Palabras masculinas derivadas de su femenino

Palabras masculinas derivadas de su femenino

Del latín clásico AVIA ‘abuela’ derivó en el latín vulgar el diminutivo AVIŎLA ‘abuelita’, de donde saldría (en vez del clásico AVUS) el también latín vulgar AVIOLUS ‘abuelito’. En 1241 aparece por primera vez en castellano la palabra abuela, tomada del latín vulgar AVIOLA, de donde derivaría posteriormente el masculino abuelo.

            Bruja (bruxa en la grafía antigua) es una voz de origen desconocido (quizá prerromana) que apareció en español hacia 1400, de donde derivó (1475) el masculino brujo (bruxo).

            Nieta, del latín vulgar NEPTA (en latín clásico NEPTIS), aparece en un texto castellano por primera vez en 1124, mientras que nieto aparece antes (nepto en 1022, nietu en 1062). Esto se debe, según Corominas, a «la mayor importancia del varón en genealogías, herencias y generalmente en la vida oficial de aquel tiempo; pero en realidad nieto se sacó secundariamente de nieta».

            El clásico SOCRUS fue sustituido en el latín vulgar por SOCRA, de donde tomó el castellano suegra (socra en 1030, sogra en 1148). En cuanto a suegro, según Corominas, en lugar de proceder directamente del latín SOCER, se derivó del femenino correspondiente, empleado con mayor frecuencia. La Academia sin embargo parece discrepar, pues en su diccionario coincide con la etimología del femenino, pero en cuanto al masculino dice derivarse directamente del latín SOCER. El eminente etimólogo explica concienzudamente (como suele ser habitual en él) su teoría: «En latín el femenino SOCRUS y el masculino SOCER, -ERI, son generales en los clásicos, pero un femenino SOCRA aparece también en inscripciones y es natural que triunfase esta forma de terminación femenina, tratándose del nombre de una mujer (…) del cual se sacó analógicamente un masculino SOCRUS, ya documentado en algunos glosarios (…); la suegra desempeña un papel más importante en la vida familiar que el suegro, por su difícil relación frente a la nuera, y por la vida más casera de ambas; de ahí que su nombre tradicional sirviera de base para la denominación romance de suegra y suegro».

            En latín, el vocablo VIDUUS ‘viudo’ es más tardío que el femenino VIDUA, que le sirvió indiscutiblemente de modelo. En castellano ocurrió lo mismo, pues el masculino viudo, que derivó del femenino, no figura en ningún texto anterior a fines del s. XV; mientras que viuda aparece mucho antes (bibda en el Cid, viuda en 1201).

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