Saltar al contenido

La barrera hematoencefálica, funciones básicas del cerebro

Dentro del cuerpo humano, no existe, seguramente, un órgano que se considere más importante que nuestro cerebro. Y con razón. El cerebro, como se ha mencionado muchas veces, es el encargado de regular las funciones comunes del cuerpo, esas que nos mantienen con vida y funcionando de forma óptima. Incluso los latidos del corazón, que podría ser el órgano que compite en importancia con el cerebro, son regulados por este último. Es un “músculo” importantísimo, al que debemos ejercitar diariamente con el fin de fortalecerlo. Al mismo tiempo, este tiene su propia protección que es la que le ayuda a mantenerse en condiciones óptimas.

La barrera hematoencefálica es una de estas protecciones, que ayuda a que el cerebro evite presiones innecesarias al mantenerlo relativamente aislado de agentes sanguíneos.

El cerebro es protegido por medio de esta barrera como lo estaríamos nosotros por medio de un escudo. De esa forma puede evitar daños ocasionados por la presión a la que se ve sometido dentro del cráneo. En este post descubriremos lo que es la barrea y cómo protege al cerebro y le permite llevar a cabo sus funciones. Comprenderemos algunas cosas más sobre el cerebro humano y cuáles son los puntos importantes del mismo.

Hablemos del cerebro

Cuando hablamos del cerebro, nos referimos al órgano o músculo más importante del cuerpo humano. Es una masa de tejido nervioso que constituye la parte superior y más voluminosa del encéfalo (Un cerebro humano puede pesar cerca de un kilo y medio).

El cerebro es el encargado de llevar a cabo las funciones cognitivas, como son el pensamiento, la vista, el habla y muchas otras. Al mismo tiempo, es el que lleva y regula las funciones más primitivas pero igual de imprescindibles; el hambre, el sueño, los movimientos, entre otros. Y por supuesto, es el que envía los impulsos nerviosos a los demás órganos para que lleven a cabo su trabajo.

El cerebro humano es mucho mayor que el de la gran mayoría de los animales, y al mismo tiempo tiene una conformación similar al del resto de los mamíferos. Es por esto que los seres humanos nos consideramos más inteligentes que los animales, pues hemos sido creados con una capacidad reflexiva mayor, gracias a nuestro cerebro. Es por ello que es importante que, como personas, cuidemos nuestro cerebro, para que él pueda velar por nosotros. Aun así, el cerebro tiene algunas formas de protegerse a sí mismo.

La barrera hematoencefálica, el primer escudo del cerebro

El cerebro, como parte de su posición de gran importancia dentro del cuerpo, tiene a su alrededor su propio anillo de seguridad que todos conocemos. Su protección principal es el cráneo, que es tomado como la formación ósea más dura del cuerpo; al mismo tiempo está protegido por la columna vertebral, y un sistema de tres capas de membranas llamadas meninges. Toda esta protección le pone en un puesto muy alto en la jerarquía corporal.

No obstante, cuando hablamos de protección nos referimos a la barrera hematoencefálica como el primer escudo, porque si bien las demás protegen al cerebro de los traumatismos y golpes que pueda sufrir, la barrera es la protección que actúa para proteger al cerebro de los virus e infecciones que puede adquirir a través de la sangre. Es justo por eso que la barrera es el primer escudo del cerebro, pues si bien los otros le protegen de agentes externos, la barrera hematoencefálica lo protege de agentes dentro del propio cuerpo.

El descubrimiento de la barrera

Durante mucho tiempo, aunque si bien ya se sospechaba que había algo que separaba la sangre del resto del cerebro, no se habían hecho experimentos al respecto y se trabajaba únicamente por fe en este aspecto. No fue hasta el año 1981, cuando un investigador alemán de nombre Paul Ehrlich llevó a cabo experimentos en animales, introduciendo una tintura en su riego sanguíneo, y observando después que el único punto que no se teñiría sería el sistema nervioso central, y el encéfalo más concretamente. De esta forma se determinó que el motivo de esto debía de ser un sistema de protección como membrana que aislaba al cerebro de la influencia de la sangre.

Tiempo después, Edwin Goldman, intentó el proceso contrario, tintando el líquido cefalorraquídeo, observando que las únicas partes con color correspondían posteriormente al tejido nervioso. Estos experimentos demostraron la existencia de algo que produce un bloqueo bastante fuerte entre el sistema nervioso y el resto del organismo. Ese algo sería luego denominado barrera hematoencefálica y sería estudiado por científicos y expertos alrededor del mundo.

Funciones de la barrera

Para que exista un funcionamiento cerebral óptimo y correcto, es imprescindible que haya una comunicación correcta entre las neuronas y el resto del cerebro. Para ello debe mantenerse un equilibrio entre las sustancias en el interior de las neuronas y en el líquido extracelular que se encuentra a su alrededor. Si en algún momento ese equilibrio se ve afectado y las sustancias cambian, esto podría afectar al cerebro causando alteraciones en sus funciones y en su desempeño.

Esta barrera se encarga de regular estas sustancias para mantener el equilibrio y permitir que el cerebro trabaje a capacidad completa. Si buscamos un ejemplo, cabría destacar que muchos de los alimentos que consumimos tienen en su composición sustancias químicas que podrían causar alteraciones en el cerebro y su funcionamiento. La barrera lo que hace es evitar que dichas sustancias penetren al interior del mismo y causen problemas en sus funciones.

Cabe destacar, de manera importante, que esta barrera no posee la misma composición y densidad en todas las partes del cerebro. Hay lugares en los que posee más permeabilidad que en otros, puesto que hay sustancias que son bienvenidas en unas partes del cerebro, pero que no pueden penetrar en otras por motivos de salud.

Como comprendemos, esta barrera sirve para mantener el adecuado funcionamiento de las neuronas, controlando la entrada y salida de sustancias químicas en el cerebro. No obstante, y desgraciadamente, la barrera actúa de forma tan eficaz en su labor de evitar el paso de sustancias extrañas al cerebro que normalmente evita también que los medicamentos lleguen a éste.

¿Qué sustancias atraviesan la barrera?

Existen algunas sustancias más susceptibles a atravesar la barrera que otras. Las sustancias que en su composición presentan estas características penetran más fácilmente que otras.

  • Las moléculas pequeñas pasan con más facilidad la barrera hematoencefálica que las de gran tamaño.
  • Las sustancias liposolubles son capaces de atravesar con mayor facilidad la barrera, mientras que los que no lo son lo encuentran más difícil. Un ejemplo de los elementos que pueden pasar la barrera son los barbitúricos, que son medicamentos. Otro ejemplo son el etanol, la cafeína, la heroína y la cocaína.
  • Las moléculas que poseen menor carga eléctrica pasan la barrera más fácilmente que las que tienen carga elevada.

Algunas moléculas pueden atravesar la barrera. Más que nada, la atraviesan las moléculas de glucosa, oxígeno y aminoácidos que son importantes para el funcionamiento adecuado del cerebro.

No obstante, esta barrera excluye un aproximado del 98% de las moléculas de gran tamaño, y buena parte de los fármacos, por lo cual es difícil elaborar medicamentos que actúen directamente en el cerebro.

¿Qué cosas pueden afectar la barrera?

La barrera hematoencefálica puede verse afectada por distintos agentes externos que pueden dañar su estructura y alterar su funcionamiento. Estos trastornos o elementos son los siguientes:

  • La hipertensión o tensión alta pueden hacer que la barrera se altere y se vuelva de pronto más permeable, lo cual puede ser peligroso para nuestro organismo.
  • La exposición prolongada a agentes radiactivos puede afectar el funcionamiento de la barrera haciéndola más débil.
  • Las infecciones en el sistema nervioso central la debilitan. Por ejemplo, la meningitis es una enfermedad que debilita fuertemente la barrera.
  • La esclerosis múltiple es una enfermedad cuyos pacientes pueden tener fugas en la barrera. Esto provoca que lleguen demasiadas células blancas al cerebro, donde por error atacan la mielina.
  • Los traumatismos pueden producir daños directos al cerebro, dañando así también la barrera.