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Leonardo Da Vinci: Uno de los hombres más ilustres del Renacimiento

El ser humano que concentra en su historia personal todo aquello que nos figuramos como El Renacimiento es Leonardo Da Vinci. Época mágica, ya la expresión lo dice, renacimiento, volver  nacer, resucitar. Es inolvidable aquellas clases de la adolescencia y nuestras incursiones en la historia del arte, nuestro primer encuentro con aquella enigmática mujer que todos conocen como  La Gioconda o  Mona Lisa, cuantos ratos pasamos contemplando ese hermoso rostro de indescifrable sonrisa, para otros más bien un rictus misterioso y hasta amenazante. Leonardo nació en la ciudad Vinci el día el 15 de abril del año 1452, nos separan de él más de quinientos años, medio siglo, tanta distancia temporal, y sin embargo, un hombre tan de estos tiempos de ahora. Fue el hijo ilegítimo y primogénito del notario Piero Fruosino di Antonio da Vinci, y de Caterina, una campesina. A su bautismo, en la iglesia parroquial de Santa Croce no asistieron ninguno de sus padres por no estar casados.

Leonardo Da Vinci

Esto desde un primer momento lo señala como un fuera de serie, un extraño desde su origen a las normas sociales y religiosas. Su origen “bastardo” tuvo como consecuencia pasar la infancia en varia casa de crianza, la de su madre, luego la de su padre con madrastra y por último el hogar de los abuelos paternos.

Hacia el año 1460 lo llevaron a vivir en Florencia, emporio del arte italiano, una meca artística para la época. Leonardo Da Vinci comenzó sus estudios de arte y a la par de estos, se dedicó a estudiar anatomía, ingeniería y elaboración de nuevos armamentos. Este hombre fue tan raro que hasta fue vegetariano, a los que comían carne los llamaba “devoradores de cadáveres”. No se le conoció relación con mujeres a excepción de su amistad con Cecilia Gallerani.

Fue un creador con obsesión anotadora de cualquier idea o imaginación que sacudiera su mente eso lo llevó a llevar consigo una serie de cuadernos conocidos como el Codex Atlanticus, contiene todos los dibujos, estudios y bocetos de sus invenciones, creaciones y exploraciones en el mundo del conocimiento. Estos cuadernos fueron reunidos y encuadernados por Pompeo Leoni después de la muerte de Leonardo, hacia fines de los años 1500. Gracias a este codex, conservado oficialmente desde 1637 es que tenemos noticias visuales de muchos de los siguientes inventos: el helicóptero, la bicicleta, el automóvil, la calculadora, el puente plegadizo, la ametralladora y los planeadores.

Todos de uso popular e imprescindible en nuestros tiempos. A estos inventos se añaden las primeras concepciones humanas de robots y unas enormes lupas que tendrían la función de concentrar la luz solar como  una especie de gran lanza rayos de luz incendiaria sobre barcos enemigos.

El helicóptero

El ingenio de Leonardo lo llevó a concebir el primer prototipo del helicóptero, vehículo aéreo tan común en estos días. Para el siglo XV pensar en hacer lo mismo que las aves era casi concebir una herejía, era desafiar los designios de Dios, que no le había dado alas al hombre.

Da Vinci construyó en 1486  su aparato formado de una placa circular, con un eje atravesado por un tornillo de unos 10 metros de diámetro que al girar produciría un empuje que permitiría el milagro de volar. Las pruebas del prototipo fracasaron en su pretensión voladora, solo logró girara como un trompo sin levantarse de la tierra.

La bicicleta

En el Codex Atlanticus encontramos el primer dibujo de lo que se conoce como la popular bicicleta. Es un esquema de dos ruedas alineadas, con rayos, manubrio, asiento,  todo un sistema de dirección y una transmisión de cadena con tracción en la rueda trasera y pedales.

Estos últimos al igual que las bicicletas modernas, muestran unas bielas fijadas a un plato dentado en el cual se engancha la cadena. En cuanto al manubrio, no se precisa si con este se puede hacer doblar la rueda delantera o si es fijo.

El automóvil

Da Vinci diseña el primer un vehículo autopropulsado. Esto superaría las carretas y coches impulsados por caballos. Este carro de madera, se accionaba por la interacción de muelles con ruedas dentadas.

Este automóvil no se movería con gasolina o con un motor, sino mediante a un mecanismo que darían la propulsión, un mecanismo similar al de los antiguos juguetes, el de las cuerdas antes de la aparición de las baterías.

Es en concreto un carro de madera con varios muelles ballesta para regular el movimiento, al tiempo que la propulsión proviene de dos muelles de espiral colocados en la parte baja del prototipo y que le permiten recorrer varios metros de forma autónoma. La máquina está dotada de un rudimentario diferencial, que permite controlar la dirección.

Leonardo diseñó su automóvil con la idea de presentarlo en los festivales cortesanos del Renacimiento, buscaba de este modo impactar las mentes y el ánimo a los grandes funcionarios y personajes italianos durante esas fastuosas y grandes fiestas y reuniones.

La calculadora

El 13 de febrero de 1967 se descubrió en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid, dos trabajos desconocidos de Leonardo da Vinci, mismos que fueron nombrados y conocidos como Codex Madrid. Posteriormente se dijo que eran hojas sueltas y extraviadas del Codex Atlanticus.

En estos manuscritos se diseña y describe el funcionamiento de una máquina para sumar o máquina de calcular mecánica, seguramente concebida por Leonardo alrededor del año 1500.

El puente plegadizo

Leonardo en su incansable afán inventivo concibió la idea de una serie de puentes. El puente autoportante, el puente giratorio, el puente de dos plantas, el puente giratorio de barcas, el puente canal y el puente del Cuerno de Oro. El primero de estos, el puente autoportante era el de características plegadizas.

Es un puente fácil de construir, es portátil, práctico y se sostiene así mismo sin necesidad de fijar los componentes de su estructura, estos se entrecruzan entre sí. Es un conjunto de tablones de madera y que gracias a su propio peso quedan así entrelazados. La intención era construir un puente portátil de forma sencilla y rápida para salvar pequeños obstáculos en mundo conflictivo y de guerras frecuentes del renacimiento.

La ametralladora

Como ya dijimos ante, el mundo en que le tocó vivir a Leonardo Da Vinci fue altamente conflictivo, él en lo personal se oponía a la guerra, pero de tanto ver y padecer la violencia y brutalidad de estos conflictos, decidió solucionarlos sino por las buenas, entonces sería por las malas por lo ineludible de las matanzas. Se dedicó febrilmente a diseñar una gran cantidad de factura muy avanzadas para esos años: ametralladoras de múltiples cañones, ballestas gigantes, torres de asedio, bombas de racimo, y un vehículo antecesor de tanques de guerra.

Buscaba obtener el apoyo financiero del duque de Milán y de Cesare Borgia de Florencia; ganarse la confianza y admiración de estos, y poder entonces ofrecerles todo el resto de sus trabajos armamentistas. Da Vinci ilustra el plan de bombardeo con 16 cañones radiales; la idea propia del diseño va más allá de ser un cañón. Además de esto, la máquina alberga un par de palas mecánicas y ruedas dentadas, mostrando las grandes posibilidades de esta arma masiva.

La ametralladora era un arma de varios cañones, fue dibujada en 1480. Cuenta con un mecanismo de puntería y de carga, mostrando un amplio ángulo de tiro. El arma era muy manipulable para trasladarla en batalla, no era de gran peso y contaba con un sistema de ruedas.

Los planeadores

Hasta el momento Leonardo es el primero en concebir un artilugio volador cumpliendo en un gran porcentaje las leyes y las exigencias de la ingeniería en el seno de la cultura occidental. Para esto, imitando la estructura de los insectos y aves, diseñó una serie de aviones a los que llamó ornitópteros. Tenían distintos estilos y funciones: para uno o varios pasajeros, de un piso o dos, con el piloto acostado o de pie.

El piloto era el motor impulsor, este debía mover con sus brazos, piernas, pies y dedos el mecanismo de las alas mediante un ingenioso sistema de poleas y cables. Es interesante destacar que Leonardo concluyó en sus cálculos las dificultades de vuelo de estos aparatos y las enormes posibilidades de su helicóptero, otro famoso término de resonancia entomológica.