Curiosidades

El primer manicomio del mundo

El primer manicomio del mundo

Desaparecidos casi por completo en la actualidad, los manicomios siguen figurando en el imaginario colectivo como lugares lúgubres y horribles debido en buena parte a la descripción que se ha hecho de ellos en el cine y la literatura. Pero en realidad su origen fue tan beneficioso como revolucionario. ¿Cuál fue el primer manicomio del mundo?


Durante siglos los locos eran considerados posesos. Los peligrosos eran encerrados en las cárceles o en partes concretas y aisladas de albergues u hospitales.


Se sabe que en el siglo XIV había lugares donde existían hospitales con celdas especiales dedicadas al aislamiento de los locos (Upsala, en 1310; Brescia, en 1318; Bérgamo, en 1321; Elbing, en 1326; Hamburgo, en 1375; Erfurth, en 1385), pero no eran manicomios, tal como ahora los entendemos. En ellos no solo faltaba el tratamiento oportuno, sino que la asistencia adolecía de inhumanidad. Los locos eran encadenados o enjaulados, se les azotaba y apenas si se les alimentaba. El Hospital de la Santa Cruz de Barcelona aceptaba en 1401 a dementes en sus salas, pero eran exclusivamente sacerdotes.


El primer manicomio u hospital psiquiátrico del mundo, según los cánones actuales, abrió sus puertas en Valencia el 1 de junio de 1410.


Se dice que el mercedario fray Joan Gilabert Jofré marchaba el viernes 24 de febrero de 1409 desde su convento a la catedral valenciana, cuando vio a un grupo de jóvenes que maltrataban en la calle a un perturbado. Lo rescató y se lo llevó a su convento, donde le dio cobijo e hizo que le curasen las heridas. Dos días después (primer domingo de Cuaresma), en el sermón que pronunció en la catedral, el padre Jofré predicó en contra de la persecución de los pobres perturbados que deambulaban por las calles de la ciudad y los caminos rurales, proponiendo la apertura de un centro donde darles alojamiento y cuidados médicos. Al descender del púlpito, once comerciantes y artesanos se le acercaron para ofrecerle su ayuda. Poco después, el Consejo General de Valencia aprobó la iniciativa.


Se eligió como asilo una casa con huerta que había a las afueras de la ciudad, cerca de la puerta Torrent, que después pasaría a llamarse Puerta de los Locos. Las obras de rehabilitación comenzaron el 9 de mayo y muy pronto se obtuvo el permiso del rey Martín I el Humano. Se inauguró en la fecha antes señalada, con el nombre de Hospital de los Pobres Inocentes.


Tal como señalaban los estatutos aprobados por el rey Martín el 15 de marzo de 1410, esta institución hospitalaria «debe ser totalmente laica y de hombres llanos en lo tocante a categoría, jurisdicción y toda clase de tratos». Además, y por primera vez en todo el mundo, se trataba de un establecimiento para hombres y mujeres que habían perdido la razón a quienes se proporcionaba un tratamiento sanitario específico, basado en el ejercicio, juegos, trabajo, entretenimiento, dieta e higiene (los varones trabajaban en la huerta y las mujeres tejían), si los facultativos consideraban que eran curables; o se les proporcionaba alojamiento y manutención si eran incurables. Por consiguiente, y también por primera vez en la historia universal, los locos no solo eran liberados de sus cadenas, sino que eran considerados y tratados como enfermos.


En 1545, un incendió destruyó casi todo el hospital, en el que perecieron 30 internos. Fue reemplazado por un nuevo hospital, que contó con un departamento especial para niños, algo completamente novedoso.


El modelo revolucionario del Hospital de los Pobres Inocentes de Valencia fue copiado muy pronto en otros lugares de España y sus colonias americanas: el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona empezó a acoger dementes que no eran sacerdotes a partir de 1412; en 1425 se fundó el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, en Zaragoza; en 1436, el Hospital de los Inocentes de Sevilla; en 1489, el de Valladolid; en 1456, el de Palma de Mallorca, dentro del Hospital General; en 1480, el Hospital de los Inocentes, en Toledo; en 1527, el Hospital Real de Granada empezó a acoger enfermos mentales; en 1566, el Hospital de Madrid; en 1567 fray Bernardino Álvarez fundó el San Hipólito en México; etcétera.


El primer hospital inglés especializado en dementes no se fundó hasta 1796 (The Retreat, en Cork) y el primero que abrió sus puertas en la América anglosajona lo hizo ya en el siglo XIX: una división del Massachusetts General Hospital, en 1811.


Pero por aquél entonces todavía no se llamaban manicomios a tales hospitales especializados en la atención de enfermos mentales.


La palabra manicomio ‘hospital para locos’, formada con manía y el verbo griego κxομεîν ‘cuidar’, está documentada por primera vez en español en 1855 y fue registrada por la Academia a partir de 1869.


Los manicomios empezaron a desaparecer en Europa durante las décadas de 1960 y 1970. En España, la Ley General de Sanidad aprobada en 1986 dio inicio a una reforma que supuso el cierre progresivo de los manicomios, al mismo tiempo que se impulsaba el desarrollo de las unidades de salud mental atendidas por equipos de profesionales, equiparando así a los enfermos mentales con las personas que padecían otras patologías. Pero esta reforma fue, y sigue siendo, incompleta, por la falta de medios que imposibilitan el desarrollo de estas unidades de salud mental que deben atender a los pacientes. Dichas unidades no solo son pocas, sino que además muchas de ellas no garantizan la atención más básica. En consecuencia, puede decirse que el cierre de los hospitales psiquiátricos ha supuesto el traspaso de la atención de los enfermos mentales a los hogares, donde los familiares se han convertido en improvisados cuidadores, sin los conocimientos necesarios ni las ayudas sanitarias y económicas precisas. En cualquier caso, en España todavía existen cinco hospitales psiquiátricos, que están a medio camino entre los antiguos manicomios y las modernas unidades de salud mental: tres están en Galicia y los otros dos, penitenciarios, en Alicante y Sevilla.


Del primer manicomio del mundo, en Valencia, hoy solo quedan la portada y una de las dos enfermerías. Actualmente es la Biblioteca Pública Provincial.

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