Peleas de curas

Peleas de curas

Peleas de curas | Monasterio de la Santa Faz. En la placita que hay frente a la entrada de la iglesia de Santa Verónica un numeroso grupo de clérigos se halla discutiendo con tanta vehemencia que en cualquier momento parece que vayan a agredirse físicamente. Dentro del templo está el féretro de Miguel Pascual Generoso, vecino de Alicante, aguardando a que se celebre su funeral. Es la mañana del viernes 14 de noviembre de 1681.

La disputa es por el derecho a presidir las exequias. No es una novedad. Tres meses antes, en el entierro de Juan Pascual Generoso, hermano del ahora también fallecido, las honras fúnebres fueron presididas por el clero de la parroquia de San Juan, que se adelantaron a sus colegas de la parroquia de Santa María. En nombre de ésta, el presbítero Francisco Rodrigo hizo entonces levantar acta de dicho entierro al notario Francisco Campos, para proceder luego a presentar un pleito contra el párroco de San Juan.

Ahora el pleito ha suspendido el funeral córpore insepulto y se está solventando en la propia sacristía, bajo la presidencia de Pere Torregrosa, presbítero secretario del Santo Oficio de la Inquisición de Murcia y vicario foráneo de Alicante. Mosén Batista Pastor, síndico y procurador del clero de la parroquial de San Juan, argumenta que los curas y capellanes de su parroquia siempre han presidio los funerales en esta iglesia, a lo que replica el representante de la parroquia de Santa María que la iglesia de Santa Verónica está en la huerta de la ciudad de Alicante y que siempre han sido los curas de su parroquia los que han presidido las procesiones de la Santa Faz. En realidad, además del prestigio de cada parroquia, está en juego la jurisdicción del monasterio y sus importantes rentas, incluidas las generosas donaciones que las ilustres familias alicantinas ofrecen por enterrar a sus difuntos en tan venerado lugar. Para disgusto de los curas de San Juan, Pere Torregrosa dio la razón a los clérigos de Santa María.

iglesia santa mariaIglesia Santa María

Pero no siempre el clero de Santa María ganó sus pleitos contra otras parroquias. El más importante de todos lo perdió frente a sus rivales (pues así se consideraban) de la parroquia de San Nicolás.

La rivalidad entre los curas de las dos parroquias alicantinas es tan antigua como las propias iglesias. La de Santa María es la más antigua y nació tras la conversión (purificación) en iglesia de la mezquita aljama, en 1264. La de San Nicolás fue levantada poco después sobre un antiguo cementerio musulmán. La primera fue considerada parroquia principal, hasta que la segunda le arrebató este privilegio a principios del siglo XVII.

Cuenta el cronista Viravens que «en 1461 se había tratado de mantener la igualdad entre las parroquias de Santa María y San Nicolás, siendo los jurados y cuatro hombres buenos por parroquia los que nombrarían a los consejeros de las parroquias. Pero las rivalidades entre ambas siguieron, obligando a intervenir al rey, que el 24-V-1472 determina que haya igual número de consejeros por cada parroquia».

Pero esta igualdad, este equilibrio de poder eclesiástico, se rompió cuando el Concejo de la ciudad propuso que una de las iglesias se convirtiera en una colegiata. Alicante formaba parte del arzobispado de Orihuela, pero la ciudad estaba creciendo y deseaba contar con una iglesia colegial en la que se celebrasen oficios divinos como en las catedrales. En 1593, el Concejo le pidió a Felipe II que interviniera ante el papa Clemente VIII para que erigiese colegiata a una iglesia alicantina. Para conseguirlo, el Concejo se comprometió a pagar una renta anual de mil libras al cabildo eclesiástico que se estableciera en la colegiata. A cambio, pedía que se le concediera el poder de elección de los miembros de dicho cabildo, entre los sacerdotes nacidos en Alicante.

El Papa firmó el 1 de abril de 1596 la bula por la que se erigía en colegiata a la iglesia de San Nicolás, nombrándose a continuación los primeros canónigos propuestos por el Concejo, pero tanto revuelo se originó en Alicante al conocerse la noticia, tanta indignación despertó entre el clero y los feligreses de la parroquia de Santa María, que el Rey mandó a su embajador en Roma órdenes para que solicitara la suspensión del envío de dicha bula. Y así se hizo. Este aplazamiento en la erección de la colegiata alicantina duró cuatro años. Cuando en marzo de 1600 estaba a punto por fin de recibirse, dos hechos provocaron un duro enfrentamiento entre el obispado y el concejo alicantino. El primero fue que los canónigos nombrados cuatro años atrás, aunque no habían tomado posesión de sus cargos, reclamaban al municipio 4.000 libras por atrasos devengados y no cobrados; el segundo fue que el obispo de Orihuela, José Estevan, a espaldas del Concejo, había conferido a dos de sus hermanos unas canonjías inherentes a la colegiata.

colegiata san nicolásColegiata San Nicolás

La lucha entre los poderes político y eclesiástico alcanzó su cénit durante la Semana Santa de aquel año de 1600. Tanto el Concejo de Alicante como el obispo de Orihuela deseaban a toda costa hacerse con la bula papal y, por ende, con los privilegios que otorgaba. El clero de la parroquia de Santa María, despechado, tomó partido por el poder político, pero sin enfrentarse abiertamente a la diócesis.

El Concejo convenció al virrey para que le entregase la bula papal, pero este aparente triunfo se trocó en derrota cuando los jurados alicantinos advirtieron con sorpresa que las condiciones que estipulaba la bula no eran las acordadas cuatro años atrás, sino otras nuevas y poco beneficiosas para el Concejo, pues se le privaba de la elección de las dignidades de la colegiata. Además, la iglesia de Santa María quedaba privada de su clero y sus rentas, que pasaban a depender de la colegiata de San Nicolás. Demasiado tarde comprendieron que habían sido traicionados por mosén Nicolás Martínez Clavero, a quien habían comisionado a Roma para que defendiese los intereses de la ciudad.

José Estevan exigió que se le entregara la bula, pero como el Concejo se negó, el obispo respondió excomulgando a todos sus miembros. Estos recurrieron al arzobispo de Valencia y al rey. Felipe III suspendió nuevamente la ejecución de la bula, convenció al obispo para que levantara la excomunión de los jurados alicantinos y promovió una reunión, celebrada el 19 de mayo, en la que se acordó que el Concejo entregaría 500 libras de atrasos en vez de 4.000, que los dos hermanos del obispo renunciaran a las prebendas, y que la iglesia de Santa María no perdería su clero y sus rentas.

La constitución oficial de San Nicolás en colegiata fue el 24 de julio de aquel año de 1600. Inmediatamente después, el obispo dispuso que esta iglesia pasara a ser la principal de Alicante, lo que provocó nuevas protestas del clero y feligreses de Santa María. El pleito duró más de un año, hasta que fue resuelto por el Papa, a favor de la nueva colegiata. A partir de entonces fueron las campanas de San Nicolás, y no las de Santa María, las primeras que se oirían en Alicante cada mañana y cada tarde.

romería santa fazRomeria al monasterio de La Santa Faz

Pero la rivalidad entre los dos templos cristianos más antiguos de Alicante siguió durante mucho más tiempo. Como consecuencia de que los clérigos de San María no permitieran la entrada en su iglesia a los de San Nicolás durante los oficios por la festividad de la Concepción de 1659, y éstos se querellaran, el 13 de enero del año siguiente el papa Alejandro VII firmó un decreto en el que ratificaba la prohibición de que los clérigos de la colegiata celebrasen actos en la iglesia de San María, y viceversa, bajo pena de multa de 500 ducados y excomunión.

Y el 24 de abril de 1683, Tomás Gironés, en nombre del deán y cabildo de San Nicolás, se querelló contra el clero y capellanes de Santa María por la presidencia en las procesiones.

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