¡Tela marinera!

¡Tela marinera!

En el Planeta Tierra hay 14 cumbres de más de ocho mil metros. ¿Por qué? Por culpa de Napoleón Bonaparte. Este “Imperator” decidió unificar el sistema de medidas. Menos el Reino Unido, por eso de llevar la contraria, así se hizo. De ser el metro otra cosa, tendríamos 7 montañas de más de tropocientos X o 35 de minimil Y.

¡Tela marinera! Vaya usted a saber. Pero no. Un metro es la diezmillonésima parte del cuadrante terrestre y se conserva en un patrón de platino iridiado en el Instituto de Pesas y Medidas de París. Partiendo del metro podemos establecer medidas de longitud, superficie y volumen. Pero también tenemos el litro que es un cubo de diez centímetros de lado. Pero si ese litro es de agua destilada a una temperatura superior a 0º, es decir, que no esté helada, y de menos de cien º, es decir, que no esté en ebullición, tenemos un kilogramo de agua. Si mantenemos el volumen pero cambiamos el agua por otro producto, obtendremos un peso distinto. Tendremos también la densidad. Un volumen de un decímetro cúbico que pese1,3 kilogramosserá más denso que el agua y por lo tanto se hundirá. Si el peso es inferior a1 kilogramo, flotará en agua. Bien, ya sabemos de medidas de longitud, volumen y densidad que es la relación entre el volumen y el peso.

Los antiguos romanos del tercer siglo antes de Cristo tenían una medida monetaria llamada AS. Es decir el 1. Diez ases eran un DENARIO (DENARIUS).  Durante siglos y aún hoy, hay muchos países musulmanes que utilizan como moneda el DINAR. Por vía Bizantina se transmitió al mundo Árabe el nombre de la moneda.

Hay veces en que cerramos el puño, adelantamos el dedo índice, sin abrirlo, en el hueco colocamos el pulgar y con esta punta de la mano derecha golpeamos sobre la palma de la mano contraria mientras decimos: ¡VAYA TELA! Otras veces decimos: ¡TELA MARINERA!

Ahí es a donde iba. De aquel vetusto denario derivaron palabras relacionadas con el valor de las cosas.   La que nos interesa es el “dinero”. Principio y final de nuestros bienes y de nuestros males. ¡Cochino dinero! Decimos cuando carecemos de él.

Pero ¿a qué viene tanto lío? Es sencillo. Durante muchos años el combustible más ecológico del mundo ha sido el viento que movía barcos y molinos. Las velas recogían este “combustible”. Pero las velas debían ser de calidad. No servía una seda por muy sutil por grácil que fuera, ni una red por muy robusta. Ahora nos parece normal pero hubo un tiempo en que más que el barco, valía el cordaje y el velamen. Si unas velas guardadas en la bodega se pudrían, ya se había perdido el viaje. ¿Qué tejido podía dar resistencia y durabilidad a la vez de ser más o menos fácil de trabajar? El algodón. Este se media, una vez tejido, por onzas. Pero el comprador necesitaba saber la resistencia de dicha tela. Tras muchos años y vicisitudes, se acordó que se mediría por los gramos que pesaban 9.000 metrosdel hilo que se usaba para urdir la tela. Esa unidad llegó a tener valor de dinero y los ingleses comenzaron a llamarlo DENIER.  ¿Qué tela era la mejor? La que más denieres tenía y por lo tanto garantizaba una mayor duración, resistencia al viento, etc. Un hilo grueso y prieto daba lugar a una lona que, un poco húmeda, era impenetrable al viento y a la propia agua. En cualquier asalto a un barco, tras las armas y los metales preciosos, se recogía el velamen y el cordaje. Por ese orden. España es un país marítimo. Y ahora se usa gasoil. Pero imaginemos enla Lonjade Caballeros, antigua Lonja próxima al actual Ayuntamiento de Alacant a dos comerciantes hablando de la calidad del tejido de algodón con que iban a tejer el velamen de un barco o una flota. Uno le presenta al otro un trozo de tejido. Fuerte, sin “pelotillas”, bien hilado. El otro diría: ¡Vaya tela! El vendedor diría, afirmando la calidad del producto: ¡Tela marinera!

Lo que son las cosas.

Pero el tema no acaba aquí. La industrialización llevó al exceso de producción y fue más barato cambiar las velas de los barcos. Los primeros vaqueros vascos, astures, gallegos o andaluces que llegaron a Nueva España necesitaban proteger su entrepierna del roce con los lomos del caballo con unas perneras que los señoritos hacían de cuero. Eso era muy caro. Fabricaron dichas perneras  de tela de vela vieja y para disimular la roña, las tiñeron de índigo. También fabricaron toldos para las carretas y, según avanzaba la industrialización, ropa de trabajo. Pantalones, petos, monos. Un avispado emigrante judío acaparó todo el tejido de algodón que pudo y lo compró por onzas. Fabricó en serie el primer tipo de pantalón de trabajo con múltiples bolsillos y de gran resistencia. Se llamaba Levis-Straus.

EUSEBIO PÉREZ OCA

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