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Todo lo que necesitas saber para detectar una depresión mayor

Hay situaciones en la vida que junto a nuestra capacidad de sobrellevar problemas y estabilidad mental puede someternos a una enfermedad muy famosa conocida como la depresión.

La depresión mayor se define como una enfermedad mental que se caracteriza por la presencia conjunta de una serie de síntomas importantes, alargándose su presencia por lo menos durante dos semanas. Para garantizar que el individuo realmente esté pasando por una depresión es necesario detectar que al menos uno de esos síntomas sea como mínimo un estado de ánimo triste, o una pérdida de interés en actividades que normalmente se considerarían entretenidas.

Estos síntomas fácilmente lo podemos confundir con una simple tristeza debido a que el malestar general es muy similar, pero la depresión va más allá de esas manifestaciones.

Existe un subtipo, que también se confunde con la depresión, denominada melancolía, en el que coinciden a su vez una serie de síntomas, como la pérdida de placer muy fuerte, la falta de reactividad emocional o la inhibición psicomotora.

Es un error muy común equivocarse al diagnosticar la tristeza como una depresión ya que a pesar de que estén estrechamente relacionados y tengan síntomas similares, la depresión mayor forma parte de un extremo más lejano e incapacitante para la mente humana. Un extremo en el que la persona que la sufre se encuentra en un ambiente oscuro, tortuoso y desesperanzador.

Estas características las usan para describir la sensación o el estado de ánimo, el resto de las personas la toman como una exageración o un juego, pero la depresión es más que eso, es peligrosa. En los Estados Unidos, cerca del 3.4% de las personas con depresión mayor han llegado a cometer suicidio.​

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¿Cómo se detecta una depresión?

El diagnóstico de depresión mayor necesita cumplir dos principios que ayudan a separar a otra patología de ésta:

Los síntomas no deben ser causados por una enfermedad o la ingesta de alguna sustancia. Los síntomas no se deben relacionar con la reacción de duelo normal por la muerte de un ser querido.

Además, para diagnosticar el trastorno depresivo mayor, la persona no ha debido tener ningún episodio de manía o hipomanía o tratarse de un caso de esquizofrenia u otro trastorno psicótico.

Causas de la depresión mayor

Biológico

A nivel biológico, los desequilibrios químicos cerebrales, sobre todo del ya conocido neurotransmisor serotonina (juega un papel importante en el estado de ánimo, la ansiedad y la felicidad), serían los responsables de que la persona entrara en este estado de marcada tristeza y desinterés. Hoy en día no se conoce a ciencia cierta si los desequilibrios bioquímicos son causa o consecuencia de la depresión, por lo que no podemos concluir que los bajos niveles de serotonina en el cerebro sean los responsables de que la persona se deprima.

Psicológico

En el ámbito psicológico, varios aspectos de la personalidad y de su desarrollo suelen ser parte de la aparición y persistencia de la depresión, con la emocionalidad negativa y elevado neuroticismo como un precursor común.​ La baja autoestima y los pensamientos pesimistas tienen una estrecha relación con la depresión.

Esta patología tiene menos probabilidad de que se produzca y se absuelve más rápidamente, entre las personas que son religiosas o espirituales a causa de que estas personas están mentalmente preparadas para conseguir un apoyo mental y emocional en la religión para superar la baja autoestima.

​​No siempre se tiene claro qué factores son las causas y cuáles son los efectos de la depresión, sin embargo, las personas deprimidas que tienen la capacidad de reflexionar y cuestionar sus problemas y su forma de pensar suelen mostrar un mejor estado de ánimo y autoestima.

Por otro lado, existen teorías de corte más psicológico que actualmente son las más respaldadas. La teoría más conocida es la de Aaron Beck. Su popularidad se le atribuye a dos hechos: esta teoría acoge enteramente las teorías y la metodología del procesamiento de la información; segundo, ha logrado darle valor al tratamiento de la terapia cognitiva que ha comprobado ser igual de eficaz o más que la terapia farmacológica, con la ventaja de reducir en mayor medida el riesgo de recaídas y los efectos secundarios.

Según la Teoría de Beck, la persona deprimida no es capaz de ser objetiva a la hora de percibir la información que le rodea y que por lo tanto distorsiona la realidad de forma negativa a causa de la pérdida del reforzador (consecuencia positiva de la conducta) y la posterior emoción natural de tristeza.

Algunas de las distorsiones que se dan con más frecuencia en las personas deprimidas son, por ejemplo, la exageración y atribución excesiva de importancia de los hechos negativos que acontecen en su vida y la minimización de los hechos positivos que tienen lugar, la sobregeneralización de las consecuencias de estos sucesos negativos y pensar que su vida siempre será así y que nada cambiará.

Social

En general, la pobreza y el aislamiento social se asocian con un mayor riesgo de problemas de salud mental.​ El maltrato infantil también se asocia con un mayor riesgo de desarrollar trastornos depresivos en el futuro, la asociación de ésta con la depresión suele ser válido ya que en la infancia es cuando el niño aprende cómo llegar a ser un ser social y cualquier situación crítica como abusos, divorcios, conflictos o defunciones altera este proceso de crecimiento e integración social de una forma riesgosa.

En este contexto, los acontecimientos ligados al rechazo social parecen estar particularmente ligados a la depresión, las personas pueden llegar a estar cada vez más expuestas a recaer de nuevo gracias al estrés de la vida que ha sido generada por periodos de depresión recurrentes.

La falta de apoyo social puede constituir una forma de tensión que conduce directamente a la depresión.​ También hay pruebas que demuestran el hecho de que los desórdenes sociales en los barrios es un factor de riesgo, y que una urbanización de alto nivel socioeconómico es un factor de protección.

Los prejuicios pueden causar depresión cuando las personas tienen autoestereotipos negativos acerca de sí mismos.

Si alguien tiene creencias desfavorables sobre un grupo estigmatizado y luego se convierte en un miembro de ese grupo, puede internalizar sus prejuicios, sentir culpabilidad y desarrollar depresión. Por ejemplo, un niño que está creciendo en una familia que tiene un estereotipo despectivo hacia los tatuajes y piercings definiéndolos como inmorales. Cuando es mayor y se da cuenta que estos forman partes de sus gustos e inclusive aplicarse uno de ellos, puede hacer propio este prejuicio y deprimirse por miedo a las consecuencias de ser aquellos que sus seres cercanos solían denigrar.

El consumo de drogas y alcohol

La depresión y otros problemas de salud mental pueden ser inducidos por el abuso del alcohol y sedantes, el hacer un diagnóstico diferencial a si la enfermedad mental está relacionada con las sustancias o no es una parte importante de la evaluación psiquiátrica.

Según la cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, no se puede hacer el diagnóstico de trastorno del estado de ánimo si se presume que la causa es debida a “los efectos fisiológicos directos de una sustancia”, ya que se presume que sea una “alteración del estado de ánimo inducido por sustancias”.

Al igual que el alcoholismo, las benzodiazepinas aumentan significativamente el riesgo de desarrollar depresión mayor ya que son depresores del sistema nervioso central; este tipo de medicamentos se utilizan generalmente para tratar el insomnio, la ansiedad y espasmo muscular.

La depresión puede desarrollarse o empeorar como resultado del uso crónico de benzodiacepinas​ o como consecuencia de un síndrome de abstinencia prolongada. Más de una cuarta parte de las personas que se recuperan de alcoholismo sufren de ansiedad y depresión, condición que puede durar hasta dos años.

Tipos

La depresión melancólica 

Se caracteriza por una pérdida de placer en la mayoría o en todas las actividades, una falta de reacción a los estímulos placenteros, un estado de ánimo deprimido más pronunciado que el de una pérdida, un empeoramiento de los síntomas en las mañanas, despertar de madrugada, retraso psicomotor, pérdida excesiva de peso, o culpa excesiva.

La depresión atípica 

Se caracteriza por la reactividad del estado de ánimo y la positividad, la ganancia significativa de peso o aumento del apetito, exceso de sueño o somnolencia, una sensación de pesadez en las extremidades conocida como parálisis pesada, y una importante discapacidad de integración social como consecuencia de hipersensibilidad a la percepción de rechazo social.

La depresión catatónica

Es una forma rara y severa de la depresión mayor que incluye trastornos de la conducta motora. En este caso la persona no habla y se encuentra casi en un estado de pasmo, permanece inmóvil o presenta movimientos extraños e incoherentes. Los síntomas catatónicos se presentan también en la esquizofrenia, en los episodios maniacos o pueden ser causados por el síndrome neuroléptico maligno.

La depresión postparto

Se refiere a la intensa, sostenida y a veces peligrosa depresión que experimentan las mujeres después del parto. La depresión postparto tiene una tasa de influencia de 10 a 15% entre las madres primerizas. La cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales dispone que, con el fin de calificar la depresión postparto se toma como inicio un mes a partir de la fecha de parto. Se dice que la depresión postparto puede durar hasta tres meses.

El trastorno afectivo estacional

(siglas en inglés SAD) es un tipo de depresión en la que los episodios depresivos comienzan en el otoño o el invierno y desaparecen en primavera. El diagnóstico se realiza si se han producido al menos dos episodios exclusivamente en los meses más fríos y ninguno más, durante un periodo de dos años o más.

Diagnóstico de una depresión mayor

Evaluación clínica

Una evaluación de diagnóstico puede ser realizada por un médico de cabecera, un psiquiatra o un psicólogo que estudia las circunstancias actuales del paciente, su historia biográfica, los síntomas presentes y los antecedentes familiares.

El objetivo clínico es exponer cuales los factores biológicos, psicológicos y sociales pertinentes que puedan tener una repercusión en el estado de ánimo de a persona.

La evaluación también incluye un examen del estado mental, consta de una evaluación del estado de ánimo actual de la persona y el contenido del pensamiento, enfatizándose en temas de desesperanza o pesimismo, las autolesiones o el suicidio, y la ausencia de pensamientos o planes positivos.

Los médicos de atención primaria y otros médicos que no son psiquiatras tienen dificultades para diagnosticar la depresión, debido al hecho de que han sido adiestrados para reconocer y tratar los síntomas físicos, y la depresión es una enfermedad mental y rara vez los síntomas se reflejan de forma física. Los médicos que no son psiquiatras se equivocan en su diagnóstico en dos tercios de los casos que se les presentan y tratan a otros pacientes de forma superflua.

Episodio depresivo mayor

Un episodio depresivo mayor se caracteriza principalmente por la presencia de un estado de ánimo muy abatido que persiste durante al menos dos semanas.​ Los episodios pueden ser aislados o recurrentes y se clasifican como leves, moderados, o severos.

Un episodio con características psicóticas, generalmente conocida como depresión psicótica, se clasifica automáticamente como grave. Si el individuo ha llegado a tener un episodio de manía o estado de ánimo notablemente elevado, se debe realizar en su lugar un diagnóstico de trastorno bipolar. La depresión sin periodos de manía se refiere a la depresión unipolar a causa que el estado de ánimo se mantiene en un estado emocional o de un solo polo.

La cuarta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales excluye los casos en que los síntomas provienen del duelo, aunque es posible que el duelo normal evolucione y se convierta en un episodio depresivo si el estado de ánimo bajo persiste y se manifiestan los rasgos característicos de un episodio depresivo mayor.​

Los criterios han sido criticados porque no toman en consideración otros aspectos del contexto personal y social en donde se puede producir la depresión. Además, algunos estudios han encontrado poco apoyo empírico a las normas de exclusión establecidos por el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales – cuarta edición), manifestando que es un diagnóstico que se basa engañosamente en la aparición de una secuencia continua de síntomas depresivos de diversa gravedad y duración. ​

Se excluye también una gama importante y muy común de diagnósticos relacionados, incluyendo la distimia, que implica un trastorno crónico pero suave del estado depresivo menor; depresión breve recurrente, que consiste en episodios depresivos menores.​ Desorden depresivo menor; por lo cual están presentes sólo algunos de los síntomas de la depresión mayor y trastorno adaptativo con estado de ánimo depresivo, que implica bajo estado de ánimo resultante de una respuesta psicológica a un suceso identificable o estresante.

Tratamiento

De varias formas se puede establecer una diferencia clara entre los tratamientos farmacológicos que se encargan de restablecer el desequilibrio bioquímico cerebral, y los tratamientos psicológicos, aquellos que mejoran el estado anímico del individuo y su funcionamiento vital. Dependiendo del caso que se vaya a tratar y de su gravedad, los profesionales de la salud mental optarán por utilizar uno o ambos combinados.

Dentro del tratamiento farmacológico, los fármacos más empleados son los Inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS). Estos son populares y se recetan con más frecuencia porque tienen menos efectos secundarios que los antidepresivos, uno de los fármacos más famosos es el Prozac (fluoxetina).

Lo que se busca lograr con estos fármacos es el impedimento de que la serotonina sea reabsorbida rápidamente y no se pierda de forma tan rápida su efecto en el cerebro cuando esta es liberada en el pequeño espacio que existe entre neuronas. Actuaría como un catalizador que haría que el paciente se sintiera más animado para emprender acciones.

La depresión no se cura con medicación, ésta solo ayuda a que la persona que no es capaz de dar ese primer paso, se vea más preparada anímicamente para tener la disposición de hacerlo y es precisamente el primer paso el que hará que la depresión vaya mejorando.

Por otro lado, dentro de los tratamientos psicológicos, los que se han mostrado más eficaces son aquellos que están integrados dentro de la corriente cognitivo-conductual. La terapia está enfocada a modificar la manera de pensar del paciente, proporcionándole herramientas para identificar y modificar la percepción distorsionada hacia el polo negativo de su propia realidad y que en torno a ella, siente y actúa.

Siguiendo esta lógica, dichos sesgos. Así, gracias a un cambio en su forma de pensar, el paciente comenzará a llevar a cabo las actividades que ha ido dejando de lado y que antes le producían placer, así como a incorporar nuevas que pueden beneficiarle y agradarle.

Los profesionales generalmente comienzan con la activación conductual. Que consta en diseñar un planning diario para el paciente en el que van a quedar encuadradas diferentes tareas que el individuo debe completar.

El objetivo es que la persona recupere los ánimos y se integre de nuevo a actividades con más disposición de dominio como de agrado. Las tareas de dominio ayudarán a que el paciente se sienta competente y no se vea a sí mismo como un fracasado o un inútil. Las tareas de agrado son aquellas que implican ocio y placer.

Muchas veces es difícil identificar los pensamientos depresivos y suicidas, pues suelen mezclarse con la tristeza o la melancolía; sin embargo, cuando persisten en la mente por un prolongado lapso de tiempo es importante que los identifiquemos para pedir ayuda. Por esta razón, te recomendamos estos consejos que te ayudarán a despejar la mente:

  1. Aceptar que estás mal

Sin importar cuál sea el motivo por el que te sientes deprimido y comiences a tener pensamientos en los que deseas dejar de vivir, debes aceptar lo que te sucede y no buscar excusas para justificarlo. Lo mejor es hablar, gritar, llorar o desahogarte con alguien a quien le tengas confianza a pesar de que no entienda lo que sientes o te cueste expresarlo; alguien de tu círculo cercano, que no te juzgue y te escuche. Pero si consideras que tus pensamientos son graves y la tristeza es recurrente, entonces debes acudir a un profesional.

  1. Aprende una nueva actividad

Tocar un instrumento o cantar produce un efecto antiestrés sorprendente,  la música es capaz de sacarnos de la realidad, nos hace sentirnos plenos, ligeros y felices. Si siempre has querido tomar clases de pintura, escribir o bailar, pues es el mejor momento para hacerlo. Poner en práctica las actividades que nos apasionan o enciende una llama en nuestro interior hacen que nuestra mente se despeje y esté más clara.

  1. Practica un deporte

Esto elevará tu nivel de adrenalina y dopamina, los cuales están bajos cuando te deprimes. Aliméntate bien y sal a caminar un rato, al subir los niveles poco a poco hará que estés más relajado y sobre todo distraído; además de que si lo practicas con un grupo de personas que no conoces, ampliará tu grupo social.

  1. Abraza fuerte y firme

A las personas que amas, a tus amigos, a tu mascota, a los desconocidos. Abrazar por más de 20 segundos reduce la producción de la hormona cortisol, esta es la que causa el estrés. El contacto físico nos dará la sensación de tranquilidad, reducirá la presión arterial, tranquiliza tus nervios por un instante, mejorará el sistema inmune, relaja los músculos, aumenta el autoestima, entre otros.

Es normal sentirse débil y frágil en esos momentos, por lo tanto está bien llorar al abrazar cuando te deprimes.

  1. Perdona a quienes te hicieron daño

Para liberar aquello que nos presiona el pecho y nos produce malestar, es totalmente necesario soltar aquellos pensamientos resentidos hacia otras personas que en un pasado formaron un papel importante en nuestras vidas, suele ser consolador perdonar de corazón a las personas que te hirieron. Aunque esto no es fácil, ocurrirá en el momento en que estés preparado.

  1. Realiza un viaje

Sal, respira otros aires, ten experiencias nuevas, conoce lugares nuevos donde no puedas asociar nada con algo anteriormente conocido y te traiga malos recuerdos. Planear un viaje solo o acompañado otorgará un respiro y una nueva perspectiva a tu vida, te hará pensar en lo que deseas cambiar y hacer en el futuro.

Recuerda que los pensamientos suicidas no son normales, sentirse culpable por todo y querer hacerse daño es un problema serio que se debe tratar con un profesional. Si crees que necesitas ayuda, visita a un psicólogo.