla. Al quedarse guisante con este significado en España, arveja y alverja pasaron a convertirse en sinónimos de ‘algarroba’, pero en América, donde se desconoce guisante, siguen usándose en el viejo sentido.

AMAR y QUERER. Ambos verbos son tan antiguos como nuestro idioma y sinónimos desde entonces. Del latín QUAERĔRE ‘tratar de obtener’, ‘buscar’ (que todavía en la antigüedad tomaba el sentido de ‘desear’ cuando acompañaba a un infinitivo, por lo que de ahí a ‘querer bien’ solo había un paso) tomó el castellano primitivo el verbo querer, que muy al principio significaba ‘buscar’, ‘desear’, pero que en seguida pasó a significar, en la forma abreviada querer bien, ‘amar’. También del latín AMĀRE tomó el castellano arcaico amar, que entró en concurrencia con querer bien primero, y luego solo querer. Ambos sinónimos han convivido desde entonces en nuestro idioma, pero querer siempre ha sido el más popular. Hoy el uso hablado de amar tiene fuerte sabor literario o presuntuoso.

AMATAR y APAGAR. De la misma raíz latina que paz, apagar tuvo un rival muy fuerte en amatar, que en la Edad Media era todavía la expresión predominante. En la actualidad amatar es un verbo que solo se usa en Ecuador con el significado de ‘causar mataduras a una bestia por ludirle el aparejo’.

AMBIGÚ y BUFÉ. Ambas provienen del francés y tienen un significado muy parecido. La más antigua en español es ambigú ‘comida nocturna en que se sirven de una vez manjares fríos y calientes’, documentada a fines del s. XVIII. Bufé llegó al español en el siglo siguiente, primero como bufete (fr. buffet), pero luego adaptado como bufé para evitar confusión con el bufete ‘aparador’. El significado de bufé (‘conjunto de platos calientes y fríos dispuestos sobre una mesa para que cada persona se sirva a su gusto’) hizo que muchos lingüistas, como Baralt, rechazaran a mediados del s. XIX este galicismo por innecesario, ya que consideraban que coincidía con el significado de ambigú. Pese a ello, ambas voces convivieron durante el resto del s. XIX y buena parte del siguiente, gracias en parte a que la coincidencia semántica no era total (la nocturnidad del ambigú y el autoservicio del bufé marcaban suficientes matices diferenciadores), hasta que la Academia decidió convertir ambigú en sinónimo de bufé. Ello no ha evitado que, desde hace unas décadas, ambigú haya empezado a caer en el desuso.

AMIÉSGADO, FRAGA, FRESA y MAYUETA. Cuando el lexicógrafo Covarrubias recogió en su Tesoro (1611) la palabra fresa (del francés fraise), escribió que el médico humanista y botánico aficionado Andrés Laguna creía que esta fruta no se conocía en España en 1555. Sin embargo, estaba equivocado. En el s. XV ya se usaba en Cantabria la voz de origen prerromano mayueta para referirse a la ‘fresa silvestre’; un siglo después hay constancia de que se usaba amiésgado (del latín vulgar FRAGUM DOMESTICUM ‘fresa doméstica’) para designar a la ‘fresa cultivada’; y en Aragón se conservaba popularmente el nombre latino FRAGA ‘fresa’, fraga. Pero, aunque esta fruta era conocida en España, sobre todo la silvestre, lo era solo en determinados lugares. Su conocimiento se hizo general después de que empezara a cultivarse a gran escala en el norte de Francia en el s. XVII, de donde llegó el nombre de fresa al español. Aquí se hizo en seguida este vocablo de uso corriente, haciendo olvidar al anticuado amiésgado (aun en el DRAE), pero no a la mayueta ni a la fraga, que siguen empleándose en Cantabria y Huesca, respectivamente.

AMULETO y TALISMÁN. El más popular de ambos vocablos es el cultismo amuleto (lat. AMULĒTUM), aparecido en español en 1624. Talismán (del francés talismán) no llegó a nuestro idioma hasta el siglo siguiente. Ambos han rivalizado hasta ahora, no habiendo a la vista un resultado claro a favor de ninguno.

ANÁLISIS y RESOLUCIÓN. En realidad no llegó a haber en la práctica un enfrentamiento entre estas dos palabras. Pero cabe mencionarlas en este apartado porque nada menos que Lope de Vega se opuso a la admisión de análisis (cultismo tomado del griego), por considerar que era un neologismo innecesario al existir resolución. El tiempo ha demostrado que el Fénix de los ingenios estaba equivocado.

ANANÁS y PIÑA. Piña existe en el español desde el s. XIV, procedente del latín PINĔA, y como tal fue llevada a América, donde no obstante fue posteriormente sustituida por la palabra ananás. Esta era de origen guaraní (naná), pero llegó al español a través del portugués. Ananás por tanto se convirtió en el sinónimo americano de piña, salvo en Paraguay, donde sigue usándose esta palabra de origen latino.

ANCLA y ÁNCORA. Del latín ANCŎRA tomó el castellano medieval la palabra áncora, que durante el s. XIII derivó en ancla. Ambas formas han sobrevivido, ancla como forma popular y áncora como forma culta pero sin apenas uso.

ANÍS y MATALAHÚVA. Cuando la palabra anís (del francés anis y este del griego ἄννησον) llegó al español en el s. XV, ya contaba nuestro idioma con otra palabra de idéntico significado: matalahúva (del árabe hispánico ḥabbat ḥulúwwa ‘grano dulce’, y este del árabe clásico ḥabbat lḥalāwah ‘grano de dulzor’). Con el transcurrir del tiempo, matalahúva fue perdiendo terreno hasta convertirse en un sinónimo de anís con un uso muy limitado.

ÁNSAR, GANSO y OCA. Solo el español (1208) y el portugués tomaron del latín ANSER la palabra ánsar para designar a cierta ave palmípeda. Los demás romances dieron la preferencia al latín vulgar AUCA (derivado del clásico AVIS ‘ave’) para llamar a esta misma ave, que, con el tiempo, también llegó al español en forma de oca. Por si fuera poco, posteriormente penetró en el español el germanismo ganso, cuyo origen indoeuropeo es el mismo que el del latín ANSER (gótico *gans). Con el tiempo se reservó ganso y oca para el animal doméstico (la Academia, además, especifica que la oca, por lo general, es de color completamente blanco) y ánsar para el silvestre. Tal vez esta sea la causa por la que ánsar ha dejado prácticamente de usarse.

ANTOJO y CAPRICHO. La más antigua de estas palabras en español es antojo (del latín ANTE OCŬLUM ‘delante del ojo’), que aparece ya en las Partidas de Alfonso el Sabio (s. XIII). Pero a fines del s. XVI entró en nuestro idioma, procedente del italiano, capricho, que desde el mundo de las artes (‘idea nueva y extraña en una obra de arte’) se extendió rápidamente abarcando el mismo significado que antojo ‘deseo vivo y pasajero de algo’, al que consiguió imponerse. En la actualidad sigue usándose antojo, pero de manera mucho menos frecuente que capricho.

ANTORCHA y HACHA. Cuando antorcha (quizá de origen provenzal) llegó en 1302 al español, hacía poco que se empleaba en el mismo sentido la palabra hacha (lat. *FASCŬLA, cruce de FACŬLA ‘pequeña antorcha’ y FASCIS ‘haz’), pero esta se hallaba ya tan generalizada, que antorcha quedó prácticamente olvidada hasta el s. XV. En el Siglo de Oro, hacha se hallaba ya en fuerte retroceso a causa de la dura batalla que le presentaba antorcha, la cual encontró un potente aliado en la homonimia que hacha ‘antorcha’ tenía con el galicismo hacha ‘segur’, que contribuyó al triunfo de antorcha para evitar confusiones. Hoy antorcha es la voz más frecuente y popular, mientras que hacha se emplea solo en algunas regiones o como nombre de un tipo especial de antorcha.

ANTRUEJO, CARNAL, CARNAVAL y CARNESTOLENDAS. Menos antruejo, las otras tres palabras derivan de carne. La más antigua en español es carnal, usada por Berceo en el sentido actual. Antruejo (derivada de entruejo, que a su vez venía del latín *INTROITŬLUS, diminutivo de INTROITUS ‘entrada de la cuaresma’) designaba al ‘conjunto de los tres días de carnestolendas’ desde el s. XIII; siglo este en el que  precisamente también apareció en nuestro idioma carnestolendas (las carnes tolliendas, en las Cortes de 1258), tomada de la abreviación de la frase latina DOMINICA ANTE CARNES TOLLENDAS ‘el domingo antes de quitar las carnes’, es decir, antes de Cuaresma. Pero estas antiguas denominaciones castellanas prácticamente acabaron por desaparecer tras la irrupción en nuestro idioma de la palabra carnaval, allá por el s. XV. Procedente del italiano carnevale y debido a la fama de la pomposa celebración de esta fiesta en la Italia renacentista, carnaval fue sustituyendo a las antiguas formas castellanas, si bien carnestolendas quedó aletargada en el vocabulario popular de ciertas zonas de España, desde donde empezó a despertar una vez se recuperaron estas fiestas tras el paréntesis prohibitivo del franquismo.

ANUNCIO y SPOT. Ya nadie usa en español la palabra inglesa spot para referirse a la ‘película de muy corta duración, generalmente de carácter publicitario’. Desde hace años ha sido sustituida completamente por anuncio. La Academia, quizá con demasiado retraso, ha propuesto la supresión de spot de su diccionario, para la próxima edición (23.ª).

AÑIL e ÍNDIGO. Son sinónimos por describir el mismo color, pero añil (de raíz sánscrita pero préstamo árabe) es la forma más antigua en español (s. XIII) y es en la actualidad la más popular. Aunque de origen latino (INDĬCUS ‘de la India’), índigo no llegó al español hasta el s. XVI.

APERITIVO o REFRIGERIO y LUNCH. Con el significado de ‘comida ligera que se sirve a los invitados en una celebración’, la voz inglesa lunch se abrió paso en nuestro idioma, durante el s. XX, hasta llegar al mismísimo diccionario de la Academia. Pero lleva ya varias décadas en tan manifiesto retroceso frente a sus equivalentes españolas refrigerio y, sobre todo, aperitivo, que la Academia ya ha avanzado su decisión de suprimir este anglicismo en la vigésima tercera edición del DRAE.

APLICACIÓN o PROGRAMA y SOFTWARE. Con la llegada de la informática, la voz inglesa software ‘conjunto de programas, instrucciones y reglas para ejecutar ciertas tareas en una computadora u ordenador’ empezó a usarse mucho en el español de mediados del s. XX. Pero casi en seguida se prestaron a sustituir este anglicismo las expresiones españolas programa informático y aplicación informática, que con el tiempo se redujeron a las palabras programa y aplicación. La lucha de estas voces típicamente españolas con software todavía dura, pero puede decirse que este anglicismo cada vez suena menos incluso en el lenguaje informático, donde se le sustituye también por soporte lógico (en oposición al soporte físico o hardware).

APÓCIMA, PÓCIMA y POCIÓN. Apócima era una voz de origen latino que se encuentra en textos de varios autores del s. XVI con el significado actual. Perdió la a inicial y pasó a ser pócima a principio del s. XVII, quizá por influencia de poción (lat. POTĬO, -ŌNIS), palabra que había sido empleada esporádicamente en la Edad Media (poçón) pero que no empezó a tener uso general hasta el Siglo de Oro. El parecido de significados de poción y pócima contribuyó a la restricción semántica de esta última a los cocimientos destinados a bebidas medicinales.

APODERADO, DIRECTOR TÉCNICO o REPRESENTATE y MÁNAGER. Mánager es la adaptación española de la voz inglesa manager, que llegó a nuestro idioma en el s. XX con los significados de ‘gerente o directivo de una empresa o sociedad’ y ‘representante de un artista o deportista’. Tuvo tanto éxito que la Academia adaptó el anglicismo y lo recogió en su diccionario. Pero durante los últimos años mánager ha perdido mucho terreno frente a sus equivalentes españoles como director, gerente o administrador (de una empresa o sociedad), director técnico (de un equipo deportivo), representante (de un artista o un deportista) y apoderado (de un torero).

ARANCEL y TARIFA. Las dos son palabras de origen árabe, pero mientras arancel ya existía en el s. XIII, no hay constancia documental en español de tarifa hasta 1680. Por consiguiente, hasta entonces arancel era el único vocablo castellano que asumía los varios usos que hoy se reparten entre las dos palabras.

ARSENAL, ASTILLERO y ATARAZANA. Las tres palabras, teniendo un significado en sus comienzos muy parecidos, han sobrevivido gracias a la especialización de cada una. Para Cervantes, en 1610 la palabra arsenal (de raíz árabe pero que había llegado al español a través del italiano) era un neologismo innecesario al existir ya en nuestro idioma la palabra astillero (derivado de astilla). Además, aunque no la mencionara el autor del Quijote, en el español de entonces ya existía también el vocablo atarazana (de la misma raíz árabe que dársena), que tenía un significado muy parecido al de astillero, pero referido a la construcción de barcos militares. Astillero como lugar genérico donde se construyen barcos y arsenal como astillero de barcos militares han sobrevivido hasta hoy sin ningún problema, mientras que atarazana ha quedado relegado a un segundo plano como sinónimo de arsenal.

ARTERO y ASTUTO. Derivado de arte en el sentido de ‘cautela, astucia’, existe en el español artero desde sus orígenes, pero ya en 1535, en su Diálogo de la lengua, Juan de Valdés lo calificaba de vocablo anticuado. La culpa la tenía la palabra astuto (del latín ASTUTUS), que con igual significado había irrumpido en nuestro idioma a principio del s. XV. Hoy en día artero está considerado un sinónimo peyorativo de astuto.

ASADOR, ESPETO y ESPETÓN. Derivado de asar, ya en 1389 empezó a usarse en español asador para referirse a ‘la varilla puntiaguda en que se clava y se pone al fuego lo que se quiere asar’. Ya existía entonces en el vocabulario español, con el mismo significado, la palabra espeto, pero seguramente su procedencia extranjera (del gótico *spĭtus ‘asador’) le hizo perder la batalla que le planteó asador. Para sobrevivir, espeto derivó en espetón al mismo tiempo que buscaba nuevos significados.

ASALTO y ROUND. Cuando se conoce un nuevo deporte, el español adopta en principio muchos de los extranjerismos que se usan para designar términos de este deporte; pero luego, paulatinamente, la mayoría de estos términos acaban siendo sustituidos por voces genuinamente españolas. Así ocurrió también con el boxeo. La voz inglesa que designa cada una de las partes o tiempos de que consta el combate, round, fue pródigamente usada en español durante mucho tiempo. Pero la firme oposición de asalto ha terminado por hacer retroceder al anglicismo, ajeno al diccionario académico.

ASAZ, BASTANTE, HARTO y MUCHO. En el lenguaje espontáneo del Cid se halla mucho, voz popular durante toda la Edad Media y de origen latino (MULTUS). Cuando en nuestro idioma se sintió la necesidad de distinguir entre mucho ‘abundante’ y el significado ‘bastante, suficiente, ni mucho ni poco’, se echó mano del extranjerismo asaz (de origen provenzal) y se creó harto (farto en la grafía del medievo, del latín FARTUS ‘relleno’). Por lo menos desde el principio del s. XVI asaz ha quedado relegado al ámbito del estilo arcaico y, con frecuencia, pedantesco. Harto, por su parte,ha ido convirtiéndose en sinónimo de satisfecho y ahíto. Posteriormente, hacia 1800, llegó el adverbio bastante (como adjetivo ya existía desde el año 1300 aproximadamente).

ASCUA y BRASA. Ambas palabras son medievales y han concurrido hasta ahora como sinónimos sin que ninguna de ellas haya vencido sobre la otra. En el diccionario académico, el único matiz diferenciador se encuentra en la materia quemada, más general en el caso del ascua y algo más concreta en el de la brasa (leña o carbón).

ASILLA, AXILA, ISLILLA y SOBACO. Las cuatro palabras son sinónimas. La más antigua es la que sigue siendo, con diferencia, la más popular: sobaco. De origen incierto, hay constancia de sobaco en el español desde 1251. Del latín *AXILLELLA, diminutivo de AXILLA ‘sobaco’, tomó el castellano hacia 1400 la palabra aliella, que en 1585 se escribía asilla y, ya en el s. XV, primero pasó a ser aslilla y después islilla. Todas estas palabras concurrieron como sinónimas con la todopoderosa sobaco, que las fue marginando según iban apareciendo. Hasta que, en 1871, los eruditos regresaron al latín AXILLA para crear un nuevo cultismo, axila, con que sustituir al demasiado popular y casi vulgar, sobaco. Desde entonces, axila se ha empleado en términos médicos y en el habla culta, mientras que sobaco ha seguido empleándose de manera popular y muy extensa (en el DRAE se sigue dando preferencia a esta forma), quedando asilla e islilla como sinónimos muy poco usados. Por su parte, encuentro es un sinónimo que empezó siendo un término zoológico (parte que une el pecho y el ala de las aves) y que pasó luego a ser utilizado como voz anatómica.

ASPERAR y ESPERAR. Ahora esperar (lat. SPERĀRE ‘esperar, tener esperanza’) significa tanto ‘tener esperanza’ como ‘aguardar’, pero hubo un tiempo (hasta la segunda mitad del s. XVI) en que, para el significado de ‘aguardar’, se prefería la variante asperar. Pero esta perdió la lucha que mantenía con esperar y desapareció por completo, sin haber hoy ninguna huella casi de su existencia.

ATABAL, TAMBOR y TIMBAL. Tambor es la más antigua de las tres palabras, pues en su forma atamor ya aparece en el Cid, pero atabal también es voz medieval, pues está documentada en nuestro idioma hacia 1300. De la misma raíz árabe que atabal apareció mucho más tarde (s. XVII o XVIII) la variante timbal, que la Academia registró ya en 1739 como sinónimo de atabal. La diferencia principal entre tambor y las otras dos formas está en el número de parches (uno a cada lado de la caja tiene el tambor, mientras que solo tienen uno en la base superior el atabal y el timbal). En la actualidad conviven las tres palabras, pero con atabal perdiendo terreno y calificado académicamente como sinónimo de timbal.

ATALAYA, CENTINELA y ESCUCHA. Cuando centinela (del italiano sentinella) llegó al español en 1530 se encontró con la oposición de quienes, como Hurtado de Mendoza (hacia 1570), lo calificaron de vocablo extranjero e innecesario, por cuanto ya existían en nuestra lengua las palabras atalaya, para designar al soldado que vigilaba por el día, y escucha para el que lo hacía por la noche. Y así era, en efecto. Atalaya (de origen árabe) y escucha (de escuchar) eran voces medievales que servían para designar al soldado vigilante de día y de noche, respectivamente. Pero ambas palabras no pudieron resistir la dura pugna que les presentó el italianismo centinela, que acabó triunfando tanto de día como de noche. Como consecuencia de ello, atalaya quedó relegada a la condición de voz anticuada, mientras que escucha hubo de especializarse en otras funciones militares, que al cabo también terminaron por desaparecer.

ATREVER y OSAR. Los dos verbos proceden del latín y son igual de antiguos en español (aparecen en el Cid). El más popular hasta el Siglo de Oro era osar, que a partir de entonces sin embargo tendió a hacerse cada vez más literario, mientras que la lengua hablada, y aun el estilo llano en literatura, prefirieron atreverse.

ATREZO y UTILERÍA. La adaptación del italiano atrezo tuvo un gran éxito desde su llegada al español en los ambientes teatrales y cinematógrafos, a pesar de que, desde la Academia, se advirtió de la conveniencia de usar para el mismo significado la palabra utilería (derivada de útil). Pero como esta última se refería en general al ‘conjunto de útiles’ y atrezo designaba concretamente a los empleados en los escenarios teatrales y cinematográficos, el italianismo ha seguido triunfando en nuestro idioma, pese a que la Academia lo remita en su diccionario a utilería, para la que ha creado, además, la acepción concreta de ‘conjunto de objetos y enseres que se emplean en un escenario teatral o cinematográfico’.

AUTENTICAR y AUTENTIFICAR. Ambos verbos significan ‘autorizar o legalizar algo’. Autenticar, derivado de auténtico, se documenta ya en el español medieval y sigue plenamente vigente en el lenguaje legal y administrativo, especialmente en América. Más modernamente se creó autentificar (quizá por influjo de certificar), que en el diccionario académico se registra como sinónimo de autenticar, pero que es el usado con preferencia en el español de España y de buena parte de América.

AUTOCARAVANA o CARAVANA, CASA o CASILLA RODANTE y ROULOTTE. La voz francesa roulotte entró en español con tanta fuerza en la década de 1960 que la Academia la registró con el significado de ‘vehículo acondicionado para cocinar y dormir en él’. Pero durante los últimos años ha quedado tan postergada por otras voces genuinamente españolas, que la Academia ha decidido suprimir roulotte de su diccionario en la próxima edición (23.ª). Casa o casilla rodante son las expresiones usadas en varios países americanos para referirse al remolque o al vehículo automóvil acondicionado como vivienda. En España se usa caravana para el remolque y autocaravana (término que la Academia incluirá en la próxima edición de su diccionario) para el vehículo acondicionado.

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AUTOSERVICIO y SELF-SERVICE. En su día la Academia registró en su diccionario la voz inglesa self-service con los significados ‘sistema de venta en el que el cliente se toma directamente lo que le interesa’ y ‘establecimiento donde el cliente se sirve a sí mismo’. Pero en la próxima edición del DRAE (23.ª) se suprimirá este anglicismo debido a que su uso ya no es tan frecuente como hace unas décadas. Ahora predomina con estos significados la palabra española compuesta autoservicio.

AVANCE o REMOLQUE y TRÁILER. La Academia registró hace años tráiler (plural tráileres) como adaptación gráfica de la voz inglesa trailer con los significados ‘remolque de un camión’ y ‘fragmentos de una película que se proyectan antes de su estreno con fines publicitarios’. Desde entonces este anglicismo está sufriendo el acoso, para cada significado, de dos palabras típicamente españolas: remolque y avance. El resultado por ahora de esta pugna es incierto y diverso, pues mientras avance parece ir ganando terreno poco a poco al anglicismo, remolque aun está en situación de desventaja con respecto a tráiler cuando esta parte del camión es de grandes dimensiones.

AVANTAL, DELANTAL y DEVANTAL. Avantal (de avante ‘adelante’) parece la forma más antigua, corriente hasta el s. XVII en Castilla, mientras que en Andalucía lo era delantal (derivado de delante). En el Siglo de Oro avantal cedió preponderancia en buena parte de España a su derivado devant (de de- y avante) primero y luego al derivado de este devantal, usado ya con mayor frecuencia por los clásicos, como Cervantes en La ilustre fregona. En 1726 la Academia registraba delantal como sinónimo de avantal, a la que definía en los siguientes términos: «Paño de seda, laná, algodón, ò lino, de que usan las mugéres por adorno ò limpieza, trahiéndole atado à la cintura sobre la basquiña ò briál. Su tamaño es de diferentes manéras, unos còrtos, y otros largos. Tambien usan dél los hombres». En la actualidad, delantal es la forma más popular y extendida. La Academia sigue registrando avantal como sinónimo de devantal y este a su vez como sinónimo poco usado de delantal.

BACANAL y ORGIA u ORGÍA. Hasta el s. XVIII, bacanal (bachanal en la grafía de entonces) se usaba como adjetivo para referirse a las ‘fiestas de la antigüedad celebradas en honor del dios Baco’ y lo ‘perteneciente o relativo a este dios’. Así se lee en el Diccionario de Autoridades (1726): «Cosa perteneciente al Dios Bacho: como Fiesta bachanal, rito bachanal (…) Por extension significa gordo, panzúdo, y tambien bebedór y aegre». Pero, poco después (todavía en el s. XVIII), esta palabra se convirtió también en sustantivo con el mismo significado que traería, unos años más tarde (hacia 1830), el galicismo orgia u orgía: ‘Festín en que se come y bebe inmoderadamente y se cometen otros excesos’ relacionados con el sexo. Con la misma raíz que bacanal, orgia u orgía (del lat. ORGĬA, y este del griego ὄργια ‘fiestas de Baco’) fue admitida por la Academia Española a mediados del s. XIX. Ambas palabras se convirtieron por tanto en sinónimas, y así han seguido hasta ahora, si bien hay un pequeño matiz diferenciador entre ellas, si nos atenemos a la tercera y más moderna acepción que se le ha reconocido a bacanal en el DRAE: ‘Orgía con mucho desorden y tumulto’.

BACÓN y BEICON. Son las dos formas en que se ha adaptado al español la voz inglesa bacon ‘panceta ahumada’. La grafía con la pronunciación inglesa original, beicon, es la forma mayoritaria y, por ello, la preferida por la Academia, la cual recomienda no obstante emplear mejor algunas de las equivalencias tradicionales, como tocino (usada, en este sentido, en países como México, Chile o Ecuador), tocineta (en Cuba, Colombia y Venezuela) y, en general, panceta ahumada.

BÁDMINTON y VOLANTE. No parece que la muy española volante, en su acepción ‘juego semejante al tenis en el que se utilizan raquetas ligeras’, esté imponiéndose a la palabra de procedencia inglesa bádminton, que fue adaptada por nuestro idioma para designar ese mismo juego. Por el momento y pecando quizás de optimistas, digamos que la pugna entre estas dos palabras está en una situación de empate.

BAILAR, DANZAR y SOTAR. Los tres verbos son medievales, pero el más antiguo es sotar (lat. SALTĀRE). Pertenecía al lenguaje común en el s. XIII, pero desde el XV su uso es muy reducido, limitado a una parte del provincia de Burgos. Fue relegado por bailar (quizá del latín tardío BALLĀRE) y danzar (del francés anticuado dancier), que aparecieron en nuestro idioma a fines del s. XIII. Dançar se hizo frecuente desde la segunda mitad del s. XIV, designando al principio la danza solemne individual, y también el baile colectivo de la especie más distinguida, por contraposición a bailar, término popular que se hizo muy frecuente en el s. XV. Ambos verbos, bailar y danzar, han mantenido desde entonces una lucha que todavía no ha sido resuelta; quizá porque aun se conserva ese matiz e distinción en danzar.

BAJO, DEBAJO y SO. El adverbio de lugar debajo apareció en nuestro idioma a fines del s. XIII, pero no se extendió mucho su uso hasta el s. XVI, a causa de la dura oposición que encontró hasta entonces en la más antigua preposición so (del latín SUB) que se usaba en el mismo sentido y también en el de ‘bajo’. Más tarde también perdió terreno en este último sentido con bajo. Hoy en día so ha quedado reducido a unas pocas expresiones, tales como so pena o so pretexto.

BALANZA, LIBRA y PESO. La palabra más antigua en español para designar ‘el utensilio para pesar’, era peso (lat. PENSUM), que ya aparece como tal en un documento del año 962. También en la Edad Media (1100) se utilizaba la palabra libra (lat. LIBRA) para referirse a dicho utensilio (de ahí que la figura que representa al signo zodiacal libra muestre un peso o balanza). Pero la clásica libra fue sustituida a mediados del s. XIII por balanza (compuesto del latín BI- ‘dos’ y LANX ‘platillo’). En la actualidad la forma más común para designar el ‘utensilio de pesar’ es balanza, aunque peso sigue usándose de manera castiza.

BALDE, GRATIS y GRATUITO. La forma más antigua (s. XIII) y popular en español ha sido siempre de balde. En 1515 apareció gratuito (lat. GRATUĪTUS) y en 1722 gratis (lat. GRATIS), que están en plena vigencia, aunque de balde sigue usándose en el habla popular.

BALOMPIÉ y FUTBOL o FÚTBOL. A finales del s. XIX la Academia admitió las adaptaciones españolas del inglés football (compuesto de foot ‘pie’ y ball ‘pelota’) fútbol (que conserva la acentuación llana etimológica, de uso mayoritario en España y en la mayor parte de América) y futbol (usada en México y Centroamérica). Se creó el neologismo balompié (calco literal del nombre inglés de este deporte), pero no tuvo mucha aceptación y no logró por tanto generalizarse, quedando reducido a un empleo meramente estilístico, para evitar sobre todo repeticiones con fútbol o futbol.

BALONCESTO, BÁSQUET, BÁSQUETBOL o BASQUETBOL. Deporte inventado en Estados Unidos que llegó al español a través de la voz inglesa basketball, que fue adaptada como básquetbol o basquetbol y el diminutivo básquet. Posteriormente se creó baloncesto, calco de la voz inglesa, que es la forma más usada en España y que convive en el español americano con las anteriores adaptaciones gráficas, por lo que la Academia la recomienda como la única forma que debería usarse en todo el ámbito hispánico.

BALONVOLEA y VOLEIBOL. Al igual que ha sucedido con la rivalidad entre futbol o fútbol y balompié, tampoco la palabra compuesta española balonvolea ha servido para derrotar a voleibol, adaptación gráfica del inglés volleyball. Pese a los muchos años que lleva ya peleando con el anglicismo, el calco español balonvolea (que empezó con cierto ímpetu en la década de 1960) solo se usa hoy, y de modo muy ocasional, en España.

BANANA y PLÁTANO. Del latín PLATĂNUS y este del griego πλάτανος, plátano ya está en el español en 1438, si bien acentuado en la penúltima sílaba (platáno). El fruto fue llevado a la Española desde Canarias en 1516. A mediados del s. XVIII llegó al español, probablemente a través del portugués, la voz congoleña banana, con la que se designaba el mismo fruto. La denominación plátano es usual en España, Cuba, Perú y otros países, mientras que en la Argentina, Colombia, Ecuador, Paraguay y Uruguay se prefiere banana, tal vez por influjo brasileño.

BARBILLA y MENTÓN. En vez del latín MENTUM, que solo designaba a la persona que tenía un mentón prominente, el castellano de principio del s. XV prefirió el latín BARBA, y más concretamente su derivado barbilla, para designar la parte de la cara que está debajo de la boca. Pero a finales del s. XIX la palabra francesa menton (que sí venía del MENTUM latino) fue adaptada al español como mentón (recogida por la Academia ya en 1914), entrando así en concurrencia con barbilla. La disputa entre ambas voces continúa hoy en día, aunque mentón, hasta hace poco de uso exclusivamente literario, todavía está muy lejos de hacer sombra a la popular y común barbilla.

BARCO, NAO, NAVE y NAVÍO. En la Edad Media se usaba barco (derivado de barca)para designar una embarcación pequeña, mientras que una grande era llamada nave (lat. NAVIS), aunque ya entonces empezaba a tener ese tono fuertemente culto que hoy conserva. Mucho más popular en el medievo, por lo menos entre los marinos, era la forma nao (tomada del catalán nau en el s. XIII) para las embarcaciones civiles y la forma navío (del lat. NAVIGIUM, documentada hacia 1200) para las embarcaciones militares o muy fortificadas.     Según el diccionario académico, en la actualidad nao es un sinónimo vigente de nave, aunque lo cierto es que apenas si tiene uso. A su vez, nave es sinónimo de barco, que ahora es la forma más usada para designar a una embarcación grande. Por último, navío se mantiene como forma especializada para referirse a una embarcación de guerra.

BARMAN, CAMARERO y CANTINERO. Al designar concretamente al ‘encargado de servir o preparar bebidas alcohólicas en la barra de un bar’, la voz inglesa barman ‘hombre de bar’ ha resultado ser, según ha reconocido la Academia, «un préstamo útil, ya que su significado no coincide exactamente con el de la voz tradicional española camarero, de sentido más general, pues así se denomina también a la persona encargada de servir las mesas de un bar o un restaurante. En Centroamérica, México o Colombia, este anglicismo alterna en el uso con la voz tradicional cantinero».

BARNIZ y SANDÁRACA. Aunque de origen latino (SANDARACA y este del griego σανδαράκη), a mediados del s. XVI llegó al español desde Oriente la palabra sandáraca, que se convirtió muy pronto en sinónimo de barniz, ya existente en nuestro idioma desde el s. XIII. Pero, comoquiera que barniz designaba entonces a cualquier tipo de sustancia resinosa con ciertas propiedades y sandáraca se refería concretamente a una (la obtenida del enebro), la sinonimia (‘circunstancia de ser sinónimos dos o más vocablos’) desapareció y la palabra de origen oriental acabó cayendo casi en el desuso, aunque hoy todavía se conserva en el diccionario académico en plena vigencia. Por cierto que, en su origen, barniz también significaba, concretamente, sandáraca, por ser la resina de enebro a la que se refería el vocablo latino VERONIX, -ĪCIS de donde derivó el dialectal berniz y el castellano barniz.

BARRIGA, PANZA y VIENTRE. Las tres palabras designan la misma parte del cuerpo y las tres deben existir en nuestro idioma desde sus orígenes, aunque debido al carácter muy vulgar de barriga y, sobre todo, de panza, estas formas están documentadas más tarde que vientre, al no ser tan frecuentes en la literatura. Las tres formas siguen en plena vigencia. Vientre (lat. VENTER) sigue usándose en lenguaje anatómico y culto, mientras que barriga (seguramente derivado de barrica, por comparación a su forma) y panza (lat. PANTEX), que sirven para designar más concretamente un vientre abultado o muy abultado, son expresiones más pintorescas y vulgares muy usadas en todo el ámbito hispano (panza se oye más en el sur de España y en América).

BARRUNTAR-BARRUNTE y ESPIAR-ESPÍA. En la Edad Media se produjo una dura lucha entre las voces barrunte y barruntar (de origen incierto; quizá del lat. PROMPTĀRE ‘descubrir’) por un lado, y espía y espiar (del gótico *spaíphon ‘acechar, atisbar, espiar’) por otro, debido a que compartían significado. El resultado de esta lucha fue la victoria de espía y espiar, por cuanto ambas palabras son hoy en día las más corrientes y populares. Barruntar ha quedado como sinónimo de ‘presentir’, y barrunte o barrunto como sinónimo de ‘indicio’.

BATALLA, FACIENDA y LID. En los orígenes del idioma existían facienda (fazienda en la grafía de entonces) ‘hecho de armas, pelea’ y lid que, del antiguo ‘pleito judicial’ resuelto ‘mediante el reto y duelo de las partes’, había derivado semánticamente a ‘combate, pelea’. De ahí que, habiendo estas dos viejas y genuinas voces con parecido significado, se ofreciera cierta oposición a la llegada del galicismo batalla (fr. bataille), que venía a decir lo mismo. Pero batalla ya está documentada en 1131 y puede leerse en el Cid, lo que quiere decir que consiguió abrirse camino muy pronto en el español y, con el tiempo, fue dejando al margen a sus dos venerables rivales.   En la actualidad la única de las tres palabras que está en plena vigencia es batalla. Facienda sigue en el diccionario académico como voz anticuada y lid ha quedado confinada al lenguaje elevado o arcaizante.

BATATA, BONIATO, CAMOTE, PAPA y PATATA. La batata y la patata son plantas distintas, aunque originarias ambas de América. La batata es de la familia de las Convolvuláceas, mientras que la patata es de la familia de las Solanáceas. En un principio, tanto a la planta como al tubérculo de la patata se les conocía solo como papa (del quechua papa). Según Corominas, «hoy sigue empleándose papa como nombre general de la patata en toda América española y en Canarias (…), y con carácter vulgar en Andalucía (…). Hasta el s. XVIII la patata fue vegetal muy poco conocido en España (como todavía revela la vaga y extraña definición del Diccionario de Autoridades) y hasta entonces no se le dio otro nombre que papa; con la mayor extensión e su cultivo y consumo, coincidió el cambio de papa en patata, debido a una confusión de papa con batata; la nueva forma figura ya en Quevedo y en Pragmática de 1680, seguramente con el sentido de ‘batata’». A esta vieja confusión entre papa y batata sigue contribuyendo hoy la Academia, pues en tanto Corominas da por seguro que batata es voz antillana, taína, en el DRAE se dice que proviene de patata, a la cual se le da el siguiente origen: «cruce de papa y batata». Corominas explica que la forma patata sirvió primero (1555) para designar a la planta convolvulácea (batata) o patata de Málaga, y después pasó a designar a la solanácea (patata), «llamada por otros papa, parece ser debida a una alteración de batata por influencia de papa. Hoy se emplea batata para designar la convolvulácea en España (también patata de Málaga), en Puerto Rico, Santo Domingo, Venezuela, Colombia y la zona del Plata; camote en Méjico, América Central, Ecuador, Perú, Chile y en el interior argentino; boniato y variantes en Cuba, parte de España y en algunos puntos del litoral rioplatense». Pero, ¿batata, camote y boniato son nombres de una misma planta, tal como dice Corominas? Según el DRAE, camote (del nahua camotli) es, en efecto, el nombre con el que se designa a la batata en los países indicados por el etimólogo; pero, en cuanto a boniato (voz caribe), no la presenta como un sinónimo de batata, aunque la define como una planta de las familia de las Convolvuláceas casi idéntica a esta. Al parecer, el boniato es una variedad de la batata, cuya principal (tal vez única) característica es el color blanco de la carne del tubérculo. En cualquier caso, hay regiones en España que distinguen esta variedad con el nombre de boniato.

BATEO, BAUTISMO y BAUTIZO. Del lat. BAPTIZARE tomó el español arcaico la forma culta baptizar y la forma popular baptear, de donde derivaron baptismo y bapteo, respectivamente, que a su vez evolucionaron muy pronto a bautismo y bateo. A mediados del s. XVIII se creó el término bautizo, que poco a poco fue ganándole terreno a bateo, que ya en el s. XIX quedó limitado al lenguaje coloquial. Hoy en día bautizo y bautismo permanecen en plena vigencia como sinónimos, si bien el segundo se reserva más para la ceremonia religiosa en tanto el primero se usa mayoritariamente para la fiesta subsiguiente.

BEFRE, BÍBARO y CASTOR. Los más antiguos y sinónimos befre (lat. FIBER, -BRI) y bíbaro (celtolatino BIBER, -BRI), con se designaba a este mamífero roedor, quedaron muy pronto condenados al desuso cuando llegó al español, en el s. XIV, la competidora castor (lat. CASTOR), que es la única palabra que se usa ahora con este fin.

BELLIDO, BELLO y HERMOSO. Antes de que llegara al castellano la palabra bello (lat. BELLUS) a principio del s. XIII, los únicos vocablos autóctonos eran bellido (del mismo étimo latino que bello) y hermoso (fermoso en la grafía medieval, del latín FORMOSUS). En la actualidad bello y hermoso son sinónimos en plena vigencia, mientras que bellido, aunque siga figurando en el diccionario académico como otro más, lo cierto es que hace mucho tiempo que cayó en el olvido.

BEODO, BORRACHO, EBRIO y EMBRIAGO / EMBEODAR, EMBORRACHAR y EMBRIAGAR. La primera de estas palabras que apareció en el castellano arcaico fue el adjetivo embriago (lat. EMBRIACUS, derivado de su sinónimo EBRIUS), para designar a quien había bebido demasiado vino. Embriago era frecuente entre los ss. XII y XIV, pero como resultaba ser un vocablo demasiado fuerte y directo, en la primera mitad del s. XIII se creó el eufemístico beodo ‘bebido’, recurriendo al igualmente suave y decoroso latín BIBITUS ‘bebido’ (BIBITUS > bebdo > beudo > beodo), de donde derivó el verbo embeodar. Hacia 1400 embriago ya empezaría a anticuarse, pues en algunos textos se le prefiere embriagado cuando no beodo, pero, curiosamente, al mismo tiempo se formaría el verbo embriagar, que sustituiría en poco tiempo a embeodar.También por esas fechas (antes de 1430) comenzaría a emplearse, también como eufemismo al principio, el adjetivo borracho (derivado de borracha ‘bota para el vino’), que se extendería paulatinamente hasta desbancar a beodo y de donde saldría poco después el verbo emborrachar. Por último, en el Siglo de Oro, extinguido el efecto eufemístico de borracho, que se había convertido en una voz excesivamente vulgar, se recurrió de nuevo al latín (esta vez a EBRIUS directamente) para crear un nuevo adjetivo: ebrio. En la actualidad, borracho es el adjetivo más popular y usado, mientras que beodo, ebrio y embriagado son sinónimos de tono educado; y embriago, aunque sigue en el diccionario académico en calidad de sinónimo poco usado de ebrio, lo cierto es que está completamente olvidado. En cuanto a los verbos, tanto emborrachar y embriagar siguen plenamente en vigencia (en el lenguaje popular el primero, en el más educado el segundo), en tanto embeodar continúa apareciendo en el DRAE como sinónimo de emborrachar, pese a que ya no es apenas usado.

BERMEJO, COLORADO, ENCARNADO y ROJO. Del latín VERMICŬLUS ‘gusanillo’, bermejo significa hoy ‘rubio, rojizo’, pero en la Edad Media era la única palabra española que designaba el primer color del espectro solar. La acepción actual proviene de finales del s. XV y le sirvió para sobrevivir frente a la fuerza con que le sustituyeron colorado y rojo. Derivado de color, colorado aparece en el español hacia 1490 y muy pronto sustituye a bermejo. Su uso fue muy frecuente entre los siglos XV y XVII, y hoy sigue dominando en toda América. Pero, a partir del s. XV, hubo de compartir preponderancia con rojo (lat. RUSSEUS ‘rojo subido’), roxo en la grafía de entonces. Más tarde, en el Siglo de Oro, reapareció en nuestro idioma (se lee en un documento del año 896, pero no vuelve a usarse hasta lo redescubrió Quevedo) encarnado (derivado de encarnar) ‘color de la carne’, ‘colorado’, que no llega a tiempo de ser trasladado a América, pero que desbanca en buena medida a colorado en España. En resumen, rojo es la voz más común y extendida, aunque colorado es muy frecuente también en América. Encarnado es un sinónimo de rojo en España, cada vez menos usado. Y bermejo a duras penas sobrevive como sinónimo de rubio y rojizo.

BERZA, COL y REPOLLO. Las tres palabras son muy antiguas en nuestro idioma y significaban lo mismo: berza (del latín vulgar VIRDĬA ‘verduras’), documentada en 1135; col (lat. CAULIS), 1219; y repollo (derivada de pollo), hacia 1400. El significado de repollo ha ido evolucionando desde el antiguo ‘retoño de cualquier planta’, pasando por ‘retoño de col’, hasta el actual ‘especie de col cuyas hojas forman a manera de una cabeza’, especialización que le separa de las otras dos formas, aunque en Argentina se emplea como simple sinónimo. Entre berza y col la Academia parece preferir a esta última (en su diccionario berza remite a col), pero en algunos lugares, como México, berza es la forma más utilizada.

BEST SELLER y SUPERVENTAS. Aunque todavía se sigue oyendo en español la voz inglesa best seller para referirse a un ‘libro o disco de gran éxito y mucha venta’, ciertamente cada vez pierde más terreno a favor de la palabra compuesta y de reciente creación superventas (admitida ya por la Academia en su avance de la vigésimo tercera edición de su diccionario), que tiene idéntico significado.

BETARRAGA y REMOLACHA. Aunque por muy poco, betarraga (del francés betterave) está antes en nuestro idioma (1696) con nombres como beterraga o beterrata, que remolacha (del italiano ramolaccio, este del latín ARMORACĬUM, y este del galo are more ‘cerca del mar’), que no está documentado hasta 1726, año en que lo registra la Academia como sinónimo de betarraga. Este vocablo pasó a América; remolacha, no. Hoy remolacha está generalizado en España y betarraga ha desaparecido; por el contrario, en América solo existe esta denominación, aunque con variadas formas: beteraba en Argentina y Ecuador, betaraba en Bolivia, beterraga en Chile, betabel en México…

BEZO, LABIO, LABRIO, LABRO y MORRO. Las formas más antiguas (mediados s. XIII) son bezo (de origen onomatopéyico) y labro (del latín LABRUM), usadas ambas para designar al ‘labio’. Con el paso del tiempo bezo se especializó en ‘labio grueso’ y labro, pese a seguir usándose hasta el s. XVI, ya hacia 1400 empezó a sentir la competencia de su derivado labrio, nacido por influjo del latín LABIUM ‘labio’. En la segunda mitad del s. XVI labrio evolucionó a su vez a labio, que fue la forma más común y popular hasta hoy; aunque, por aquellas fechas (1591), también empezó a usarse de forma vulgar morro (de origen incierto) para referirse a los labios humanos, siendo hasta entonces empleada solo para referirse a la nariz y la boca de los animales. En la actualidad, labio es la forma más extendida, morro se sigue empleando en el habla vulgar para los dos labios de la boca humana, labrio continúa apareciendo en el diccionario académico como sinónimo desusado, y tanto bezo como labro sobreviven gracias a haberse especializado: ‘labio grueso’ y ‘carne levantada alrededor de una herida’ (bezo) y ‘labio superior de la boca de los insectos’ (labro).

BIBERÓN, CHUPÓN y MAMADERA. Biberón llegó al español desde el francés hace relativamente poco (1883). Este galicismo se afianzó sobre todo en España y México, ya que en la mayoría de los países de habla hispana se sigue empleando chupón o mamadera (derivado de mamar), que en España tiene el significado de ‘instrumento para descargar los pechos de las mujeres en el período de la lactancia’.

BIFE, BISTÉ, BISTEC y FILETE. A mediados del s. XIX tomó el español del inglés beefsteak (de beef ‘buey’ y steak ‘lonja, tajada’) la palabra bistec para designar la ‘lonja de carne de vaca soasada en parrilla o frita’ y ‘loncha de carne preparada de esta manera’. Más tarde la Academia admitió también la adaptación bisté, no tan usada. Entretanto, en varios países sudamericanos (Argentina, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay) se adaptó la forma bife (del inglés beef) con el mismo significado que bistec. Por otra parte, durante la segunda mitad del s. XIX, el español adaptó la palabra francesa filet con la forma filete, para referirse a la ‘lonja delgada de carne magra o de pescado limpio de raspas’. Aunque, en consecuencia, filete puede usarse tanto para el pescado como para la carne, cuando se trata de esta última es evidente que constituye sinonimia con bistec, razón por la cual nació y se mantiene una rivalidad entre ambas palabras que, por el momento, parece que está perjudicando al anglicismo.

BILLETE, BOLETA, BOLETO, ENTRADA o PASAJE y TIQUE. La voz inglesa ticket llegó a ser tan popular en español, que la Academia hace años que la adaptó gráficamente como tique. Sigue en plena vigencia, pero su uso se hace cada vez menor debido a la competencia que sufre por parte de varias palabras genuinamente españolas, en función de su sentido y del país. Así, para acceder a un espectáculo suele usarse boleta, boleto o entrada; y para acceder a un medio de transporte, billete o pasaje.

BISTURÍ y ESCALPELO. El escalpelo era en el s. XIX la única forma conocida en el español para referirse al instrumento médico que se usa para hacer cortes en el cuerpo humano. Pero en ese mismo siglo el español adaptó del francés la palabra bisturí (fr. bistouri, que primero significó ‘puñal’) con un significado muy similar al del escalpelo. Probablemente para evitar su posible confusión con escarpelo (instrumento de carpintería), escalpelo cedió mucho terreno a favor de bisturí, si bien ambas voces médicas cuentan con leves pero importantes matices de forma (‘hoja fija en un mango metálico’ el bisturí; ‘hoja fina, puntiaguda, de uno o dos cortes’ el escalpelo) y de empleo (el bisturí ‘para hacer incisiones en tejidos blandos’; para ‘disecciones anatómicas, autopsias y vivisecciones’ el escalpelo).

BLOC y BLOQUE. Otra de las tentativas académicas frustradas fue la de proponer el uso de la palabra bloque para asumir el significado de la voz inglesa block ‘conjunto de hojas de papel sujetas por un lado de modo que puedan desprenderse con facilidad’, cuya adaptación gráfica al español es bloc. En este caso, bloque no llegó siquiera a plantear un atisbo de batalla y la propuesta fue retirada.

BLOG y BITÁCORA. Con tanta desventaja nació la propuesta académica de usar bitácora (por el marinero cuaderno de bitácora) en lugar del término inglés weblog, más conocido y usado por el abreviado blog ‘sitio electrónico personal a manera de diario en el que pueden participar los lectores’, que ni siquiera ha llegado a plasmarse esta iniciativa en el DRAE.

BLUYÍN, TEJANO y VAQUERO. El pantalón de tela recia, generalmente azul, usado originariamente por los vaqueros de Texas recibe en español los nombres de vaquero o tejano. Normalmente se emplea en plural con el mismo sentido que en singular. La denominación tejano (de Tejas o Texas) solo se usa en España (especialmente en Cataluña), junto a la de vaquero (de vaca), más frecuente y que se documenta también en algunos países americanos. Pero, puesto que en gran parte de Hispanoamérica se utiliza exclusivamente la denominación inglesa blue jean, la Academia ha aprobado para su inclusión en la próxima edición del DRAE (23.ª), el artículo bluyín, adaptación gráfica del anglicismo.

BOCADILLO, EMPAREDADO y SÁNDWICH. La voz inglesa sandwich se asentó en el español a fines del s. XIX, a pesar de que ya existía en nuestro idioma la palabra emparedado (del participio de emparedar) con el mismo significado. El anglicismo fue adaptado como sándwich y se puede decir que superó a emparedado en el pulso que ambos mantuvieron. Después a sándwich se le opuso bocadillo (diminutivo de bocado) ‘panecillo partido longitudinalmente en dos mitades entre las cuales se colocan alimentos variados’, pero tampoco este vocablo español ha conseguido vencerle. Bocadillo y sándwich siguen en plena vigencia, supuestamente enfrentados como sinónimos, aunque el matiz diferenciador de ‘pan tradicional’ (bocadillo) y ‘pan de molde’ (sándwich) parece beneficiar su convivencia; diferencia que no existía entre el anglicismo y emparedado, pero este ha quedado muy relegado en el habla común.

BODA y NUPCIAS. Boda (del lat. VOTA) es la forma más antigua y común. Nupcias (lat. NUPCIAS) es un cultismo del s. XVII que siempre ha estado limitado al lenguaje forense o elevado, y que en la actualidad, pese a ser un sinónimo de boda, se emplea casi exclusivamente en la expresión segundas nupcias.

BOL, CUENCO y TAZÓN. Bol existe en español desde finales del s. XIX y como adaptación gráfica de la voz inglesa bowl. A pesar de que sirve para designar un tipo de recipiente idéntico o muy parecido al que siempre se ha conocido en nuestro idioma como cuenco o tazón, este anglicismo se ha asentado en nuestro vocabulario, sin que al parecer haya una competencia feroz con las otras dos palabras más castizas y antiguas.

BOLA, PELLA y PELOTA. En la Edad Media se empleaba pella (del lat. PILŬLA, diminutivo de PILA ‘pelota’) en el sentido de ‘pelota de jugar’, que a mediados del s. XIII pasó a pellota por contaminación del provenzal pelota (del lat. PILA) y que por fin, ya en el s. XV, derivaría en pelota. Al mismo tiempo (hacia 1400) llegaba al español, también procedente del provenzal, la palabra bola (prov. Bola y este del lat. BŬLLA ‘burbuja’, ‘bola’), que al principio designaba las bolas empleadas en algunos juegos, pero que no debió entrar en confrontación directa con pella o pelota por cuanto no coincidieron exactamente en el significado. Mientras el sentido semántico de bola era el de un ‘cuerpo esférico de cualquier materia’, pelota se especializaba en una ‘bola de materia elástica que bota y con la que se juega’.

BOLSA y LONJA. Durante la primera mitad del s. XV el castellano tomó la palabra lonja ‘edificio público donde se juntan mercaderes y comerciantes para sus tratos y comercios’ del catalán dialectal llonja, el cual venía del francés loge ‘cámara’, ‘habitación’, que a su vez procedía del franco *laubja ‘sala’. Lonja era llamado también el lugar donde los comerciantes y financieros se reunían para efectuar las transacciones públicas de compra y venta de valores, hasta que, a mediados del s. XVII, apareció la palabra bolsa (adaptación del italiano borsa), que empezó a utilizarse en español para designar en concreto ese lugar y, por extensión, la institución económica que organizaba dichas reuniones. Debido a esta especialización semántica, lonja y bolsa han convivido pacíficamente en nuestro vocabulario desde entonces.

BORDAR y BROSLAR. Ambas son voces de origen germánico, significaban lo mismo y llegaron al español en el s. XV, aunque hay constancia de que broslar es al menos medio siglo más antigua. Hasta fines del s. XVI la lucha entre ellas fue feroz, pero finalmente logró imponerse la más moderna bordar, que es la única que se usa en la actualidad. Broslar sigue apareciendo en el diccionario académico pero como sinónimo en desuso de bordar.

BORDE y ORILLA. Durante toda la Edad Media solo existía en español orilla (diminutivo romance del lat. ORA ‘orilla’) para designar el ‘límite o extremo de algo’. Pero en el s. XV ya recogió Nebrija el galicismo borde (fr. bord, del franco bord ‘lado de la nave’), que entró primero en nuestro idioma como término náutico, vacilando entre las formas borde y bordo, como significado de ‘costado de la nave’ primero y después ampliado a los extremos de un cauce o lugar parecido. Con el paso del tiempo, el español ha fijado el empleo de bordo para el ‘costado de la nave’ y borde para los demás, convirtiéndolo así en sinónimo de orilla, con quien mantiene desde entonces una lucha tremenda por sobrevivir.

BOSQUE, JARA, SELVA y SOTO. Soto (del lat. SALTUS ‘bosque’, ‘selva’) está documentado en nuestro idioma desde el año 929 y selva (lat. SILVA) hacia 1275. Ambas palabras sirvieron durante la Edad Media para designar el ‘terreno poblado de árboles y matas’, si bien silva sería el viejo término heredado del latín para expresar esta idea, derivando muy pronto y popularmente en selva. Desde mediados del s. XIII soto y selva compartieron significado en español con el arabismo jara (del árabe hispánico šá’ra, y este del árabe clásico ša’rā’ ‘tierra llena de vegetación’), que en un principio servía para designar un ‘bosquecillo’. Pero todo esto cambió radicalmente con la irrupción del extranjerismo bosque (de origen incierto) en la primera mitad del s. XV. Tal era el vigor del recién llegado, que muy pronto soto se convirtió en un humilde y poco usado sinónimo, selva fue relegada al terreno de lo arcaico o poético, y jara retrocedió semánticamente para conformarse con el sentido de ‘arbusto’. Aun no había acabado el s. XV cuando, gracias a Juan de Mena, selva resucitó como voz noble, si bien no consiguió recobrar fuerzas hasta el s. XVIII, cuando empezó a insinuarse ya el significado moderno que por fin fue fijado porla Academia en el siglo siguiente: ‘bosque intrincado y muy espeso, a la manera de los tropicales’. En la actualidad bosque sigue imponiendo su fortaleza en el vocabulario español; soto continúa viva, aunque en muchas partes va quedando fijada en la toponimia; jara se refiere a un ‘tipo de arbusto’; y selva está en plena vigencia gracias a su matiz tropical y diferenciador.

BOTELLA y FRASCO. En 1721 apareció en el español el vocablo botella (del francés bouteille y este del lat. BUTTICŬLA), que la Academia pocos años después calificó de galicismo neológico. Pero la fuerza con que llegó botella fue tal, que muy pronto sustituyó en el vocabulario popular español al clásico frasco (del germánico *flaskô ‘funda de mimbres para una botella’, ‘botella’), que estaba en nuestro idioma desde 1570 y que quedó reservado a partir de entonces para designar los envases donde se guardaban los líquidos, polvos y comprimidos usados en determinados comercios.

BRILLAR y RESPLANDECER. Resplandecer (del lat. RESPLENDESCĔRE) está en nuestro idioma desde sus orígenes, mientras que su sinónimo brillar (del italiano brillare) fue tomado del italiano a principio del s. XVII. Ambos verbos se mantienen en vigor, aunque brillar es de un uso más popular y extendido, en tanto resplandecer tiende a tomar un tono más elevado y literario.

BROCHETA y BROQUETA. Al galicismo brocheta (de brocha y esta del francés broche) intentó oponérsele desde la Academia, con el mismo significado, la palabra broqueta (de broca) ‘aguja o estaca pequeña con que se sujetan las patas de las aves para asarlas, o en que se ensartan o espetan pedazos de carne u otro alimento’, pero no ha funcionado. A pesar de que todavía en el DRAE la adaptación gráfica de la voz francesa remite a la entrada de broqueta, esta palabra ha caído prácticamente en el desuso, a favor de aquella.

BUROCRACIA y COVACHUELA. Del francés bureaucratie, y este de bureau ‘oficina, escritorio’ y cratie ‘-cracia’, llegó al español burocracia en 1832. Baralt y otros lingüistas se opusieron a este galicismo por innecesario, recomendando en su lugar covachuela, y en vez de burócrata, covachuelista. Del diminutivo de covacha, por alusión a que estaban situadas en los sótanos del antiguo palacio real, covachuela tiene las siguientes acepciones: ‘cada una de las tiendecillas que había en los sótanos de algunas iglesias y de otros edificios antiguos’, coloquialmente ‘cada una de las secretarías del despacho universal, hoy llamadas ministerios’ y, también de forma coloquial, se usaba ‘para referirse a otras oficinas públicas’. Pese a la oposición de Baralt y a que el significado de covachuela era similar al de burocracia, este galicismo acabó por imponerse de forma tan rotunda, que la castiza covachuela ha quedado ya casi cubierta por la espesa y polvorienta capa del olvido.

BYTE y OCTETO. El español ha asimilado la voz inglesa bit como ‘unidad informática de medida de información’, pero se resiste a hacer lo propio con byte, frente a la cual ha propuesto la Academia la palabra octeto ‘carácter o unidad de información compuesto de ocho bites’. Teniendo en cuenta que se trata de una unidad de medida de circulación internacional, la propuesta de octeto parece que está en clara desventaja con byte.

BUZONEO y MAILING. Muy extendido en España durante las últimas décadas del s. XX, el anglicismo mailing ha ido no obstante perdiendo fuerza frente al término genuinamente español buzoneo.

CABALLERO y GENTLEMAN. Aunque pareció que iba a asentarse en nuestro idioma tras su llegada, el anglicismo gentleman es el paradigma del extranjerismo que, pese a la fuerte aceptación que tuvo en su momento, ha terminado por desaparecer, a favor del genuinamente español caballero.

CABALLO, EQUINO y YEGUA. En la Edad Media (ya está documentado en el año 932) caballo (cavallo en la grafía de entonces y procedente del lat. CABALLUS ‘caballo de carga’, con raíces orientales) sustituyó completamente a EQUUS ‘caballo’ en todas las lenguas romances. Pero no sucedió lo mismo con el femenino EQUA ‘yegua’, que pasó al castellano primero como egua (949) y luego como yegua (1170), y de donde llegaron al español todos los derivados cultos relacionados con ambos animales: equino, ecuestre, a los que posteriormente se agregaron los compuestos de origen griego hípico, hipódromo

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CABELLO y PELO. Ambas voces son tan antiguas como nuestro idioma. Aunque cabello (lat. CAPILLUS) significa concretamente el pelo de la cabeza y pelo (lat. PILUS) tiene un sentido más genérico, el retroceso de cabello ha sido constante en el español (aunque no tanto como en otros romances, donde ha desaparecido por completo), quedando hoy en día como palabra de tono elevado, mucho menos usada que la más vulgar y extendida pelo.

CACAHUETE y MANÍ. Son sinónimas porque designan la misma planta y el mismo fruto. La más antigua en español es maní (voz taína), documentada ya en 1535, mientras que cacahuete (de origen nahua) no lo está hasta 1653 y en la forma primitiva cacaguate, que ya en el s. XVIII derivó en cacahuate (que se conserva en México) y cacahuete, que es la forma usada en España, Puerto Rico, Guatemala, Colombia y Venezuela. Por su parte, en Cuba y en el resto de América del Sur se emplea maní.

CALDO, CÁLIDO y CALIENTE. En el castellano arcaico (ss. XI-XII) existía un adjetivo caldo (lat. CALDUS) que significaba ‘caliente’, pero que desapareció al ser reemplazado por caliente (lat. CALENS, -ENTIS), sobreviviendo únicamente caldo como nombre del líquido que resulta de cocer en agua la carne y otras viandas. Más tarde (hacia 1250) se reintrodujo en nuestro idioma el cultismo cálido (lat. CALIDUS), que no llegó a la sinonimia con caliente merced a un ligero pero importante matiz, ya que se designa para algo que ‘da calor, o porque está caliente, o porque excita ardor en el organismo animal’.

CALENTURA y FIEBRE. Fiebre (lat. FEBRIS) es una voz semiculta y antiquísima en español que, aproximadamente desde 1340, mantiene una cerrada fiera pelea con la más vulgar calentura (derivada de caliente). Una pelea que continúa hoy en día sin que al parecer haya visos de triunfo cercano por parte de una de las dos contendientes.

CAMA, CATRE, LECHO, PILTRA y YACIJA. La más antigua de estas cinco palabras es lecho, plasmada en un documento leonés del año 1000, pero en la grafía de entonces, ya que su evolución fonética y ortográfica ha sido la siguiente: lat. LECTUS > leito (1000) > lieto (1090) > leycho (1125) > lecho (principio s. XIII). De uso bastante frecuente y popular en la Edad Media, después quedó confinada a la lengua literaria y se volvió término genérico y de matiz vago, al designar tanto el lugar donde se acuestan los humanos como en el que se acuestan los animales. Por el contrario, cama (de origen celtolatino), desde su aparición en el español en 1251, siempre se ha referido al conjunto de ‘armazón de madera o metal, con jergón o colchón, almohada, sábanas y otras ropas, destinado a que las personas se acuesten en él’, lo que la ha convertido en la palabra más popular y extendida de las cuatro. A yacija (lat. *IACILĬA), en el español desde el s. XV, debido a los significados que ha ido adquiriendo: ‘cosa en que se está acostado’, ‘sepultura’ y, por fin, ‘lecho o cama pobre’, le ha sucedido lo mismo que a lecho, pues en la actualidad se ha convertido en voz literaria y arcaizante. Piltra (del francés anticuado peautre ‘catre’) es como llamaban a la cama en germanía (jerga de rufianes y ladrones) durante el s. XVI, que en la actualidad no es más que un sinónimo coloquial muy poco usado. Por último, catre (de origen portugués) llegó al español como término náutico en 1578 y, gracias a la concreción de su definición (‘cama ligera para una sola persona’), su uso se mantiene vivo en el vocabulario actual.

CAMBIAR, MUDAR y MUTAR. Ya en latín existía esta lucha entre CAMBIĀRE, que llegó prestado del galo, y MUTĀRE, mucho más genuino pero que tenía una excesiva cantidad de significados. Ambas voces pasaron al castellano antiguo y popular como cambiar y mudar, con acepciones tan afines que, muy pronto, cambiar comenzó a ganar terreno frente a mudar, que fue quedando relegada a unos pocos usos especiales, incluida la forma culta mutar que llegó al español más tarde.

CAMINO y VÍA. Del latín VIA, el vocablo vía ‘camino’, ‘carretera’, ‘calle’ es de uso general en nuestro idioma desde sus orígenes. Pero ya en la   Edad Media camino (de origen celtolatino) empezó a limitar considerablemente la extensión semántica de vía, hasta el punto de que hoy se ha convertido en sinónimo de camino y sobrevive gracias a su especialización como ‘calzada’, ‘raíl de ferrocarril’ y ‘conducto del organismo por donde pasan los líquidos, alimentos y residuos’.

CAN y PERRO. De origen incierto, perro figura en un documento leonés de 1136, y en el siglo siguiente abundan ya los ejemplos documentales. Para explicar la rivalidad que surgió entre perro y el más antiguo y castizo can, le cedo la palabra al etimólogo Corominas: «Perro tropezó con gran resistencia hasta imponerse, por ser considerado vocablo vil e innovador, frente al tradicional can, generalmente preferido, hasta el s. XV inclusive, por lo menos en boca de nobles y en literatura. No solamente autores aristocráticos, como Alfonso el Sabio y D. Juan Manuel, emplean sólo can o lo prefieren marcadamente, sino que del mismo modo se conducen Berceo y los autores del Cid y de Apol. (que desconocen perro completamente), así como los varios tratados de cetrería y de caza. Al principio suele aparecer como voz peyorativa y popular, en calidad de insulto, o como apodo insultante (…) No quiero con esto decir que can no aparezca con este valor en los autores más antiguos, pero no sólo entonces, sino aun más tarde se dirá can y no perro siempre que se habla del perro de raza, del compañero del hombre, etc.; aun autores del s. XIV, cuando ya perro está ganando terreno, aun Juan Ruiz, que ya le da cierta preferencia, todavía emplean can en el estilo sentencioso y serio del refranero, y perro cuando se trata del de guarda que muerde al ladrón (…) Si la palabra perro pudo ganar terreno y acabó por eliminar el vocablo tradicional, se debió en buena parte a la falta de un femenino y un diminutivo correspondientes a can». No había efectivamente diminutivo de can en español y, en cuanto al femenino, considerando que el latín vulgar *CANIA habría dado en nuestro idioma la voz *caña, no llegó a realizarse tal paso porque ello habría producido una intolerable homonimia con caña ‘planta gramínea’. En resumen, la palabra can (lat. CANIS) pasó al castellano antiguo en 963, pero entró en competencia con perro hacia el año 1200, ganando este terreno tan rápidamente que, desde el s. XIV, can quedó relegado a la categoría de palabra anticuada, solo empleada en poesía.

CANGURO, NIÑERO y BABY-SITTER. Aunque en español ya existía el sustantivo femenino niñera (el adjetivo niñero,ra significa ‘que gusta de niños o de niñerías’)para designar a la ‘criada destinada a cuidar niños’, el anglicismo baby-sitter tuvo aceptación entre los hispanohablantes al ser un término que se refería en concreto a la ‘persona, generalmente joven, que se encarga de atender a niños pequeños en ausencia corta de los padres’. Pero nuestro idioma respondió al vocablo invasor con una idéntica y coloquial acepción de la palabra canguro, común en cuanto al género (el/la canguro), que acabó por derrotar y prácticamente condenar al olvido el anglicismo baby-sitter.

CARA, FAZ, HAZ y ROSTRO. Del latín FACĬES ‘cara’ tomó el castellano arcaico la voz haz, que muy pronto (hacia 950) derivó en faz. Con el significado de ‘cara’, faz fue frecuente en toda la Edad Media, al mismo tiempo que rostro (lat. ROSTRUM ‘pico, hocico’) se empleaba primero para designar ‘pico’ u ‘hocico puntiagudo’ y después ‘labio’ y ‘boca’. Por su parte, cara (lat. CARA), que aparece en el Cid, fue poco a poco ganando terreno hasta sustituir al final del Medievo (s. XV), aproximadamente en la misma época en que rostro pasó de significar ‘boca’ a ‘cara’. Desde entonces, apartados ya los anticuados faz y haz, cara y rostro han mantenido una lucha feroz por ser el único vocablo en español para designar la ‘parte anterior de la cabeza humana desde el principio de la frente hasta la punta de la barbilla’. En el Siglo de Oro rostro era considerada palabra noble, y como tal continúa siendo ahora, pero su nobleza crece en la misma proporción en que va perdiendo terreno frente a la cada vez más popular y frecuente cara.

CARDENAL, EQUIMOSIS, MORATÓN y MORETÓN. De cárdeno ‘color amoratado’ derivó cardenal ‘mancha de la piel a consecuencia de un golpe u otra causa’ en el s. XV. Mucho más tarde, a fines del s. XIX, la Academia aceptó los coloquiales moretón y moratón, derivados de morado, con el mismo significado que cardenal. Y más recientemente se creó el cultismo equimosis, basándose en el griego ἐκχύμωσις ‘extravasación de la sangre’, término médico con idéntico significado. En la actualidad los cuatro sinónimos siguen en plena vigencia, aunque con diferencias tanto en ámbitos culturales como geográficos. Equimosis tiene un uso muy restringido, propio de la medicina; cardenal tiene un uso mucho más popular y amplio; moretón es la forma usada en el español de América y el sinónimo de cardenal preferido en algunas zonas de España (Andalucía, Canarias, Cataluña), donde alterna con moratón, mayoritario en el habla culta del centro peninsular.

CARTEL y PÓSTER. Cartel (del provenzal cartel) es más antiguo en nuestro idioma que póster (del inglés poster). En la definición de ambos descubrimos el matiz por el que ambos sinónimos conviven sin conflicto en nuestro vocabulario. Cartel: ‘Lámina de papel que se exhibe con fines publicitarios o informativos’. Póster: ‘Cartel que se fija en la pared sin finalidad publicitaria o habiendo perdido ese carácter’. Es decir, en el uso privado del póster estriba la diferencia.

CASETA, PABELLÓN o PUESTO y STAND. La Academia suprimirá en la próxima edición de su diccionario (23.ª) la voz inglesa stand ‘instalación dentro de un mercado o feria, para la exposición y venta de productos’, recogida hace años sin adaptación gráfica, ya que la gran difusión que tuvo en su día ha remitido sensiblemente a favor de las voces españolas pabellón, si se refiere a un edificio de cierta envergadura, o caseta o puesto si se refiere a una instalación de pequeñas dimensiones.

CATAR y MIRAR. Al haber variado ambas palabras de significado a lo largo de su dilatada vida, hubo un momento en que coincidieron semánticamente y, por consiguiente, entraron en conflicto, pero por suerte para ellas continuaron evolucionando y, al volver a diferenciarse sus acepciones, siguieron sus respectivos caminos en paz. Catar (del lat. CAPTARE ‘coger’, ‘buscar’) ya se empleaba con frecuencia en latín como ‘tratar de ver’, por lo que no es de extrañar que, en el castellano antiguo (950), significara ‘mirar, ver’, tal como se lee repetidas veces en el Cid. Luego proseguiría su evolución semántica: ‘observar, atender, examinar’ en el s. XIV. Por su parte, mirar (del lat. MIRARI ‘asombrarse, extrañar’, ‘admirar’), primero significó en castellano antiguo (ss. XII y XIII) lo mismo que en latín, para pasar hacia 1250 a ‘contemplar’ y, ya en el s. XIV, la acepción actual: ‘mirar’. Es decir, mirar empezó a significar ‘mirar’ aproximadamente al mismo tiempo que catar dejó de significarlo, en el s. XIV. La coincidencia semántica entre ambas voces, según parece, no llegó a existir o duró muy poco tiempo.

CATASOL, GIRASOL y MIRASOL. Gyrasol (en grafía de Góngora) es un culteranismo ideado por la forma como la flor de esta planta va volviéndose hacia la dirección del sol. Anteriormente, en español esta planta se llamaba mirasol (de mirar y sol), que aun se registra en el diccionario académico como sinónimo de girasol, y, según Corominas, catasol, palabra de la que no ha quedado vestigio alguno.

CD, CEDÉ y DISCO COMPACTO. A partir de la lectura española del inglés CD (sigla de Compact Disc) se ha creado el sustantivo cedé, muy extendido en España pero aun no recogido por la Academia, la cual recomienda usar el equivalente español disco compacto. Hoy por hoy, cedé lleva bastante ventaja al académico disco compacto.

CD-ROM y CEDERRÓN. A partir de la lectura española de la sigla inglesa CD-ROM (Compact Disc Read-Only Memory ‘disco compacto de gran capacidad’) se ha creado el sustantivo cederrón, admitido por la Academia, que es la forma más usada actualmente en nuestro idioma.

 CERDO, CHANCHO, COCHINO, COCHO, GORRINO, GUARÍN, GUARRO, MARRANO y PUERCO. Marrano (del árabe hispánico muarrám, y este del árabe clásico muarram ‘declarado anatema’) ya se usaba para designar en el año 965 a este animal, prohibido por la religión musulmana. También en la Edad Media era de uso general y con el mismo significado puerco (lat. PORCUS), aunque empezó sirviendo para designar al jabalí. Puerco se hizo más frecuente para referirse al animal cuando marrano, a partir de fines del s. XIII, pasó a servir como vituperio e insulto en el sentido de ‘converso’, tanto judío como musulmán. Lo mismo le ocurrió a puerco cuatro siglos más tarde, cuando el uso metafórico de esta voz se generalizó como adjetivo en el sentido de ‘muy sucio’. A partir de entonces se hizo más frecuente en España una palabra que había surgido en el s. XV, cochino (de cocho ‘puerco’, y este de coch, voz con que se llama al animal), que en un principio había servido para designar al lechón, pero que muy pronto también sirvió para el animal adulto. Pero ni cocho ni cochino consiguieron crecer tanto y tan rápidamente para sustituir a puerco en España como cerdo (de cerda ‘pelo grueso’), voz que aparecería por primera vez en nuestro idioma a fines del s. XVII  o principio del XVIII. Se trataba de otra creación eufemística con la que sustituir, para designar al animal, a las voces anteriores que habían caído en el mal tono a causa de su equivalencia en insultos. Y al mismo tiempo que cerdo sustituía a puerco en España como voz predominante, en América hacia lo propio chancho (de sancho, y este de sanch, voz para llamar al animal). Pero también cerdo y cochino acabaron siendo contaminados por su indeseable extensión semántica hacia el terreno del insulto. De ahí que surgieran otras palabras con que llamar al pobre animal. Como las creadas en determinadas partes de España, en el s. XVIII, a partir de las onomatopeyas guarr-, gorr-, imitativas del gruñido del animal: guarro, gorrino y guarín. En la actualidad chancho, en América, y cerdo, en España, siguen siendo las voces más usadas para designar a este animal. Pero también aquí continúan empleándose los viejos nombres marrano y puerco, así como cochino (Murcia), cocho (Asturias, Galicia, Navarra y Álava), guarro (Salamanca), gorrino (La Mancha), guarín (Almería) y hasta sancho (Teruel).

CEREBRO y SESO. Aunque seso (del lat. SENSUS ‘sentido’) está documentado algo antes (Cid) que celebro (grafía usada desde 1251 hasta el s. XVIII; del lat. CEREBRUM), ambas palabras convivieron durante siglos significando lo mismo: ‘centro nervioso de la cabeza’ y ‘prudencia’, ‘madurez’. Y así siguen; cerebro se ha convertido en una voz popular, en tanto seso se ha hecho ligeramente vulgar.

CERRADOR y PORTERO. Actualmente cerrador (de cerrar) ha perdido la acepción ‘el que cuida de cerrar alguna puerta’ que tenía antiguamente. Ya en 1729 la Academia advertía que «tiene poco uso, porque yá comúnmente se llama Portéro». La rivalidad de cerrador con portero (de puerta) nació en el castellano arcaico, ya que ambas palabras significaban lo mismo. Al final, como se ha visto, triunfó portero.

CERVIZ y PESCUEZO. Las dos son voces medievales y sinónimas que, pese a la rivalidad que han mantenido desde hace siglos, todavía siguen vivas. Cerviz (del lat. CERVIX) es hoy vocablo del estilo noble, mientras que pescuezo (del lat. POST ‘después’ y cuezo, que significó ‘cogote’) es voz popular.

CHAMUSCAR y SOCARRAR. Hasta el s. XV, que llegó al español chamuscar (del portugués chamuscar), socarrar (de origen prerromano) era el único verbo que se empleaba en el sentido de ‘quemar algo superficialmente’. El resultado de la pugna que todavía están manteniendo ambas palabras es incierto, aunque chamuscar lleva ventaja al haber desbancado a socarrar en el uso general, si bien esta sigue siendo la preferida en algunas regiones de lengua castellana.

CHATO y ROMO. Ambas palabras tienen raíces latinas pero debieron llegar al español a través del portugués o, al menos, con fuerte influencia portuguesa. También deben ser igual de antiguos en nuestro idioma, aunque hay constancia documental más remota de romo (1438) que de chato (1601), probablemente porque este último, debido a su carácter afectivo y popular (frente al carácter noble de romo), costaba más introducirlo en el lenguaje escrito. Hoy ambos vocablos siguen en vigencia, si bien chato es vocablo más popular y frecuente que romo.

CHEPA, CORCOVA, GIBA y JOROBA. De origen árabe, joroba está documentada hacia 1400 como adraba y en 1475 como hadruba. Con la forma actual (joroba) no aparece hasta el s. XVIII. Esto es así porque no empezó a ser de uso general hasta muy tarde. Anteriormente, las voces más usadas en este sentido eran corcoba y giba. Procedente del bajo latín hispánico CUCURVUS, corcoba ya figura en español hacia 1400, si bien se menciona Corcova como apodo de un juglar en 1272; en el s. XVIII, la Academia introdujo la grafía con v, corcova, por razones etimológicas. Por su parte, giba (lat. GIBBA ‘joroba’) está documentada por primera vez en el s. XV, y en el Siglo de Oro es ya muy frecuente. De esta misma raíz latina (GIBBA) procede el aragonés chepa, muy popular en algunas partes de España, aunque la Academia no la aceptó hasta 1899. Todos estos latinismos fueron introduciéndose en el español impulsados por el deseo de evitar expresiones humillantes para los afectados, si bien con el tiempo todos ellos han ido adquiriendo un tono tan cruel como el que se pretendía evitar. Hoy joroba es palabra de uso general y el más usado en la mayor parte de España, Argentina, las Antillas, México y seguramente en otros países americanos. Chepa es más popular en Aragón, Asturias, La Mancha y Murcia. Giba lo es en otras provincias españolas, como Almería. Y corcova ha quedado reducida a sinónimo literario.

CHICO y PEQUEÑO. Chico (del lat. CICCUM ‘cosa de poquísimo valor’) y pequeño (voz expresiva, común a todas las lenguas romances y cuya raíz en el latín vulgar es PITINNUS) son voces sinónimas que ya aparecen en el Cid. Su rivalidad no ha sido igual en todos los tiempos, en todas partes ni en todas las connotaciones estilísticas y sociales. «Como chico es voz más afectiva y de tono más popular –explica Corominas–, es natural que los varios autores medievales y modernos prefieran una u otra de estas palabras según las varias ocasiones  según las tendencias generales que son propias de cada uno de ellos; por ejemplo está muy de acuerdo con el tono popular del lenguaje de Berceo el que este autor sólo emplee chico y no su concurrente, y no es menos característico de las tendencias intelectuales y aristocráticas de D. Juan Manuel su preferencia por pequeño, hasta el punto de que en El Conde Lucanor no aparece nunca la palabra chico. En una palabra, chico era y es vocablo más popular y afectivo, pequeño más distinguido y objetivo. Esta diferencia de tono obedece por una parte a que chico empezaría a emplearse como adjetivo en época más moderna, pero también a que por su estructura fonética conservaba más posibilidades expresivas, mientras pequeño, que también había empezado siendo palabra vulgar y afectiva, había perdido sus cualidades expresivas por la evolución fonética, que cambió en ee sus dos ii etimológicas y en ñ su primitiva geminada nn». En general, hoy en día no hay diferencia notable en el uso de chico y pequeño, si bien en muchas partes de América chico es preferido a pequeño.

CIMBORRIO y CÚPULA. Hacia 1460 ya existía en español la palabra cimorro > cimborio en 1575 > cimborrio en 1637 (del lat. CIMBORĬUM y este del griego κιβώριον ‘el fruto del nenúfar, copa de forma semejante a la de este fruto’), término arquitectónico que significaba ‘bóveda en forma de media esfera que cubre todo un edificio o parte de él’. Pero en 1604 fue introducido en nuestro idioma el vocablo italiano cupola, adaptado como cúpula, con el mismo significado que el entonces cimborio. La resistencia de esta palabra puramente castellana a ceder su significado fue dura, pero poco a poco el italianismo fue venciendo, hasta someter a cimborrio al papel de sinónimo secundario, tal como sigue ahora. Si no ha caído en desuso cimborrio ha sido porque, mientras luchaba contra cúpula, encontró otro significado arquitectónico específico.

CLASIFICACIÓN o LISTA y RANKING o RANQUIN. Tal fue la aceptación que tuvo en español la voz inglesa ranking ‘clasificación de mayor a menor, útil para establecer criterios de valoración’, que la Academia está estudiando la aprobación de ranquin como adaptación gráfica. Pero lo cierto es que ranking, aunque sigue usándose de forma general, su extensión ha sido frenada, y hasta está empezando a perder terreno, frente a las voces genuinamente españolas lista y clasificación.

COCA o TORTA y PIZZA. A pesar de que en español ya existían torta (de origen incierto) y su sinónimo aragonés coca (del catalán coca), nuestro idioma no ha tenido más remedio que aceptar la palabra italiana pizza debido a su gran popularidad. Pizza no ha sido adaptada al español y su significado es similar al de la torta o la coca, pero parece que, hoy por hoy, su fuerte implantación en nuestro vocabulario la hace invencible.

COLA y ENGRUDO. Cuando cola (del lat. COLLA y este del griego κόλλα) llegó al español en el s. XV con el sentido de ‘pasta que sirve para pegar’, ya existía con este mismo significado en nuestro idioma y desde sus orígenes la palabra engrudo (de engrudar, y este del lat. *INGLUTARE). La pelea que han mantenido ambos sinónimos desde entonces no ha acabado, pero parece que, por el momento, cola lleva ventaja.

COLOMBROÑO y TOCAYO. Ambos sinónimos aparecen en español en el s. XVIII, y ya entonces la Academia registraba colombroño (de con y nombre) como sinónimo poco usado de tocayo (de origen incierto). Hoy tocayo es la única forma usada.

COLORAR y COLOREAR. Derivados ambos de color, es colorar el verbo más antiguo en español (s. XIV), pero es colorear el que ha ido ganando terreno desde su llegada en el s. XVI, hasta el punto de ser hoy el preferido en el uso verbal.

COLUMPIO y MECEDOR. Ambos sinónimos aparecieron en nuestro idioma casi al mismo tiempo (s. XV), si acaso con ligera ventaja por parte de columpio (de columpiar), vocablo de origen leonés que, según informa un literato granadino de 1601, encontró fuerte oposición en Andalucía, donde se prefería el término mecedor (de mecer). En la actualidad esta rivalidad sigue viva, pues mecedor está recogido por la Academia como sinónimo de columpio, si bien es esta última voz la que se halla más extendida.

COMEDOR y COMEDERO. Ambos son derivados de comer y sinónimos en el sentido de ‘lugar donde se come’, significado que ya tenía comedero en el s. XV, mientras que comedor lo obtuvo en 1604 (hasta entonces se empleaba solo en el sentido de ‘el que come’). Todavía en el s. XVIII la Academia prefería comedero, pero desde hace unas décadas esta preferencia ha cambiado, pues en el vocabulario popular comedor se ha convertido en el único vocablo usado para referirse al lugar donde comen las personas, mientras que comedero (aunque en el diccionario académico todavía se le cita como sinónimo de comedor) se ha especializado en el lugar donde comen los animales. Gracias a esta diferenciación comedero sigue vigente.

COMENZAR, EMPEZAR, ENCOMENZAR, INICIAR y PRINCIPIAR. Comenzar y empezar son tan antiguas como nuestro idioma, por lo que su lucha al ser sinónimas es antiquísima y tan fuerte, que hubo en cierto momento (s. XV) la tentación de acabar con ella a través de una propuesta intermedia, encomenzar, que no logró sin embargo prosperar lo suficiente como para conseguirlo. Començar, en grafía de entonces, procedente del latín vulgar *COMINITARE, derivado a su vez del latín clásico INITIARE, era preferida en la antigüedad a empeçar (de en- y pieza en el sentido de ‘cortar un pedazo de alguna cosa y comenzar a usarla’), que se emplearía primero en frases como empeçar el pan o empeçar la carne, y que fue considerada durante mucho tiempo mero sinónimo de començar. Hacia 1580 se introdujo en el español el cultismo principiar (del lat. PRINCIPIĀRE), que nunca alcanzó la fuerza suficiente como para participar en la dura y larga batalla que sostenían comenzar y empezar. Algo parecido le ocurrió en el s. XVIII al también cultismo iniciar (tomado directamente del lat. INITIARE), que empezó siendo un término eclesiástico (iniciarse los clérigos). Hoy en día, comenzar y empezar continúan una lucha que sigue siendo muy igualada (la Academia parece preferir ahora empezar, al remitir a ella en la entrada de comenzar en el DRAE), a la que parece querer incorporarse con ciertas posibilidades iniciar (recogida en el diccionario académico como sinónimo de comenzar). Por su parte, principiar es un sinónimo teóricamente en vigencia, pero de muy escaso uso; mientras que el antiguo híbrido encomenzar sigue en el DRAE como sinónimo poco usado, cuando en realidad está completamente olvidado.

COMESTIBLE y COMIBLE. Las dos derivan de comer y están en vigor desde el principio del s. XIX. Aunque son sinónimas, en sus respectivas definiciones (sobre todo en la de comible) se encuentra el matiz que las diferencia y que las mantiene vivas: Comestible: ‘Que se puede comer’; comible: ‘coloquialmente: dicho de cosas de comer: que no son enteramente desagradables al paladar’. Es decir, se puede emplear comestible para toda clase de alimentos, mientras que comible se reserva solo para los que, pudiéndose comer, no tienen un sabor muy agradable.

CÓMIC y TEBEO. Alcanzó tanta popularidad la revista española TBO, fundada en 1917, que muy pronto se usó su nombre para denominar en España a cualquier ‘revista infantil de historietas’. Pero con la llegada en la segunda mitad del s. XX del cómic ‘serie o secuencia de viñetas con desarrollo narrativo’, adaptación española del inglés comic, la preponderancia de tebeo empezó a declinar rápidamente, hasta el extremo de que hoy tebeo es un término muy poco usado.

COMODIDAD y CONFORT. Aunque existen desde antiguo en español el verbo confortar y el adjetivo confortable, el sustantivo masculino confort no apareció en nuestro idioma hasta mediados del s. XIX, a través del francés. Se trata de un galicismo asentado muy utilizado hasta hace unas décadas, en que por fin empezó a perder terreno a favor del sustantivo femenino comodidad. Hoy en día confort es un vocablo en franco declive, que, muy probablemente, no tardará en quedar en desuso.

COMPAÑÍA y TROUPE. La voz francesa troupe tuvo mucha aceptación en nuestro idioma hace un siglo con el significado de ‘grupo de artistas, especialmente de teatro, de cine o de circo que trabajan juntos, desplazándose de un lugar a otro’, por lo que fue recogida en el diccionario académico. Sin embargo, hace años que ya apenas si se usa, pues ha sido sustituida por la voz española compañía.

CONSTRUIR y FABRICAR. En el s. XV existían ya en español ambos verbos, pero con significados diferentes. Fabricar (lat. FABRICĀRE) se usaba en el sentido de ‘elaborar’, ‘construir’; mientras que construir (lat. CONSTRUĔRE) era un término gramatical: ‘ordenar las palabras o unirlas entre sí con arreglo a las leyes de la gramática’. Cuando construir empezó a invadir el terreno semántico de fabricar encontró la oposición de no pocos lingüistas y literatos, como Quevedo, que lo consideraba un término propio de los culteranos. Pero aun así construir logró arrebatar con el tiempo a fabricar el significado de ‘edificar’, que quedó como sinónimo suyo y de ‘elaborar’, antes de recobrar vigor al adquirir una nueva acepción: ‘producir objetos en serie’.

CONSULTING y CONSULTORÍA. En el tercer cuarto del s. XX irrumpió en nuestro idioma con fuerza, y de la mano del vocablo marketing, la voz inglesa consulting con los significados de ‘asesoramiento técnico o profesional’ y ‘empresa que proporciona este tipo de asesoramiento’. Pero consulting no solo no llegó a adaptarse al español, sino que acabó por ceder casi todo el terreno que había ganado ante la oportuna oposición de las palabras típicamente hispanas consultoría (para ambos significados) y consultora (para designar la empresa). Ahora consulting es un extranjerismo usado solo en tono pedantesco.

CONTENDER y DISCUTIR. A mediados del s. XV apareció en español el verbo discutir (tomado del lat. DISCUTĔRE ‘disipar’, ‘resolver’). Hasta entonces, en nuestro idioma se empleaba con el mismo significado contender (lat. CONTENDĔRE), que además servía como sinónimo de ‘pelear’. Discutir se hizo tan popular, que hoy es el único verbo usado en el sentido de ‘enfrentar y alegar razones contra el parecer de alguien’, mientras que contender ha quedado relegado a una situación de casi desuso.

CONTRASEÑA, PASSWORD o PIN. Todavía se encontraba la palabra española contraseña sosteniendo una dura pelea con la voz inglesa password por el significado de ‘clave de seguridad para acceder a un sistema informático’, cuando le ha aparecido otra fuerte rival, pin (acrónimo inglés de Personal Identification Number), que sirve para designar ‘en algunos aparatos o dispositivos electrónicos, contraseña numérica’. Mientras password no ha sido admitida ni adaptada oficialmente, y además está en franco retroceso en el español actual (aunque ciertamente sigue usándose todavía con bastante frecuencia), el otro anglicismo, pin, aparecerá en la próxima edición (23.ª) del DRAE, según ha anunciado la Academia. De todos modos, también pin está perdiendo terreno día a día frente a contraseña.

CONVIDAR e INVITAR. En su Tesoro de las dos lenguas francesa y española (1607), el lexicógrafo e hispanista francés César Oudin recoge invitar (lat. INVITĀRE) como sinónimo de combidar (del latín vulgar CONVITĀRE, variante de INVITĀRE), muy frecuente en toda la Edad Media y aun en el Siglo de Oro. Invitar trató de plantar batalla a convidar, pero no le resultó fácil, pues todavía a principio del s. XIX invitar no merecía estar en el diccionario de la Academia, que lo consideraba un vocablo anticuado. Más tarde, quizá por influjo francés, invitar cobró fuerzas, fue reconocido por la Academia (1884) y se hizo más concurrente que convidar, por lo menos en el uso común español. No obstante, convidar sigue siendo hoy un término muy general en todas partes y el preferido en algunos países, como Argentina.

COQUETEO-COQUETEAR y FLIRTEO-FLIRTEAR. Cada vez se usan menos los anglicismos flirtear (inglés to flirt) y flirteo (inglés flirt), introducidos en el español a finales del s. XIX, debido a la tardía pero efectiva reacción de los castizos (aunque antiguos galicismos) coquetear y coqueteo.

COR y CORAZÓN. Corazón deriva del latín COR ‘corazón’, de donde derivó también en los orígenes de nuestro idioma la voz cor, que servía para designar este órgano tan importante, mientras que coraçón se reservaba especialmente para aludir al del hombre valiente y de la mujer amante. Pero, con el tiempo, corazón amplió su terreno semántico, dejando a cor sin contenido y condenándolo, por tanto, al olvido.

CÓRNER y SAQUE o TIRO DE ESQUINA. Término futbolero, córner, la adaptación del inglés corner ‘esquina’, se hizo muy popular entre los aficionados a este deporte. Pero poco a poco ha ido cediendo terreno a las expresiones saque de esquina (en España) y tiro de esquina (en América), de tal forma que ahora, aunque sigue oyéndose de vez en cuando, está en franca retirada y previsiblemente acabará cayendo en el olvido.

CORRAL y PATIO. Corral y patio son voces medievales y de origen incierto. Corral (quizá del latín vulgar *CURRALE ‘circo de carreras’, y este derivado del lat. CURRUS ‘carro’) aparece por primera vez en un documento de 1014 y sus significados son muy diversos durante la Edad Media: ‘patio’ (1210), ‘atrio’ (1247), ‘recinto’ (Berceo), ‘pocilga’ (hacia 1250) ‘patio de un castillo’ (s. XIV), ‘corral de ovejas’, ‘corral de gallinas’, ‘patio de casa’ y ‘lugar no tejado de la casa’ (s. XV). Por su parte, el sentido primero de patio parece que fue el de ‘lugar de pastos’, de donde ‘terreno baldío’ y ‘solar no edificado dentro o fuera de un edificio’. Para su lucha contra corral, escuchemos al etimólogo Corominas: «Una palabra tan conocida como patio y que designa una parte tan importante y típica de la casa española, es, sin embargo elemento relativamente tardío en el idioma. De la definición de Nebrija se deduce que expresó al principio una clase de patio arquitectónico especial y poco popular, el rodeado de columnas (…) La vieja voz popular en Castilla era corral, que de ninguna manera envolvía, como hoy, relación alguna con los animales domésticos. La aparición de patio y su familia en tierras castellanas no es anterior al período final de la   Edad Media, y de ello podemos estar bastante seguros (…) A mediados s. XVI ya patio era voz de uso normal (…) pero durante mucho tiempo siguió tratándose del patio de casa rica, o de edificio público, o de palacio, rodeado de un claustro o peristilo (…) Poco a poco el matiz del vocablo fue perdiendo solemnidad, y ya el Diccionario de Autoridades admite como posible el patio vulgar moderno cercado de paredes, pero con esto bajamos ya hasta el s. XVIII». Hoy corral y patio sobreviven sin disputas, por cuanto sus significados están bien diferenciados desde hace más de dos siglos.

CRAC y QUIEBRA. La voz onomatopéyica de origen inglés crack ‘quiebra (comercial)’ tuvo tanto éxito en nuestro idioma hace unas décadas que fue adaptada como crac. Pero desde hace un tiempo para acá ha ido perdiendo fuerza ante la oposición de la castiza española quiebra, hasta el punto de que crac, en este sentido, apenas ya si se usa.

CREAR y CRIAR. Criar y crear son verbos muy antiguos tomados del latín CREĀRE. «La distinción actual entre criar y el cultismo crear es muy tardía –explica Corominas–. Aplicado a la Divinidad predomina todavía criar en el Siglo de Oro y aun hoy se emplea en el lenguaje arcaizante de las oraciones y la predicación. En la Edad Media se halla a veces crear para ‘nutrir’, ‘educar’, aunque predomina naturalmente la forma con i; la preferencia paral forma culta se hizo sentir primero en la acepción ‘nombrar, poner en un cargo’ (crear cardenal ya en H. del Pulgar, 1486)».

CRIAR y EDUCAR. Educar es un cultismo tomado del latín EDUCARE en 1623. Hasta entonces se había dicho siempre criar (lat. CREARE) para, además de ‘cuidar y alimentar al niño’, referirse a la labor de desarrollo y perfeccionamiento intelectual y moral del niño. Educar se apropió muy pronto de este último significado, dejando al más antiguo verbo criar con la acepción de ‘cuidar y alimentar’.

CRISTAL y VIDRIO. Aunque ambos sinónimos eran conocidos en la Edad Media, vidrio (lat. VITREUM) es el más frecuente en todas las épocas, si bien hoy cristal (lat. CRYSTALLUS) invade sus dominios en la lengua culta. De acuerdo con las definiciones expuestas en el DRAE, se percibe comúnmente un matiz diferenciador entre ambas voces, reconociendo en el cristal una mayor calidad que en el vidrio.

CUADRILÁTERO y RING. Entre los aficionados al deporte del boxeo no ha cuajado del todo la idea de sustituir la palabra inglesa ring por la española cuadrilátero, para designar el ‘espacio limitado por cuerdas para la práctica del boxeo’. Aunque cuadrilátero se emplea a modo de sinónimo, ring sigue siendo aun la voz dominante.

CUENTO y MILLÓN. Desde los orígenes del idioma y hasta fines del s. XV, la palabra para designar ‘mil millares’ era cuento (lat. COMPUTUS ‘cuenta’). Pero entonces le empezó a entablar batalla el extranjerismo (del francés o del italiano) million (en grafía de entonces), que había llegado a nuestro idioma en 1448 y que fue tan bien aceptado, que ya a mediados del s. XVI había arrebatado tal significado al castizo cuento, que sobrevivió gracias a la otra acepción que tenía ‘relato’.

CUERDO y PRUDENTE. Hoy en día ambas palabras no parecen tan semejantes en su significado por cuanto cuerdo (‘que está en su juicio’) es antónimo de loco, mientras que prudente (‘que actúa con moderación y cautela’) se reconoce más como antónimo de temerario. Sin embargo, ambas palabras conservan además dos viejas acepciones que les hacen sinónimas: ‘prudente, que reflexiona antes de determinar’ (cuerdo); ‘que actúa con sensatez y buen juicio’ (prudente). Esto quiere decir que, durante mucho tiempo, cuerdo (lat. COR, CORDIS ‘corazón’, ‘ánimo’) y prudente (lat. PRUDENS, -ENTIS) fueron sinónimos y, por ende, rivales. Cuerdamientra ‘cuerdamente’ se lee en el Cid; cuerdo escribió Berceo. Este mismo poeta eclesiástico usó por primera vez prudente, palabra ajena a muchas fuentes medievales y que no empezó a ser conocida hasta el s. XV. En la actualidad, como decíamos, gracias a que cuerdo se ha especializado como antónimo de loco, ambas voces se diferencian y conviven pacíficamente, si bien prudente se emplea más entre gente instruida.

CUIDAR y PENSAR. Los dos verbos existían en los orígenes de nuestro idioma, pero con significados cambiados. Así, coidar (en grafía de la época; del lat. COGITĀRE ‘pensar’) significó durante toda la   Edad Media ‘pensar, juzgar’, acepción que es común todavía en el Siglo de Oro, aunque ya por entonces empezaba a tener el significado actual. En esta evolución se cruzó con el verbo pensar (lat. PENSĀRE ‘pesar’, ‘calcular’) que en la   Edad Media significaba ‘cuidar’ (pensar de algo ‘cuidar de algo’; pensar de alguien ‘cuidar de alguien’), pero que fue cambiando semánticamente a ‘sopesar mentalmente’ > ‘meditar’ > ‘pensar’. Es probable que hubiera un momento en esta evolución en que ambas palabras fueran sinónimas, pero debió de ser relativamente breve.

CUTIS y TEZ. En 1470 ya existía en español la palabra tez (quizá del anticuado aptez, y este del lat. APTUS ‘sano’, ‘robusto’) con el significado ‘piel del rostro humano’. Pero a principio del s. XVII se recurrió al latín CUTIS para crear el cultismo cutis con un significado muy parecido (‘piel que cubre el cuerpo humano, principalmente la del rostro’) al de la castiza tez. La lucha que se entabló entre ambas palabras todavía no ha terminado, aunque parece que, por el momento, tez se mantiene como voz literaria y elevada, en tanto cutis va ganando terreno en el habla popular, especialmente en las ciudades.

DAMAJUANA y GARRAFA. De origen incierto, garrafa ya estaba en el español de 1570, pero su empleo no llegó a América ni tampoco se extendió por toda España, ya que en el s. XVIII era otra palabra la que se usaba en Andalucía y América para designar esa vasija o recipiente: damajuana (del francés dame-jeanne, propiamente ‘Señora Juana’, llamada así por una comparación humorística de marineros). La Academia admitió damajuana en 1822, pero durante todo el siglo anterior los marineros fueron difundiendo este galicismo por el español americano y del sur de España. En la actualidad, este reparto geográfico permanece: damajuana es la palabra preferida en Andalucía y América, mientras que garrafa lo es en el resto de España.

DELGADO y FLACO. En la Edad Media ya existían estas dos palabras en nuestro idioma, pero tenían significados diferentes al actual. Así, delgado (lat. DELICATUS ‘delicado, delicioso’, ‘tierno, fino’, que empezó significando en castellano lo mismo que en latín, pasó ya en tiempos de Berceo (s. XIII) lo mismo que ahora, además de ‘fino’. Por su parte, flaco (lat. FLACCUS ‘flojo, flácido’, era muy frecuente en el Medievo con el significado de ‘sin fuerzas, debil’ (Berceo); pero muy pronto se fue concretando más su sentido y, ya en el s. XV, Nebrija recogió esta palabra con la acepción ‘magro, delgado’. A partir de entonces, flaco fue acentuando su carácter popular, hasta el punto de que hoy pertenece a un nivel social más bajo, dentro del lenguaje, que el sinónimo delgado, salvo en Argentina, donde solo se emplea el adjetivo flaco.

DELIBERAR y DELIBRAR. Delibrar ‘liberar’ y delibrar ‘acabar, concluir’, ‘romper a hablar’, ‘matar’ eran voces medievales y homónimas que en el s. XV empezaron a confundirse en parte, pero que prácticamente desaparecieron cuando, para evitar tal confusión, fueron sustituidas por liberar y deliberar, respectivamente.

DEMIENTRA-DOMIENTRE-MIENTRA-MIENTRAS y EN TANTO-ENTRE TANTO-ENTRETANTO. En los orígenes del español, el adverbio temporal que significaba ‘durante algún tiempo intermedio’ era domientre (del lat. DUM ‘mientras’ e INTERIM ‘entretanto’), que pasó primero a ser demientre (Berceo), antes de llegar a demientra (hacia 1310). En el s. XV Nebrija registra todavía demientra, pero también mientra, que poco después acabó siendo, definitivamente, mientras. En el s. XVI hubo una tentativa de eliminar mientras de nuestro vocabulario, reemplazándolo por entretanto, algo que sí ocurrió en portugués, pero no en español, donde mientras sobrevivió. Hoy continúa esta pelea entre mientras, todavía frecuente y popular, y entretanto, a la que se han unido las variedades de este último entre tanto y en tanto.

DEMONIO y DIABLO. Aunque ambas voces ya existían en la Edad Media, diablo (lat. DIABŎLUS y este del griego διάβολος, propiamente ‘el que desune o calumnia’), diábolo hacia 950, era entonces la preferida. Ya en el Siglo de Oro, Lope de Vega calificaba diablo de palabra culterana, por lo que prefería demonio (lat. DAEMONĬUM y este del griego δαιμόνιον ‘genio, divinidad inferior’), ajeno a muchos textos medievales. Pero tanto en tiempos de Lope como ahora ambas voces son igual de populares y mantienen su rivalidad en pleno apogeo.

DERRETIR y FUNDIR. Ambas voces se documentan ya en el s. XIII, pero siempre ha sido derretir (cruce del lat. DETERĔRE y RETERĔRE) la más popular, lo cual explica que fundir (lat. FUNDĔRE) tenga carácter de cultismo. Los dos verbos siguen siendo sinónimos y rivales.

DÉSHABILLÉ y SALTO DE CAMA. Aunque la voz francesa déshabillé entró con fuerza en nuestro idioma hace más de un siglo con el significado ‘bata ligera de mujer para el momento de levantarse de la cama’, nunca llegó a adaptarse al español y hoy la Academia tiene propuesta su supresión para la vigésima tercera edición del DRAE. El motivo está en la determinante oposición que ha encontrado esta voz francesa en la locución española salto de cama, que, tras una dura pugna, ha logrado arrumbarla hasta el rincón del olvido.

DINTEL y UMBRAL. La más antigua en español es umbral (lumbral en la Edad Media) y, aunque como término arquitectónico (‘madero que se atraviesa en lo alto de un vano, para sostener el muro que hay encima’) pudo entrar en conflicto, a partir de 1588, con el recién llegado lintel (dintel a partir del s. XVII) que significaba ‘parte superior de las puertas, ventanas y otros huecos que carga sobre las jambas’, tal enfrentamiento fue resuelto gracias a que, desde antiguo, umbral también significaba ‘parte inferior o escalón en la puerta o entrada de una casa’ y ‘paso primero o entrada de cualquier cosa’.

DOBLAR y PLEGAR. En la Edad Media doblar (lat. DUPLĀRE, de DUPLUS ‘doble’), además de ‘doblar algo’, significaba ya ‘hacer dobleces de algo’, mientras que plegar (semicultismo del latín PLICĀRE) significaba ‘clavar con clavos’. Pero, comoquiera que era una voz poco popular y se la consideraba advenediza por su origen leonés, plegar vio cambiar en el s. XV su significado primario por el de ‘hacer pliegues en una cosa’, entrando así en conflicto a partir de entonces con doblar. Hoy en día doblar sigue siendo más popular que plegar.

DOLIENTE y ENFERMO. Doliente (derivado de dolor) era el término que en el s. XIV se usaba en el sentido de ‘enfermo’ (antes significó ‘plañidero’), si bien desde el s. XI estaba en competencia con enfermo (lat. INFIRMUS). Ya en el s. XVIII empezó a darse preferencia a enfermo sobre doliente, y en la actualidad esta preferencia es absoluta, puesto que esta última voz solo se usa como sinónimo en tono elevado o literario.

DRIBLAR, GAMBETEAR y REGATEAR. Driblar ‘en el fútbol y otros deportes, regatear’ es la adaptación española del inglés to dribble, muy corriente durante casi todo el s. XX, pero que ya apenas es usado al haber sido sustituido por regatear en España y gambetear en el español americano, especialmente en Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay.

DURAZNO y MEOLOCOTÓN. El origen del melocotón lo explica el DRAE de la siguiente manera: «Del lat. malum cotonĭum, membrillo, en cuyo tronco suele injertarse el pérsico para obtener las mejores variedades del melocotonero». El pérsico es un árbol frutal de la familia de las Rosáceas originario de Persia. En cuanto al durazno, el DRAE informa de que es el fruto del duraznero ‘variedad de melocotonero cuyo fruto es algo más pequeño’, y añade que, en Canarias, duraznero es el nombre con el que se conoce al melocotonero, al pérsico y al propio duraznero. Es decir, que, según la Academia, el melocotonero es el resultado de un injerto de pérsico en un membrillo, mientras que duraznero es una variedad de melocotonero que da un fruto más pequeño. Sin embargo, Corominas afirma que melocotón «fue primero el nombre de una variedad de durazno, engendrada mediante el injerto de este árbol en un membrillo (así lo explica también Laguna -1555-: “es el melocotón verdaderamente un durazno bastardo, porque nace del durazno y del membrillo enxertos el uno en el otro”), mientras que hoy en España se ha convertido en el nombre genérico del árbol y del fruto que en América se llaman todavía durazno». Es decir, según este eminente etimólogo, el melocotón es una variedad de durazno; lo contrario de lo que dice la Academia. ¿Quién tiene razón? Si realmente melocotón es una palabra ajena al vocabulario español en América, donde sí que se emplea durazno, es lógico deducir que esta última es más antigua y, que por tanto, tiene razón Corominas al decir que melocotón fue posterior a durazno.

EJÉRCITO y HUESTE. Del latín HOSTIS ‘enemigo’, ‘adversario’, hueste (ueste en el Cid) se usó durante toda la Edad Meda con plural y aplicado al ejército enemigo, especialmente cuando estaba en campaña. En el s. XVI hueste quedó anticuado al perder la batalla que le venía planteando, desde un siglo antes, el sinónimo culto exército (lat. EXERCĬTUS, propiamente ‘cuerpo de gente instruida militarmente’), que en el Quijote ya es una voz popular. Hoy en día ejército es la única usada de forma corriente, puesto que huestes solo la emplean autores arcaizantes.

ELIMINATORIA o FASE FINAL y PLAY-OFF. Aunque tanto eliminatoria como fase final se emplean con cierta frecuencia en sustitución de play-off, esta voz inglesa sigue usándose con preferencia entre los aficionados de ciertos deportes, como el baloncesto.

E-MAIL y CORREO ELECTRÓNICO. E-mail es un término inglés que significa ‘sistema de comunicación personal por ordenador a través de redes informáticas’ y que llegó al español de la mano de emillas. No obstante, nunca ha sido adaptado al español ni admitido en el diccionario académico, toda vez que, desde el principio, se le opuso el calco correo electrónico, que paulatinamente ha ido ganando terreno. Todavía se oye e-mail en español, pero cada vez su uso es menor.

EMPLEADO y FUNCIONARIO. En el s. XIX tomó el español la palabra funcionario del francés, y aunque ya existía con un significado muy parecido empleado, el galicismo logró asentarse gracias a que su especialización semántica: ‘Persona que desempeña un empleo público’.

EN LÍNEA y ON-LINE. La locución inglesa on-line, que significa ‘en conexión directa con un sistema central’ y, especialmente, ‘a través de la conexión a emillas’, no ha llegado a ser copiada ni adaptada oficialmente por el español, debido a la fuerte competencia que le está ofreciendo la locución adverbial española, calco del inglés, en línea. Ambas locuciones, española e inglesa, mantienen en la actualidad una dura lucha cuyo resultado es, por ahora, incierto.

ENFADAR y ENOJAR. De la locución clásica IN ODIO ESSE ALICUI ‘ser odiado por alguien’ derivó el latín vulgar INODIARE ‘enfadar’, que pasó al castellano arcaico como enoyar o enojar. Mucho más tarde, en la primera mitad del s. XIV, llegó al castellano (presumiblemente desde el gallego-portugués), a través del leonés, el verbo enfadar con el significado ‘cansar’, ‘aburrir’, ‘hastiar’ (todavía en el Siglo de Oro), que posteriormente evolucionó a ‘enojarse, entrar en cólera’. A partir de entonces entraron en conflicto ambos verbos, cuyo resultado aún no se conoce. Enojar se ha hecho literario en España, donde enfadar es el verbo más usado y popular; pero en América es al revés, donde el verbo popular es enojar, mientras que enfadar, de llegada tardía, es un vocablo literario y de poco uso en países como Argentina y Chile.

ENLACE y LINK. Link es otra voz inglesa relacionada con el lenguaje informático, que, en el sentido de ‘conexión que se establece entre dos elementos de un hipertexto’, no ha llegado a copiarse ni adaptarse al español. Sigue usándose, pero en franco retroceso frente al término típicamente español enlace.

ENTENDIDO, INTELIGENTE y LISTO. Inteligente (del lat. INTELLĬGENS, -ENTIS) aparece por primera vez en nuestro idioma en el Quijote (1605), donde Cervantes lo emplea como sinónimo de entendido (de entender). Tardó varios siglos inteligente en apoderarse casi por completo del significado que compartía con entendido, aunque luego entró en competencia con listo (de origen incierto), a pesar de que, desde 1517, este vocablo era usado en nuestro idioma en el sentido de ‘diligente’ y ‘sagaz’. En la actualidad, a pesar de no existir sinonimia entre ellos, listo es preferido por el pueblo llano en vez de inteligente, muy empleado por la gente educada.

ENTREVISTA e INTERVIÚ. Interviú, adaptación gráfica de la voz inglesa interview ‘entrevista periodística’, tuvo cierto auge en español durante las décadas centrales del s. XX, pero hoy ha perdido mucho terreno, a favor de su equivalente español entrevista, que goza de plena vitalidad.

ERUCTAR-ERUCTO y REGOLDAR-REGÜELDO. Regoldar (lat.*REGURGITĀRE) ya estaba en el castellano hacia 1400, pero regüeldo está documentado mucho antes (hacia 1250). Muchos más tardíos son eructo y eructar (erutar en 1607; cultismo tomado del lat. ERUCTĀRE ‘eructar’, ‘vomitar’). Estos términos nuevos y cultos se enfrentaron fieramente con los más antiguos y populares regüeldo y regoldar, en una batalla de la que fueron testigos, en su principio, los principales personajes del Quijote, en el pasaje donde el caballero de la triste figura le aconseja a su escudero que no debe eructar delante de nadie y le explica a continuación que tanto regüeldo como regoldar, avillanados por su sentido brutal, habían caído en descrédito entre los educados: «–Esso de erutar no entiendo –dixo Sancho, y don Quixote le dixo –Erutar, Sancho, quiere dezir regoldar, y este es uno de los más torpes vocablos que tiene la lengua Castellana, aunque es muy significativo, y assi la gente curiosa se acogido al Latín, y al regoldar dize erutar, y a los regüeldos, erutaciones, y quando algunos no entienden estos términos, importa poco, que el uso los yrá introduciendo con el tiempo». Y así fue, en efecto, pues eructo y eructar se han afianzado hasta vulgarizarse, mientras que regüeldo y regoldar solo se usan en tono arcaizante.

ESCLAVO y SIERVO. Berceo (s. XIII) y otros autores medievales escribieron siervo (lat. SERVUS) en el sentido de ‘criado’ y también en el figurado de ‘esclavo’. Pero, a partir del s. XV, con la llegada al español de la palabra esclavo (del bajo latín SCLAVUS) con su significado inequívoco, y el cambio semántico de criado, que de ‘hijo, discípulo’ y ‘vasallo educado en casa de su señor’, había pasado a designar simplemente al ‘sirviente’, siervo quedó tan vacío, que a punto estuvo de desaparecer. Se salvó especializándose como ‘esclavo que sirve en casa de su señor’, pero ya no fue competencia ni para esclavo ni para criado. Hoy ha quedado siervo como voz meramente literaria.

ESPECTÁCULO y SHOW. La Academia registró el anglicismo show ‘espectáculo de variedades’ en su diccionario después de que irrumpiera con fuerza en el s. XX en nuestro idioma. Pero ahora ya ha anunciado que lo suprimirá de su próxima edición (23.ª), puesto que ya apenas si se usa al ser eficazmente sustituido por la voz genuinamente española espectáculo.

ESPOSO y MARIDO. Tanto marido (lat. MARĪTUS ‘marido’) como esposo (lat. SPONSUS ‘prometido’) están en nuestro idioma desde sus orígenes. En un principio (el Cid) esposo tenía en el castellano arcaico el mismo sentido que en latín: ‘prometido’, pero muy pronto (Berceo) tomó el significado actual. Al mismo tiempo y también desde muy antiguo, se abusó del vocablo marido en el sentido de ‘concubino’, ‘amante’, razón por la cual se prefirió usar esposo, que ya en el s. XIII era la voz más popular, usada en el lenguaje más elevado todavía con el sentido etimológico de ‘prometido’ hasta el mismo día de la boda. Debido a esta diferencia de caracteres (vulgarismo de marido y nobleza de esposo), en algunos países americanos, como Argentina, se prefiere usar esposo. En España, ambas voces se usan por igual, si bien marido es más vulgar y esposo sigue perteneciendo al léxico noble.

ESPUMA y MOUSSE. Mousse es una voz francesa que, con el significado de ‘plato preparado con claras de huevo que dan consistencia esponjosa a los ingredientes dulces o salados que lo componen’, tuvo bastante aceptación en el lenguaje culinario español. Pero la fuerte y decidida oposición del término español espuma, calco del galicismo, ha hecho retroceder a este tanto que la Academia tiene previsto suprimirlo de su diccionario en la próxima edición (23.ª).

ESTÍO y VERANO. Hasta el Siglo de Oro verano (abreviación del latín vulgar VERANUM TEMPUS ‘tiempo primaveral’, derivado del latín VERS, VERIS ‘primavera’) se usaba para designar el fin de la primavera y principio del verano, mientras que estío (del latín AESTIVUM TEMPUS ‘tiempo veraniego’, derivado de AESTAS ‘verano’) servía para designar el resto del verano, cuando más calor hace. Hay numerosos testimonios que así lo acreditan; entre ellos el de Juan de Mena (s. XV), que explica: «el verano es março, abril e mayo». Pero al introducirse más tarde primavera (latín vulgar PRIMA VERA ‘primera primavera’) como estación, verano fue retrasado a los meses de junio, julio y agosto, quedando por tanto estío relegado a un papel secundario, como sinónimo superfluo y cada vez menos empleado de verano. En la actualidad, estío es un vocablo literario reservado para designar la época más calurosa del año.

ESTRENAR, OBSEQUIAR y REGALAR. En el sentido de ‘dar a alguien, sin recibir nada a cambio, algo en muestra de afecto o consideración o por otro motivo’, el verbo estrenar (de estrena, y este del lat. STRENA) se usó en español desde el s. XV hasta fines del XVII, en que fue sustituido por obsequiar (quizá derivado de seguir) y regalar (de origen incierto). En España se usa de forma general regalar, siendo obsequiar más propio del habla culta, pero no ocurre lo mismo en Argentina, donde solo se emplea este último verbo.

ESTURIÓN y SOLLO. El nombre popular de este pez en el castellano medieval era sollo (de origen incierto), pero la llegada en 1525 de esturión (del latín vulgar emill, -ŌNIS, y este del alto alemán anticuado sturio) supuso el comienzo de una rivalidad que aun no ha finalizado, pero que de momento está claramente perdiendo sollo.

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EXISTENCIAS y STOCK. Stock ‘cantidad de mercancías que se tienen en depósito’ es una voz inglesa que llegó a estar muy extendida en el lenguaje comercial español. La Academia la recogió en su diccionario en 1985, pero ahora ha propuesto su supresión en la próxima edición (23.ª), dado que la voz española existencias está ganando terreno rápidamente en este sentido.

EXPLOSIONAR y EXPLOTAR. Cuando explotar llegó al español en el s. XIX desde el francés, hubo quienes, como Emilio Cotarelo, criticaron este extranjerismo por innecesario, al existir ya en nuestro idioma el verbo estallar. Pero lo cierto es que las diferencias semánticas entre ambos verbos favoreció la aceptación de explotar, cuyo uso se generalizó rápidamente. Mucho más nuevo en español es el verbo explosionar (de explosión), que, esta vez sí, entraba en colisión con explotar al tener ambos vocablos el mismo significado. La única diferencia que les separa es la forma en que se usen: cuando se emplea de forma intransitiva ‘hacer explosión’, significan lo mismo, aunque para la Academia es preferible usar explotar; pero cuando se usan de forma transitiva sus significados se diferencian, por cuanto explosionar se refiere a ‘provocar una explosión’. En definitiva, explotar suele usarse con el significado ‘hacer explosión’, mientras que explosionar suele reservarse para ‘provocar una explosión’.

FALLECER, FALLIR, FALTAR, FENECER, FINAR y MORIR. Todos estos verbos son sinónimos y, salvo fallir, siguen en vigencia, si bien morir es el más popular y fallecer es el preferido en el habla culta. Finar (de fin), morir (del latín vulgar MORIRE), fallecer y fallir (ambos del lat. FALLĔRE) eran muy frecuentes durante la   Edad Media. Fenecer (derivado del anticuado fenir) llegó a nuestro idioma hacia 1250. Fallir desapareció del vocabulario español en el s. XV, sustituido por faltar (de falta). Faltar sigue vivo en el habla rural, pero finar y fenecer (este ya suena arcaico en el Quijote) se conservan como sinónimos muy poco usados y con tono arcaizante.

FASTIDIO y HASTÍO. Ambas son palabras medievales, con el mismo origen (lat. FASTIDIUM) y el mismo significado. Hastío es la forma popular, mientras que fastidio es duplicado culto. Para un literato granadino de 1601 fastidio, como forma propia de Castilla, se oponía a hastío de Andalucía. Hoy ambos sinónimos siguen en vigencia, aunque fastidio parece estar más extendido.

FERIA y FIESTA. Ambas se usaban en casi toda la Edad Media en el mismo sentido de ‘fiesta’, pero mientras feria (lat. FERĬA ‘día de fiesta’) era una voz popular que servía también para designar al mercado que se celebraba junto a los santuarios e iglesias los días de las grandes fiestas religiosas, fiesta (lat. FESTA) era una voz semiculta de carácter eclesiástico. En el s. XIV fiesta empezó a ensanchar su área semántica, al mismo tiempo que feria pasaba a quedar restringida a la nueva acepción, en que designaba los mercados celebrados en días festivos. En la actualidad son voces que en vigencia, cada una con su significado.

FERRY y TRANSBORDADOR. Aunque la voz inglesa ferry ha llegado a estar tan aceptada en nuestro idioma que hasta la propia Academia ha propuesto ferri como adaptación gráfica, la verdad es que este anglicismo es cada vez menos usado, a favor del equivalente español transbordador.

FÍBULA y HEBILLA. Del latín FIBŬLA, fíbula fue durante toda la Edad Media la voz usada para designar la hebilla o broche que se usaba para sujetar las prendas de vestir. Pero ya en 1258 apareció en castellano fiviella (del latín vulgar *FIBELLA, diminutivo del lat. FIBŬLA), que en el s. XIV había derivado en hevilla y que a fines del Medievo empezó a sustituir a la antigua fíbula. Hoy en día solo se usa hebilla, quedando fíbula en los diccionarios como sinónimo antiguo.

FILIN y QUÍMICA. El español adaptó a mediados del s. XX la voz inglesa feeling ‘sentimiento’, como filin, para designar el ‘estilo musical romántico surgido en Cuba en la década de 1940’. También se empleó filin en el sentido de ‘relación de peculiar entendimiento o compenetración que se establece entre dos o más personas’, pero, comoquiera que esta misma acepción se le adjudicó al sustantivo femenino química, filin fue perdiendo terreno hasta el punto de que en la actualidad ya apenas si se usa.

FINESTRA, HINIESTRA y VENTANA. Del latín FENESTRA, el castellano primitivo tomó la palabra finiestra ‘abertura grande en una pared’, que fines de la Edad Media pasó a hiniestra. Pero, para evitar confusión con iniesta ‘retama’, en el s. XVI hiniestra fue sustituida por ventana (lat. VENTUS), que desde el siglo anterior era su sinónima luego de ampliar su campo semántico desde ‘respiradero de una nave, de una tienda’ (hacia 1250), a ‘orificio de la nariz, por donde se respira’ (hacia 1350) y, por fin, ‘abertura grande en una pared’. Desde entonces ventana ha sido la única voz existente en este sentido, al margen de otras que, ocasionalmente, han designado algún tipo de ventana en concreto.

FÍSICA-FÍSICO y MEDICINA-MÉDICO. En la Edad Media (ss. XIII-XV principalmente) física (lat. PHYSĬCA y este del griego τὰ φυσικά) designaba la ‘ciencia de precaver y curar las enfermedades del cuerpo humano’, del mismo modo que físico era quien ejercía esta ciencia. Pero después de la   Edad Media física y físico entraron en conflicto con medicina (lat. MEDICĪNA) y médico. En el s. XVIII la Academia calificaba física y físico de vocablos de poco uso, ya que medicina y médico llevaban al menos dos siglos siendo los términos hegemónicos. Sin embargo, poco después física y físico se vieron revitalizados al adquirir nuevos significados gracias a otra ciencia. Hoy día física y físico están en plena vigencia al tener significados distintos a los de medicina y médico, si bien queda aún en el habla rural de Castilla el vestigio de físico como sinónimo de médico.

FLECHA y SAETA. Del latín SAGITTA, saeta existe en nuestro idioma desde sus orígenes. Pero ya a fines del s. XIV saeta empezó a sufrir la rivalidad de flecha (del francés flèche), que antes de acabar la   Edad Media tendía a sustituirla. Hoy la Academia sigue dando preferencia a saeta, pero en realidad esta palabra solo se usa ya como sinónimo poético de flecha.

FORCHINA y TENEDOR. Con el significado de ‘enser para coger los alimentos’, no empezó a usarse en español la palabra tenedor (derivada de tener) hasta fines del s. XVI. Pocos años después, pero ya en el siglo siguiente, llegó al español la palabra forchina, cuyo origen según el DRAE es el latín emilla ‘tridente’ con influencia de FURCA, pero que debió de venir desde Italia, según informa el Diccionario de Autoridades (1732): «El tenedór con que se lleva el manjár desde el plato à la boca. Trahe esta voz Covarrubias en su Thesoro. Es voz Italiana que yá no tiene uso, y se pronuncia la ch como k». Forchina, por tanto, fue sinónimo de tenedor durante un breve periodo de tiempo, pues ahora solo se utiliza esta última palabra.

GALÁPAGO y TORTUGA. La lucha entre ambas palabras se entabló inmediatamente después de la llegada de tortuga (del latín vulgar TARTARŪCHUS ‘habitante del Tártaro’, ‘demonio’) al español, allá por el s. XV, pues ya existía en nuestro idioma, al menos desde el s. X, galápago (de origen prerromano), que servía para designar al mismo animal. La pelea entre las dos voces pudo acabarse con la especialización de cada cual (tortuga aplicada al animal marino, reservando galápago para el fluvial), pero la Academia mantiene ambos significados para ambas palabras, aunque señalando una pequeña diferencia al galápago (‘reptil parecido a la tortuga, con membranas interdigitales’), manteniendo así viva una pelea que, por el momento, parece estar venciendo ligeramente el vocablo tortuga.

GASTRÓNOMO y GOURMET. Aunque tienen un significado semejante (‘persona aficionada a las comidas exquisistas’), al contar una de ellas con otro significado (parecido pero no igual), ambas voces han logrado evitar por ahora una confrontación por la supervivencia, que ha propiciado que la Academia proponga incluso la adaptación gráfica gurmé, para la voz francesa gourmet. La más antigua gastrónomo (compuesta por el elemento compositivo griego gastr- ‘estómago’) significa además ‘persona entendida en gastronomía’, y como gastronomía se refiere a la ‘afición de comer regaladamente’, pero también al ‘arte de preparar una buen comida’, es aquí donde se halla este matiz diferenciador (el gastrónomo puede ser además cocinero, mientras que el gourmet es un simple degustador), que tanto ha favorecido a la voz francesa en su insistencia por introducirse en el vocabulario español.

GAVIA, GAYOLA y JAULA. A fines del s. XIV existía en nuestro idioma la palabra gabia (gavia en Lope de Rueda, s. XVI), para referirse al armazón de madera donde encerraban a las aves. A gavia (lat. CAVĔA ‘cavidad’, ‘jaula’) se unió un siglo más tarde y con idéntico significado el vocablo gayola (lat. CAVEŎLA, diminutivo de CAVĔA). Ambos sinónimos se vieron retados, y muy pronto superados, por jaula, voz tomada del francés que tenía la misma raíz latina que gavia y gayola. Javola en 1251, jaula ya hacia 1400, este galicismo va ganando preponderancia hasta convertirse en voz de uso general en el Siglo de Oro, al mismo tiempo que sus rivales van especializándose semánticamente para intentar sobrevivir: ‘jaula de madera en que se encerraba al loco o furioso’ (gavia) y, coloquialmente, ‘cárcel de presos’ (gayola). En la actualidad gayola sigue usándose en este último sentido, gavia prácticamente ha desaparecido del vocabulario y jaula es la incontestable triunfadora, frecuente y popular en todos los ámbitos del habla hispana.

GEMELO y MELLIZO. Mellizo (latín vulgar *GEMELLICIUS, de GEMELLUS ‘gemelo’) es la voz más antigua, usada durante toda la Edad Media (embelizo escribiría Alfonso X el Sabio) y empleada de forma general por los clásicos. En 1590 apareció el cultismo gemelo (lat. GEMELLUS), que poco a poco fue compitiendo con mellizo, pero sin llegar a tiempo para ser trasladado a América, donde mellizo es la única forma empleada para referirse a uno de los hermanos nacido en un parto múltiple. En España, gemelo ha ido ganando terreno hasta convertirse en la forma preferida, pero todavía mellizo sigue siendo muy popular. En cualquier caso, parece que últimamente los españoles empiezan a distinguir entre ambos vocablos, en función a la importante diferencia semántica que existe realmente entre ellos, ya que los gemelos (univitelinos)son originados en el mismo óvulo, en tanto los mellizos (bivitelinos)lo son en distinto óvulo. Aunque, todo hay que decirlo, la Academia parece no estar dispuesta a ayudar en esta distinción (por otra parte clarísima desde el punto de vista científico), pues ha avanzado que en la próxima edición de su diccionario (la vigésimo tercera) aparecerán dos nuevos artículos, dedicados a bivitelino ‘que procede de la fecundación simultánea de óvulos diferentes, por lo cual los hermanos así engendrados pueden ser de distinto sexo y no parecerse entre sí’ y a univitelino ‘que procede de la fecundación y posterior división de un solo óvulo, por lo que los hermanos así engendrados son idénticos y del mismo sexo’, pero poniendo en ambos casos como ejemplo a los gemelos: ‘gemelo, embarazo bivitelino’ y ‘gemelos univitelinos’. Si, según la propia definición de la Academia, mellizos son los originados en distinto óvulo, lo consecuente sería que el ejemplo fuera ‘mellizos bivitelinos’, lo que por otra parte resultaría redundante.

GIRA y TOURNÉE. La voz francesa tournée llegó a ser recogida por el diccionario académico debido a la fuerza con que entró en nuestro idioma. Pero ahora la Academia ha propuesto su supresión para la próxima edición del DRAE (23.ª), puesto que este galicismo ya no se usa, completamente sustituido por gira.

GORRIÓN y PARDAL. Pardal (del lat. emillas, y este del griego πάρδαλις ‘leopardo’, o también un ave, quizá el chorlito) era el vocablo castellano (y también catalán y gallego-portugués) que se usaba para designar a este pájaro tan abundante en España, hasta que apareció, hacia 1400, gorrión (de origen incierto), que poco a poco fue tomando predominancia en el castellano, favorecido en parte por el hecho de que pardal había adquirido otros significados obscenos en los idiomas vecinos (‘pene’ en el catalán de Baleares; ‘vulva’ en ciertas partes de Portugal). En el s. XVII gorrión ya había vencido casi por completo a pardal, pues Covarrubias daba aquel como preferente. En la actualidad, aunque la Academia mantiene a pardal como sinónimo de gorrión, lo cierto es que esta es la única voz que se utiliza para designar a este pájaro, salvo en Asturias, donde aún sobrevive en este sentido pardal.

GRAFITI y GRAFITO. Grafito ‘escrito o dibujo hecho a mano por los antiguos en los monumentos’, ‘letrero o dibujo circunstanciales, generalmente agresivos y de protesta, trazados sobre una pared u otra superficie resistente’ es la adaptación gráfica de la voz italiana graffito, popularizada en español a través del inglés. La Academia propone grafito como la forma más correcta desde el punto de vista etimológico, frente a grafiti (adaptación del plural italiano graffiti), pero esta forma está tan extendida ya en el habla hispánica, que la propia Academia la ha admitido en el avance de la vigésima tercera edición de su diccionario, aunque como sinónimo de grafito.

GRILL y PARRILLA. El anglicismo grill ha desaparecido prácticamente del español gracias a la voz autóctona parrilla (derivado de parra, de origen incierto).

GUANTE y LÚA. Cuando la palabra guante llegó al castellano en 1331 (quizá del catalán guant, y este del franco *want) ya existía en nuestro idioma la voz lúa (luva en la grafía de entonces con ese mismo significado (del gótico lôfa ‘palma de la mano’). La pelea entre ambas voces duró varios siglos, pero al final venció guante, sobreviviendo lúa gracias a su especialización como ‘especie de guante hecho de esparto y sin separaciones para los dedos, que sirve para limpiar las caballerías’.

GUARECER y GUARIR. En sus orígenes, el español tomó del germánico *warjan ‘proteger’ el vocablo guarir, que primero significó ‘proteger’ (hacia 1250) y después ‘curar, sanar’ y ‘mantenerse, ganarse la vida’ (s. XIII). Al mismo tiempo, de guarir derivó guarecer, con el mismo significado. Con el tiempo guarir se especializó en ‘subsistir, mantenerse’, significado que aun conserva, aunque es ya un verbo muy poco usado; mientras que guarecer se quedó con la acepción ‘proteger’, que todavía mantiene y que le hace estar en vigencia.

HABER y TENER. Ya en el latín tardío empezó a haber cierta confusión entre los verbos HABĒRE ‘poseer’ y TENĒRE ‘tener asido u ocupado’, ‘mantener’, ‘retener’. Ya en el castellano arcaico, aver (en la grafía de la época) siguió significando ‘tener, poseer’, pero muy pronto (s. XII) empezó a sentirse amenazado por tener, que pretendía invadir su terreno semántico, arrebatándole el significado de posesión dura y simple. La lucha entre ambos verbos duró varios siglos, resuelta a favor de tener. En el s. XV aver se halla en franca decadencia, hecho que Nebrija reconoció dando al castellano tener como equivalente de los latinos HABEO y TENEO; en el XVI apenas sobrevive el uso de aver como verbo principal en el lenguaje arcaico del Romancero; y, en el Siglo de Oro, solo quedaban algunas supervivencias en casos especiales (haverlo). Al final, haber ha quedado reducido a verbo auxiliar, mientras que tener, el gran vencedor, se ha quedado con sus significados etimológicos (‘asir’, ‘mantener’) y con el antiguo de haber (‘poseer’).

HACKER y PIRATA INFORMÁTICO. Ni el anglicismo ni la expresión española están recogidos aun en el diccionario académico. No obstante, la Academia recomienda pirata informático para referirse a quien ‘utiliza sus conocimientos informáticos para acceder ilegalmente a sistemas o redes ajenos’. Aunque pirata informático está ganando terreno día a día, hacker [jáquer] se sigue usando todavía bastante en el español.

HADA y HADO. Ambas voces proceden del latín FATUM ‘predicción, oráculo’, ‘destino, fatalidad’, si bien hada proviene del plural FATA. Fata y su descendiente romance fada fueron usados en la   Edad Media más frecuentemente que fado en el sentido de ‘predicción’, ‘destino’, ‘fatalidad’, pues fada era la personificación medieval de cada una de las Parcas. Pero en el Renacimiento se reforzó el masculino fado, al tiempo que fada era convertida en un ser femenino sobrenatural con poderes mágicos y el don de adivinar el futuro. Un personaje fantástico que, a través de los libros de caballerías, llegó a la literatura infantil actual.

HALA y HOLA. Ambas son voces de creación expresiva. La más antigua es ala (en grafía medieval), usada en el Cid como interjección para llamar a alguien. También en el s. XVIII la Academia recoge hala únicamente como interjección que se emplea para llamar a alguien. Pero en 1552 apareció en español el vocablo ola, que Covarrubias (s. XVII) dice que es lo mismo que hala. Un siglo después, la Academia recogía hola como expresión para llamar a un inferior y para denotar extrañeza. Hoy hola es muy común para saludar familiarmente, aunque conserva en el DRAE sus antiguas acepciones como expresión para llamar a un inferior (desusada) y para denotar extrañeza (poco usada). Por su parte, hala se utiliza hoy ‘para infundir aliento o meter prisa’ y ‘para mostrar sorpresa’, pero también, como antaño, ‘para llamar’, uso este que se conserva en Bogotá, aunque, más que para llamar, se emplea en la capital colombiana como expresión familiar en el sentido de ‘hola, buenos días, qué tal’.

HALL y VESTÍBULO. Hall es una voz inglesa que lleva años en retroceso, por lo que, presumiblemente, dentro de poco desaparecerá del español, sustituida por vestíbulo (lat. VESTIBŬLUM).

HARDWARE y EQUIPO INFORMÁTICO o SOPORTE FÍSICO. La voz inglesa hardware llegó al español con mucha fuerza de la mano de la informática, pero no ha llegado a adaptarse porque se le opusieron, primero tímidamente pero después con determinación, las locuciones españolas equipo informático y, en contextos muy especializados, soporte físico (en oposición al soporte lógico, que son los programas).

HEDER y OLER. Ambos verbos existían ya en los orígenes del idioma, si bien fue feder (en grafía medieval; del lat. FOETERE) el más corriente hasta la literatura clásica. Pero, como consecuencia de la decadencia de heder en el habla de la gente educada, oler (lat. OLERE) empezó a usarse con mayor frecuencia, hasta convertirse en el término hegemónico para designar todo tipo de olores, tanto agradables como desagradables (algo que no ocurre en los demás romances, que utilizan diferentes verbos), si bien heder se mantiene vivo en el habla rural.

HENDER y RAJAR. Hender (fender en Berceo; del lat. FINDERE) era frecuente y popular en la   Edad Media, pero más tarde (a partir del s. XV) la concurrencia de rajar (cruce de rachar y ajar), que se generalizó rápidamente, convirtió hender en palabra meramente literaria.

HIERBABUENA o YERBABUENA y MENTA. Menta (lat. MENTA) entró en el español en 1555 como cultismo, frente a la denominación popular hierbabuena (de hierba y buena) o yerbabuena que existía ya desde el siglo anterior. Mentha (en grafía de la época) era considerada por la Academia «voz latina» en 1734, y todavía hoy su uso, aunque algo más popularizado, no llega a ser tan extenso como hierbabuena o yerbabuena.

HINOJO y RODILLA. Con el significado de ‘rodilla’, hinojo (del latín vulgar GENUCŬLUM, con i resultante de yenojo) es vocablo de uso frecuente en toda la Edad Media, y todavía Juan de Valdés en el segundo cuarto del s. XVI no lo considera totalmente anticuado, pero ya en el Quijote solo se emplea como parte de la jerga caballeresca y arcaizante. Este declive se debió a su homonimia con hinojo ‘planta herbácea’. Para evitar la confusión a causa de esta homonimia, se forzó en el s. XIV el cambio semántico de rodilla (lat. ROTELLA, diminutivo de ROTA ‘rueda’), que hasta entonces designaba la ‘rótula’. Ya con su nuevo significado, rodilla sustituyó a hinojo, del cual, en este sentido, solo sobrevive la locución de hinojos ‘de rodillas’.

HIRSUTO e HÍSPIDO. Son dos cultismos sinónimos poco arraigados, aunque la Academia le da preferencia a hirsuto (lat. HIRSŪTUS), que es también el menos moderno: lo utiliza Lope en verso, si bien es raro todavía en el Siglo de Oro, y en el XVIII la Academia lo califica de poético. Por su parte, híspido (lat. HISPĬDUS) no aparece en español hasta el s. XVIII.

HIT PARADE y LISTA DE ÉXITOS. La expresión inglesa hit parade se hizo muy célebre en España a partir de la década de 1960, sobre todo en el ámbito de música moderna, pero paulatinamente ha ido perdiendo terreno, sin necesidad de ser adaptada a nuestro idioma, hasta su total desaparición, gracias a la expresión española que se enfrentó a ella hasta vencerla: lista de éxitos.

HONGO y SETA. Ambas voces están documentadas en español desde el s. XV. Siempre han sido consideradas palabras sinónimas, aunque se les ha reconocido alguna distinción de sentido. Ya Covarrubias (s. XVII), por ejemplo, afirmaba que el hongo (lat. FUNGUS) era más apreciado que la seta (xeta hasta entonces; de origen incierto). Hoy tiende a diferenciarse popularmente al hongo como cualquier seta comestible.

HUERTO y JARDÍN. Del latín HORTUS ‘jardín’, ‘huerto’, tomó el castellano arcaico la voz huerto (uerto en el Cid) con los mismos significados que en latín. De modo que, durante toda la Edad Media, huerto se empleaba en el sentido en que ahora se utiliza jardín. Esta última palabra fue tomada del francés jardin a fines del Medievo (s. XV), mantuvo una intensa pero breve lucha con huerto hasta que este le cedió parte de su carga semántica, y luego arraigó profundamente en nuestra lengua, haciéndose frecuentísima ya en el Siglo de Oro, donde suena como palabra distinguida. Hoy en día la distinción entre jardín y huerto está clara, aunque sigue empleándose en algunas partes y en lenguaje popular huerto con el mismo significado que jardín.

HURTAR y ROBAR. Ambos verbos existen desde los orígenes del idioma. Furtar (en grafía medieval) derivaba de furto (hurto), que a su vez venía del lat. FURTUM ‘robo’, derivado de FUR ‘ladrón’, quien, a diferencia de LATRO ‘ladrón en cuadrilla, bandido’, solía actuar solo y a escondidas. Este matiz semántico ya en latín es importante porque fue heredado por el castellano antiguo. De manera que furtar se entendía como ‘quitar subrepticiamente’, frente a robar ‘quitar con violencia’, que procedía del latín vulgar *RAUBARE, y este del germánico *raubôn ‘saquear’, ‘arrebatar’, que efectivamente es usado en el Cid todavía con el significado de ‘saquear’. Esta diferencia semántica entre hurtar y robar sigue en vigencia en el tecnicismo jurídico y aun en ciertas hablas populares.

INODORO, RETRETE, TAZA, VÁTER y WÁTER. Estas cuatro voces son sinónimas por designar el mismo ‘aparato sanitario donde se evacuan la orina y los excrementos’; dos de ellas (retrete y váter) significan, además, ‘habitación donde está instalado este aparato’, siendo sinónimas en este sentido con otras voces: aseo, baño, escusado, lavabo, letrina, servicio… Pero, ciñéndonos al primero de los significados, las cuatro palabras están hoy en plena vigencia y mantienen, por consiguiente, la lucha que iniciaron hace años. Retrete (del provenzal o catalán retret ‘retraído’) es el más antiguo en nuestro idioma (1438) aunque al principio significaba ‘cuarto pequeño e íntimo’. Con el significado que ahora nos ocupa, retrete no empezó a emplearse hasta fines del s. XIX (la Academia lo recogió en 1812), fecha no muy tardía si tenemos en cuenta las costumbres higiénicas de la época. Recordemos que, por aquel entonces, el lugar donde se evacuaban los excrementos no era más que un agujero en el suelo que comunicaba con un sencillo y maloliente pocillo a manera de depósito. En el siglo anterior, el matemático y relojero escocés Alexander Cumming había inventado el water-closet (literalmente, ‘armario de agua’), una especie de retrete con cisterna, compuesto de una taza de porcelana que servía para sentarse y por la que corría luego el agua de la cisterna para evacuar los excrementos hasta el depósito subterráneo a través de una tubería que, con una curva hacia atrás, evitaba que manara el hedor. Pero el invento de Cumming tardó casi un siglo en llegar a comercializarse en los países de habla hispana. Cuando por fin empezaron a instalarse en estos países los primeros water-closet (más conocidos con la abreviatura water) y aprovechando que el vocablo retrete parecía haberse hecho demasiado vulgar, en muchos lugares empezó a emplearse esta voz inglesa para sustituir a la española. Con el tiempo, el anglicismo fue adaptado al español como wáter y, más tarde, como váter. Pero también esta palabra llegó a tomar un tono excesivamente vulgar, por lo que, ya en la segunda mitad del s. XX, empezó a ser sustituida por las voces españolas taza (en referencia a la pieza principal del aparato) e inodoro (lat. INODŌRUS), cultismo que significa ‘no tiene olor’. Hoy en España váter sigue siendo la voz más popular y extendida, pero sus sinónimos taza e inodoro, si bien son más propios del lenguaje elevado, ganan terreno día a día. Por su parte, en este sentido, el castizo retrete continúa también empleándose, pero solo en algunas hablas rústicas o en el urbano vulgar. En algunos países de América (Chile, Paraguay, Perú, Uruguay) sigue usándose wáter.

INSIGNIA y PIN. Pin es una voz inglesa que llegó al español con su significado de ‘adorno pequeño que se lleva prendido en la ropa’, pero que está siendo cada vez menos usada, al ser sustituida por insignia, voz genuinamente española y con idéntico significado.

INSTITUTRIZ o NIÑERA y NURSE. La voz inglesa nurse ‘niñera extranjera’ es un extranjerismo que estuvo relativamente extendido en el español hace unos años. Ahora, sin embargo, está ya en desuso gracias al empleo que se hace en su lugar de las palabras españolas niñera o, si se refiere a la mujer encargada de la educación de los niños en el hogar, institutriz.

IZQUIERDO y SINIESTRO. Durante toda la Edad Media el único vocablo que se usa es siniestro (lat. SINISTER, -TRI). Hacia 1400 apareció (está documentado Exquerdo en una escritura mozárabe toledana de 1117, pero se trata de un nombre propio) en distintos textos esquierda y mano ysquierda, un mismo término que Nebrija (s. XV) recogió ya como izquierdo (del euskera ezkerra ‘izquierda’). La pelea entre izquierdo y siniestro en español fue favorable a la voz vasca porque siniestro hacía referencia también al ‘agüero’. Desde el s. XVI izquierdo se convirtió en vocablo generalizado, mientras que siniestro solo se halla en algún texto clásico en verso o por afectación de arcaísmo. Pero todavía hoy se escribe la siniestra por ‘mano izquierda’ en estilo elevado.

JACA y PONI. Póney y poni son adaptaciones españolas del vocablo inglés pony ‘caballo de cierta raza de poca alzada’. Son adaptaciones ya arraigadas, aunque ciertamente innecesarias, por cuanto ya existía desde antiguo en español una palabra que significa lo mismo y que, etimológicamente, tiene también su raíz en Inglaterra, lugar de donde proceden estos caballos de poca alzada. Esta palabra es jaca (del anticuado haca, este del francés antiguo haque y este del inglés hack), que, antes de significar ‘yegua’, se usaba también para referirse a esta raza de caballos: faca, hacia 1400; haca (con h aspirada) en el s. XV y hasta el XVIII.

JACUZZI y (BAÑERA DE) HIDROMASAJE. Tanto se ha generalizado esta voz inglesa y marca registrada (apellido del inventor), que la Academia está estudiando aceptar yacusi como propuesta de adaptación al español. Sin embargo, durante los últimos años cada vez más está ganando terreno la locución española bañera de hidromasaje, o simplemente hidromasaje, en detrimento del anglicismo jacuzzi.

JEEP y TODOTERRENO. Hoy casi nadie usa en España la voz inglesa jeep (pronunciado [yip]) para referirse al ‘vehículo que sirve para circular por zonas escarpadas’, puesto que hace años que se ha impuesto la palabra española compuesta todoterreno. Lo mismo ocurre en varios países americanos, donde se utiliza con este sentido otras voces españolas: campero en Bolivia, Colombia y Nicaragua; rústico en Venezuela.

JERSEY, PULÓVER y SUÉTER. Las tres palabras son sinónimas puesto que sirven para designar la misma prenda de vestir, y las tres son de origen inglés. La más antigua y extendida es jersey (inglés jersey), sobre todo en España, donde también se usa suéter (del inglés sweater), que es la preferida en México y Centroamérica. Pulóver (del inglés pullover) se usa en los países rioplatenses.

JOFAINA y PALANGANA. De origen árabe, aljofaina en 1615, era ya jofaina en 1680, el mismo año en que apareció por primera vez palangana (de origen incierto). Esta última voz se ha hecho más popular y es la única que llegó a América, mientras que jofaina ha arraigado solo en algunas partes de España.

JORNADA y VIAJE. Desde la Edad Media y hasta el s. XV, jornada (quizá del provenzal jornada) era la única voz utilizada en nuestro idioma para designar el ‘traslado de un lugar a otro, generalmente distante’. A fines del Medievo apareció viaje (del catalán viatge) y rivalizó en seguida con jornada. Aunque a principio del s. XVII viaje ya es de uso corriente, todavía lo es mucho más jornada, que sigue siendo la voz hegemónica hasta finales de este siglo. En la actualidad, viaje es la única voz usada en este sentido, si bien jornada conserva en el diccionario académico su viaje acepción de ‘camino o viaje, aunque pase de un día’.

JOVEN, MOZO y MUCHACHO. Los tres sinónimos siguen en plena vigencia. Mozo (de origen incierto) está documentado en 1182; joven (lat. IUVENIS) y muchacho (del anticuado muchacho, y este de mocho en el sentido de ‘esquilado, rapado’, por la vieja costumbre de que los niños y jovencitos llevaran el pelo corto) están documentados el mismo año: 1251. El vocablo universalmente usado fue mozo, no solo en la Edad Media, sino en todo el Siglo de Oro. En lo antiguo era siempre sustantivo y designaba a un niño o a lo sumo un muchacho de pocos años. En un texto del s. XIV se aplica a un niño de 10 años. Posteriormente se aplicó a los adolescentes y luego a los hombres y mujeres que no han llegado a la edad madura. En el s. XIV se usó por primera vez como adjetivo. Mozo es hoy palabra popular y arraigada en todas partes; como adjetivo lo estuvo tanto, que joven se percibió como cultismo hasta fecha muy reciente. Aunque está documentado en 1251, muchacho no fue apenas usado en la Edad Media. Mochacho es la forma más antigua (Lazarillo de Tormes), pues la forma con u aparece por primera vez en 1570. Muchacho se hace predominante en el siglo siguiente y ya en el XVIII la Academia la registra como preferente. También se usaba al principio para indicar a alguien de una edad más temprana de la que sobreentendemos hoy. El femenino (tal como sucedió también con moza y, en el s. XVIII, con niña) se aplicó pronto a edades mayores. A pesar de que se documenta en 1251 (en verso y aplicado a un animal), y Góngora la uso con tanta frecuencia como para que Quevedo la tildara de voz culterana, joven empezó a usarse en prosa normal en fecha tardía. En el s. XVIII la Academia solo cita un ejemplo de 1693. Ya ha quedado dicho que, como adjetivo, joven era considerado un cultismo hasta hace poco, que se prefería mozo.

JUEZ DE LÍNEA y LINIER. Durante buena parte del s. XX se usaba la voz inglesa linier, copiada en español, para designar, en fútbol, al árbitro que vigila los límites del campo de juego. Pero hoy es más frecuente el uso de la locución juez de línea, generalizada en todo el mundo hispánico.

LAMENTAR y SENTIR. Sentir (lat. SENTĪRE ‘percibir por los sentidos’, ‘darse cuenta’, ‘pensar, opinar’) tiene desde los orígenes del idioma los mismos significados que tenía en latín, pero ya tardíamente (1599) agregó una nueva acepción: ‘lamentar, tener por dolorosa y mala una cosa’, entrando así en concurrencia con lamentar (lat. LAMENTĀRE), que había aparecido en español hacia 1515. Desde entonces lamentar y sentir han mantenido una rivalidad en este sentido, que aun no ha sido resuelta a favor de ninguno de los dos verbos, si bien sentir es de uso más general y popular, en tanto lamentar se ha hecho más propio del lenguaje culto y literario.

LARGO y LUENGO. Ambos adjetivos fueron usados durante la Edad Media, pero con significados distintos. Largo (lat. LARGUS ‘abundante, considerable’, ‘liberal, generoso’, fue usado en castellano hasta el final del Medievo con los mismos significados que tenía su étimo latino, y aun hoy permanecen estos en el diccionario académico: ‘liberal, dadivoso’, ‘copioso, abundante, excesivo’. Fue en el s. XV cuando largo adquirió la acepción moderna y empezó a competir con luengo (lat. LONGUS ‘largo’), que desde 994 se usaba en el sentido de ‘largo’. En el s. XVII luengo empieza a considerarse, de forma paulatina, un vocablo anticuado, y en el siglo siguiente su derrota ante largo es completa.

LEVANTAR, LEVAR y LLEVAR. En los orígenes de nuestro idioma se empleaba el verbo levar (lat. LEVĀRE ‘levantar’) en el sentido de ‘levantar’ y ‘llevar’. Pero todavía durante la Edad Media surgió levantar (derivado de levar), que poco a poco fue arrebatando a levar el significado de ‘mover hacia arriba’, ‘poner algo más alto’. Luego, a fines de la   Edad Media, apareció otro derivado de levar al convertir la l en ll, llevar, con el mismo significado que le quedaba a levar, el cual acabó por arrebatarle en el s. XVI. Para sobrevivir, influido tal vez por el francés lever, el viejo verbo castellano levar se especializó como término náutico (‘recoger anclas’) o militar (‘levantar gente para la guerra’), significados que todavía conserva.

LEVANTE y ORIENTE; OCCIDENTE y PONIENTE. Las cuatro son palabras medievales. La sinonimia entre levante (de levantar, por donde se levanta el sol) y oriente (lat. emill, -ENTIS, participio activo de ORĪRI ‘aparecer’, ‘nacer’) por un lado, y por el otro la de poniente (de poner, por donde se pone el sol) y occidente (lat. OCCĬDENS, -ENTIS, participio activo de OCCIDĔRE ‘caer’) se ha resuelto pacíficamente gracias a las preferencias que han tenido históricamente los marineros y gente de costa por levante y poniente, a diferencia de la gente del interior, que han preferido oriente y occidente, además de los otros significados que han ayudado a diferenciar estas palabras: nombre de vientos en levante y poniente; nombre de vastas extensiones geográficas en oriente y occidente.

LIBERAR, LIBERTAR y LIBRAR. Del latín LIBERĀRE tomó el castellano arcaico dos verbos, librar y liberar. La lucha entre ambos acabó muy pronto, con el ostracismo casi definitivo de liberar. Al final de la Edad Media, apareció en nuestro idioma el verbo libertar (derivado de liberto, y este del lat. LIBERTUS), especializado en ‘poner en libertad o soltar al cautivo’. Y así convivieron pacíficamente y durante siglos los verbos librar y libertar. Hasta que en el s. XIX los economistas recuperaron, en calidad de latinismo, el anticuado y ya casi olvidado verbo liberar, en el sentido de ‘eximir a alguien de una obligación’, pero que muy pronto adquirió también el significado de ‘hacer que alguien o algo quede libre’, entrando así en conflicto con librar y, sobre todo, con libertar. Un conflicto que aún no está resuelto.

LIGERO y LIVIANO. Ambas voces se conocían en la Edad Media, pero era sin duda liviano (del latín vulgar *LEVIANUS) la que se usó de manera más general y frecuente en el sentido de ‘que pesa poco’. Pero la disputa por este significado con ligero (del francés léger), vocablo casi tan antiguo como el castizo liviano, se prolongó hasta más allá del Siglo de Oro. Al final, ligero ha reemplazado casi por completo a liviano, el cual, aun manteniendo en el DRAE su significado ‘de poco peso’, su uso real se ha restringido a acepciones figuradas y peyorativas tales como ‘inconstante’, ‘de poca importancia’, ‘mujer informal en su relación con los hombres’, ‘lascivo’…

LIPSTICK, PINTALABIOS y ROUGE. En español ha llegado a usarse, en el sentido de ‘cosmético usado para colorear los labios, que suele presentarse en forma de barra guardada en un estuche’, dos extranjerismos: la voz francesa rouge y, más recientemente, la inglesa lipstick. Pero ambas han dejado prácticamente de usarse al imponerse la palabra compuesta española pintalabios, por encima de otras voces y expresiones también típicamente españolas, como carmín, barra o lápiz de labios. La voz inglesa no ha llegado siquiera a adaptarse, mientras que rouge, que sí fue recogida por el diccionario académico, está a punto de ser suprimido (avance de la vigésima tercera edición del DRAE).

LLANTO y LLORO. Las dos voces son  muy antiguas, pues están documentadas en el s. XIII. Llanto (del lat. PLANCTUS) empezó usándose en el sentido de ‘lamentarse’, pero muy pronto pasó a tener el mismo significado que lloro (de llorar, y este del lat. PLORĀRE), por lo que ambos sinónimos se enzarzaron en una lucha que dura todavía. Hoy lloro es más popular y, si nos atenemos literalmente a las definiciones proporcionadas por la Academia, puede decirse que existe un matiz diferenciador entre ambas voces, aunque ignoradas por la mayoría de los hispanohablantes: mientras lloro se despacha con un lacónico ‘acción de llorar’, llanto aparece en el diccionario académico como algo mucho más dramático: ‘efusión de lágrimas acompañada frecuentemente de lamentos y sollozos’.

LOBBY y GRUPO DE PRESIÓN. La voz inglesa lobby, en el sentido de ‘grupo de personas influyentes, organizado para presionar a favor de determinados intereses’, cada vez se usa menos en español, pues ha sido sustituida eficazmente por la expresión grupo de presión.

LOCO y ORATE. Loco (quizá del árabe hispánico *láwqa) es palabra de uso general en toda la Edad Media y en sus dos acepciones: ‘el que ha perdido la razón’ y ‘tonto, estúpido, imprudente’. A partir del año 1425 sufrió la competencia de orate (tomado del catalán orat ‘loco’), pues en esta fecha se menciona ya en Zaragoza la casa de orates (mientras que la casa d’orats de Valencia ya se cita en 1409, primer manicomio fundado en todo el mundo). En el s. XVI orate ya es corriente en castellano, pero al final perdió su lucha con loco, quedando como palabra literaria e impopular.

LOOK y ASPECTO o IMAGEN. Aunque llegó a tener acceso en el diccionario académico, la voz inglesa look ha perdido tanto terreno frente a las voces españolas imagen o aspecto, que la Academia ya ha aprobado la supresión de este anglicismo en la vigésima tercera edición del DRAE.

LOTERÍA, RIFA y SORTEO. Sorteo (derivado de sortear, y este del lat. SORS, SORTIS ‘suerte’) ya aparece en el Cid con el mismo significado actual. Más tarde, pero todavía en la   Edad Media (final del s. XIII), apareció riffa (voz onomatopéyica) y su verbo riffar. Este tenía el mismo significado que sortear, pero también el de ‘reñir, andar a la greña’; del mismo modo que riffa, además de ‘juego que consiste en sortear algo entre varias personas’, se usaba en el sentido de ‘juego de truhanes’. Debido quizás a este doble significado, rifa y rifar fueron utilizados por los antiguos escritores, medievales y clásicos, con manifiesto tono peyorativo. En cualquier caso, rifa y sorteo contaban con la suficiente diferencia semántica como para no entrar en conflicto; y lo mismo sucedía con rifar y sortear. Pero al principio del s. XVIII llegó al español (del francés loterie) la voz lotería, que fue recogida muy pronto por la Academia en su Diccionario de Autoridades (1734) en los siguientes términos: «Lo mismo que Rifa. Hacese en varias Ciudades de Europa con mercaderías ò billetes de banco assistiendo la Justicia. Es voz nuevamente introducida del Francés». A partir de entonces lotería y rifa se enfrentaron en una dura lucha por la supervivencia. Pero esta lucha duró poco, ya que lotería adquirió un carácter oficial (lotería nacional) bajo el amparo del Estado, al mismo tiempo que rifa se resignaba a mantener su carácter humilde y mucho más conforme con su origen.

LUZ, MERLUZA y PESCADA. Merluza (de origen incierto) no está documentada en nuestro idioma hasta 1397 (merluça), fecha demasiado tardía para tratarse del nombre de un pez tan importante. Así que los etimólogos se han preguntado por el nombre que usaron nuestros antepasados medievales para designar a este pez. Luz (del mismo origen que lucio, el latín LUCIUS) fue registrado por la Academia en el s. XX como sinónimo de merluza, y hoy continúa en el DRAE como voz anticuada. Su inclusión tan tardía en el diccionario académico descarta la posibilidad de que fuera el nombre medieval de este pez. En cambio, pescada sí que es una voz medieval, y hoy aparece en el DRAE como sinónimo de merluza. En la actualidad, pescada solo se emplea en Andalucía, pero, muy probablemente, era la única voz conocida en castellano en la   Edad Media para designar al pez que ahora conocemos como merluza.

MACHACAR, MACHAR y MACHUCAR. El verbo más antiguo en nuestro idioma es machar (de macho ‘mazo grande del herrero’, que a su vez venía del lat. MARCŬLUS ‘martillo pequeño’), que significaba, como ahora, ‘golpear para quebrantar algo’. De machar surgió en 1251 machucar ‘hacer polvo’, de donde derivó tres siglos y medio más tarde (1605) machacar por cambio de sufijo. Hoy machacar es la forma más corriente y popular, aunque machucar también se emplea en el habla rural.

MÁCULA, MANCHA y MANCILLA. Durante la Edad Media se empleaba muy frecuentemente la palabra mancilla (quizá del latín vulgar MACELLA ‘manchita’) en los sentidos morales y figurados, mientras que mancha (lat. MACŬLA), mucho menos presente en la literatura medieval, se reservaba para el sentido material. Finalizando la Edad Media apareció el cultismo mácula (de la misma raíz latina que mancha: MACŬLA), que hasta hoy se ha usado solo en lenguaje literario y elevado. En la actualidad, mancilla es un sinónimo de mancha apenas usado, mientras que esta última palabra se ha convertido en la hegemónica en todos los sentidos.

MAGACÍN o MAGAZÍN y REVISTA o PROGRAMA DE VARIEDADES. Los extranjerismos magacín y magazín son adaptaciones gráficas que han alcanzado tal aceptación en nuestro idioma, que hasta la Academia los recoge en su diccionario con los significados de ‘publicación periódica ilustrada que trata temas diversos’ y ‘programa de radio o televisión de contenido muy variado’. Pero la misma Academia recuerda que existe la voz española revista con el mismo primer significado, y la expresión programa de variedades con el segundo. Y lo cierto es que, desde hace unos años, tanto revista como programa de variedades son más utilizadas en España que magacín o magazín.

MALETA y VALIJA. Del diminutivo de mala ‘valija del correo francés e inglés’, y este del francés anticuado male, desde los orígenes de nuestro idioma maleta ha sido una voz viva y generalmente conocida, sobre todo en España y parte de América. En Argentina y otros países americanos se emplea más bien valija (del italiano valigia), que llegó al español en 1528 y con b (balija), seguramente por influjo de bala (de mercancías), grafía que respetó la Academia hasta mediados del s. XIX. Hoy en España solo se emplea en referencia a la correspondencia diplomática y de empresas.

MALLA y MANCHA. Según el etimólogo Corominas, mancha era el nombre con el que se conocía en nuestro idioma y durante la Edad Media el tejido de pequeños anillos o eslabones de hierro con que se hacían las cotas y otras armaduras. Pero, con este significado, mancha fue sustituido en el s. XV, gracias al influjo preponderante de Francia en la terminología guerrera de la época, por la palabra malla (tomada del francés maille).

MANDÍBULA, QUIJADA, QUIJAL y QUIJAR. Quijada (latín vulgar *CAPSEUM) y quijar (lat. CAPSARĬUS, de CAPSA ‘caja’) son palabras sinónimas desde la   Edad Media (quexada y quexar en grafía de entonces). De quijar derivó, con el mismo significado, quijal, mientras que quijada se convirtió en la palabra de uso general hasta el s. XVIII, en que se creó el cultismo mandíbula (lat. MANDIBŬLA). Esta última palabra fue recogida por el diccionario académico en 1817, cuando ya empezaba a tomar preponderancia sobre la clásica quijada. Hoy mandíbula es la palabra, en este sentido, de uso más generalizado, si bien quijada sigue conservando bastante popularidad, sobre todo en el habla rural y en referencia a los animales. Por su parte, quijar y quijal son simples sinónimos muy poco usados.

MARRAJO y TIBURÓN. Ambas voces son de origen incierto y, aunque tiburón está documentada en 1519 y marrajo en 1609, parece seguro que este es mucho más antiguo en español que aquel. Cuando tiburón (quizá voz tupí, tomada a través del portugués) se introdujo en el español americano y llegó luego a España, este pez ya era conocido en este país por ser muy abundante y peligroso en las costas meridionales de España y en las de Marruecos. Se le llamaba marrajo.

MAS y PERO. Con el valor de conjunción adversativa, MAGIS apareció ya en latín vulgar, donde primitivamente servía para agregar una circunstancia nueva, con el valor de ‘hay más’, ‘es más’, y después pasó a emplearse como hecho alegado en oposición a lo anterior. Así aparece en castellano ya desde 1107. Por otra parte, la conjunción pero (del latín PER HOC ‘por esto’, ‘por tanto’), empleada preferentemente en frases negativas, tomó el sentido adversativo de ‘sin embargo’, conservado en la Edad Media, y más tarde atenuado hasta hacerse equivalente a mas, pasando por su equivalencia con ‘aunque’. Hoy la conjunción adversativa mas (palabra átona y, por tanto, sin tilde, a diferencia del adverbio comparativo más) se usa únicamente en el lenguaje literario y arcaizante.

MASCAR y MASTICAR. Ambos verbos proceden del latín tardío MASTICĀRE, pero el verbo mascar es el más antiguo, ya usado en la Edad Media, y que sufrió la transformación ortográfica y fonética propiciada por la síncopa MASTICĀRE > mascar, debida a la fuerza asimiladora de la t sorda. El cultismo masticar apareció ya esporádicamente a principio del s. XVI, pero poco a poco fue tomando fuerza hasta enfrentarse a su sinónimo mascar. Hoy masticar ha logrado confinar a mascar en el habla vulgar.

MEAR y ORINAR. Mear (del latín vulgar MEIARE) existe en nuestro idioma desde sus orígenes. Hacia 1580 apareció orinar (lat. URINĀRE) para sustituir como vocablo fino al ya por entonces muy vulgar mear. No obstante, mear se resiste a ceder terreno, pues hoy todavía siguen empleándose ambos verbos, que mantienen los mismos caracteres de fineza y vulgaridad.

MEJILLÓN y MOCEJÓN. Hoy mejillón (del portugués mexilhão) es la voz más corriente y extendida para designar a este molusco, pero cuando fue tomada por el español hacia 1560 ya existía en este idioma la forma mocejón (lat. *MUSCELLĬO, -ŌNIS, de MUSCELLUS, diminutivo de MUSCŬLUS). Mocejón perdió la batalla que le planteó el portuguesismo mejillón, menos en Santander, donde fue usado por José María de Pereda en el s. XIX y parece que sobrevive todavía hoy.

MEJOR REGISTRO o PLUSMARCA y RÉCORD. La voz inglesa record ‘marca o mejor resultado homologado en la práctica de un deporte’ fue adaptada al español como récord, y tuvo tanta aceptación que muy pronto se extendió semánticamente y en sentido figurado a otros campos fuera del deporte. Sin embargo, en España hace ya un par de décadas que récord está sufriendo los embates de sus equivalentes españoles mejor registro y, sobre todo, plusmarca, razón por la cual cada vez se oye y se lee menos el anglicismo. Es previsible que dentro de no mucho tiempo récord deje de usarse en español, de la misma forma que lo hicieron los falsos anglicismos tomados del francés recordman y recordwoman, olvidados ya gracias al empleo de la voz española plusmarquista.

MIMBRE y VIMBRE. Era vimbre (lat. VIMEN, -ĬNIS) en la   Edad Media. El cambio de vimbre en mimbre se debió a una dilación de la nasalidad. Hoy se dice mimbre en todas partes, salvoen Andalucía y el Alto Aragón, donde sigue empleándose vimbre.

MUR y RATÓN. En la Edad Media existían en nuestro idioma las voces onomatopéyicas rato y rata para designar al macho y la hembra de este roedor, de tamaño mayor que el mur (lat. MUS, MŪRIS), nombre con que se conocía tanto al macho como a la hembra de este otro roedor. Pero, a partir del s. XVII, mur desapareció al perder la pelea que le presentó ratón (derivado de rato, el cual también cayó en el olvido). Hoy rata y ratón son nombres epicenos que designan roderos distintos, mientras que rato y mur se mantienen en los diccionarios como sinónimos en desuso.

OCASIÓN y OPORTUNIDAD. En la Edad Media ocasión (lat. OCCASSĬO, -ŌNIS) significaba ‘accidente imprevisto’, de donde la más frecuente ‘daño grave’, pero en la actualidad su uso principal y casi único es para designar la ‘oportunidad que se ofrece para ejecutar o conseguir algo’. Sin embargo, en América se tiende a dejar ocasión en desuso, a favor de oportunidad (lat. emillaso, -ĀTIS), que apareció en el español en el s. XV, a lo cual puede haber contribuido el influjo del inglés, favorecido por la vaga definición académica que, desde el s. XVIII, se le da a oportunidad: ‘sazón, coyuntura, conveniencia de tiempo y de lugar». En España, por el contrario, ambas palabras, aunque se emplean en el mismo sentido, siguen en plena vigencia.

OLA y ONDA. Onda (lat. UNDA ‘ola’) está en español desde sus orígenes. En el sentido de ‘cada una de las elevaciones que se forman al perturbar la superficie de un líquido’ fue de uso general hasta fines de la   Edad Media. Todavía sería de uso popular al principio del s. XVI. Pero, pocos años después, en la Comedia Aquilana de  Bartolomé Torres Noharro (1524), ya figura en contexto marcadamente culto. Por entonces ya se había generalizado el uso de ola (de origen incierto; quizá del árabe), documentada por primera vez en 1403. En el Quijote ya no figura onda; solo ola. Hoy ola es la única voz usada en español para esta acepción, pues onda apenas si se usa ni siquiera en lenguaje literario.

ORFANATO y ORFELINATO. En el Diccionario panhispánico de dudas (2005), la Academia informaba de que orfanato (del latín vulgar ORPHĂNUS ‘huérfano’) era «la voz mayoritariamente usada en todo el ámbito hispánico. No es correcta la grafía con h- *orfanato. La voz orfelinato es calco del francés orphelinat (del francés orphelin ‘huérfano’). Desde principios del siglo XX ha alternado con la formación propiamente española orfanato, cuyo uso es más recomendable. No obstante, la forma orfelinato se considera válida, puesto que goza de aceptación general en el uso culto español y, sobre todo, en el americano».

PACER y PASTAR. Pacer (lat. emill) está documentado en la segunda mitad del s. X, fue de uso general en la   Edad Media y hasta el Siglo de Oro, y es bien conocido en la actualidad, aunque la lengua viva tiende a reemplazarlo en muchas partes (en Argentina y otros países americanos ha sido sustituido totalmente) por pastar (derivado del medieval pasto), aparecido en español hacia 1590.

PADECER y SUFRIR. Padecer (lat. *PASTISCĔRE) es palabra bien conocida en nuestro idioma desde la Edad Media, aunque algo menos popular, en fecha moderna, que su sinónimo sufrir (lat. SUFFERRE), igualmente conocida desde los orígenes, si bien no era tan frecuente en el castellano medieval.

PANTALÓN CORTO y SHORT. A mediados del s. XX llegó al español con tanta fuerza la voz inglesa short ‘pantalón muy corto, usado principalmente para practicar deportes’, que la Academia llegó a registrarla en su diccionario. Pero ahora ya anunciado que la suprimirá en la próxima edición (23.ª) porque ya apenas si es usada en nuestro idioma, sustituida por el equivalente español pantalón corto.

PAPEL y ROL. La voz inglesa role ‘papel de un actor’ (del francés rôle) se introdujo en español en el último tercio del s. XIX, adaptándose poco después a nuestro idioma como rol y ampliando su campo semántico con sentidos figurados. Es un anglicismo asentado, pero durante las últimas décadas ha sufrido mucho desgaste a favor de su equivalente típicamente español papel ‘función que alguien o algo cumple’. Últimamente el anglicismo ha gozado de cierto refuerzo al ponerse de moda un juego llamado con este nombre: juego de rol.

PARAGUAS y QUITASOL. Aunque la diferencia semántica está indicada en sus propios nombres compuestos (parar aguas y quitar sol), hubo un tiempo (fines s. XVIII y principio del XIX) en que las palabras paraguas y quitasol eran sinónimas. La más antigua es quitasol (s. XVII), pero también es la que ha caído prácticamente en desuso, a pesar de que logró zafarse de la concurrencia con paraguas al especializarse, a partir de mediados del s. XIX, como ‘sombrilla usada para resguardarse del sol’. Pero, en la medida en que esta prenda cayó en desuso, también esta voz perdió vigencia.

PARECER y SEMEJAR. Durante la Edad Media semejar (de semeja y este del lat. similĭa) tenía el mismo significado que ahora, mientras que parecer (latín vulgar *parescĕre) se usaba en el sentido de ‘aparecer, descubrirse, manifestarse’. Los clásicos todavía siguieron empleando parecer con estos significados, pero poco después empezó a apoderarse del de semejar o asemejarse, entrando en dura competencia con estos verbos. Hoy parecer es el verbo más corriente y popular en el sentido de ‘parecerse una cosa a otra’, mientras que semejar está relegado a la lengua literaria y al estilo arcaizante.

PATROCINADOR y SPONSOR. La Academia tiene previsto suprimir en la próxima edición (23.ª) de su diccionario la voz inglesa sponsor, puesto que cada vez es usada menos en español al ser sustituida por patrocinador.

PEÑA y ROCA. La voz más antigua en nuestro idioma es peña (lat. PINNA ‘pluma’, ‘ala’, ‘almena’), documentada ya en 945. A partir del s. XV entró en concurrencia con roca (de origen incierto, seguramente prerromano), por lo que ambas voces han mantenido desde entonces una rivalidad que no ha supuesto por ahora el olvido de ninguna de ellas. Roca es una voz generalmente usada y conocida, pero peña sigue teniendo sabor más popular, sobre todo entre la gente de montaña.

PERSONALIDAD y VIP. La Academia adaptó y registró en su diccionario hace años la voz inglesa VIP (acrónimo de very important person ‘persona muy imporante’) con la forma vip, sustantivo común en cuanto al género y en minúsculas (en inglés es habitual escribir esta palabra en mayúsculas por su condición original de sigla), con el sentido de ‘persona socialmente relevante que recibe un trato especial en ciertos lugares públicos’. Desde el primer momento se le ha opuesto la tradicional palabra española personalidad (palco de personalidades, sala para personalidades…), pero de momento esta rivalidad no está dando el fruto deseado ya que vip sigue estando en plena vigencia.

PICAR, PINCHAR, PUNCHAR y PUNZAR. Los cuatro verbos son sinónimos. El más antiguo es picar (de pico, y este del celtolatino BECCUS), pues ya aparece en el Cid. A principio del s. XV apareció punzar (punçar en la grafía de entonces) y, poco después, en 1438, punchar. En el s. XVIII, derivado de punchar pero con influencia de picar, surgió picar. En la actualidad, pinchar y picar son los verbos más usados y, aunque sinónimos, picar ha ganado terreno semántico gracias a ser derivado de pico (‘parte saliente de la cabeza de las aves’ y ‘herramienta de cantero’).

PIMPÓN o PING-PONG y TENIS DE MESA. Aunque está manteniendo una fuerte pugna con el equivalente español tenis de mesa, la voz inglesa y marca registrada ping-pong sigue gozando de plena vigencia en nuestro idioma, razón por la cual la Academia ha propuesto su adaptación gráfica como pimpón, en trance de ser registrada en el DRAE. Para designar al jugador de este deporte, la Academia tiene previsto aprobar las voces pimponista y tenismesista o tenimesista.

PLAYBACK y PREGRABADO. Ya nadie usa playback para designar la sonorización de un número musical con una grabación hecha previamente, pero en las décadas de 1960 y 1970 esta voz inglesa estaba en plena vigencia. Ha desaparecido al perder la guerra que le planteó la locución española sonido pregrabado, si bien hoy suele emplearse solo la palabra pregrabado.

POLO ACUÁTICO y WATERPOLO. Para designar este deporte parecido al balonmano que se practica en una piscina, la Academia recomienda el uso de polo acuático, calco español de la voz inglesa water polo, que la propia Academia adaptó y registró en su diccionario como waterpolo. En España solo se usa el anglicismo, pero en América se abre paso el mencionado calco polo acuático.

PRIVAR, PROHIBIR y VEDAR. En la Edad Media el significado de ‘prohibir’ estaba compartido por dos voces: vedar (lat. VETĀRE) y privar (lat. PRIVĀRE), que lucharon entre ellas pero sin que ninguna lograse la victoria. Pero en 1515 apareció prohibir (lat. PROHIBĒRE ‘apartar, mantener lejos’, ‘impedir’), que ya a fines del s. XVI se hizo muy usual y acabó por predominar sobre vedar y privar. En la actualidad prohibir se ha popularizado considerablemente, aunque en el habla vulgar todavía le hace concurrencia privar. Por su parte, vedar sobrevive como término de caza y, a veces, conserva su antigua amplitud semántica en el lenguaje literario.

PUERCA y TUERCA. El antiguo nombre de puerca (femenino de puerco) con que se designaba la ‘pieza de pernio o gozne en que está el tornillo’, se explica por una comparación fálica del tornillo y esta pieza con el puerco y su hembra. La primera datación de puerca es de 1611, fecha de la primera edición del Tesoro de Sebastián de Covarrubias. En este diccionario se lee: «puerca, cierto hierro que llaman hembra, en que asen los tornillos o porqueçuela; o más cierto tuerca y torqueçuela». Pero ni en este diccionario ni en ninguno de sus coetáneos figura ningún artículo tuerca ni torqueçuela ni porqueçuela. Es de suponer, por tanto, que tuerca era entonces un derivado reciente de puerca (por influjo de la t- del contrapuesto tornillo), que trataba de evitar el carácter equívoco de este término. Una ventaja esta que supo aprovechar muy bien tuerca para imponerse a puerca tanto en el habla común como en la lengua literaria. Hoy tuerca es de uso general, aunque la Academia todavía recoge puerca con el significado citado.

Puntos cardinales: NORTE, SUR, ESTE, OESTE y SEPTENTRIÓN, MEDIODÍA, LEVANTE u ORIENTE y PONIENTE u OCCIDENTE. Antes ya vimos la rivalidad que hubo, y aún hay, entre levante y oriente por un lado, y poniente y occidente por el otro. Ahora veremos cómo estos términos, en el sentido de puntos cardinales, fueron sustituidos por los anglicismos este y oeste. Del mismo modo que norte y sur sustituyeron a septentrión y mediodía, respectivamente. En la Edad Media se usaba septentrión (lat. emillaso, -ŌNIS, de SEPTEM ‘siete’ y TRIO, -ŌNIS ‘buey de labor’) para señalar el punto cardinal opuesto al mediodía (derivado de medio), oriente (lat. ORIENS, -ENTIS) y levante (de levantar) para indicar el punto cardinal por donde se levantaba el sol, y occidente (lat. OCCIDENS, -TIS) y poniente (de poner) para el del punto cardinal donde se ponía el sol. Pero todo cambió con la llegada a nuestro idioma, a fines del s. XV, de las voces norte (del francés nord y este del inglés anticuado norp), sur (del francés sud y este del inglés anticuado súp), este (del francés est y este del inglés anticuado east) y oeste (del francés ouest y este del inglés anticuado west). Estos anglicismos no tardaron mucho tiempo en sustituir a las viejas voces castellanas para designar los cuatro puntos cardinales.

PUZLE y ROMPECABEZAS. Puede decirse que, en la actualidad, puzle (adaptación gráfica del inglés puzzle) y la palabra compuesta española rompecabezas están empatadas en la lucha que vienen manteniendo desde hace unas décadas.

QUEBRAR y ROMPER. Quebrar (lat. CREPĀRE ‘estallar’, ‘romper con estrépito’) y romper (lat. RUMPĔRE) son verbos sinónimos ya desde el Cid, si bien quebrar aun tenía entonces cierto matiz etimológico y se entendía como ‘romper con más estrépito’. Hoy quebrar sigue siendo de uso general en América, pero en España tiende a anticuarse en el lenguaje ciudadano, persistiendo en el habla rústica.

QUEDO y QUIETO. En la Edad Media se usaba quedo (lat. QUIETUS) en el sentido de ‘quieto, inmóvil’ y también ‘tranquilo’. Ambas variantes semánticas siguieron siendo usuales en el Siglo Oro, sobre todo la segunda. Más tarde el vocablo tiende a hacerse arcaico, aunque en su función adverbial siguió muy vivo hasta el s. XIX. El duplicado culto quieto, que le ha sustituido, está ya en el español de 1570 y es muy usual desde el Quijote.

RAIL o RAÍL y RIEL. Al introducirse el ferrocarril en los países de lengua española, se produjo una discrepancia para designar el carril de las vías férreas. Mientras en España se adaptó la palabra inglesa rail (pronunciada [reil] por algunos al principio, pero mucho más comúnmente a la manera española [rail]) como rail o raíl, en países americanos como México y Perú se prefirió sustituir este anglicismo por riel (del catalán riell), que desde 1475 tenía en español un significado parecido por la forma y por el sentido: ‘barra pequeña de metal en bruto’ que se usa preferentemente para correr las cortinas. Posteriormente el vocablo en este sentido se introdujo en España, registrándolo la Academia ya en 1884, pero nunca ha llegado a sustituir en este país al anglicismo rail o raíl.

RAMA y RAMO. En los orígenes de nuestro idioma se empleaba solo ramo (lat.RAMUS ‘rama’) para designar cada una de las partes que nacen del tronco del árbol. Pero muy pronto derivó de este vocablo rama, que en seguida se apoderó de este significado, dejando a ramo destinado para ramas pequeñas o cortadas del árbol, así como usos figurados (ramo de flores).

RAPOSA, VULPEJA y ZORRA. Tanto raposa (de raposo, y este de rabo ‘zorro’) como vulpeja (lat. VULPECŬLA, diminutivo de VULPES ‘zorra’) están documentadas en 1251, pero fue esta última la que se empleó de forma general durante la Edad Media (primero con la grafía gulpeja). En el s. XIV vulpeja fue sustituida por raposa (que en el siglo anterior empezó escribiéndose rabosa), empleánose en el lenguaje común hasta el s. XVI y figurando aun en el Quijote, pero ya desde la segunda mitad del s. XV estaba en decadencia por culpa de zorra (del portugués zorro ‘holgazán’, y este derivado de zorrar ‘arrastrar’). Corominas explica muy bien el por qué de este cambio constante de denominaciones: «se debe al horror que inspira este animal al campesino, hasta el punto de considerar de mal agüero el pronunciar su nombre real: de ahí la tendencia a nombrarle indirectamente, sea mediante nombres propios, empleados como verdaderos apodos (…), sea con adjetivos que describen sus rasgos físicos más visibles (raposa ‘la del gran rabo’) o sus supuestas características morales (‘la astuta’, ‘la vil’). Zorra es una de estas expresiones sustitutas, que al principio sólo sirvieron para aludir indirectamente al animal, y que a la larga acabaron por reemplazar la denominación antigua, tal como ya anteriormente raposa había reemplazado a gulpeja». Hoy sigue usándose zorra y zorro para designar a este animal. Las voces raposa y vulpeja figuran todavía en el diccionario académico como sinónimos en vigencia, aunque en realidad hace siglos que están anticuados.

RECUERDO y SOUVENIR o SUVENIR. La Academia tiene previsto incluir en la próxima edición de su diccionario (23.ª) suvenir como adaptación gráfica de la palabra francesa souvenir, que ya está registrada en este diccionario desde hace años. Esta decisión resulta sorprendente si tenemos en cuenta que, desde hace un par de décadas como mínimo, souvenir está sufriendo un constante retroceso en nuestro idioma gracias a la palabra española recuerdo, que la está sustituyendo cada vez más. Tanto es así que, para cuando suvenir figure en el DRAE, no sería extraño que ya nadie utilizara esta palabra en español.

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REDIMIR y RESCATAR. Del latín REDIMĔRE, el muy antiguo (1155) verbo redimir se empleó durante toda la Edad Media para definir la recuperación de los cautivos mediante precio. Pero con la llegada en el s. XV del verbo rescatar (lat. *RECAPTĀRE ‘recoger’) este se apropió de aquel significado, obligando a redimir a variar semánticamente para sobrevivir: ‘librar de una obligación o extinguirla’.

RESTAURANTE y RESTORÁN. Ambas voces están recogidas en el DRAE como sinónimas (aunque con preferencia por restaurante) y proceden del anticuado participio activo de restaurar, si bien fueron tomadas del francés restaurant. Aunque también se ha escrito así en español: restaurant, esta voz no fue recogida nunca por la Academia y ha acabado prácticamente desapareciendo en nuestro idioma. Por el contrario, restaurante ya fue recogida por la Academia en 1817 como acepción de la palabra francesa y claramente definida a partir de 1925. Es la voz más extendida y usada actualmente, pese a la competencia que hubo de sufrir por parte de restorán, adaptación más acorde con la pronunciación francesa y que también fue registrada por la Academia, pero que lleva años en franca decadencia.

ROMPIDO y ROTO. Desde el s. XIX se dice roto (participio irregular de romper, del lat. RUPTUS), pero en la antigüedad se empleaba el participio rompido. En 1737, la Academia recogía roto como «segundo part. pass. del verbo Romper. Lo mismo que Rompído». Hoy rompido solo se usa para designar a la ‘tierra que se rompe a fin de cultivarla’.

SEMILLA y SIMIENTE. Desde los orígenes del idioma hasta el Siglo de Oro, la única voz usada fue simiente (lat. SEMENTIS). Semilla (de origen incierto) está documentada en un texto del s. XIII (emillas) y en 1534 (semilla), pero no fue hasta el s. XVII que empezó a usarse de manera generalizada. Hoy semilla es la voz más común y popular, quedando simiente como sinónimo literario, excepto en Aragón, donde esta sigue conservando cierto sabor popular.

SENCILLO y SINGLE. La voz inglesa single está recogida en el DRAE desde hace muchos años como adjetivo marinero referido al ‘cabo que se emplea sencillo’. En la segunda mitad del s. XX también se usó en español este anglicismo en el sentido de ‘disco fonográfico de corta duración’, y aunque tuvo bastante aceptación, nunca llegó a ser admitido por la Academia, seguramente porque intentó frenar este extranjerismo con la palabra española sencillo. Lo consiguió y single dejó de usarse comúnmente en español mucho antes de que dejaran de comercializarse este tipo de discos de vinilo.

TOALLA y TOBALLA. Según el diccionario académico, toalla deriva del anticuado tobaja, que a su vez procede del germánico *thwahljô. Corominas nos ofrece la evolución ortográfica y fonética de esta palabra: toaja, hacia 1250 > tovaja, s. XV > toalla, 1570. Sin embargo, es evidente que hubo entre medias al menos otra forma más de llamar a esta pieza que, antes de servir para secarse el cuerpo, se usaba también como cubierta de las almohadas en las camas, pues en el Diccionario de Autoridades (1739) se mencionan tobaja y toballa como sinónimos de toaja o toalla. Hoy toalla es la única forma conocida y usada, excepto en Andalucía, donde también se emplea toballa.

TONTO y ZONZO. Ambos sinónimos son voces populares y de creación expresiva, antiguas en nuestro idioma aunque su documentación es tardía, algo comprensible si tenemos en cuenta que eran palabras consideradas inapropiadas para aparecer en los textos. Tonto sigue siendo hoy la voz más común, popular y frecuente en España, pero zonzo, que también lo fue hasta principio del s. XIX, desapareció definitivamente a mediados de ese siglo, quizá cansado de rivalizar con tonto. Por el contrario, zonzo sigue usándose con gran vitalidad en América.

TOP-MODEL y SUPERMODELO. Para rivalizar con la voz inglesa top-model ‘modelo de alta costura, especialmente el muy cotizado’, nos hemos inventado en español la palabra compuesta supermodelo, todavía no recogida en el diccionario académico. La lucha entre el anglicismo y el neologismo está en pleno apogeo, con cierta ventaja ya para este último.

TRAMPISTA y TRAMPOSO. Sinónimos y derivados de trampa, el más antiguo en español es tramposo (s. XV), pues la fecha de datación más temprana de trampista es de 1612. No obstante, en el Diccionario de Autoridades (1739) se le daba preferencia a trampista («embustero, petardista, que con ardides, y engaños anda continuamente sacando dinero prestado, ù géneros fiados, sin ánimo de pagar»), ya que en la entrada de tramposo se remitía a aquel: «Lo mismo que Trampista (…) Vale tambien el que hace trampas en el juego». En la actualidad, sin embargo, tramposo es la única forma usada, quedando trampista confinado en el diccionario académico como un sinónimo supuestamente en vigor, pero olvidado en realidad por el habla común.

TRANQUILAR, TRANQUILIZAR y SESSEGAR, SOSEGAR. Se empleaba hacia 1250 sessegar (del latín vulgar *SESSICĀRE), que todavía en la Edad Media derivó en sosegar. Este entró en concurrencia a principio del s.XVII con el cultismo tranquilar (lat. TRANQUILLĀRE), que en el siglo siguiente derivó en tranquilizar. Desde entonces sosegar y tranquilizar son verbos sinónimos y rivales, que se mantienen vivos aunque con cierta ventaja del último, ya que sosegar tiene un empleo más elevado y literario.

TÚ, USTED, VOS y VOSOTROS. Desde los orígenes de nuestro idioma, (lat. TU) se ha usado como pronombre singular para dirigirse a alguien que, socialmente, es un igual o inferior. También desde los orígenes de nuestro idioma y hasta los ss. XII-XIV, vos (lat. VOS ‘vosotros’) conservaba el valor de pronombre plural que tenía en latín y se usaba, además, como pronombre de reverencia con valor singular. Para evitar la ambigüedad, en el primer sentido empezó a mediados del s. XIII a emplearse vosotros (de vos y otros), primero solo con valor enfático (‘vosotros sí, no yo’), para acabar convirtiéndose en el pronombre normal de la 2.ª persona plural, sin persistencia de énfasis. Mientras tanto, vos siguió empleándose como pronombre de reverencia con carácter general en la lengua viva hasta el Siglo de Oro; aunque ya por entonces, a fuerza de extenderse cada vez más, en detrimento del , terminó por perder todo su valor respetuoso, sirviendo solo para indicar la falta de familiaridad propia de iguales o la existencia de una familiaridad poco respetuosa, sobre todo en boca de un hidalgo y dirigido a otro que no lo fuese. Este carácter molesto hizo que, desde entonces, se tendiera a evitar este pronombre, de manera que, fuera de un estilo marcadamente literario, está hoy completamente anticuado en España, México, Puerto Rico, República Dominicana, casi toda Cuba, el centro de Panamá, las costas de Ecuador, Colombia y Venezuela, y la mayor parte de Bolivia y Perú. En el resto de los territorios hispánicos se conservó el uso del vos porque, al ser una voz propia de los campesinos, acabó por generalizarse como pronombre familiar, eliminando totalmente el , en las zonas coloniales donde predominaba el habla rural. La decadencia de vos fue causada y hecha posible por la aparición de un nuevo pronombre de respeto, usted (1620), que vino a formar pareja con . El origen de usted se encuentra en el tratamiento vuestra merced, que se redujo a vusted muy poco antes (1619) de pasar a usted (plural, ustedes). Vosotros (y vuestro) desapareció totalmente del uso vivo en América, Canarias y Andalucía occidental, generalizándose en estas tierras el uso de ustedes (y suyo), aun para personas a quienes se tutea.

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