Zayyan | Ma’a-s-salama, Laqant

Zayyan | Ma’a-s-salama, Laqant

Zayyan | Ma’a-s-salama, Laqant | Zayyan salió de la mezquita aljama seguido de sus criados más fieles y se reunió en el zoco con el resto de su séquito, formado por sus esposas, esclavos y un bien pertrechado grupo de guerreros. Aunque el sol hacía poco que había iniciado su ascenso, el calor empezaba a hacerse notar aquella primera mañana de safar del año 645 de la Hégira (viernes, 7 de junio de 1247 de la era cristiana).

Levemente encorvado, levantando a duras penas de la tierra las sandalias de cuero, anduvo por la vía principal de la medina, de la que partían a la derecha calles estrechas y empinadas que serpenteaban por la ladera del monte. Zayyan estaba triste porque estaba a punto de abandonar Sharq al-Andalus para siempre, pero aliviado porque por fin atisbaba el fin de sus penurias.

Zayyan ibn Mardanish había conocido tiempos mejores. Había sido rey de Balansiya tras derrocar al almohade Zayd Abu Zayd con ayuda de la poderosa familia del «rey Lobo». Pero también había sido el último rey musulmán de Balansiya, puesto que nueve años después hubo de entregar la ciudad a Jaime, el rey cristiano de Aragón.

Tras atravesar la puerta que se abría en la muralla de tierra apisonada, abandonó la medina seguido de su séquito y se dispuso a cruzar el arrabal, de calles más lisas pero edificios más humildes. Luego dejó atrás la suwayga o mercadillo que había en la placita de la mezquita menor, colindante a la cual se hallaban unos baños cuyas aguas venían del manantial que había al otro lado del monte Benna Laqanti; mediante acequias, el agua atravesaba la medina, suministrando las fuentes y los baños de la mezquita aljama, así como el lavadero, y proseguía luego hasta el arrabal y la huerta.

Siete meses después de abandonar Balansiya, el 16 de ramadán del 636 (22 de abril de 1239), Zayyan fue nombrado rey de Mursiya, territorio que se extendía entre los dos grandes ríos que había al septentrión y al mediodía de Laqant, la villa en la que ahora se hallaba. Su reinado solo duró dos años, pero durante ese tiempo logró establecer pactos con los monarcas de Aragón y de Castilla, y reanudó los lazos de amistad con los hermanos musulmanes de Ifriqiya. Gracias a aquellos pactos, muchos musulmanes de Sharq al-Andalus consiguieron huir del peligro que se avecinaba, hallando seguridad en las ciudades costeras de Ifriqiya. La mayoría partió del mismo puerto al que ahora se dirigía él, por el camino que bordeaba la huerta y la rauda o cementerio del arrabal de Al-Laqant.

ramadan

Tras ser destronado en Mursiya por Muhammad ibn Hud al-Dawla, Zayyan fue desterrado a Laqant, donde gobernó empero con plena autonomía. Prueba de ello fue su negativa a acatar el pacto que en Alcaraz acordaron Ibn Hud y el rey cristiano Fernando III, según el cual el reino musulmán de Mursiya pasaba a estar bajo el protectorado de Castilla. De haber aceptado, él habría recuperado los señoríos de Lurqa y Uryula, además del de Laqant, pero a cambio debía convertirse en vasallo del rey cristiano, entregándole la mitad de sus rentas. Y no quiso.

Al llegar al muelle, Zayyan no se demoró en subir a bordo de la nave que le esperaba. Y detrás de él embarcó su séquito. Una vez colocado el abundante equipaje, la nao zarpó en silencio y sin que apenas nadie les despidiera desde tierra. Como muchos otros antes que él, Zayyan abandonaba su tierra natal para siempre y partía rumbo a Ifriqiya desde el puerto de Al-Laqant. Y como antes, quienes se quedaban y debían hacer frente al inquietante devenir eran los que no tenían posibilidad de pagar el pasaje.

Zayyan sabía que en Ifriqiya le esperaba una vida cómoda y tranquila, gracias al sultán al-Mustansir, heredero y sucesor de su gran amigo Abu Zakkariyya. Éste había sido su protector, aunque no llegara a tiempo de ayudarle durante el asedio que sufrió en Balansiya por las huestes cristianas. Aun estando tranquilo por su futuro, Zayyan sufrió un escalofrío y se entristeció al ver alejarse Laqant desde la popa de la nave. Bajo la reluciente luz del sol, la medina y su arrabal empequeñecían, acurrucándose en la falda del monte coronado por la alcazaba como cachorros blanquecinos y medrosos cobijados en el regazo de su madre. «Ma’a-s-salama, Laqant», se despidió susurrando.

Pero en realidad la pena que sentía Zayyan no era por Laqant, que muy pronto pasaría a manos del rey de Castilla. Ni tampoco se sentía preocupado por el futuro que esperaba a sus otrora súbditos. Su tristeza se debía a la pérdida de poder. Para preservar un territorio en el que reinar, cinco años antes en Bairén había propuesto al rey Jaime entregarle el señorío de Laqant a cambio de la isla de Menurka. Pero el rey aragonés rechazó su oferta alegando que debía ser fiel a un tratado que habían suscrito los monarcas de Castilla y Aragón sesenta y tres años atrás, según el cual la conquista de Al-Laqant para la cristiandad estaba reservada para Castilla, pese a que casi todo el territorio de los alrededores pertenecía ya a la corona de Aragón.

coronas de castilla y aragón

Zayyan, el último gobernador musulmán de Laqant, apartó la mirada de la costa y se dirigió a proa. La nave salía ya a mar abierto, dejando atrás la bahía flanqueada al septentrión por un cabo que sobresalía en tierra de huertas y a mediodía por otro llamado Al-Nadur. A oriente se veía la isla Blanasia, plana y alargada.

Los historiadores discrepan sobre la fecha exacta en que Zayyan ibn Mardanish se fue de Alicante. Los cronistas Viravens y Jover dicen que la ciudad primero, y su castillo después, fueron conquistados por los cristianos en 1248, pero nada dicen de la partida de Zayyan; otras fuentes sin embargo señalan que Alicante no fue realmente ocupada por las tropas castellanas hasta 1249. En la «Historia de la ciudad de Alicante», tomo II, Juan Manuel del Estal asegura que Zayyan se fue en la primavera de 1247, pero en el mismo libro Rafael Azuar repite que se marchó «hacia 1249, y no antes».

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