Los 12 mejores poemas de vanguardia para llenar de belleza tu vida

La literatura, es uno de los medios de cultura más importantes que tenemos, junto con el arte y la música. Dentro de esta, podemos dar a nuestros sentimientos alas para que sigan a lo más alto, y lleguen a las personas que puedan disfrutarlos y hacerlos suyos.

La palabra escrita tiene el poder de llegar a la gente de manera en que pueden imaginarse todo lo que en ella se encuentra, y además poner de su parte en la creación de nuevos mundos, de nuevas ideas y de nuevas tendencias.

La poesía es una de estas formas, en las que podemos llegarle a la gente, pues un poema bien escrito es una muestra de la belleza del alma y la mente del autor, y que puede ser tomada por otra alma a fin y con deseos de disfrutar del arte y la belleza.

Los poemas son una excelente forma para liberar los sentimientos y emociones que se encuentran en el corazón del autor, y mediante ellos disfrutar de la alegría de vivir mediante los hermosos versos que podemos encontrar en la literatura. En este post descubriremos nuestra vena sensible y artística, y conoceremos algunos grandes poemas de vanguardia.

Pero primero ¿Qué es la poesía?

La poesía es un género literario apreciado por manifestar el arte y la belleza que se encuentran en el alma del poeta en forma de verso o prosa. Su utilización es muy común, y con el paso del tiempo ha adquirido un nuevo cariz, y las personas pueden abarcar mucho con sus poemas. En los tiempos antiguos la poseía versaba de las hazañas y proezas de los guerreros en combate. Hoy en día la poesía abarca mucho más.

Mientras que en tiempos del renacimiento y la edad media, la poesía romántica era muy popular, hoy en día no lo es tanto y cada vez resulta menos común encontrarla. No obstante, con el tiempo se han desarrollado nuevos temas que permiten que la poesía vaya por nuevos derroteros; como los derechos humanos y el medio ambiente, cosa que demuestra que la poesía se amolda a los temas predominantes en la época en que se vive, formando parte de la cultura propia de la época.

Poemas de vanguardia de los más diversos poetas

Muchos poetas de nuestro tiempo han tomado la batuta para crear poemas que hoy en día consideramos como material vanguardista; algunos relativamente nuevos y otros más recientes, todos estos poemas son una demostración de que la humanidad, a pesar de la forma en que se mueve en nuestro tiempo, aún valora la cultura. Aquí una lista con esos poemas de vanguardia que te deleitarán:

18 (Vicente Huidboro)

Heme aquí al borde del espacio y lejos de las circunstancias

Me voy tiernamente como una luz

Hacia el camino de las apariencias

Volveré a sentarme en las rodillas de mi padre

Una hermosa primavera refrescada por el abanico de las alas

Cuando los peces deshacen la cortina del mar

Y el vacío se hincha por una mirada posible

 

Volveré sobre las aguas del cielo

 

Me gusta viajar como el barco del ojo

que va y viene en cada parpadeo

he tocado ya seis veces el umbral

del infinito que encierra el viento

 

Nada en la vida

salvo un grito de antesala

nerviosas oceánicas qué desgracia nos persigue

en la urna de las flores impacientes

se encuentran las emociones en ritmo definido

1914 (Mismo autor)

Nubes sobre el surtidor del verano

de noche

todas las torres de Europa se hablan en secreto

 

De pronto un ojo se abre

El cuerno de la luna grita

halalí

halalí

Las torres son clarines colgados

Guitarra (Nicolás Guillen)

Tendida en la madrugada,

la firme guitarra espera:

voz de profunda madera

desesperada.

 

Su clamorosa cintura,

en la que el pueblo suspira,

preñada de son, estira

la carne dura.

¿Arde la guitarra sola?

mientras la luna se acaba;

arde libre de su esclava

bata de cola.

 

Dejó al borracho en su coche,

dejó el cabaret sombrío,

donde se muere de frío,

noche tras noche,

 

y alzó la cabeza fina,

universal y cubana,

sin opio, ni mariguana,

ni cocaína.

 

¡Venga la guitarra vieja,

nueva otra vez al castigo

con que la espera el amigo,

que no la deja!

 

Alta siempre, no caída,

traiga su risa y su llanto,

clave las uñas de amianto

sobre la vida.

 

Cógela tú, guitarrero,

límpiale de alcohol la boca,

y en esa guitarra, toca

tu son entero.

 

El son del querer maduro,

tu son entero;

el del abierto futuro,

tu son entero;

el del pie por sobre el muro,

tu son entero. . .

 

Cógela tú, guitarrero,

límpiale de alcohol la boca,

y en esa guitarra, toca

tu son entero.

La rama (Octavio Paz)

Canta en la punta del pino

un pájaro detenido,

trémulo, sobre su trino.

 

Se yergue, flecha, en la rama,

se desvanece entre alas

y en música se derrama.

 

El pájaro es una astilla

que canta y se quema viva

en una nota amarilla.

 

Alzo los ojos: no hay nada.

Silencio sobre la rama,

sobre la rama quebrada

Ha girado (Tristan Tzara)

Ha girado en torno al faro el nimbo de los pájaros azules

en las mitades de la oscuridad taladrando la lejanía de los barcos

y se han caído al agua cual cenizas de arcángeles

 

Se ha alterado el pan y la flor

En las leproserías yacen como gavillas nuestros amigos

Tú sigues cosiendo sola pensamientos para tu hijo

 

Solamente el tren arrastra sus vapores

Animal malherido que corre, destripado

Una risa y Milton (Jorge Luis Borges)

De las generaciones de las rosas

Que en el fondo del tiempo se han perdido

Quiero que una se salve del olvido,

Una sin marca o signo entre las cosas

 

Que fueron. El destino me depara

Este don de nombrar por vez primera

Esa flor silenciosa, la postrera

Rosa que Milton acercó a su cara,

 

Sin verla. Oh tú bermeja o amarilla

O blanca rosa de un jardín borrado,

Deja mágicamente tu pasado

 

Inmemorial y en este verso brilla,

Oro, sangre o marfil o tenebrosa

Como en sus manos, invisible rosa.

Los heraldos negros (Cesar Vallejo)

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

 

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras

en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;

o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

 

Son las caídas hondas de los Cristos del alma

de alguna fe adorable que el Destino blasfema.

Esos golpes sangrientos son las crepitaciones

de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

 

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos,

como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;

vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza,

como charco de culpa, en la mirada.

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

Bordas de hielo (Mismo autor)

Vengo a verte pasar todos los días,

vaporcito encantado siempre lejos…

¡Tus ojos son dos rubios capitanes;

tu labio es un brevísimo pañuelo

rojo que ondea en un adiós de sangre!

 

Vengo a verte pasar; hasta que un día,

embriagada de tiempo y de crueldad,

vaporcito encantado siempre lejos,

¡la estrella de la tarde partirá!

Las jarcias; vientos que traicionan; vientos

¡De mujer que pasó!

Tus fríos capitanes darán orden;

¡Y quien habrá partido seré yo…!

Y el pan nuestro (Juan Carlos Onetti)

Sólo conozco de ti

la sonrisa gioconda

con labios separados

el misterio

mi terca obsesión

de desvelarlo

y avanzar porfiado

y sorprendido

tanteando tu pasado

Sólo conozco

la dulce leche de tus dientes

la leche plácida y burlona

que me separa

y para siempre

del paraíso imaginado

del imposible mañana

de paz y dicha silenciosa

de abrigo y pan compartido

de algún objeto cotidiano

que yo pudiera llamar

nuestro

El cómplice (Jorge Luis Borges)

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.

Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.

Me engañan y yo debo ser la mentira.

Me incendian y yo debo ser el infierno.

Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.

Mi alimento es todas las cosas.

El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.

Debo justificar lo que me hiere.

No importa mi ventura o mi desventura.

Soy el poeta.

Inscripción sobre un sepulcro (Tristan Tzara)

Y sentía tu alma pulcra y triste

como sientes la luna que se desliza calladamente

detrás de los visillos corridos.

Y sentía tu alma pobre y encogida,

como un mendigo, con la mano tendida delante de la puerta,

sin atreverse a llamar y entrar,

y sentía tu alma frágil y humilde

como una lágrima vacilando en el borde de los párpados,

y sentía tu alma ceñida y húmeda por el dolor

como un pañuelo en la mano en el cual gotean lágrimas,

y hoy, cuando mi alma quiere perderse en la noche,

solamente tu recuerdo lo detiene

con invisibles dedos de fantasma

Nocturne III (José Asunción Silva)

Una noche

Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,

       Una noche

En que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,

A mi lado, lentamente, contra mí ceñida toda,

       Muda y pálida

Como si un presentimiento de amarguras infinitas

Hasta el más secreto fondo de tus fibras se agitara,

Por la senda que atraviesa la llanura florecida

       Caminabas,

       Y la luna llena

Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca.

       Y tu sombra

       Fina y lánguida,

       Y mi sombra

Por los rayos de la luna proyectadas

Sobre las arenas tristes

De la senda se juntaban

       Y eran una

       Y eran una

Y eran una sola sombra larga!

Y eran una sola sombra larga!

Y eran una sola sombra larga!

         Esta noche

       Solo, el alma

Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,

Separado de ti misma por la sombra, por el tiempo y la distancia,

       Por el infinito negro

       Donde nuestra voz no alcanza,

       Solo y mudo

       Por la senda caminaba.

Y se oían los ladridos de los perros a la luna,

       A la luna pálida,

       Y el chillido

         De las ranas

Sentí frío. Era el frío que tenían en tu alcoba

Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas

       Entre las blancuras níveas

       De las mortuorias sábanas.

Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,

       Era el frío de la nada.

       Y mi sombra

       Por los rayos de la luna proyectada

       Iba sola

       Iba sola

       Iba sola por la estepa solitaria.

       Y tu sombra esbelta y ágil;

       Fina y lánguida

Como en esa noche tibia de la muerta primavera,

Como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,

       Se acercó y marchó con ella,

       Se acercó y marchó con ella,

Se acercó y marchó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!

¡Oh las sombras que se juntan y se buscan en las noches de negruras y de

                                                                                                            lágrimas!…

Añadir comentario