El origen de los dichos

El origen de los dichos

El origen de los dichos | Los dichos son locuciones populares que expresan conceptos cabales u ocurrencias graciosas. Son muchos los dichos recogidos por la tradición oral o por los diferentes diccionarios publicados en español a lo largo de los siglos, pero aquí hemos procurado seleccionar sólo los más curiosos y los que siguen usándose actualmente. De todos modos, si el lector conoce algún otro con estas características, le animamos a que nos lo comunique, y lo incluiremos con sumo gusto y agradecimiento en esta página.

¡A buenas horas, mangas verdes! Se debe el origen de esta frase a que en tiempo de los cuadrilleros de la Santa Hermandad (juzgaban y castigaban delitos cometidos fuera de las ciudades y los pueblos), como casi nunca llegaban a tiempo para capturar a los malhechores, los delitos quedaban impunes. Los cuadrilleros vestían un uniforme de mangas verdes y coleto.

A la chita callando. En El porqué de los dichos, José M.ª Iribarren dice que esta locución adverbial, que equivale a ‘calladamente, con disimulo’, se refiere a un juego antiguo llamado chita o taba. Sin embargo, la Academia trae este dicho de la voz onomatopéyica chito, sinónima de la interjección coloquial chitón, usada para imponer silencio.

A la tercera va la vencida. Tomado del deporte de la lucha cuerpo a cuerpo, en el que vence quien tumba tres veces al rival.

Acabar como el rosario de la aurora. El diccionario de la Academia define esta locución verbal coloquial del siguiente modo: ‘Desbandarse, descompuesta y tumultuariamente los asistentes a una reunión, por falta de acuerdo’. Al parecer, tiene su origen en la procesión de la Cofradía del Rosario que recorría las calles de algunos pueblos y ciudades, que a veces terminaba brusca y violentamente por motivos políticos o porque se encontraba con los jóvenes beodos y pendencieros que todavía recorrían dichas calles de madrugada.

Armarse la gorda. El DRAE explica el significado de esta locución verbal coloquial de la siguiente manera: ‘Sobrevenir una pendencia, discusión ruidosa o trastorno político o social’. La Gorda era la revolución que se estaba fraguando contra Isabel II en los meses de julio a septiembre de 1868, aunque después pasó a denominarse popularmente como la Gloriosa.

Así se las ponían a Fernando VII. A este rey le gustaba mucho jugar al billar, y el dicho alude a las carambolas que éste conseguía gracias a que los cortesanos que jugaban con él le dejaban las bolas en posiciones fáciles para realizarlas, haciéndole creer que era un gran jugador. Este dicho ha sido pronunciado, y se pronuncia todavía, usando erróneamente los nombres de los más variados reyes españoles, desde Felipe II hasta Felipe V, por gente que desconoce el origen del mismo.

Buscarle tres pies al gato. Realmente el dicho auténtico dice Buscar cinco pies al gato, el quinto es el rabo, y se usa con quienes tientan la paciencia de alguien, con riesgo de irritarle. Pero al corromperse el dicho por el de buscarle tres pies al gato, hay quienes lo utilizan inapropiadamente para evidenciar los sofismas y embustes que tratan de probar lo imposible.

Cantar de plano. En la entrada del verbo cantar, en su quinta acepción, el diccionario académico lo define coloquialmente como ‘descubrir o confesar, generalmente bajo presión’. Más adelante, explica la locución adverbial cantar de plano así: ‘Enteramente, clara y manifiestamente’; y la también locución coloquial cantar alguien de plano como ‘confesar todo lo que se le pregunta o sabe’. En germanía, cantar era descubrir alguna cosa; y, jurídicamente, de plano se entiende como una resolución tomada en el acto de alegar las partes, de ahí que sentenciar de plano equivalga a sentenciar sin trámites, inmediatamente y conforme a lo expuesto ante el juez.

Con cajas destempladas. El DRAE recoge las locuciones verbales coloquiales despedir o echar a alguien con cajas destempladas con el siguiente significado: ‘Despedirlo o echarlo de alguna parte con gran aspereza o enojo’. El origen hay que buscarlo en la costumbre entre la milicia de echar de alguna compañía o regimiento al soldado que había cometido algún delito ruin e infame, al tiempo que se destemplaban las cajas (los tambores). También al son de las cajas destempladas eran llevados los reos al patíbulo.

Dar el pego. La primera acepción de pego que recoge el diccionario de la Academia es la de ‘fullería que consiste en pegar disimuladamente dos naipes para que salgan como uno solo, cuando le convenga al tramposo’. Y más adelante explica las locuciones coloquiales dar o tirar el pego con las definiciones ‘ganar con baraja preparada para esta fullería’ y ‘engañar con ficciones o artificios’.

De bote en bote. La Academia explica en su diccionario que esta locución adverbial coloquial proviene del francés de bout en bout ‘de extremo a extremo’, y la explica del siguiente modo: ‘Dicho de un sitio o de un local: Lleno de gente completamente’.

De tiros largos. Tiro es sinónimo de tirante de carruaje. El dicho a tirantes largos se aplicaba cuando el carruaje era tirado por cuatro caballerías y guiado por dos cocheros. Antaño, cada cual podía tirar de su coche el número de caballos o mulas que tuviese por conveniente; pero sólo el rey y la grandeza podían uncir a sus carrozas el tiro delantero a mayor distancia de los demás. La locución a tirantes largos pasó también a decirse a tiros largos o de tiros largos, cuyo significado se amplió con el tiempo a ‘con vestido de gala’ y ‘con lujo y esmero’.

Dejar a alguien en la estacada. Estacada era el palenque o liza, formado ordinariamente con estacas, en el que se celebraban los desafíos solemnes, los torneos y las justas. Pero más modernamente y en términos militares, la estacada es la hilera de estacas clavadas a manera de trinchera. El DRAE recoge este dicho con el significado de ‘abandonarlo, dejándolo comprometido en un peligro o mal negocio’.

Descubrirse el pastel. La palabra pastel tiene desde antiguo dos significados que todavía recoge el DRAE. En su octava acepción dice: ‘En el juego, fullería que consiste en barajar y disponer los naipes de modo que se tome quien los reparte lo principal del juego, o se lo dé a otro su parcial’; y en la novena: ‘Convenio secreto entre varias personas, con malos fines o con excesiva transigencia’. Y más abajo define la locución coloquial descubrirse el pastel como ‘hacerse público y manifiesto algo que se procuraba ocultar o disimular’.

Despedirse a la francesa. Pudo tener este dicho su origen en el modismo francés del siglo XVII sans adieu ‘sin adiós’, que significaba ‘despedirse con propósito de volver’, pero que al ser tomado en España en un sentido literal, se empleó en nuestro idioma con un significado distinto del que tiene en Francia. Así, en la entrada francés, sa, el DRAE define la locución adverbial a la francesa como ‘repentinamente, sin decir una palabra de despedida’, poniendo como ejemplos las frases: Se despidió a la francesa. Me marché a la francesa.

Duro de mollera. He aquí una expresión que ha cambiado radicalmente de sentido. Está tomada la metáfora de la mollera (parte más alta del casco de la cabeza) de los niños, que la tienen blanda y sin cerrar del todo, hasta que, creciendo, se les cierra y endurece, por lo que entonces decían antiguamente los mayores: ya tiene cerrada la mollera, que equivalía a ser ya machucho y se empleaba como elogio a la sensatez y a la cordura. Se decía por el contrario no haber cerrado la mollera como «phrase con que se nota á alguno de poco juicio y assiento», según el Diccionario de Autoridades (1734). En este primer diccionario de la Academia también se definía tener ya dura la mollera «con que se explica que alguno yá no está en estado de aprender», definición que todavía recoge el DRAE. Pero ya el de Autoridades entraba en contradicción, tomando como negativo la dureza de la mollera, al explicar la locución ser duro de mollera como ‘ser porfiado o temoso’, ‘ser rudo para aprender’, recogida de igual manera ahora por el DRAE.

El huevo de Colón. La definición académica de esta expresión es ‘cosa que aparenta tener mucha dificultad pero resulta ser fácil al conocer su artificio’. Su origen se dice que está en una reunión en la que algunos cortesanos le dijeron a Colón que su descubrimiento no tenía nada de particular, que era lógico. Para burlarse de ellos, Colón les invitó a que pusiesen derecho un huevo cocido. Todos dijeron que aquello era imposible, y él, entonces, dando al huevo un pequeño golpe contra la mesa, lo colocó de pie por efecto de la abolladura del cascarón. Protestaron diciendo que aquello era muy fácil, pero a ninguno de ellos se le había ocurrido hacerlo. Esta anécdota, que probablemente sea apócrifa, se contaba anteriormente a Colón con otros protagonistas, como Brunelleschi, el célebre arquitecto florentino, y el famoso constructor Juanelo Turriano, quien inventó el artificio para subir a lo más alto de Toledo las aguas del Tajo.

Erre que erre. Es una locución adverbial coloquial que significa ‘porfiadamente, tercamente’. En el diccionario académico se dice que procede «de herre que herre, quizá acortamiento del árabe hispánico ḥírr úmmak ‘la vulva de tu madre’, interjección de los arrieros moriscos».

Estar o poner en un brete. Brete significa ‘aprieto sin efugio o evasiva’, pero también ‘cepo o prisión estrecha de hierro que se ponía a los reos en los pies para que no pudieran huir’. La primera acepción evolucionó de la segunda, más antigua.

¡Esto es Jauja! Lope de Rueda escribió en 1547 el paso titulado La tierra de Jauja. Existen actualmente dos pueblos con el nombre de Jauja, uno en la provincia española de Córdoba, cuna del bandolero José María el Tempranillo, y otro en Perú, fundado por Pizarro en 1533. El dicho alude a este último, según explica el DRAE: Jauja (por alusión a Jauja, valle del Perú, famoso por la riqueza de su territorio) ‘Denota todo lo que quiere presentarse como tipo de prosperidad y abundancia’. ‘¿Estamos aquí o en Jauja? Expresión coloquial usada para reprender una acción o un dicho importuno o indecoroso’. Así, pues, el dicho ¡esto es Jauja! se suele pronunciar para expresar abundancia, si bien puede tener un sentido irónico.

Esto parece, o es, el corral de la Pacheca. Suele decirse para indicar un lugar donde reina el barullo y la confusión. Alude a uno de los antiguos teatros de Madrid. En 1568 había un corral en la calle del Príncipe, perteneciente a un tal Burguillos, en el que se presentaban comedias, habilitándose ese año y en la misma calle otro corral como teatro, propiedad de Isabel Pacheco, llamada la Pacheca; y poco después otro más, situado en la calle del Sol. El corral de la Pacheca, en cuyo solar luego se edificó el célebre Teatro del Príncipe, era el más concurrido y donde se organizaban pendencias con más frecuencia.

Haber gato encerrado. Gato significa también ‘bolso o talego en que se guardaba el dinero’, ‘dinero que se guardaba en él’, según el DRAE, que define además la locución coloquial haber gato encerrado como ‘haber causa o razón oculta o secreta, o manejos ocultos’.

Hablar por boca de ganso. El DRAE define esta locución coloquial del modo siguiente: ‘Decir lo que otro le ha sugerido’. Es decir, repetir lo que otros dicen, como los gansos, que en cantando uno, cantan todos; o como los ayos, también llamados gansos (5.ª acepción en el DRAE), por llevar delante de ellos a los chicos a su cuidado, (como los gansos, que llevan a sus patitos delante), repitiendo la lección que aquél les imparte en voz alta.

Hacer alguien su agosto. ‘Hacer su negocio, lucrarse, aprovechando ocasión para ello’, según el DRAE. Alude este dicho a la recolección de cereales, realizada en este mes, tras la cual se almacena la cosecha y se vende.

Hacer el primo. En su cuarta y quinta acepción, el DRAE define primo como ‘tratamiento que daba el rey a los grandes de España en cartas privadas y documentos oficiales’ y ‘persona incauta que se deja engañar o explotar fácilmente’. Y más adelante explica este dicho como ‘dejarse engañar fácilmente’. Según José M.ª Iribarren, el origen de esta expresión se encuentra más concretamente «en las cartas que durante los sucesos del 2 de mayo de 1808 dirigió el general francés Joaquín Murat al infante don Antonio y a la llamada Junta de Gobierno de España. Murat, al dirigirse a uno y otra, empleaba la fórmula protocolaria de “Señor primo, señores miembros de la Junta”, y a continuación amenazaba (…). Tras las amenazas, la carta terminaba: “Mi primo; señores de la Junta…”. (…) La palabra “primo” tenía acento de sangrienta burla en estas cartas de Murat, tan inauditas como la actitud sumisa y la credulidad necia del simplón infante don Antonio y de los miembros de la llamada Junta de Gobierno (…) el pueblo reaccionó contra quienes se dejaron engañar con la frase expresiva de “hacer el primo” como una expresión picante y graciosa (…)».

Hacerse el sueco. Locución verbal coloquial que significa ‘desentenderse de algo, fingir que no se entiende’. No viene del gentilicio de Suecia, sino de soccus, el calzado que en el antiguo teatro romano llevaban los cómicos, a diferencia del coturno con el que elevaban su estatura los trágicos. De soccus viene zueco (zapato de madera de una pieza), zocato (zurdo) y zoquete (tarugo de madera corto y grueso; aunque la Academia indica que tal vez venga del celta *tsucca), palabra esta que se aplica al hombre tonto y obtuso. Por consiguiente, hacerse el sueco equivale a hacerse el tonto.

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Hasta las cachas. Cachas son las dos dos piezas que forman (o las dos chapas que cubren) el mango de las navajas, de algunos cuchillos y de algunas armas de fuego. El DRAE dice que el dicho hasta las cachas significa ‘sobremanera, a más no poder; usado más referido a quien se mete en alguna empresa o quehacer’. Comenzaría a usarse esta expresión en el sentido de hundirle a uno la navaja hasta las cachas o matar una res metiéndole el cuchillo hasta las cachas, de igual modo que hoy se dice de un torero que hundió el estoque hasta la empuñadura. Y de ahí pasaría a significar ‘en extremo’ (Es valiente hasta las cachas) o ‘con todo esfuerzo posible’ (Peleó hasta las cachas).

Irse de picos pardos. También se dice andar de picos pardos, locución coloquial que significa ‘ir de juerga o diversión a sitios de mala nota’. Se decía porque la ley obligaba antaño a las prostitutas a usar jubón de picos pardos, para distinguirlas de las mujeres decentes.

La ocasión la pintan calva. Es un dicho muy antiguo aunque inexacto, que sirve para indicar que se deben aprovechar las oportunidades cuando se presentan. Según los antiguos griegos, Ocasión era una divinidad alegórica hija de Zeus. Entre los romanos presidía el buen éxito y se la representaba generalmente con la forma de una mujer hermosa, enteramente desnuda, puesta de puntillas sobre una rueda y con dos alas en los pies. Pero lo que más la caracterizaba era el llevar un mechón de cabellos que le caía sobre la frente, y ser calva por detrás, para indicar que solo se la podía atrapar asiéndola de los pelos por delante, y no por detrás, una vez que ha pasado. El DRAE presenta también este dicho de otras formas: asir, coger o tomar la ocasión por el copete, por la melena o por los cabellos ‘aprovechar con avidez una ocasión o coyuntura’.

Las cuentas del Gran Capitán. Dice el DRAE que esta frase plural coloquial se refiere a las cuentas ‘exorbitantes y arbitrarias’. Alude este dicho a las tan discutidas cuentas que Gonzalo Fernández de Córdoba presentó a los Reyes Católicos (los cuales se las habían exigido de forma inconveniente), después de haber conquistado para ellos el reino de Nápoles. Probablemente son apócrifas, pero he aquí algunas de las partidas presentadas por el Gran Capitán: «200.736 ducados y nueve reales en frailes, monjas y pobres, para que rogasen a Dios por la prosperidad de las armas españolas. Cien millones en palas, picos y azadones, para enterrar a los muertos del adversario. Cien mil ducados en guantes perfumados para preservar a las tropas del mal olor de los cadáveres de sus enemigos tendidos en el campo de batalla. 160.000 ducados en poner y renovar campanas destruidas por el uso continuo de repicar todos los días por nuevas victorias conseguidas sobre el enemigo (…). Cien millones por mi paciencia en escuchar ayer que el Rey pedía cuentas al que le había regalado un reino.»

Las paredes oyen. Dice el DRAE: «Expresión usada ‘para aconsejar que se tenga muy en cuenta dónde se dice algo que importa que sea secreto’». Esta expresión proverbial nació en Francia y procede de la persecución contra los hugonotes que culminó con la histórica noche de San Bartolomé. Escribe Iribarren: «La reina Catalina de Médicis era muy desconfiada, y para poder escuchar mejor a las personas de que más sospechaba, mandó instalar en las paredes del Palacio Real conductos acústicos mediante taladros en las paredes y en los techos, hábilmente disimulados entre las molduras».

Llegar y besar el santo. Dicho usado, según el DRAE, ‘para explicar la brevedad con que se logra algo’. Se decía cuando el peregrino conseguía besar el santo nada más llegar a la capilla y sin tener que esperar, después de una larga romería.

Llevar el gato al agua. Procede de un juego consistente en atarse dos personas por detrás con una soga larga, habiendo entre ellos un charco, tirando cada uno hacia delante, arrastrando al contrario a gatas o gateando, hasta mojarlo. El DRAE ofrece dos acepciones de esta locución: ‘Triunfar en una competencia, salir ganando’ y ‘Superar una dificultad o arrostrar el riesgo de una empresa’.

Luna de miel. Significa, según el DRAE, ‘temporada de intimidad conyugal inmediatamente posterior al matrimonio’. Esta expresión tal vez fue tomada del proverbio árabe La primera luna después del matrimonio es de miel. Sabido es que el calendario árabe es lunar.

Más feo que Picio. El diccionario académico define esta locución adjetiva coloquial como ‘dicho de una persona: excesivamente fea’. Iribarren nos cuenta su origen: «Picio fue un zapatero, natural de Alheudín, y que vivía en Granada en la primera mitad del siglo XIX. Fue condenado a la última pena; hallándose en capilla recibió la noticia del indulto, y le causó tal impresión, que se quedó a poco sin pelo, cejas, ni pestañas y con la cara tan deforme y llena de tumores, que pasó a ser citado como modelo de fealdad más horrorosa. Sharbi habló con personas que habían conocido a Picio. Y añade que éste se retiró a la villa de Lanjarón de donde lo expulsaron porque jamás entró a la iglesia, por no quitarse el pañuelo con que cubría su calva. Entonces volvió a Granada, donde al poco tiempo murió.»

Meterse en camisa de once varas. Su origen está en la ceremonia que se hacía en la Edad Media para adoptar a uno como hijo, consistente en que el padre adoptante metía al adoptado por la manga, muy holgada, de una camisa, y lo sacaba por el cabezón o cuello de ésta, hecho lo cual le daba un fuerte beso en la frente. Once es en este caso un número indefinido, que significa muchas, para dar a entender que se trata de una camisa muy larga. Pero sucedía, a veces, que salían mal estas adopciones. El DRAE define esta locución verbal coloquial como ‘inmiscuirse en lo que no le incumbe o no le importa’.

No hay tutía. Expresión coloquial usada ‘para dar a entender a alguien que no debe tener esperanza de conseguir lo que desea o de evitar lo que teme’ (DRAE). Antiguamente se decía no hay atutía, ya que tutía (del árabe hispánico attutiyya, este del árabe clásico tutiya, y este del sánscrito tuttha) es forma moderna de atutía ‘óxido de cinc’, ‘ungüento medicinal hecho con atutía’. Este ungüento se usaba para curar enfermedades de los ojos. Pero cuando estas enfermedades no tenían remedio, se empleaba esta expresión, no hay atutía, con el significado de ‘no hay remedio’. Modernamente se ha desvirtuado el dicho, diciéndose erróneamente no hay tu tía.

Pagar a toca teja es una locución adverbial coloquial que significa ‘pagar en efectivo’. Este dicho se remonta al siglo XVII, cuando se acuñaron en Segovia unas monedas de plata llamadas vulgarmente tejas, preferidas para hacer los pagos contantes y sonantes. El diccionario de la Academia recoge las locuciones adverbiales coloquiales a toca teja y a tocateja, remitiendo la primera a la segunda, con el significado de ‘en dinero contante, sin dilación en el pago, con dinero en mano, en efectivo’.

Pagar el pato. El DRAE define este dicho como ‘padecer o llevar pena o castigo no merecido, o que ha merecido otro’; y advierte de que este pato quizá sea un vulgarismo derivado de pacto. Y efectivamente así parece, ya que su origen está en un modismo dicho contra los judíos. El vocablo Pacto era usado por los judíos españoles aludiendo al concierto de Dios; de ahí sacaron los católicos el dicho burlesco aquí pagaréis el pato.

Pasar el Rubicón. Rubicón es el nombre de un río que marcaba la frontera entre Italia y la Galia Cisalpina. Su significado actual es ‘dar un paso decisivo arrostrando un riesgo’. Tiene su origen en un hecho histórico: El Senado romano, para impedir el paso de tropas procedentes del Norte, declaró sacrílego y parricida a aquel que con una legión o con sólo una cohorte pasara el Rubicón. Sin embargo, Julio César, a quien el Senado había rehusado nombrar cónsul y a quien, por instigación del cónsul Pompeyo, había ordenado dejar el mando y licenciar a sus tropas, decidió marchar sobre Roma para derrocar a Pompeyo. Cuando en el año 49 a. C. llegó a orillas del Rubicón, después de unos momentos de reflexión acerca del peligro que entrañaba franquear dicho río, César decidió vadearlo, diciendo Alea jacta est! («La suerte está echada»), y entró en Roma.

Poner los puntos sobre las íes. Dicho o locución verbal que significa ‘determinar y precisar algunos extremos que no estaban suficientemente especificados’ y ‘acabar o perfeccionar algo con gran minuciosidad’. Tiene su origen en la adición del punto o acento sobre la i minúscula (siglo XVI), para distinguirla de la u, lo que le pareció a muchos algo quisquilloso.

Ponerse las botas. En este dicho se toman las botas como distintivo o señal del caballero que atesora riquezas, en oposición al zapato, calzado propio de las gentes pobres. En el DRAE se leen los siguientes significados: ‘Enriquecerse o lograr un provecho extraordinario’, ‘aprovecharse extremadamente, y muchas veces desconsideradamente, de algo’, ‘hartarse de algo placentero’.

Que te den morcilla o que le den morcilla. Expresiones coloquiales que indican desprecio, mala voluntad, desinterés, etcétera, hacia alguien. En realidad es una maldición que, literalmente, equivale a ‘que te maten’ o ‘que le maten’, pues alude a que, en épocas de hidrofobia (rabia), las autoridades ordenaban dar muerte a los perros callejeros dándoles de comer morcilla envenenada con estricnina. Todavía en el diccionario académico, en la entrada morcilla, figura como segunda acepción: ‘Tripa envenenada que se usaba para matar los perros callejeros’.

Quedarse en cuadro. En el DRAE figura la siguiente acepción de cuadro: ‘En el Ejército, en una empresa, en la Administración Pública, etc., conjunto de mandos’. Y presenta asimismo tres significados en cuanto a las locuciones adverbiales estar o quedarse en cuadro: ‘Dicho de una corporación o de una familia: Quedar reducida a un corto número de miembros’, ‘Dicho de una persona: Haber perdido su familia o sus bienes de fortuna, quedándose aislado, pobre o con nada más que lo puesto’, ‘Militarmente, dicho de un cuerpo: Estar, o quedarse, sin tropa, conservando sus jefes, oficiales, sargentos y cabos’.

Quien se fue a Sevilla, perdió su silla. En realidad, ateniéndose a los hechos históricos, este dicho debería decir lo contrario: Quien se fue de Sevilla, perdió su silla. En tiempos de Enrique IV le fue concedido el arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla, don Alonso de Fonseca, y como el reino de Galicia estaba muy alterado, creyó el electo que el tomar posesión iba a costarle Dios y ayuda. Se lo pidió a su tío, y éste convino en que iría él a Santiago a pacificar Galicia, y que mientras tanto quedase su sobrino en el arzobispado de Sevilla. Don Alonso de Fonseca restableció el sosiego en la revuelta diócesis de Santiago; pero cuando trató de deshacer el trueque con su sobrino, éste se resistió a dejar la silla hispalense. Hubo necesidad, para apearle de su resolución, no sólo de un mandamiento del Papa, sino de que interviniese el rey y de que algunos partidarios del sobrino de Fonseca fuesen ahorcados después de breve proceso.

Salga el sol por Antequera. El dicho completo es: Salga el sol por Antequera y póngase por donde quiera. Se supone que esta frase fue pronunciada en el campamento de los Reyes Católicos, durante la conquista de Granada. Antequera está en realidad al oeste de Granada, o lo que es lo mismo, al poniente, no al levante, por lo que se trata de una expresión irónica, equivalente a salga el sol por donde quiera.


salga sol antequera

Salir rana. Alude a la misma frustración que sienten los pescadores cuando pescan rana en vez de pez. De ahí que también se dijera el pez me ha salido rana para referirse a la persona tomada a priori como competente pero que resulta ser incapaz. El DRAE dice que la locución coloquial salir rana alguien o algo significa ‘defraudar’.

Se armó la marimorena. Es un dicho que significa ‘se organizó una trifulca’. Tiene su origen esta expresión coloquial en el nombre de una tabernera madrileña del siglo XVI, María Moreno, más conocida por Marimorena, casada con Alonso de Zayas. Según consta en los archivos públicos de la antigua Sala de Señores Alcaldes de Casa y Corte, fueron varios los procesos judiciales que se abrieron a causa de las pendencias que se organizaban en la taberna de Marimorena y su esposo, como aquel del año 1579 «por tener en su casa cueros de vinos y no quererlos vender». Tan repetidas y ruidosas trifulcas en aquella taberna madrileña motivó que se hiciera muy pronto célebre el dicho se armó la marimorena como equivalente de ‘pelea, riña, camorra’.

Ser un vivalavirgen. En el diccionario académico, la locución coloquial viva la Virgen remite a vivalavirgen ‘persona despreocupada e informal’. La expresión tiene un origen marinero, ya que así se apodaba a bordo de la embarcación al miembro de la tripulación considerado más torpe. Proviene este apodo de una antigua costumbre: Al formar la marinería para cantar número en las guardias, el que tenía el último, en vez de cantarlo, exclamaba Viva la Virgen. Este apodo se aplicó luego al descuidado, al que siempre llegaba tarde a formar, al último en acudir a la llamada.

Ser una rémora. Significa ser alguien o algo pesado, que entorpece y enlentece la acción de los demás. La explicación la hallamos en el propio diccionario de la Real Academia Española, en las dos acepciones que ofrece de rémora: ‘Pez teleósteo marino (con un disco oval encima de la cabeza) formado por una serie de láminas cartilaginosas movibles, con el cual hace el vacío para adherirse fuertemente a los objetos flotantes. Los antiguos le atribuían la propiedad de detener las naves’, ‘Cosa que detiene, embarga o suspende’.

Son habas contadas. Las habas blancas y negras sirvieron durante mucho tiempo para echar suertes o para celebrar votaciones en determinados cabildos y congregaciones. Según el DRAE esta expresión es usada ‘para denotar que algo es cierto y claro’, y ‘para expresar que ciertas cosas son número fijo y por lo general escaso’.

Tener buena pinta. En el juego de naipes pinta es la carta que se descubre al comienzo y designa el palo de triunfos, pero también es la ‘señal que tienen los naipes en sus extremos, por donde se conoce, sin descubrirlos por entero, de qué palo son’. A esta segunda acepción se refiere este dicho. Se suele decir cuando alguien o algo apunta ser bueno o positivo.

Tener muchas ínfulas. El significado de este dicho lo encontramos en la tercera acepción recogida en el DRAE de la entrada ínfulas, y su explicación en las dos primeras: ‘Adorno de lana blanca, a manera de venda, con dos tiras caídas a los lados, con que se ceñían la cabeza los sacerdotes de los gentiles y suplicantes, y que se ponía sobre las de las víctimas. Lo usaban también en la antigüedad algunos reyes’, ‘Las dos cintas anchas que penden por la parte posterior de la mitra episcopal’, ‘Presunción o vanidad’.

Tener muchos humos. En el DRAE aparecen las locuciones coloquiales: Bajarle a alguien los humos ‘domar su altivez’; y Subírsele a alguien el humo (o los humos) a la cabeza ‘envanecerse, ensoberbecerse’. Están tomadas de una costumbre observada por las familias romanas distinguidas, que colocaban en el atrio de sus casas los bustos o retratos de sus antepasados, los cuales iban adquiriendo un color más oscuro por efecto del humo y de la intemperie en proporción a su antigüedad. Esta circunstancia daba a aquellas familias con antepasados más oscurecidos un tono aristocrático mayor, de lo que alardeaban con frecuencia.

Tonto de capirote. Es tanto como decir tonto graduado o tonto doctorado, puesto que el capirote o bonete era un tocado propio de los doctorados. El DRAE dice que la locución coloquial de capirote es usada ‘para identificar la expresividad de ciertas voces despectivas a las que sigue: Tonto, bobo de capirote’.

Valer un Potosí. Alude al monte Potosí, actualmente en Bolivia, donde se encontraba la mayor mina de plata del mundo en los siglos XVI y XVII. Potosí significa ‘riqueza extraordinaria’, por lo que valer algo un Potosí equivale a ser algo de mucho precio o estimación. También se decía, aunque ya casi nadie usa esta expresión, valer un Perú.

Venir de perilla. Se dice que alguien o algo viene de perilla cuando se presenta con la mayor oportunidad. Con la misma oportunidad que el jinete novel encuentra la perilla de la silla al alcance de la mano cuando, por un movimiento brusco del caballo o por otra causa, se ve a punto de ser despedido. Perilla es la ‘parte superior del arco que forman por delante los fustes de la silla de montar’, según el DRAE, que además dice que las locuciones coloquiales de perilla o de perillas significan ‘a propósito o a tiempo’.

Verde y con asa. Completo era verde y con asa, alcarraza, pero generalmente se suprimía y se suprime la última palabra, alcarraza (del árabe hispánico alkarráza, este del árabe clásico kur[r]āz y este del persa korāz ‘buche’, por alusión a su forma), que era el nombre de una ‘vasija de arcilla porosa y poco cocida, que tiene la propiedad de dejar rezumarse cierta porción de agua, cuya evaporación enfría la mayor cantidad del mismo líquido que queda dentro’. Se dice cuando algo es muy evidente. También se dice verde y con asas, si bien hoy en día se prefiere este otro dicho, con idéntico significado: Blanco y en botella, leche.

Vérsele a alguien el plumero. Locución verbal coloquial española que significa ‘descubrirse sus intenciones o pensamientos’. Hace alusión al penacho de plumas que coronaba el morrión de los voluntarios de la Milicia Nacional creada en 1820 para defender los principios liberales y progresistas. Los periódicos conservadores de finales del siglo XIX solían aplicar esta frase en referencia a los políticos progresistas. El diccionario de la Academia recoge esta locución pero remite su definición a esta otra: Vérsele la oreja ‘descubrirse sus intenciones o pensamientos’, que por extensión se empleaba con el significado de ‘asomar la oreja en cuestiones políticas’.

¡Vete a la porra! Equivale a ‘vete a paseo’. Procede de una expresión militar de castigo. El oficial, al imponer un arresto a un soldado, le enviaba a la porra, que no era otra cosa que un bastón enorme, labrado y rematado por un gran puño de plata, que en los antiguos regimientos portaba el tambor mayor y que era colocado en algún lugar del campamento, marcando el sitio adonde debían ir los soldados para sufrir el arresto impuesto por faltas leves.

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